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viernes, 9 de octubre de 2015

Oz: el origen clónico del Juez Dredd

Judge Dredd in Oz es una idea cuyos orígenes resultan atribuibles en gran medida al dibujante Brendan McCarthy. Un año antes de su publicación, McCarthy había sido el responsable de diseñar y presentar a los Jueces de Brit-Cit en Atlantis (Progs. 485-488) aprovechando lo mucho que les insistían John Wagner y Alan Grant a todos los dibujantes con los que trabajaban para que les hiciesen llegar cualesquiera ideas que les apeteciese dibujar en la serie. McCarthy, que durante ese año se había ido de vacaciones a Australia para pasarse unos días haciendo Surf, regresó de aquellas vacaciones con varios diseños sobre unos jueces malvados que volaban en tablas de Surf y vivían en un desierto radioactivo, así como una serie de bocetos inspirados en una especie de Mega-Sidney del futuro y varios dibujos basados en la turística montaña de Ayers Rock, conocida actualmente por su denominación aborigen de Uluru. McCarthy le entregó una copia de todos aquellos sketches a John Wagner y le comentó un poco por encima de qué iba todo aquello, olvidándose luego de todo el asunto a medida que fueron pasando los meses.
El siguiente momento en la historia de esta macrosaga tuvo lugar con la entrada de Richard Burton como editor del 2000AD. Uno de los proyectos que Burton se trajo consigo fue el regreso de las grandes macrosagas, que si bien habían dejado de producirse tras los problemas que habían existido con Ciudad de los Condenados, en el fondo no era tanto porque no fuesen demandadas sino más bien debido a las dificultades para encontrar dibujantes que se hicieran cargo de ellas en su totalidad. La solución que inicialmente se planteó fue diseñar un nuevo Mega-Epic a través de un formato que presentase dos historias ocurriendo simultáneamente, cada una de ellas a cargo de un único dibujante, lo que permitiría ir ganando un determinado tiempo extra a los dos artistas implicados.
 
Ante la inminente conmemoración del bicentenario de Australia que iba a tener lugar en 1988, cuando Wagner y Grant recibieron la propuesta de llevar a cabo una nueva macrosaga, los bocetos que McCarthy había llevado a cabo durante sus vacaciones y que había entregado a Wagner, salieron del cajón en el que se encontraban. Pero lo hicieron con ciertos cambios a la hora de llevarlos a la práctica. Así, la idea de los jueces surfistas se transformó en el regreso de Chopper en un nuevo SuperSurf emplazado en aquella Australia del futuro, mientras que el cuerpo de Jueces diseñado por McCarthy se situó en un nuevo contexto argumental a través de los clonados Judda y su vínculo genético con el Juez Dredd.


Planteada así la historia, lo siguiente era buscar a los dibujantes adecuados para llevarla a cabo, siendo inicialmente elegidos el propio Brendan McCarthy para la parte de los Judda, puesto que las ideas generadoras de la saga eran suyas y no iba a quedarse fuera, y Cam Kennedy para la parte de Chopper y el SuperSurf, toda vez que su trabajo en Midnight Surfer (Progs. 424-429) era la principal inspiración de aquella continuación que se iba a llevar a cabo.
 
Sin embargo, aquí es donde todo se torció. Tras las conversaciones iniciales, Kennedy tuvo que retirarse del proyecto debido a los encargos que tenía asumidos con DC en la maxiserie de los Outcasts y en Espectro, no siendo Burton capaz de encontrar en ese momento a ningún dibujante de garantías que estuviera disponible durante los siguientes seis meses y fuese capaz de dibujar el número de páginas semanales que se requerían.

El proyecto se retrasó tanto que estuvo cerca de no ver la luz, pero finalmente se consiguió sacarlo adelante mediante el tradicional sistema de formar equipos rotatorios de dibujantes, ninguno de los cuales podía por sí solo hacerse cargo de todo el trabajo, pero sí de una parte del mismo. Así, Cliff Robinson se encargó de llevar a cabo el episodio inicial de apertura. Jim Baikie, recién salido de un trabajo con Batman para Detective Comics, fue traído a toda prisa por su vecino Cam Kennedy, dibujando las siete páginas del segundo episodio en un tiempo récord. Bajo diferentes seudónimos, los episodios tercero, cuarto y sexto recayeron en el equipo formado por Will Simpson, Paul Behrer y Dave Elliot, mientras que el propio McCarthy se encargó de realizar el quinto antes de introducir a los Judda en los capítulos séptimo y octavo de la saga, siendo el consagrado Steve Dillon el que se hiciese cargo de las partes novena y décima. A partir de ese décimo episodio, la situación más o menos consiguió estabilizarse, pero finalmente fue McCarthy el que tampoco pudo cumplir a tiempo, tomando su relevo Will Simpson y siendo John Higgins, Barry Kitson y Jim Baikie los que concluyeran la saga.

A pesar de todas las dificultades a las que hubo que hacer frente, Oz se acabó publicando durante los meses de Octubre de 1987 a Abril de 1988, a lo largo de los 26 episodios que aparecieron en los Progs. 545 a 570 y comprendiendo un total de 200 páginas. Tal y como ya os habréis fijado, la distribución final de los episodios tuvo lugar entre Cliff Robinson (1), Jim Baikie (2, 25-26), Paul Behrer, Will Simpson y Dave Elliot (3-4, 6), Brendan McCarthy (5, 7-8, 14-16), Steve Dillon (9-10), Will Simpson (11-12, 17-19), Barry Kitson (13, 22-24) y John Higgins (20-21). Ante la multitud de autores implicados, cada uno de ellos con su propio estilo individual, la historia acababa cojeando un poco en el aspecto gráfico, pero también es cierto que el conjunto no sólo presentaba un buen aspecto, sino que además el guión de Wagner y Grant se leía a la perfección y tenía momentos realmente memorables, como el propio final de la saga.

En todo caso, la aparición de una nueva macrosaga de Dredd fue excelentemente acogida por los aficionados, apareciendo recopilada en tres paperbacks con portadas de Sienkiewicz incluso antes de finalizar el año. Por cierto, cuando las tres portadas se unían, aparecía un tríptico en el que de alguna forma se podía visualizar el desarrollo de la historia.

Desde el punto de vista argumental, lo cierto es que antes de que Oz diese comienzo, ya habían venido apareciendo en la serie diferentes comentarios (aparentemente intrascendentes) entre los ciudadanos de MegaCity sobre la inminente celebración de un nuevo SuperSurf y la supuesta liberación de “alguien”. Pues bien, era en Oz donde se contaba que ese alguien no era otro que el joven Marlon Shakespeare, más conocido como Chopper, y que en ese momento se hallaba cumpliendo 10 años en un Isocubo tras su apasionante victoria (y posterior encarcelamiento) en el SuperSurf 7 celebrado tres años atrás en Mega-City Uno.
 

Ahora, tres años después, el Campeonato Mundial de SuperSurf había sido legalizado y ese año se celebraba en Oz. Todo ello producía un movimiento popular masivo en MegaCity pidiendo la liberación de Chopper para que participase en el megaevento y le plantase cara al vigente bicampeón mundial, el arrogante y tocahuevos Jug McKenzie, que además ese año participaba en casa.
Ante las multitudinarias protestas que comenzaban a tener lugar, los Jueces decidían trasladar a Chopper a un Iso-Bloque de alta seguridad, y lo hacían entregándole previamente sus pertenencias, entre las que se encontraba su tabla de surf. Durante el traslado, los manifestantes congregados a la puerta del Iso-Bloque estallaban contra los Jueces exigiendo la liberación de su campeón. Ante el caos y la confusión que se desataban, Chopper aprovechaba para quitarse las esposas y huir delante de las mismas narices de Dredd.
 
Con los Jueces batiendo Mega-City Uno en su búsqueda, el rebelde surfista decidía huir de la ciudad y refugiarse en el único lugar en el que todo el mundo parecía querer que estuviera, es decir, en la Conurbación de Sidney-Melbourne, la megaciudad de Oz en la que se iba a celebrar el SuperSurf 10. Y echándole pelotas al asunto, Chopper decidía ir hasta el continente austral en su propia tabla de aerosurf, para lo cual debía hacer un viaje de más de 12.000 Km en tan precario medio de transporte, atravesando además la Tierra Maldita y el Océano Pacífico.
Huyendo de la ciudad a través del Muro Oeste, el imposible viaje de Chopper batía todos los registros de audiencia en los noticiarios de MegaCity, llegándose a crear un reality (Chopwatch) que refería al público cualquier avistamiento del surfista durante su travesía. Acortando camino a través de la Mex-Zona, Chopper lograba cruzar de manera cuasimilagrosa la Tierra Maldita y se plantaba ante las mismísimas orillas del Pacífico. Una vez allí, con una última batería de energía para su tabla y sin nada de comida, Chopper prefería afrontar una muerte segura intentando atravesar el océano antes que rendirse y volverse atrás.

En este punto de la historia, la acción se trasladaba al Palacio de Justicia de Mega-City Uno, donde tres figuras hostiles aparecían de la nada y asesinaban al Juez Bruffen. Los tres teletransportadores hablaban como acólitos de una secta religiosa y se identificaban a sí mismos como Judda, interesándose a continuación por el paradero de los Jueces Defoe, Mac Namee y Dredd, siendo este último el único que lograba sobrevivir a su ataque y acabar con la vida de su oponente mientras los otros dos Judda desaparecían sin dejar rastro.
 
Analizando el ADN del fallecido, la Tek Division descubría que aquel individuo tenía el mismo ADN que Dredd, su hermano Rico y el padre del Sistema Judicial, el Juez Fargo; es decir, que se trataba de un clon. Y eso implicaba que, si el ADN era idéntico en todos los casos al del Juez Fargo, no sólo el Judda resultaba ser un clon, sino que también lo eran Dredd y el fallecido Rico, siendo por tanto todos ellos clones del Juez Fargo como ya se había apuntado en A Case for Treatment (Prog. 389) y se iba a confirmar inmediatamente a continuación, en los siguientes capítulos de la saga.
Y mientras los lectores asumían aquellas implicaciones, la historia regresaba a Chopper, que a duras penas sobrevivía a un huracán refugiándose en un carguero a la deriva y protagonizaba dos de los episodios más logrados de la saga, un terrorífico y marinero homenaje a todos los clásicos de barcos abandonados con un único ocupante a bordo, en este caso el robot cocinero Cookie, con su hacha de carnicero, su gusto por el arte culinario, y según comenta Alan Grant, la náutica voz de John Silver, puesto que esa era la voz que ambos escritores impostaban cuando leían en voz alta los diálogos de Cookie antes de pasarlos a máquina.
 
Aun cuando los ciudadanos de Mega-City Uno daban por muerto a Chopper tras las semanas transcurridas desde su último avistamiento, el joven surfista lograba llegar en el carguero hasta las costas de Oz. El único problema era que Dredd también se encontraba allí, aparentemente para detenerle si lograba cruzar el Pacífico y llevárselo con él de vuelta a Mega-City Uno. Ante el arresto de Chopper delante de los atónitos ojos de millones de telespectadores, el resto de participantes se rebelaba y amenazaba con la no celebración del SuperSurf si Chopper no participaba, lo que obligaba a los Jueces de Oz a desautorizar y arrestar al propio Dredd a fin de que el Campeonato Mundial pudiera celebrarse y no tener que enfrentarse a una sublevación popular.
 
Sin embargo, la llegada de Dredd a Oz y su pretendido arresto respondían en realidad a un propósito del que Chopper y el SuperSurf resultaban ser una mera tapadera. La verdad salía a la luz cuando dos nuevos Judda se teletransportaban a las instalaciones donde supuestamente Dredd se hallaba retenido y desarmado, y caían en una trampa tendida por el propio Dredd y los Jueces de Oz.
 
La acción retrocedía entonces a lo que había sucedido en Mega-City Uno tras la aparición de los Judda. Los Jueces ataban cabos y relacionaban el nombre de los Judda con el antiguo Juez Morton Judd, el genetista del Consejo de los Cinco en la época del Juez Fargo y responsable del programa de clonación de Joe y Rico Dredd. Judd había intentado atentar contra la vida de Fargo tras ver como éste rechazaba su proyecto de clonar ciudadanos, siendo liberado por sus partidarios y llevándose consigo muestras del programa de clonación sin que nunca se volviera a saber más de él. La única conclusión posible era que Morton Judd aún seguía con vida y había creado un ejército de jueces clónicos con el que pretendía atacar Mega-City Uno. Los rastros de polvo y polen sugerían que el Judda fallecido procedía de algún lugar de Oz, de ahí que se hubiese montado como tapadera la fuga de Chopper, coincidiendo con la celebración del SuperSurf en Oz, para justificar la presencia de Dredd en el continente austral.

De vuelta al presente, Dredd utilizaba uno de los teleportadores confiscados a los Judda para desplazarse hasta su lugar de procedencia, que resultaba ser la Montaña de Ayers Rock, donde se encontraba con un ejército de clones a punto de atacar la megaciudad.
Dredd resultaba capturado por los Judda y llevado ante Morton Judd, pero antes enviaba su localización a los Jueces de Oz, que lanzaban un ataque aéreo contra el santuario de Judd al mismo tiempo que éste iniciaba su ofensiva contra Mega-City Uno y los Judda comenzaban a teletransportarse al Palacio de Justicia. En la confusión que se generaba, Dredd se deshacía de Judd y del Judda que le custodiaba y se teletransportaba también a MegaCity, donde recogía y armaba una bomba atómica del arsenal de los Jueces y la enviaba de vuelta a Ayers Rock con un tiempo de detonación de diez segundos, de los cuales apenas quedaban dos cuando Morton Judd recobraba el conocimiento y la veía aparecer ante sus ojos. Sin tiempo para reaccionar, los Judda pasaban a la historia.
 
Los seis episodios restantes de la saga servían para narrar el SuperSurf 10, si bien antes Dredd se entrevistaba previamente con Chopper y le advertía que aun cuando se hubiese ganado el derecho a participar en el evento, tan pronto como cruzase la línea de meta lo primero que vería sería su cara para enviarle de vuelta a los cubos. A pesar de la (muy seria) advertencia de Dredd, Chopper volvía a aceptar el desafío y tomaba parte en la carrera.
El recorrido de la prueba resultaba ser tan suicida como era de esperar. Además, Chopper y McKenzie perdían posiciones en unos túneles de agua hacia el tercer episodio dedicado a la carrera, aunque alcanzaban al grupo de cabeza al final del siguiente, y llegaban a la parte final del SuperSurf, el llamado Callejón de Gasolina (un megabloque que había que cruzar en llamas) igualados con otros dos participantes, la máquina roja Nicolai Stal y Dallas Hall, la tigresa de Texas City. Stal perdía la vida en el intento mientras Dallas optaba por el paso de seguridad, siendo Chopper y McKenzie los que se metían de cabeza en el edificio en llamas y llegaban igualados a la recta final.
 
El desenlace de la carrera, el último episodio de la saga, resultaba tan emocionante como intenso su final. No creo que sea justo para John Wagner y Alan Grant contar quién de los dos cruzaba la meta en primer lugar, porque lo que realmente importaba era que allí estaba Dredd, legislador en mano, esperando a Chopper, y con intención de abrir fuego si el joven no se entregaba. Para que entendáis el dilema, Dredd claramente respetaba lo que había hecho Chopper, pero nadie podía quebrantar la ley. Y Chopper lo había hecho.
Las divergencias entre John Wagner y Alan Grant se habían ido acentuando en los últimos tiempos y durante el transcurso de Oz se hicieron más evidentes. En palabras de Alan Grant, la cuestión había sido más o menos ignorada por ambos hasta aquel episodio final de la saga; de hecho, según él mismo dice, hasta el mismo día en que lo escribieron, ninguno de los dos sabía cuál iba a ser su desenlace. Ambos escritores habían discutido todas las posibilidades: Chopper ganando el SuperSurf y huyendo, Chopper ganando y entregándose a Dredd, Chopper ganando y obteniendo un indulto... Pero llegado ese momento, con Dredd apuntando a Chopper mientras éste decidía no entregarse, fue Wagner quien puso de manifiesto lo mucho que les estaban costando sus divergencias.
A Wagner le encantaba Chopper y la popularidad del personaje le respaldaba, pues representaba al joven anónimo y sin trabajo capaz de darle la vuelta a Dredd. Sin embargo, Grant consideraba que Dredd debía matarle por aquello de lo perjudicial que creía que era suavizar al personaje. Sólo uno de ellos escribió aquel último episodio de la saga, así que ya podéis imaginar quién de los dos ganó. En cualquier caso, aquella decisión sobre el final de la saga, marcaría también el final de la etapa conjunta de ambos escritores, aun cuando haya que dejar claro que no existió ningún mal rollo entre ellos; todo lo contrario, hoy en día siguen siendo amigos y han trabajado juntos en multitud de situaciones, desde tareas editoriales hasta los propios crossovers entre Batman y el Juez Dredd.
 
Las tres partes de Hitman (Progs. 571-573), con dibujos de Jim Baikie, supusieron el epílogo de Oz y fueron escritas ya en solitario por John Wagner, aunque en los créditos de la historia siguieran apareciendo los dos. La historia, que tiene como mención más que destacable ser una de las pocas que han mostrado buena parte del rostro de Dredd, trataba de su regreso a Mega-City Uno tras lo sucedido en Oz. Un psicópata que hubiera preferido matar a Chopper, introducía a Dredd en su lista a causa de lo sucedido en el final de la macrosaga, logrando en su segundo intento enviar a Dredd a la Unidad Médica. En el tercero se encontraba frente a frente con Joe Dredd, quien desde la cama le enviaba definitivamente a su último descanso en Resyk.
Con todo, lo que iba a ser verdaderamente relevante para el futuro, eran las dudas que recorrían la cabeza de Dredd sobre lo sucedido con Chopper mientras permanecía hospitalizado. Aquellas dudas reflejaban las ideas que Wagner tenía sobre el desarrollo del personaje, ideas que estaban perfectamente calculadas en el tiempo para dar el mayor giro de tuerca a Joe Dredd que se había visto a lo largo de los once años que por aquel entonces llevaba la serie. Pero antes de llegar a eso, habrá que comentar también otra serie de cosas que sucedieron entre medias y a las que habrá que referirse en la próxima entrada.
 

sábado, 12 de septiembre de 2015

Carta de un Demócrata y otras historias

Como ya se comentó en otra entrada anterior, si hubiera que destacar algo que caracterizase a Judge Dredd durante el inicio de la segunda mitad de la década de los 80, ese algo destacable sería la acentuación del carácter episódico de la serie: historias cortas, en su mayoría de uno o dos episodios de duración, a veces tres episodios, fueron lo predominante en aquel periodo previo a la separación de John Wagner y Alan Grant.
 
Esto no quiere decir sin embargo que durante este periodo hubiese malas historias o que su interés fuera menor. Muy al contrario, independientemente de su interés, Wagner y Grant aprovecharon el tirón para cohesionar y seguir expandiendo el Universo de los Jueces. Así, por ejemplo, en los episodios inmediatamente posteriores a la Guerra del Apocalipsis se había presentado a unos personajes que con el paso del tiempo se convertirían en auténticos clásicos de la serie: los Fatties, es decir, los Gordinflas.
 
Su presentación había tenido lugar en los Progs. 273 y 274, cuando liderados por Dick Porker, los gordos más gordos de MegaCity se habían rebelado contra las restricciones y los racionamientos de comida impuestos por los Jueces tras la Guerra del Apocalipsis que les impedían competir en los Campeonatos de Comida que constituían otro de los deportes extremos más seguidos y exitosos de Mega-City Uno, llegando a asaltar los convoyes de alimentos que llegaban a la megaciudad procedentes de Texas City para poder seguir comiendo y manteniendo su peso.
 
Ante la respuesta positiva obtenida por parte de los lectores, Wagner y Grant decidieron ir todavía un paso más allá. De este modo, su segunda aparición había tenido lugar en Réquiem por un Peso Pesado (Progs. 331-334), otra historia muy destacable, dibujada en esta ocasión por Ezquerra, que informaba de la existencia de diversos campeonatos clandestinos (e ilegales) de comida, en los que la ingesta de comida (en cantidades extremas) entre sus participantes circulaba al mismo nivel que lo hacían el asombro y las apuestas entre los espectadores de la disputada competición. Todos ellos habían resultado ser magníficos episodios llenos de sátira y no exentos de una cierta mirada de verdad, como suele ocurrir en las mejores historias de Judge Dredd.

En este entorno de sátira y obesidad extrema, sería en el que tuviese lugar la tercera aparición de los Fatties, Magnífica Obsesión (Progs. 440 y 441), que narraba la historia de TonyDos ToneladasTubbs y su sufridora familia, si bien como se advertía a los lectores al principio de la narración, aquella no era una historia de crimen y castigo, sino la historia de un hombre con un sueño y la fuerza de voluntad para hacerlo realidad.
Dibujada por Cam Kennedy (que confiesa haber contenido a duras penas las carcajadas la primera vez que se leyó el guion), la historia aparecía encuadrada en el fin de las restricciones y racionamientos de comida decretados por McGruder a consecuencia de la Guerra del Apocalipsis, lo que abría de nuevo la puerta a la legalización de los Campeonatos de Comida para satisfacción tanto de sus seguidores como de los participantes, siendo en este caso la celebración del Campeonato Mundial del año 2107 el que permitía por fin a TonyDos ToneladasTubbs alcanzar la gloria del triunfo y los consiguientes sponsors, anuncios, apariciones televisivas, libros, juguetes, camisetas, etc, por los que tanto habían luchado él y su familia durante la peor época de su vida.

Otro de los círculos que Wagner y Grant cerraron durante esta época fue el de la política local de Mega-City Uno, en este caso el referido a la figura de su Alcalde, Dave el Orangután.
Y es que en el siglo XXII, el que los Jueces detentasen la totalidad del poder legislativo, ejecutivo y judicial a través del propio Departamento de Justicia, no significaba que los ciudadanos no tuvieran a su vez su (mínima) cuota de participación a través de la figura de su Alcalde, al que éstos elegían en la única manifestación electoral permitida hasta entonces por el Código de Justicia de Mega-City Uno. Contra todo pronóstico (o tal vez no), las elecciones para la Alcaldía del año 2106 no habían sido ganadas por un humano, sino por un simio, Dave el Orangután, puesto que los ciudadanos de Mega-City habían optado por votar a un mono como alcalde antes que a cualquiera del resto de candidatos, tal y como se había visto en Retrato de un Político (Progs. 366-368).
 
Pues bien, con dibujos de Steve Dillon, Muerte de un Político (Prog. 443) narraba el fin del mandato de Dave el Orangután, en este caso tristemente asesinado por uno de sus conciudadanos a causa de una inexistente póliza de seguros, tal y como se acababa descubriendo al término de la historia.
El asesinato de Dave al año siguiente de haber sido elegido, conllevaría dos circunstancias importantes para la megaciudad: la primera que Dave había sido de largo el mejor Alcalde que nunca antes había tenido MegaCity (al menos hasta la llegada a la alcaldía del asesino en serie P.J. Maybe en el 2129) y el más añorado con diferencia por todos sus conciudadanos. Y la segunda, que tras el asesinato de Dave, ninguna nueva elección a Alcalde tendría lugar en la megaciudad durante los diez años siguientes de la serie, es decir, hasta la restauración del cargo en el año 2117 por el Juez Jefe Hadrian Volt, como parte de su programa de reformas para dar más poder a los ciudadanos en el ámbito civil.

A juzgar por su número de reediciones, otra de las historias más destacables de esta época fue A Merry Tale of the Christmas Angel, que podría traducirse como Un Cuento del Angel de la Navidad, una historia especial de 14 páginas de extensión que nuevamente corría a cargo de Steve Dillon y que apareció a finales de Diciembre de 1985 dentro del Prog. 450 con motivo precisamente de las Navidades de aquel año. Ambientada durante el día de Navidad del año 2107, tal y como su propio título indicaba el coprotagonismo de la historia recaía nuevamente en Angel Malamáquina, integrado esta vez en un programa de lavado de cerebro con vistas a su reinserción social y que acababa como suelen acabar todas las historias de Malamáquina cuando el dial que llevaba insertado en la cabeza se le quedaba atascado en el 4.
La historia suponía diferentes escenarios que transcurrían al mismo tiempo hasta llegar a un lugar común, en este caso la representación teatral de un Belén que se estaba llevando a cabo en un teatro (Dramarena) de MegaCity. Además de Dredd y Malamáquina, otros participantes en el satírico melodrama eran el matrimonio Puddock, quienes impregnados del espíritu navideño acogían en su hogar al candidato a ser reinsertado Angel Malamáquina, el ciudadano Ed Flymo, residente del bloque Chuck Dickens que se disponía a detonar una bomba de cinco kilos de explosivo plástico durante la representación teatral para mostrar al mundo su falta de alegría por las fechas navideñas, y los propios actores y público de la representación, animales incluidos.
Una de las pocas excepciones a la tónica general de historias cortas durante este periodo sería precisamente la saga con la que comenzase el año 1986, The Warlord (Progs. 451-455), una saga de cinco episodios dibujada de nuevo por Cam Kennedy y publicada durante los meses de Enero y Febrero de aquel año, que constaba además de un epílogo titulado A Chief Judge Resigns a cargo de Cliff Robinson (Prog. 457). Incluyendo ese epílogo, la historia alcanzaba las 41 páginas e iba a suponer la pérdida de los dos personajes que habían llevado las riendas del Consejo y del Departamento de Justicia desde la conclusión de la Guerra del Apocalipsis, la Juez Jefe McGruder y el líder de la Psi División, el Juez Omar.
 
La historia comenzaba con el derrumbamiento del nuevo Euthanasium de Mega-City Uno sobre la multitud que asistía a su inauguración. El responsable de todo se identificaba a sí mismo como Shojan, Señor de la Guerra de las Tierras Radioactivas de Ji (el equivalente oriental de la Tierra Maldita), un mutante procedente de Hondo-City (Nip-Cit en el argot de MegaCity) dotado de un poder psiónico que lo convertía en una amenaza de primer nivel. McGruder asignaba el caso a Dredd, quien localizaba a Shojan y comprobaba personalmente el peligro que representaba. Aunque Dredd era partidario de eliminarlo de la manera más rápida y expeditiva posible, McGruder optaba por averiguar antes qué se proponía y decidía someterlo a vigilancia.

Tras averiguar que Shojan proyectaba practicar un ritual de magia negra y convocar a siete entidades místicas de las que hablaba una antigua leyenda oriental para que desatasen el caos sobre la megaciudad, McGruder daba por fin la orden de acabar con su vida. Pero ya era demasiado tarde. Antes de que Dredd pudiera efectuar el disparo previsto, Shojan se desvanecía y reaparecía en las ruinas del bloque Cyril Lord, llevando a cabo el ritual y desatando a continuación un ataque en toda regla sobre la ciudad que los Jueces se veían incapaces de detener a pesar del armamento de guerra que llegaban a utilizar.
 

Sin alternativas para detener a los siete avatares del caos convocados por Shojan, Dredd sugería que un psíquico de la Psi Division utilizase el Amplificador Psíquico confiscado a Leroy Tamerlain (Prog. 363) con el fin de aumentar su propia capacidad psíquica y devolver a los avatares mágicos a su propio plano de existencia. El plan de Dredd tenía éxito, pero le costaba la vida al Juez Omar, que era quien se había presentado voluntario para usar la tecnología suicida a sabiendas de que su cuerpo quedaría reducido a cenizas.
Aparte de la pérdida del mejor psíquico del Departamento de Justicia y uno de sus hombres de confianza, más de cien Jueces y un número tres veces mayor de ciudadanos habían perdido la vida a causa de la equivocada decisión de McGruder de no acabar con Shojan en un primer momento. Consciente de la gravedad de su error, McGruder tomaba la decisión de dimitir como Juez Jefe de Mega-City Uno. Salvo el Juez Shenker, el sustituto de Omar al frente de la Psi Division, el resto de miembros del Consejo trataban de disuadir a McGruder de que presentase la dimisión, lo que provocaba que la rígida e inflexible Juez Jefe les pusiese firmes y les obligase también a dimitir a todos ellos excepto a Shenker.
El resultado de la dimisión de McGruder y de la disolución del Consejo era la formación de un nuevo Consejo en el que iban a destacar dos importantes novedades. La primera era la inclusión de la Juez Hershey entre sus miembros, lo que iniciaba una carrera política que culminaría 14 años después en lo más alto del Departamento de Justicia. La segunda novedad era que el Juez Thomas Silver, hasta entonces director de la Academia, resultaba nombrado como nuevo Juez Jefe de Mega-City Uno. Aunque Silver era el primer Juez de raza negra en jurar el cargo, cualquier impresión de liberalidad que pudiera desprenderse de semejante circunstancia iba a resultar pura coincidencia; de hecho, el futuro se encargaría de revelar a Silver como el Juez Jefe más facha de la historia de la megaciudad.

 
Como colofón a la historia, el primer mandato de McGruder concluía con una marcial y solemne ceremonia en la que la propia McGruder era despedida con honores a las puertas de la ciudad tras haber tomado la decisión de emprender la Larga Marcha a la Tierra Maldita, un último destino al servicio de la ciudad consistente en patrullar la Tierra Maldita durante el resto de sus días llevando la ley a aquellos que no tenían ley (Prog. 147). A pesar de lo que entonces pudiera parecer, no iba a ser ésta la última aparición de la Juez Hilda M. McGruder. Su regreso tendría lugar en el año 2112 y resultaría tan sonado como el del personaje que la acompañaría en el mismo.
Coincidiendo en el tiempo con la publicación de la tercera parte de la Balada de Halo Jones, la última obra de Alan Moore para el 2000AD, la que seguramente ha sido una de las historias más relevantes para el posterior desarrollo del Juez Dredd como personaje, apareció en un único y solitario episodio de siete páginas, perfecto tanto en su ritmo como en su desarrollo, titulado Carta de un Demócrata (Prog 460) y que iba a suponer el pistoletazo de salida para introducir a la Democracia en Mega-City Uno.

Según Alan Grant, la manera de contar la historia (mediante la lectura de una carta que daba contenido a lo que estaba sucediendo y a su posterior desenlace) procedía de un guión originalmente titulado Carta de un Nudista de la Isla Baffin; sin embargo, los necesarios dibujos de desnudos que exigía llevar a la práctica tal guión, hacían poco viable que obtuviese la necesaria aprobación editorial.
En este punto es John Wagner quien cuenta como en ocasiones recibían cartas de chavales que parecían estar bastante de acuerdo con la postura de mano dura (en castellano lo diríamos de otra forma) que exhibían los Jueces, así que decidieron darle a la historia un matiz político que al mismo tiempo les sirviese para dejar claro que no eran partidarios de las ideas que sostenían el universo de ficción que ellos contaban. Con esa idea en mente, decidieron introducir en MegaCity un movimiento democrático enfrentado a los Jueces y mostrar al sistema judicial desde el punto de vista de aquellos ciudadanos que lo rechazaban. El encargado de dibujarla fue John Higgins, un estupendo dibujante al que inevitablemente siempre se le acaba asociando más con su trabajo de colorista en la Broma Asesina y Watchmen.
Ambientada a principios del año 2108, la historia giraba en torno a una carta dirigida a su marido y a sus hijos por Hester Hyman, una ciudadana incapaz de despertar cualquier tipo de sospecha y que había muerto como participante activa en un atentado terrorista. En ella, Hester le contaba a su marido Gort cómo había llegado a esa situación, al tiempo que la acción se situaba en el momento en que Hester y otros tres ciudadanos irrumpían armados en unos estudios de televisión, interrumpiendo la emisión y leyendo en directo un manifiesto que proclamaba la necesidad de devolver el poder al pueblo y restaurar la democracia en Mega-City Uno.

Como en cualquier otra situación con rehenes, los Jueces decidían intervenir de manera expeditiva y directa, que era precisamente lo que buscaban los demócratas. Conscientes de que unos mártires servirían mejor a su causa que unos asesinos, los cuatro demócratas se suicidaban al atacar a los Jueces cuando éstos irrumpían en escena. Tras encontrar la carta que constituía el hilo narrativo de la historia en el cadáver de Hester Hyman, Dredd se la entregaba a su familia.
 
La historia finalizaba con Dredd advirtiéndole a Gort Hyman para que se mantuviese alejado de problemas. Su diálogo final no dejaba dudas sobre cómo funcionaban las cosas en MegaCity: “Que esto sea una lección para ti, ciudadano. La democracia no es para el pueblo”. Semejante final, con todos los miembros de la familia Hyman a continuación, vistos en planos diferentes, resultaba demoledor.
Argumentalmente, aquellas siete páginas suponían además un fuerte contraste con todas las historias que se habían contado hasta entonces. Y es que si el universo de los Jueces funcionaba a ojos de los lectores, era porque estaba contado desde la perspectiva de los Jueces, describiéndote una sociedad en la que todo se había ido a la mierda y había terminado fuera de control. Y sin embargo, en esta ocasión, lo que acababan de mostrar Wagner y Grant era la otra cara de la moneda, la cara de los ciudadanos, una cara mucho más cruda y poco agradable.

Como podéis suponer, aunque sus consecuencias no fueran inmediatas, Carta de un Demócrata iba a ser el principio de muchos acontecimientos para Dredd y para la serie. Bajo el gobierno del nuevo Juez Jefe Thomas Silver, la primera de esas consecuencias llegaría apenas un año más tarde en Revolución (Progs. 531-533), otra saga corta, esta vez de tres episodios, que iba a resultar todavía más polémica para los Jueces.

Antes, claro está, sucederían otras cosas en la serie. Por ejemplo, siguiendo la idea de seguir dando forma al mundo en el que se desenvolvían los Jueces, The Falucci Tape (Progs. 461 a 463), volvía a una cuestión que ya había aparecido anteriormente en la serie (Prog. 137) y que incluso una década más tarde habría de ser el epicentro sobre el que girarían importantes tramas argumentales: los Jueces no podían mantener relaciones sentimentales, hallándose castigada la infracción de esta norma de una manera expeditiva y radical mediante la expulsión del cuerpo y del Departamento de Justicia.
 
Igualmente, la decisión editorial de que la Juez Anderson tuviese al menos una saga anual y la buena acogida que el emplazamiento veraniego de Cuatro Jueces Oscuros había recibido el año anterior, fue el motivo de que la telépata de la Psi División volviese a recibir la saga veraniega del año 1986, algo que también volvería a repetirse al año siguiente. De la mano de nuevo de John Wagner y Alan Grant y dibujada esta vez en su totalidad por Brett Ewins, El Poseído (Progs. 468-478) apareció a lo largo de once episodios que se publicaron durante los meses de Mayo a Julio de 1986, comprendiendo un total de 57 páginas.

En cuanto a la historia, con una evidente influencia de género procedente de la famosa película de William Friedkin, el Poseído comenzaba con Anderson recogiendo un aviso para el Juez Walters sobre una posesión demoníaca que estaba teniendo lugar en el bloque Ed Poe. Anderson acudía en lugar de su compañero de la Psi Division y se encontraba con un fenómeno demoníaco en toda regla: un crío llamado Hammy Blish había sido poseído por una entidad infernal que provocaba toda clase de fenómenos poltergeist ante los ojos de sus aterrorizados padres. El registro de un apartamento vecino revelaba la implicación de una secta satánica cuyo propósito era traer a la Tierra a los seres infernales a los que rendían culto.
Tras alertar a la Psi Division de la gravedad del asunto, Anderson seguía al demonio hasta las ruinas de una antigua Iglesia en Sub-City, donde se encontraba con toda la orden satánica en pleno ritual abriendo un portal mágico hasta la dimensión infernal. Anderson no conseguía impedir que el demonio huyera con su presa hasta su dimensión, pero sí lograba cruzar el portal y seguirle a su mundo. Siguiendo el rastro de Anderson, el Juez Walters y un escuadrón de Jueces llegaban también hasta la abandonada iglesia de Sub-City, pero Anderson ya no estaba allí y el portal se había cerrado tras ella.
Mientras el Juez Walters arrestaba a todos los miembros de la secta y procedía a interrogarles, la acción se trasladaba otra vez a la dimensión infernal, donde Anderson perseguía sola y sin refuerzos al pequeño Blish y al demonio que lo había poseído. A pesar de su intento, los seres infernales conseguían retrasarla lo suficiente como para que el demonio entregase al pequeño a los encargados de realizar el sacrificio que abriría las puertas entre ambas dimensiones.

Anderson se veía obligada a matar al chaval para evitar que los demonios completasen el ritual, provocando que toda la horda infernal saliese en su persecución. La Juez Psíquica conseguía a duras penas regresar al portal interdimensional, haciéndolo justo en el momento en que Walters y los demás Jueces persuadían a los miembros de la secta para que lo volviesen a abrir, consiguiendo rescatar a Anderson en el último minuto y llevándosela con ellos de vuelta a Mega-City Uno. Al final de la historia, Anderson se culpaba de no haber podido salvar al chaval, mientras los cultistas eran trasladados a los cubos.

Coincidiendo con los episodios finales de la saga de Anderson, los Progs. 477 a 479 presentaron The Art of Kenny Who?, una parodia cargada de mala leche sobre el mundillo en el que se movían los dibujantes británicos de la época y en la que Cam Kennedy aportaba bastante más que sus dibujos a la historia.
Su protagonista, Kenny Who? era un dibujante de trashzines (comics) procedente de Cal-Hab (es decir, Escocia, lugar de nacimiento de Cam Kennedy, aunque con lo de “Kennedy” y “Kenny” tampoco me parece que hicieran falta muchas más aclaraciones) que al final resultaba arrestado por Dredd por atentar contra unos editores que programaban robots multicopistas para que imitasen su arte en cantidades industriales, evitándose así pagarle por su trabajo. El sobrenombre del desafortunado y justamente vengativo artista, venía por aquello de que nadie recordaba su nombre y al referirse a él siempre acababan preguntándole lo de Kenny... Who?, algo bastante similar a lo que le había sucedido a Cam Kennedy durante su primera visita a los Estados Unidos a las oficinas de DC Comics, anécdota de la que la historia tomaba algo más que el nombre.

Tras otra serie de historias tales como The Fists of Stan Lee (Prog. 484) en la que se presentaba al maestro de artes marciales Stan Lee y que no creo que precise de muchos comentarios para saber por dónde iban los tiros, o Atlantis (Progs. 485-488) en la que se introducía por primera vez a los Jueces británicos de Brit-Cit, finalmente, marcada por un irónico sentido del humor que rozaba la genialidad, otra de mis historias favoritas de esta época es Tomb of the Judges (Progs. 496 a 498) un thriller en el que Dredd y Anderson volvían a compartir el protagonismo de la historia.
Con un Ian Gibson verdaderamente sembrado a la hora de plasmar el dibujo de la historia, y de manera similar a Carta de un Demócrata pero utilizando en esta ocasión como hilo conductor de la narración la lectura del Diario del propio villano, las 21 páginas de Tomb of the Judges contaban la historia de Theodore Wen, un anciano creyente en un dios insecto llamado José (aunque tampoco estaba muy seguro de que su nombre no fuera en realidad Steve) que creó los mares, los cielos, las plantas, los animales y por último al hombre, al que no creo a su imagen y semejanza porque entonces todos tendríamos antenas y seis patas.

 
Planeando reunirse con su hacedor, Wen se montaba en su casa una faraónica tumba para la que precisaba enterrarse con tres Jueces vivos como guardianes de su sueño eterno, así que decidía secuestrarlos utilizando sus robots. Dredd y Anderson coincidían en la investigación y llegaban hasta Wen y su mausoleo, frustrando así el encuentro de Wen con José (o tal vez fuera Steve) y rescatando a los Jueces que habían sido enterrados en vida, aunque uno de ellos, la Juez Trace no salía demasiado bien parada de la experiencia religiosa vivida a manos del anciano creyente.
Con esto, el año 1986 llegaba a su final. Sería a partir de 1987 cuando empezarían a producirse importantes cambios en el 2000AD, empezando por el final de IPC Magazines y el comienzo de la andadura de Fleetway Editions, lo que conllevaría cambios en el formato de la revista, entre ellos la llegada del color al Juez Dredd. Igualmente, Steve McManus dejaría también el 2000AD tras diez años como editor de la revista.
 
En el ámbito de las historias, el regreso de las grandes macrosagas estaba también a la vuelta de la esquina. Del mismo modo, Wagner y Grant darían por terminada su andadura compartida tras siete años de trabajo en la serie, no sin antes traer de vuelta a Orlok el Asesino y a varios Jueces Soviets infiltrados como agentes durmientes en Mega-City Uno, desvelar el origen clónico de Joe Dredd y presentar a los Judda, el regreso de Chopper en el SuperSurf 10, o aumentar la tensión en las historias de la democracia mediante una serie de tramas cuyos afluentes irían convergiendo en los años siguientes, y ya de la mano de John Wagner en solitario, en una saga que pondría a Dredd fuera del Departamento de Justicia y dejaría a la megaciudad a merced de unos espectros interdimensionales que regresaban para impartir su oscura justicia a todos los seres vivos que habitaban en ella.

Sinceramente, debería estar penado por la ley el que estos tebeos permanezcan aún inéditos en nuestro país.
 

sábado, 5 de septiembre de 2015

Cuatro Jueces Oscuros. El Surfista de Medianoche

A través de la novela gráfica Judge Death publicada por Titan, la saga de los Jueces Oscuros era de largo el recopilatorio más vendido de Judge Dredd en 1985. Pues bien, con el serial de Judge Anderson en mente, Steve McManus pensó hacer del regreso de los Jueces Oscuros un acontecimiento especial con el objetivo de promocionar el lanzamiento de una nueva revista de periodicidad quincenal y de nombre Judge Dredd Fortnightly, revista que iba a estar centrada únicamente en el universo de Dredd, es decir, lo mismo que unos años más tarde acabaría siendo el Judge Dredd Megazine. En aquella época, sin embargo, el proyecto se consideró aún demasiado prematuro por parte de IPC y acabó siendo aparcado.
 
En el momento en que se decidió su cancelación, John Wagner y Alan Grant tenían ya preparados los guiones de las historias que iban a aparecer en aquella nueva revista quincenal, entre ellos el de la historia que acabaría siendo denominada Cuatro Jueces Oscuros. Al cancelarse el proyecto, la historia acabó apareciendo directamente en las páginas del 2000AD. El resultado fue que la tradicional saga veraniega del 2000AD de aquel año 1985 no estuvo protagonizada por el Juez Dredd, sino por la Juez Anderson, apareciendo en solitario por primera vez bajo su propia cabecera de Anderson Psi Division y trayendo además consigo el regreso de los Jueces Oscuros a Mega-City Uno.
Como sus propios protagonistas indicaban, Four Dark Judges era claramente una secuela de Judge Death Lives, aunque con la ausencia de Dredd. O por ser más precisos, Dredd sí que aparecía en la historia, pero lo hacía de una manera puramente testimonial para que su presencia no menoscabase el protagonismo de la Juez Psíquica.

La saga se publicó durante los meses de Mayo a Julio, comprendiendo los doce episodios que aparecieron en los Progs. 416 a 427 y abarcando 62 páginas. Personalmente, no sabría contar las veces que me han preguntado si se ha llegado a publicar aquí. Teóricamente, en su momento, hubiera debido publicarla Zinco, no MC, puesto que se corresponde con la época en que la Serie Eagle aparecía en los USA. Pero Zinco cerró Judge Dredd en su nº 16, así que ni siquiera llegó a hacer una edición del 2000AD Monthly, que fue donde apareció.
Como se puede deducir a simple vista, la idea era seguir la estela gráfica marcada por Brian Bolland en Judge Death y Judge Death Lives. Con esa intención en mente, el dibujante elegido fue Brett Ewins, quien intentó darle a la historia el mismo estilo claro y detallado que había llevado a cabo Bolland, una tarea que en sí misma era prácticamente imposible, puesto que en esta ocasión se trataba de más de diez episodios, y además no eran quincenales como inicialmente estaba previsto, sino semanales. Como el propio Ewins comentó en el Megazine un poco antes de su fallecimiento, llegó un momento en que se vio sobrepasado por el detalle de los montones y montones de líneas que le requería tomar como modelo a Bolland, llegando al punto de caer casi enfermo a causa del agotamiento.
 
A pesar de todo, Brett Ewins (1-7) logró completar los siete primeros episodios de la saga. A partir del octavo fue reemplazado por Cliff Robinson (8-10 y 12), ya en aquel entonces un más que reconocible seguidor de Bolland y que hoy en día puede ser considerado como su discípulo más aventajado (exagerada lentitud incluida). Robinson llevó a cabo el resto de los episodios de la saga, excepto el penúltimo, que tuvo que correr a cargo del propio director artístico del 2000AD, Robin Smith (11), ante la imposibilidad que también supuso para el joven Robinson el poder cumplir puntualmente la cadencia semanal.
Situada a mediados del año 2107, la historia comenzaba con Anderson despertando de una pesadilla en la que aparecía el Juez Muerte advirtiéndola de su regreso. Dudando sobre si aquel sueño era algún residuo psíquico que aún persistía en su subconsciente, Anderson comenzaba su turno siendo requerida para incorporarse a la investigación de un secuestro infantil. Uno de los secuestradores había acabado muerto y las habilidades psíquicas de Anderson eran necesarias para indagar en la mente del fallecido.

El rastro conducía a los Jueces hasta los sótanos del bloque Wilson Tucker, donde los secuestradores acababan siendo eliminados y se recuperaba al pequeño. Sin embargo, durante los momentos finales del secuestro, Anderson volvía a divisar al espíritu de Muerte. Y esta vez no se trataba de ningún sueño. Decidiendo seguir a la fantasmal aparición hasta los subsótanos del bloque, el espectro se plantaba ante ella y le hacía presenciar el asesinato de un ciudadano que aseguraba haber llevado a cabo ya, desvaneciéndose a continuación ante sus ojos.
 
Reconociendo a la víctima como uno de los vid-jockeys más populares de la megaciudad, Anderson decidía investigar lo que estaba sucediendo. Tras comprobar que la estrella efectivamente acababa de morir, el examen de la telépata confirmaba la intervención del Juez Muerte en el asesinato, lo que le llevaba a utilizar sin autorización el aparato de salto interdimensional confiscado a los Jueces Oscuros cuatro años atrás y regresar a Deadworld para averiguar lo que estaba ocurriendo.
 
Todo resultaba ser una trampa. De los restos de sus cadáveres surgían los espíritus de los Jueces Oscuros y poseían a Anderson, llevándola a la cripta en la que yacían las momias de los fallecidos Jueces de Deadworld y obligándole a utilizarlas para proporcionarles una nueva forma física. Dándola por muerta, los resucitados Jueces Oscuros utilizaban a continuación sus propios dispositivos interdimensionales para regresar a Mega-City Uno con el objetivo de completar la tarea interrumpida cuatro años atrás.
Su regreso tenía lugar en el bloque Ronald Reagan. El pánico y el número de cadáveres que dejaban a su paso, alertaban a los Jueces de lo que estaba sucediendo. Intentando averiguar cómo habían vuelto a la vida, McGruder descubría que Anderson había sido grabada haciéndose con el dispositivo de salto. Todo ello al tiempo que la telépata se recobraba en Deadworld y conseguía regresar a la megaciudad. Anonadada por su torpeza y apartada por McGruder del servicio activo, Anderson era la primera en culparse de lo que estaba sucediendo al ver los reportajes de la masacre que los Jueces Oscuros estaban llevando a cabo en ese momento en el Zoom, el transporte público equivalente al Metro de Mega-City Uno.
Mientras el Juez Omar y la Psi Division intentaban predecir el lugar de la siguiente aparición de los Cuatro Jueces Oscuros, Anderson daba con una posible manera de detenerles: los dispositivos de salto que los Jueces de Mega-City Uno habían intentado reproducir en los laboratorios de la Tek División habían resultado fallidos, por lo que una buena opción era arrojárselos encima y atraparles en su campo de acción, destruyendo al mismo tiempo su mecanismo de regreso. De ese modo, los Jueces Oscuros quedarían retenidos en la dimensión a la que fueran a parar, sin posibilidad de salir de ella.
 
Su teoría iba a ser puesta a prueba de inmediato, puesto que los Cuatro Jueces Oscuros aparecían de repente en los mismísimos dormitorios de los Jueces situados en el Palacio de Justicia, donde Anderson se hallaba confinada y donde centenares de Jueces cumplían su periodo obligatorio de seis horas de sueño natural a la semana. A través del vínculo psíquico que compartía con Muerte (Prog. 151), Anderson detectaba su presencia de inmediato.
Enfrentándose a ellos en solitario, lograba contenerles el tiempo suficiente como para que los Jueces llegasen y se abalanzasen sobre ellos, obligándoles a desaparecer. Su teoría resultaba ser además correcta al conseguir atrapar al Juez Miedo en un limbo interdimensional sin posibilidad de regreso. Reconociendo el mérito de su intervención, McGruder concedía a la Juez Psíquica una nueva oportunidad. A pesar de su responsabilidad en lo que estaba sucediendo, Anderson seguía siendo la mejor opción del Departamento de Justicia para enfrentarse a los Jueces Oscuros.
Finalmente, un miembro de la Psi Division conseguía obtener una premonición sobre una hora y un lugar concretos en el que se materializarían los Jueces Oscuros. Aunque McGruder decidía poner a Dredd al mando, Anderson lograba convencerla para que la situase a ella al frente de la operación.
El enfrentamiento final entre la Juez Anderson y los Jueces Oscuros tenía lugar en los famosos hiperalmacenes Mosgrove & Thung, donde Muerte, Fuego y Mortis aparecían a la hora vaticinada. Siguiendo las instrucciones de Anderson, los disparos de los Jueces convergían sobre los aparatos de teletransportación de los tres Jueces Oscuros, utilizando a continuación el mismo método utilizado con Miedo y acabando todos ellos en el mismo limbo interdimensional en que había quedado atrapado su compañero. A modo de epílogo, Omar informaba a McGruder que el vínculo psíquico que Anderson compartía con Muerte la había hecho susceptible a su influencia, por lo que la Juez Psíquica no podía considerarse responsable de sus actos. Con ello, Anderson resultaba absuelta y regresaba de nuevo al servicio activo.
La conclusión más importante que dejaba la historia era que los Jueces Oscuros no estaban muertos como había parecido suceder en Judge Death Lives. De hecho, era más que dudoso que se les pudiera destruir de algún modo. Esta vez habían quedado atrapados en un limbo interdimensional, con lo que su eventual regreso era ya una posibilidad que los Jueces nunca podrían descartar en un futuro. Aunque entonces no lo sabían, ese futuro tendría lugar en el 2112 mediante la espectacular Necrópolis, la saga definitiva de los Jueces Oscuros en la que se presentarían Nausea y Phobia y en la que los seis espectros conseguirían hacerse con el control total y absoluto de la megaciudad.
Mientras tanto, en lo que al Juez Dredd se refiere, el que la gran saga veraniega del 2000AD de aquel año estuviese protagonizada por la Juez Anderson, no quiere decir que el viejo Joe tuviera durante esos meses un papel secundario en la revista. Muy al contrario, coincidiendo con los episodios finales de la saga de los Jueces Oscuros, los Progs. 424 a 429 presentaron desde la última semana de Junio a principios del mes de Agosto una genial historia de 43 páginas titulada Midnight Surfer, el Surfista de Medianoche, la segunda historia protagonizada por el carismático Chopper.
 
Con una más que clara inspiración en el Silver Surfer de la Marvel y con antecedentes en un humorístico anuncio que aparecía en las tiras diarias de Dredd que Wagner y Grant realizaban en aquella época para el Daily Star, los seis episodios de Midnight Surfer traían consigo el regreso del joven Marlon Shakespeare tras los tres años que había pasado encerrado en los cubos a causa de lo sucedido en Unamerican Graffiti (Progs. 206-207), presentando además en sus páginas la séptima edición del SuperSurf, la megaespectacular competición clandestina anual a nivel mundial que en ese año 2107 tocaba celebrar en Mega-City Uno.

 
En la mejor tradición de los deportes extremos que causaban furor entre los ciudadanos del siglo XXII y que acababan con muchos de sus participantes (y otros tantos de sus espectadores) haciendo cola en las salas de autopsia, el SuperSurf 7 consistía en una carrera con tablas de energía voladoras a través de la megaciudad de turno en la que ese año se citaban sus participantes en el más completo secreto. Lógicamente no era una carrera normal, sino que su recorrido, en parte preestablecido y en parte opcional, incluía picados sobre edificios, ascensiones de 90º para no chocar contra los bloques, giros imposibles a lo largo de objetivos móviles, complicados y retorcidos zigzags entre megaedificios contiguos, etc.
Como espectáculo glorificado por los espectadores a nivel mundial, tan pronto como los medios de comunicación tenían conocimiento de que el Campeonato Mundial de SuperSurf estaba teniendo lugar, se interrumpía lo que en ese momento se estuviese emitiendo y comenzaba su retransmisión y seguimiento informativo en directo, que era presenciado por millones de espectadores desde sus propios bloques o a través de las diferentes televisiones de Mega-City Uno que informaban en directo del evento.
 
El escocés Cam Kennedy era el encargado de dibujar la historia, que comenzaba con los Jueces buscando a un desconocido surfista que por las noches volaba demasiado bajo y a gran velocidad sobre los edificios de Mega-City Uno, un individuo con el rostro cubierto y que era conocido popularmente como el Surfista de Medianoche.
El desconocido infractor de la ley resultaba ser efectivamente Marlon Shakespeare, el grafitero (ilegal) al que los aficionados conocían como Chopper y que ahora prestaba servicio social en un centro de rehabilitación enseñando a otros juves a usar sus tablas de energía a fin de practicar (legalmente) el aereosurf. Buscando información sobre el surfista que surcaba los cielos nocturnos de MegaCity, Dredd se encargaba de la investigación y acababa averiguando que se trataba de Chopper y que éste se estaba entrenando para el inminente SuperSurf 7, el (ilegal) Campeonato Mundial que se estaba rumoreando que ese año iba a tener lugar en Mega-City Uno.
 
Cuando Chopper descubría las cámaras espía que los Jueces habían situado sobre él para que les condujese hasta el resto de participantes, el chaval era incapaz de rendirse sin tratar de demostrarse a sí mismo y al resto del mundo de lo que era capaz de hacer con una tabla de surf.
Eludiendo la vigilancia de los Jueces, Chopper conseguía reunirse con el resto de los participantes, entre los que se encontraban leyendas vivas del surf como Dak Goodvibes, Johnny Cuba o el vigente campeón del anterior SuperSurf 6, Yogi Yakamoto.
 
Tras ser informados del recorrido, la carrera daba comienzo esa misma noche. Mientras la voz se corría a lo largo de Mega-City Uno y los ciudadanos se agolpaban en sus ventanas para presenciarla en directo, los Jueces intentaban detenerla cuando uno de los participantes se estrellaba contra un transporte de combustible y provocaba una monumental explosión. Ante el desorden y el caos generalizado, Dredd daba la orden de detener a los participantes por cualquier medio, incluso abriendo fuego contra ellos, con lo que la carrera aumentaba en peligrosidad para mayor delirio de sus espectadores.
Muchos de los participantes acababan detenidos mientras otros perdían la vida a causa de los Jueces y las propias dificultades del recorrido. Sin embargo, en una impresionante exhibición de surf, Chopper lograba situarse en la recta final en un apasionante codo a codo con el campeón Yakamoto. La meta estaba situada al final del túnel Manfred Fox, al que había que atravesar en sentido contrario a los vehículos que en ese momento circulaban a través de él. Yakamoto chocaba contra uno de los vehículos que lo cruzaban y estaba a punto de ser arrollado cuando Chopper se desentendía del resultado de la carrera y arriesgaba su vida para recogerle y salvarle de ser atropellado.
Ante el furor de los ciudadanos de Mega-City Uno que aclamaban el gesto de su campeón, Chopper cruzaba la línea de meta con su moribundo rival en brazos. Antes de fallecer, el propio Yakamoto reconocía a Chopper como el mejor surfista que había visto en su vida.

Sin oponer resistencia, convertido en una leyenda de la megaciudad aclamada a nivel mundial, la historia concluía con el arresto de Chopper, siendo vitoreado a su paso por miles de ciudadanos mientras Dredd le conducía de nuevo a los cubos para hacer frente esta vez a una condena de diez años por los cargos acumulados en su contra, un final que resultaba tan impactante y emocionante como la propia carrera que había tenido lugar.
 
Obviamente, semejante final dejaba claro que Chopper estaba destinado a regresar más pronto o más tarde a la serie, algo que tendría lugar dos años después en otra de las mejores y más memorables sagas de Dredd, Oz, esta vez con el SuperSurf 10 en escena.

Y otra cosa que quedaba clara era que los Jueces eran unos fascistas de cojones y sus métodos resultaban más que discutibles, algo que ya era conocido, pero en lo que cada vez se empezaba a hacer mayor hincapié en la serie. O lo que es lo mismo, cada vez quedaba menos para que los demócratas empezasen a defender sus ideas al más puro estilo del siglo XXII.