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viernes, 9 de octubre de 2015

Oz: el origen clónico del Juez Dredd

Judge Dredd in Oz es una idea cuyos orígenes resultan atribuibles en gran medida al dibujante Brendan McCarthy. Un año antes de su publicación, McCarthy había sido el responsable de diseñar y presentar a los Jueces de Brit-Cit en Atlantis (Progs. 485-488) aprovechando lo mucho que les insistían John Wagner y Alan Grant a todos los dibujantes con los que trabajaban para que les hiciesen llegar cualesquiera ideas que les apeteciese dibujar en la serie. McCarthy, que durante ese año se había ido de vacaciones a Australia para pasarse unos días haciendo Surf, regresó de aquellas vacaciones con varios diseños sobre unos jueces malvados que volaban en tablas de Surf y vivían en un desierto radioactivo, así como una serie de bocetos inspirados en una especie de Mega-Sidney del futuro y varios dibujos basados en la turística montaña de Ayers Rock, conocida actualmente por su denominación aborigen de Uluru. McCarthy le entregó una copia de todos aquellos sketches a John Wagner y le comentó un poco por encima de qué iba todo aquello, olvidándose luego de todo el asunto a medida que fueron pasando los meses.
El siguiente momento en la historia de esta macrosaga tuvo lugar con la entrada de Richard Burton como editor del 2000AD. Uno de los proyectos que Burton se trajo consigo fue el regreso de las grandes macrosagas, que si bien habían dejado de producirse tras los problemas que habían existido con Ciudad de los Condenados, en el fondo no era tanto porque no fuesen demandadas sino más bien debido a las dificultades para encontrar dibujantes que se hicieran cargo de ellas en su totalidad. La solución que inicialmente se planteó fue diseñar un nuevo Mega-Epic a través de un formato que presentase dos historias ocurriendo simultáneamente, cada una de ellas a cargo de un único dibujante, lo que permitiría ir ganando un determinado tiempo extra a los dos artistas implicados.
 
Ante la inminente conmemoración del bicentenario de Australia que iba a tener lugar en 1988, cuando Wagner y Grant recibieron la propuesta de llevar a cabo una nueva macrosaga, los bocetos que McCarthy había llevado a cabo durante sus vacaciones y que había entregado a Wagner, salieron del cajón en el que se encontraban. Pero lo hicieron con ciertos cambios a la hora de llevarlos a la práctica. Así, la idea de los jueces surfistas se transformó en el regreso de Chopper en un nuevo SuperSurf emplazado en aquella Australia del futuro, mientras que el cuerpo de Jueces diseñado por McCarthy se situó en un nuevo contexto argumental a través de los clonados Judda y su vínculo genético con el Juez Dredd.


Planteada así la historia, lo siguiente era buscar a los dibujantes adecuados para llevarla a cabo, siendo inicialmente elegidos el propio Brendan McCarthy para la parte de los Judda, puesto que las ideas generadoras de la saga eran suyas y no iba a quedarse fuera, y Cam Kennedy para la parte de Chopper y el SuperSurf, toda vez que su trabajo en Midnight Surfer (Progs. 424-429) era la principal inspiración de aquella continuación que se iba a llevar a cabo.
 
Sin embargo, aquí es donde todo se torció. Tras las conversaciones iniciales, Kennedy tuvo que retirarse del proyecto debido a los encargos que tenía asumidos con DC en la maxiserie de los Outcasts y en Espectro, no siendo Burton capaz de encontrar en ese momento a ningún dibujante de garantías que estuviera disponible durante los siguientes seis meses y fuese capaz de dibujar el número de páginas semanales que se requerían.

El proyecto se retrasó tanto que estuvo cerca de no ver la luz, pero finalmente se consiguió sacarlo adelante mediante el tradicional sistema de formar equipos rotatorios de dibujantes, ninguno de los cuales podía por sí solo hacerse cargo de todo el trabajo, pero sí de una parte del mismo. Así, Cliff Robinson se encargó de llevar a cabo el episodio inicial de apertura. Jim Baikie, recién salido de un trabajo con Batman para Detective Comics, fue traído a toda prisa por su vecino Cam Kennedy, dibujando las siete páginas del segundo episodio en un tiempo récord. Bajo diferentes seudónimos, los episodios tercero, cuarto y sexto recayeron en el equipo formado por Will Simpson, Paul Behrer y Dave Elliot, mientras que el propio McCarthy se encargó de realizar el quinto antes de introducir a los Judda en los capítulos séptimo y octavo de la saga, siendo el consagrado Steve Dillon el que se hiciese cargo de las partes novena y décima. A partir de ese décimo episodio, la situación más o menos consiguió estabilizarse, pero finalmente fue McCarthy el que tampoco pudo cumplir a tiempo, tomando su relevo Will Simpson y siendo John Higgins, Barry Kitson y Jim Baikie los que concluyeran la saga.

A pesar de todas las dificultades a las que hubo que hacer frente, Oz se acabó publicando durante los meses de Octubre de 1987 a Abril de 1988, a lo largo de los 26 episodios que aparecieron en los Progs. 545 a 570 y comprendiendo un total de 200 páginas. Tal y como ya os habréis fijado, la distribución final de los episodios tuvo lugar entre Cliff Robinson (1), Jim Baikie (2, 25-26), Paul Behrer, Will Simpson y Dave Elliot (3-4, 6), Brendan McCarthy (5, 7-8, 14-16), Steve Dillon (9-10), Will Simpson (11-12, 17-19), Barry Kitson (13, 22-24) y John Higgins (20-21). Ante la multitud de autores implicados, cada uno de ellos con su propio estilo individual, la historia acababa cojeando un poco en el aspecto gráfico, pero también es cierto que el conjunto no sólo presentaba un buen aspecto, sino que además el guión de Wagner y Grant se leía a la perfección y tenía momentos realmente memorables, como el propio final de la saga.

En todo caso, la aparición de una nueva macrosaga de Dredd fue excelentemente acogida por los aficionados, apareciendo recopilada en tres paperbacks con portadas de Sienkiewicz incluso antes de finalizar el año. Por cierto, cuando las tres portadas se unían, aparecía un tríptico en el que de alguna forma se podía visualizar el desarrollo de la historia.

Desde el punto de vista argumental, lo cierto es que antes de que Oz diese comienzo, ya habían venido apareciendo en la serie diferentes comentarios (aparentemente intrascendentes) entre los ciudadanos de MegaCity sobre la inminente celebración de un nuevo SuperSurf y la supuesta liberación de “alguien”. Pues bien, era en Oz donde se contaba que ese alguien no era otro que el joven Marlon Shakespeare, más conocido como Chopper, y que en ese momento se hallaba cumpliendo 10 años en un Isocubo tras su apasionante victoria (y posterior encarcelamiento) en el SuperSurf 7 celebrado tres años atrás en Mega-City Uno.
 

Ahora, tres años después, el Campeonato Mundial de SuperSurf había sido legalizado y ese año se celebraba en Oz. Todo ello producía un movimiento popular masivo en MegaCity pidiendo la liberación de Chopper para que participase en el megaevento y le plantase cara al vigente bicampeón mundial, el arrogante y tocahuevos Jug McKenzie, que además ese año participaba en casa.
Ante las multitudinarias protestas que comenzaban a tener lugar, los Jueces decidían trasladar a Chopper a un Iso-Bloque de alta seguridad, y lo hacían entregándole previamente sus pertenencias, entre las que se encontraba su tabla de surf. Durante el traslado, los manifestantes congregados a la puerta del Iso-Bloque estallaban contra los Jueces exigiendo la liberación de su campeón. Ante el caos y la confusión que se desataban, Chopper aprovechaba para quitarse las esposas y huir delante de las mismas narices de Dredd.
 
Con los Jueces batiendo Mega-City Uno en su búsqueda, el rebelde surfista decidía huir de la ciudad y refugiarse en el único lugar en el que todo el mundo parecía querer que estuviera, es decir, en la Conurbación de Sidney-Melbourne, la megaciudad de Oz en la que se iba a celebrar el SuperSurf 10. Y echándole pelotas al asunto, Chopper decidía ir hasta el continente austral en su propia tabla de aerosurf, para lo cual debía hacer un viaje de más de 12.000 Km en tan precario medio de transporte, atravesando además la Tierra Maldita y el Océano Pacífico.
Huyendo de la ciudad a través del Muro Oeste, el imposible viaje de Chopper batía todos los registros de audiencia en los noticiarios de MegaCity, llegándose a crear un reality (Chopwatch) que refería al público cualquier avistamiento del surfista durante su travesía. Acortando camino a través de la Mex-Zona, Chopper lograba cruzar de manera cuasimilagrosa la Tierra Maldita y se plantaba ante las mismísimas orillas del Pacífico. Una vez allí, con una última batería de energía para su tabla y sin nada de comida, Chopper prefería afrontar una muerte segura intentando atravesar el océano antes que rendirse y volverse atrás.

En este punto de la historia, la acción se trasladaba al Palacio de Justicia de Mega-City Uno, donde tres figuras hostiles aparecían de la nada y asesinaban al Juez Bruffen. Los tres teletransportadores hablaban como acólitos de una secta religiosa y se identificaban a sí mismos como Judda, interesándose a continuación por el paradero de los Jueces Defoe, Mac Namee y Dredd, siendo este último el único que lograba sobrevivir a su ataque y acabar con la vida de su oponente mientras los otros dos Judda desaparecían sin dejar rastro.
 
Analizando el ADN del fallecido, la Tek Division descubría que aquel individuo tenía el mismo ADN que Dredd, su hermano Rico y el padre del Sistema Judicial, el Juez Fargo; es decir, que se trataba de un clon. Y eso implicaba que, si el ADN era idéntico en todos los casos al del Juez Fargo, no sólo el Judda resultaba ser un clon, sino que también lo eran Dredd y el fallecido Rico, siendo por tanto todos ellos clones del Juez Fargo como ya se había apuntado en A Case for Treatment (Prog. 389) y se iba a confirmar inmediatamente a continuación, en los siguientes capítulos de la saga.
Y mientras los lectores asumían aquellas implicaciones, la historia regresaba a Chopper, que a duras penas sobrevivía a un huracán refugiándose en un carguero a la deriva y protagonizaba dos de los episodios más logrados de la saga, un terrorífico y marinero homenaje a todos los clásicos de barcos abandonados con un único ocupante a bordo, en este caso el robot cocinero Cookie, con su hacha de carnicero, su gusto por el arte culinario, y según comenta Alan Grant, la náutica voz de John Silver, puesto que esa era la voz que ambos escritores impostaban cuando leían en voz alta los diálogos de Cookie antes de pasarlos a máquina.
 
Aun cuando los ciudadanos de Mega-City Uno daban por muerto a Chopper tras las semanas transcurridas desde su último avistamiento, el joven surfista lograba llegar en el carguero hasta las costas de Oz. El único problema era que Dredd también se encontraba allí, aparentemente para detenerle si lograba cruzar el Pacífico y llevárselo con él de vuelta a Mega-City Uno. Ante el arresto de Chopper delante de los atónitos ojos de millones de telespectadores, el resto de participantes se rebelaba y amenazaba con la no celebración del SuperSurf si Chopper no participaba, lo que obligaba a los Jueces de Oz a desautorizar y arrestar al propio Dredd a fin de que el Campeonato Mundial pudiera celebrarse y no tener que enfrentarse a una sublevación popular.
 
Sin embargo, la llegada de Dredd a Oz y su pretendido arresto respondían en realidad a un propósito del que Chopper y el SuperSurf resultaban ser una mera tapadera. La verdad salía a la luz cuando dos nuevos Judda se teletransportaban a las instalaciones donde supuestamente Dredd se hallaba retenido y desarmado, y caían en una trampa tendida por el propio Dredd y los Jueces de Oz.
 
La acción retrocedía entonces a lo que había sucedido en Mega-City Uno tras la aparición de los Judda. Los Jueces ataban cabos y relacionaban el nombre de los Judda con el antiguo Juez Morton Judd, el genetista del Consejo de los Cinco en la época del Juez Fargo y responsable del programa de clonación de Joe y Rico Dredd. Judd había intentado atentar contra la vida de Fargo tras ver como éste rechazaba su proyecto de clonar ciudadanos, siendo liberado por sus partidarios y llevándose consigo muestras del programa de clonación sin que nunca se volviera a saber más de él. La única conclusión posible era que Morton Judd aún seguía con vida y había creado un ejército de jueces clónicos con el que pretendía atacar Mega-City Uno. Los rastros de polvo y polen sugerían que el Judda fallecido procedía de algún lugar de Oz, de ahí que se hubiese montado como tapadera la fuga de Chopper, coincidiendo con la celebración del SuperSurf en Oz, para justificar la presencia de Dredd en el continente austral.

De vuelta al presente, Dredd utilizaba uno de los teleportadores confiscados a los Judda para desplazarse hasta su lugar de procedencia, que resultaba ser la Montaña de Ayers Rock, donde se encontraba con un ejército de clones a punto de atacar la megaciudad.
Dredd resultaba capturado por los Judda y llevado ante Morton Judd, pero antes enviaba su localización a los Jueces de Oz, que lanzaban un ataque aéreo contra el santuario de Judd al mismo tiempo que éste iniciaba su ofensiva contra Mega-City Uno y los Judda comenzaban a teletransportarse al Palacio de Justicia. En la confusión que se generaba, Dredd se deshacía de Judd y del Judda que le custodiaba y se teletransportaba también a MegaCity, donde recogía y armaba una bomba atómica del arsenal de los Jueces y la enviaba de vuelta a Ayers Rock con un tiempo de detonación de diez segundos, de los cuales apenas quedaban dos cuando Morton Judd recobraba el conocimiento y la veía aparecer ante sus ojos. Sin tiempo para reaccionar, los Judda pasaban a la historia.
 
Los seis episodios restantes de la saga servían para narrar el SuperSurf 10, si bien antes Dredd se entrevistaba previamente con Chopper y le advertía que aun cuando se hubiese ganado el derecho a participar en el evento, tan pronto como cruzase la línea de meta lo primero que vería sería su cara para enviarle de vuelta a los cubos. A pesar de la (muy seria) advertencia de Dredd, Chopper volvía a aceptar el desafío y tomaba parte en la carrera.
El recorrido de la prueba resultaba ser tan suicida como era de esperar. Además, Chopper y McKenzie perdían posiciones en unos túneles de agua hacia el tercer episodio dedicado a la carrera, aunque alcanzaban al grupo de cabeza al final del siguiente, y llegaban a la parte final del SuperSurf, el llamado Callejón de Gasolina (un megabloque que había que cruzar en llamas) igualados con otros dos participantes, la máquina roja Nicolai Stal y Dallas Hall, la tigresa de Texas City. Stal perdía la vida en el intento mientras Dallas optaba por el paso de seguridad, siendo Chopper y McKenzie los que se metían de cabeza en el edificio en llamas y llegaban igualados a la recta final.
 
El desenlace de la carrera, el último episodio de la saga, resultaba tan emocionante como intenso su final. No creo que sea justo para John Wagner y Alan Grant contar quién de los dos cruzaba la meta en primer lugar, porque lo que realmente importaba era que allí estaba Dredd, legislador en mano, esperando a Chopper, y con intención de abrir fuego si el joven no se entregaba. Para que entendáis el dilema, Dredd claramente respetaba lo que había hecho Chopper, pero nadie podía quebrantar la ley. Y Chopper lo había hecho.
Las divergencias entre John Wagner y Alan Grant se habían ido acentuando en los últimos tiempos y durante el transcurso de Oz se hicieron más evidentes. En palabras de Alan Grant, la cuestión había sido más o menos ignorada por ambos hasta aquel episodio final de la saga; de hecho, según él mismo dice, hasta el mismo día en que lo escribieron, ninguno de los dos sabía cuál iba a ser su desenlace. Ambos escritores habían discutido todas las posibilidades: Chopper ganando el SuperSurf y huyendo, Chopper ganando y entregándose a Dredd, Chopper ganando y obteniendo un indulto... Pero llegado ese momento, con Dredd apuntando a Chopper mientras éste decidía no entregarse, fue Wagner quien puso de manifiesto lo mucho que les estaban costando sus divergencias.
A Wagner le encantaba Chopper y la popularidad del personaje le respaldaba, pues representaba al joven anónimo y sin trabajo capaz de darle la vuelta a Dredd. Sin embargo, Grant consideraba que Dredd debía matarle por aquello de lo perjudicial que creía que era suavizar al personaje. Sólo uno de ellos escribió aquel último episodio de la saga, así que ya podéis imaginar quién de los dos ganó. En cualquier caso, aquella decisión sobre el final de la saga, marcaría también el final de la etapa conjunta de ambos escritores, aun cuando haya que dejar claro que no existió ningún mal rollo entre ellos; todo lo contrario, hoy en día siguen siendo amigos y han trabajado juntos en multitud de situaciones, desde tareas editoriales hasta los propios crossovers entre Batman y el Juez Dredd.
 
Las tres partes de Hitman (Progs. 571-573), con dibujos de Jim Baikie, supusieron el epílogo de Oz y fueron escritas ya en solitario por John Wagner, aunque en los créditos de la historia siguieran apareciendo los dos. La historia, que tiene como mención más que destacable ser una de las pocas que han mostrado buena parte del rostro de Dredd, trataba de su regreso a Mega-City Uno tras lo sucedido en Oz. Un psicópata que hubiera preferido matar a Chopper, introducía a Dredd en su lista a causa de lo sucedido en el final de la macrosaga, logrando en su segundo intento enviar a Dredd a la Unidad Médica. En el tercero se encontraba frente a frente con Joe Dredd, quien desde la cama le enviaba definitivamente a su último descanso en Resyk.
Con todo, lo que iba a ser verdaderamente relevante para el futuro, eran las dudas que recorrían la cabeza de Dredd sobre lo sucedido con Chopper mientras permanecía hospitalizado. Aquellas dudas reflejaban las ideas que Wagner tenía sobre el desarrollo del personaje, ideas que estaban perfectamente calculadas en el tiempo para dar el mayor giro de tuerca a Joe Dredd que se había visto a lo largo de los once años que por aquel entonces llevaba la serie. Pero antes de llegar a eso, habrá que comentar también otra serie de cosas que sucedieron entre medias y a las que habrá que referirse en la próxima entrada.
 

sábado, 5 de septiembre de 2015

Cuatro Jueces Oscuros. El Surfista de Medianoche

A través de la novela gráfica Judge Death publicada por Titan, la saga de los Jueces Oscuros era de largo el recopilatorio más vendido de Judge Dredd en 1985. Pues bien, con el serial de Judge Anderson en mente, Steve McManus pensó hacer del regreso de los Jueces Oscuros un acontecimiento especial con el objetivo de promocionar el lanzamiento de una nueva revista de periodicidad quincenal y de nombre Judge Dredd Fortnightly, revista que iba a estar centrada únicamente en el universo de Dredd, es decir, lo mismo que unos años más tarde acabaría siendo el Judge Dredd Megazine. En aquella época, sin embargo, el proyecto se consideró aún demasiado prematuro por parte de IPC y acabó siendo aparcado.
 
En el momento en que se decidió su cancelación, John Wagner y Alan Grant tenían ya preparados los guiones de las historias que iban a aparecer en aquella nueva revista quincenal, entre ellos el de la historia que acabaría siendo denominada Cuatro Jueces Oscuros. Al cancelarse el proyecto, la historia acabó apareciendo directamente en las páginas del 2000AD. El resultado fue que la tradicional saga veraniega del 2000AD de aquel año 1985 no estuvo protagonizada por el Juez Dredd, sino por la Juez Anderson, apareciendo en solitario por primera vez bajo su propia cabecera de Anderson Psi Division y trayendo además consigo el regreso de los Jueces Oscuros a Mega-City Uno.
Como sus propios protagonistas indicaban, Four Dark Judges era claramente una secuela de Judge Death Lives, aunque con la ausencia de Dredd. O por ser más precisos, Dredd sí que aparecía en la historia, pero lo hacía de una manera puramente testimonial para que su presencia no menoscabase el protagonismo de la Juez Psíquica.

La saga se publicó durante los meses de Mayo a Julio, comprendiendo los doce episodios que aparecieron en los Progs. 416 a 427 y abarcando 62 páginas. Personalmente, no sabría contar las veces que me han preguntado si se ha llegado a publicar aquí. Teóricamente, en su momento, hubiera debido publicarla Zinco, no MC, puesto que se corresponde con la época en que la Serie Eagle aparecía en los USA. Pero Zinco cerró Judge Dredd en su nº 16, así que ni siquiera llegó a hacer una edición del 2000AD Monthly, que fue donde apareció.
Como se puede deducir a simple vista, la idea era seguir la estela gráfica marcada por Brian Bolland en Judge Death y Judge Death Lives. Con esa intención en mente, el dibujante elegido fue Brett Ewins, quien intentó darle a la historia el mismo estilo claro y detallado que había llevado a cabo Bolland, una tarea que en sí misma era prácticamente imposible, puesto que en esta ocasión se trataba de más de diez episodios, y además no eran quincenales como inicialmente estaba previsto, sino semanales. Como el propio Ewins comentó en el Megazine un poco antes de su fallecimiento, llegó un momento en que se vio sobrepasado por el detalle de los montones y montones de líneas que le requería tomar como modelo a Bolland, llegando al punto de caer casi enfermo a causa del agotamiento.
 
A pesar de todo, Brett Ewins (1-7) logró completar los siete primeros episodios de la saga. A partir del octavo fue reemplazado por Cliff Robinson (8-10 y 12), ya en aquel entonces un más que reconocible seguidor de Bolland y que hoy en día puede ser considerado como su discípulo más aventajado (exagerada lentitud incluida). Robinson llevó a cabo el resto de los episodios de la saga, excepto el penúltimo, que tuvo que correr a cargo del propio director artístico del 2000AD, Robin Smith (11), ante la imposibilidad que también supuso para el joven Robinson el poder cumplir puntualmente la cadencia semanal.
Situada a mediados del año 2107, la historia comenzaba con Anderson despertando de una pesadilla en la que aparecía el Juez Muerte advirtiéndola de su regreso. Dudando sobre si aquel sueño era algún residuo psíquico que aún persistía en su subconsciente, Anderson comenzaba su turno siendo requerida para incorporarse a la investigación de un secuestro infantil. Uno de los secuestradores había acabado muerto y las habilidades psíquicas de Anderson eran necesarias para indagar en la mente del fallecido.

El rastro conducía a los Jueces hasta los sótanos del bloque Wilson Tucker, donde los secuestradores acababan siendo eliminados y se recuperaba al pequeño. Sin embargo, durante los momentos finales del secuestro, Anderson volvía a divisar al espíritu de Muerte. Y esta vez no se trataba de ningún sueño. Decidiendo seguir a la fantasmal aparición hasta los subsótanos del bloque, el espectro se plantaba ante ella y le hacía presenciar el asesinato de un ciudadano que aseguraba haber llevado a cabo ya, desvaneciéndose a continuación ante sus ojos.
 
Reconociendo a la víctima como uno de los vid-jockeys más populares de la megaciudad, Anderson decidía investigar lo que estaba sucediendo. Tras comprobar que la estrella efectivamente acababa de morir, el examen de la telépata confirmaba la intervención del Juez Muerte en el asesinato, lo que le llevaba a utilizar sin autorización el aparato de salto interdimensional confiscado a los Jueces Oscuros cuatro años atrás y regresar a Deadworld para averiguar lo que estaba ocurriendo.
 
Todo resultaba ser una trampa. De los restos de sus cadáveres surgían los espíritus de los Jueces Oscuros y poseían a Anderson, llevándola a la cripta en la que yacían las momias de los fallecidos Jueces de Deadworld y obligándole a utilizarlas para proporcionarles una nueva forma física. Dándola por muerta, los resucitados Jueces Oscuros utilizaban a continuación sus propios dispositivos interdimensionales para regresar a Mega-City Uno con el objetivo de completar la tarea interrumpida cuatro años atrás.
Su regreso tenía lugar en el bloque Ronald Reagan. El pánico y el número de cadáveres que dejaban a su paso, alertaban a los Jueces de lo que estaba sucediendo. Intentando averiguar cómo habían vuelto a la vida, McGruder descubría que Anderson había sido grabada haciéndose con el dispositivo de salto. Todo ello al tiempo que la telépata se recobraba en Deadworld y conseguía regresar a la megaciudad. Anonadada por su torpeza y apartada por McGruder del servicio activo, Anderson era la primera en culparse de lo que estaba sucediendo al ver los reportajes de la masacre que los Jueces Oscuros estaban llevando a cabo en ese momento en el Zoom, el transporte público equivalente al Metro de Mega-City Uno.
Mientras el Juez Omar y la Psi Division intentaban predecir el lugar de la siguiente aparición de los Cuatro Jueces Oscuros, Anderson daba con una posible manera de detenerles: los dispositivos de salto que los Jueces de Mega-City Uno habían intentado reproducir en los laboratorios de la Tek División habían resultado fallidos, por lo que una buena opción era arrojárselos encima y atraparles en su campo de acción, destruyendo al mismo tiempo su mecanismo de regreso. De ese modo, los Jueces Oscuros quedarían retenidos en la dimensión a la que fueran a parar, sin posibilidad de salir de ella.
 
Su teoría iba a ser puesta a prueba de inmediato, puesto que los Cuatro Jueces Oscuros aparecían de repente en los mismísimos dormitorios de los Jueces situados en el Palacio de Justicia, donde Anderson se hallaba confinada y donde centenares de Jueces cumplían su periodo obligatorio de seis horas de sueño natural a la semana. A través del vínculo psíquico que compartía con Muerte (Prog. 151), Anderson detectaba su presencia de inmediato.
Enfrentándose a ellos en solitario, lograba contenerles el tiempo suficiente como para que los Jueces llegasen y se abalanzasen sobre ellos, obligándoles a desaparecer. Su teoría resultaba ser además correcta al conseguir atrapar al Juez Miedo en un limbo interdimensional sin posibilidad de regreso. Reconociendo el mérito de su intervención, McGruder concedía a la Juez Psíquica una nueva oportunidad. A pesar de su responsabilidad en lo que estaba sucediendo, Anderson seguía siendo la mejor opción del Departamento de Justicia para enfrentarse a los Jueces Oscuros.
Finalmente, un miembro de la Psi Division conseguía obtener una premonición sobre una hora y un lugar concretos en el que se materializarían los Jueces Oscuros. Aunque McGruder decidía poner a Dredd al mando, Anderson lograba convencerla para que la situase a ella al frente de la operación.
El enfrentamiento final entre la Juez Anderson y los Jueces Oscuros tenía lugar en los famosos hiperalmacenes Mosgrove & Thung, donde Muerte, Fuego y Mortis aparecían a la hora vaticinada. Siguiendo las instrucciones de Anderson, los disparos de los Jueces convergían sobre los aparatos de teletransportación de los tres Jueces Oscuros, utilizando a continuación el mismo método utilizado con Miedo y acabando todos ellos en el mismo limbo interdimensional en que había quedado atrapado su compañero. A modo de epílogo, Omar informaba a McGruder que el vínculo psíquico que Anderson compartía con Muerte la había hecho susceptible a su influencia, por lo que la Juez Psíquica no podía considerarse responsable de sus actos. Con ello, Anderson resultaba absuelta y regresaba de nuevo al servicio activo.
La conclusión más importante que dejaba la historia era que los Jueces Oscuros no estaban muertos como había parecido suceder en Judge Death Lives. De hecho, era más que dudoso que se les pudiera destruir de algún modo. Esta vez habían quedado atrapados en un limbo interdimensional, con lo que su eventual regreso era ya una posibilidad que los Jueces nunca podrían descartar en un futuro. Aunque entonces no lo sabían, ese futuro tendría lugar en el 2112 mediante la espectacular Necrópolis, la saga definitiva de los Jueces Oscuros en la que se presentarían Nausea y Phobia y en la que los seis espectros conseguirían hacerse con el control total y absoluto de la megaciudad.
Mientras tanto, en lo que al Juez Dredd se refiere, el que la gran saga veraniega del 2000AD de aquel año estuviese protagonizada por la Juez Anderson, no quiere decir que el viejo Joe tuviera durante esos meses un papel secundario en la revista. Muy al contrario, coincidiendo con los episodios finales de la saga de los Jueces Oscuros, los Progs. 424 a 429 presentaron desde la última semana de Junio a principios del mes de Agosto una genial historia de 43 páginas titulada Midnight Surfer, el Surfista de Medianoche, la segunda historia protagonizada por el carismático Chopper.
 
Con una más que clara inspiración en el Silver Surfer de la Marvel y con antecedentes en un humorístico anuncio que aparecía en las tiras diarias de Dredd que Wagner y Grant realizaban en aquella época para el Daily Star, los seis episodios de Midnight Surfer traían consigo el regreso del joven Marlon Shakespeare tras los tres años que había pasado encerrado en los cubos a causa de lo sucedido en Unamerican Graffiti (Progs. 206-207), presentando además en sus páginas la séptima edición del SuperSurf, la megaespectacular competición clandestina anual a nivel mundial que en ese año 2107 tocaba celebrar en Mega-City Uno.

 
En la mejor tradición de los deportes extremos que causaban furor entre los ciudadanos del siglo XXII y que acababan con muchos de sus participantes (y otros tantos de sus espectadores) haciendo cola en las salas de autopsia, el SuperSurf 7 consistía en una carrera con tablas de energía voladoras a través de la megaciudad de turno en la que ese año se citaban sus participantes en el más completo secreto. Lógicamente no era una carrera normal, sino que su recorrido, en parte preestablecido y en parte opcional, incluía picados sobre edificios, ascensiones de 90º para no chocar contra los bloques, giros imposibles a lo largo de objetivos móviles, complicados y retorcidos zigzags entre megaedificios contiguos, etc.
Como espectáculo glorificado por los espectadores a nivel mundial, tan pronto como los medios de comunicación tenían conocimiento de que el Campeonato Mundial de SuperSurf estaba teniendo lugar, se interrumpía lo que en ese momento se estuviese emitiendo y comenzaba su retransmisión y seguimiento informativo en directo, que era presenciado por millones de espectadores desde sus propios bloques o a través de las diferentes televisiones de Mega-City Uno que informaban en directo del evento.
 
El escocés Cam Kennedy era el encargado de dibujar la historia, que comenzaba con los Jueces buscando a un desconocido surfista que por las noches volaba demasiado bajo y a gran velocidad sobre los edificios de Mega-City Uno, un individuo con el rostro cubierto y que era conocido popularmente como el Surfista de Medianoche.
El desconocido infractor de la ley resultaba ser efectivamente Marlon Shakespeare, el grafitero (ilegal) al que los aficionados conocían como Chopper y que ahora prestaba servicio social en un centro de rehabilitación enseñando a otros juves a usar sus tablas de energía a fin de practicar (legalmente) el aereosurf. Buscando información sobre el surfista que surcaba los cielos nocturnos de MegaCity, Dredd se encargaba de la investigación y acababa averiguando que se trataba de Chopper y que éste se estaba entrenando para el inminente SuperSurf 7, el (ilegal) Campeonato Mundial que se estaba rumoreando que ese año iba a tener lugar en Mega-City Uno.
 
Cuando Chopper descubría las cámaras espía que los Jueces habían situado sobre él para que les condujese hasta el resto de participantes, el chaval era incapaz de rendirse sin tratar de demostrarse a sí mismo y al resto del mundo de lo que era capaz de hacer con una tabla de surf.
Eludiendo la vigilancia de los Jueces, Chopper conseguía reunirse con el resto de los participantes, entre los que se encontraban leyendas vivas del surf como Dak Goodvibes, Johnny Cuba o el vigente campeón del anterior SuperSurf 6, Yogi Yakamoto.
 
Tras ser informados del recorrido, la carrera daba comienzo esa misma noche. Mientras la voz se corría a lo largo de Mega-City Uno y los ciudadanos se agolpaban en sus ventanas para presenciarla en directo, los Jueces intentaban detenerla cuando uno de los participantes se estrellaba contra un transporte de combustible y provocaba una monumental explosión. Ante el desorden y el caos generalizado, Dredd daba la orden de detener a los participantes por cualquier medio, incluso abriendo fuego contra ellos, con lo que la carrera aumentaba en peligrosidad para mayor delirio de sus espectadores.
Muchos de los participantes acababan detenidos mientras otros perdían la vida a causa de los Jueces y las propias dificultades del recorrido. Sin embargo, en una impresionante exhibición de surf, Chopper lograba situarse en la recta final en un apasionante codo a codo con el campeón Yakamoto. La meta estaba situada al final del túnel Manfred Fox, al que había que atravesar en sentido contrario a los vehículos que en ese momento circulaban a través de él. Yakamoto chocaba contra uno de los vehículos que lo cruzaban y estaba a punto de ser arrollado cuando Chopper se desentendía del resultado de la carrera y arriesgaba su vida para recogerle y salvarle de ser atropellado.
Ante el furor de los ciudadanos de Mega-City Uno que aclamaban el gesto de su campeón, Chopper cruzaba la línea de meta con su moribundo rival en brazos. Antes de fallecer, el propio Yakamoto reconocía a Chopper como el mejor surfista que había visto en su vida.

Sin oponer resistencia, convertido en una leyenda de la megaciudad aclamada a nivel mundial, la historia concluía con el arresto de Chopper, siendo vitoreado a su paso por miles de ciudadanos mientras Dredd le conducía de nuevo a los cubos para hacer frente esta vez a una condena de diez años por los cargos acumulados en su contra, un final que resultaba tan impactante y emocionante como la propia carrera que había tenido lugar.
 
Obviamente, semejante final dejaba claro que Chopper estaba destinado a regresar más pronto o más tarde a la serie, algo que tendría lugar dos años después en otra de las mejores y más memorables sagas de Dredd, Oz, esta vez con el SuperSurf 10 en escena.

Y otra cosa que quedaba clara era que los Jueces eran unos fascistas de cojones y sus métodos resultaban más que discutibles, algo que ya era conocido, pero en lo que cada vez se empezaba a hacer mayor hincapié en la serie. O lo que es lo mismo, cada vez quedaba menos para que los demócratas empezasen a defender sus ideas al más puro estilo del siglo XXII.
 

lunes, 6 de julio de 2015

La Búsqueda del Juez Niño

Apenas un mes después de haber concluido la primera parte de la saga del Juez Muerte, la segunda quincena del mes de Marzo de 1980 vería la aparición de la tercera gran macrosaga de Judge Dredd, la Búsqueda del Juez Niño (Progs. 156-181). Se extendería durante 7 meses, desde mediados de Marzo a mediados de Octubre de ese año, si bien en realidad no duró esos siete meses que abarcó, sino los seis que habitualmente eran de rigor, puesto que entre los Progs. 164 y 165 hubo un paréntesis de 5 semanas en las que no apareció el 2000AD con motivo de una huelga llevada a cabo por los trabajadores de IPC Magazines. La Gran Bretaña de Margaret Thatcher, ya os podéis imaginar.

La gran aceptación de la Tierra Maldita y El Día que la Ley Murió, había hecho que los editores del 2000AD, en este caso Steve McManus, tuviesen claro que Judge Dredd debía tener al menos una gran macrosaga al año (ventas, política editorial, esas cosas). Y la saga que apareció en ese año fue ésta, The Judge Child Quest, una historia de 26 episodios de duración y más de 160 páginas de extensión, en la que John Wagner volvía a sacar a Dredd de Mega-City y lo enviaba de nuevo a realizar otro viaje épico, en este caso al espacio profundo.
El turno rotatorio de dibujantes se lo repartieron Brian Bolland (1, 7, 17-18), Ron Smith (2-4, 9-10, 12-14, 19-20 y 24-26) y Mike McMahon (5-6, 8, 11, 15-16 y 21-23), si bien los principales responsables de la saga acabarían siendo los dos últimos, puesto que Bolland sólo se limitó a cuatro episodios de la misma (buenísimos, eso sí). Desde mi punto de vista, el mayor problema que sufrió la historia fueron los altibajos que atravesó a causa del estado de salud de John Wagner, quien en esa época se hallaba además sobresaturado de trabajo al tener que llevar simultáneamente Judge Dredd, Strontium Dog y Robo-Hunter. Incapaz de escribir las tres series al mismo tiempo, Wagner no tuvo más remedio que pedirle a su amigo y compañero de piso Alan Grant, hasta entonces editor asistente de la revista, que le echase una mano con los guiones para poder concluirla. Utilizando habitualmente el seudónimo de T.B. Grover, la colaboración de ambos comenzaría en el Prog. 177 y acabaría durando ocho años, justo hasta el final de la genial saga de Oz.
 
Aprovechando la innovación de los Jueces Psíquicos que se acababa de introducir en Judge Death, el detonante de la saga resultaba ser en esta ocasión una predicción del anciano y moribundo Juez Feyy, un miembro de la Psi División que había contado hasta entonces con un 88.8 % de acierto en todas sus predicciones.
En su lecho de muerte, Feyy había profetizado que en el año 2120 tendría lugar una catástrofe aún más terrible que cualquiera que hubiera tenido lugar hasta entonces. De la destrucción surgirían unas horribles criaturas que harían presa en los supervivientes y el único capaz de liderar a Mega-City Uno en su hora más oscura sería un niño nacido en la megaciudad y que llevaba en su cuerpo la marca del águila de la justicia. Ese niño estaba destinado a gobernar el destino de la megaciudad y su nombre era Owen Krysler, el Juez Niño.
 
Al no poderse ignorar el elevado porcentaje de acierto de Feyy, el Juez Jefe Griffin procedía a iniciar la búsqueda, pero el resultado era negativo: ninguno de los Krysler que residían en Mega-City Uno se ajustaba a la descripción dada por Feyy. Sin embargo, los Jueces lograban averiguar que años atrás un niño de apellido Krysler se había visto obligado a abandonar la ciudad con sus padres a causa de los genes mutantes que poseía, encaminándose toda la familia hacia un asentamiento de la Tierra Maldita. Ante la necesidad de salvaguardar el futuro de la ciudad, Griffin asignaba a Dredd la difícil tarea de encontrar a ese niño y llevarle a Mega-City.
 
Sin embargo, cuando Dredd conseguía localizar el asentamiento en que se habían instalado los Krysler, descubría que el lugar había sido masacrado por unos traficantes de esclavos, informándole uno de los supervivientes que toda la familia Krysler había resultado ahorcada, excepto su hijo, a quien los traficantes habían considerado lo suficientemente valioso como para llevárselo con ellos al mercado de esclavos de Neutron Flats. Tras encontrar una fotografía del niño entre los restos de su antiguo hogar y observar la marca del águila en su frente, Dredd se convencía de que aquel niño era su objetivo, partiendo tras el rastro de los esclavistas y su prisionero.
Siguiendo la estructura narrativa utilizada en la Tierra Maldita, la búsqueda de Dredd le llevaba primero a Memphis (Tennessee) y más tarde a Texas City, la tercera megaciudad de los antiguos Estados Unidos. El niño, al parecer dotado para predecir el futuro, valía una fortuna, por lo que todos los codiciosos personajes que iban apareciendo en escena se disputaban encarnizadamente una mercancía tan valiosa. No obstante, algo extraño empezaba a flotar en el ambiente, puesto que lo que mejor hacía el pequeño Owen Krysler era predecir las muertes ajenas.
 
En Texas City era donde aparecían por primera vez en escena Pá Angel y sus hijos, Junior, Link y Malamáquina (Progs. 160 y 161), conocidos como la Banda de los Angel, cuatro chacales crueles y rastreros que competían entre sí por ver quién era el más cabrón de todos ellos, si bien aún faltaría por aparecer su quinto miembro, Fink AngelDiseñados gráficamente por Mike McMahon sobre un esbozo muy general por parte de Wagner, el propio McMahon recuerda que el guión únicamente apuntaba que Malamáquina tenía un dial y una placa de metal en la cabeza y un brazo mecánico, Link era más o menos un tío grande con un anillo o un piercing en la nariz, Junior era pequeño y repugnante, y simplemente aparecía descrito como .
 
Famosos gracias a su aparición en la película protagonizada por Stallone, su álbum familiar quedaría inmortalizado para la posteridad en el Judge Dredd Special de 1995, un auténtico retrato de familia digno de las mejores carcajadas que presentaba la historia de unos hillbillies sin escrúpulos producidos por una tierra radioactiva, que no tenían ningún reparo en mostrarse como unos tipos malhablados, bebedores de whisky a granel y deseosos de disparar a la menor oportunidad que se les presentase.
 
Sometidos a una intensa búsqueda por parte de los Jueces tejanos, la Banda de los Angel se disponía a abandonar la ciudad cuando se tropezaban con Owen Krysler y su captor. A la vista del negocio que les podía proporcionar el pequeño adivino, Krysler cambiaba nuevamente de manos y caía en poder de los Angel, quienes a continuación abandonaban Texas City en una nave espacial con destino a algún lugar desconocido de la galaxia en el que esperaban evitar ser capturados por los Jueces.
 
Como todos los buenos villanos, los Angel resultaron ser uno de los mayores aciertos de la saga. Caracterizados como una panda de cabrones que además disfrutaban siendo unos hijos de puta, el humor negro y la despreocupada carencia de principios de que hacían gala al asesinar a todo aquel que se cruzaba en su camino, se ganaron enseguida el corazoncito del sector más gamberro del 2000AD. Especialmente “simpático” resultaba Angel Malamáquina, una mala bestia, mitad hombre, mitad máquina, que tenía incrustado un dial en su cabeza que le permitía cuatro posiciones de comportamiento: en el 1 era Rudo; en el 2, Malo; en el 3 resultaba verdaderamente Malvado y en el 4 era Brutal. A mayor desbarre, cuando el dial se le quedaba atascado en el 4, Malamáquina perdía el control de sí mismo, resultando entonces posible todo tipo de catástrofes.
Obligado a perseguir a los Angel a través del espacio, Dredd decidía llamar a Mega-City Uno para que le enviasen la nave Justicia-1, cuya tripulación aparecía compuesta por los Jueces López, Larter y Hershey. De los tres, la Juez Hershey sería la que tendría un mayor protagonismo en la saga, siguiendo a partir de entonces la estela de Anderson a la hora de establecerse como uno de los personajes clave para la serieRecién salida de la Academia, la primera aparición de Hershey tenía lugar en el Prog. 162, el segundo de los episodios dibujados por Bolland para la saga, un magnífico episodio que tiraba de muchos clásicos de serie B, con naves espaciales desaparecidas sin haberse vuelto a saber nunca de ellas, tripulaciones muertas en su interior y ordenadores asesinos fuera de control.
 
Al igual que había sucedido con AndersonBolland sería el encargado de llevar a Hershey al papel. A Bolland le había sido encargado realizar el diseño de la nave espacial Justicia-1 y su tripulación, de la que formaba parte Hershey, de ahí su vinculación con el personaje.
Esta vez sin ninguna inspiración especial en cuanto a sus rasgos, Hershey representaba sin embargo un marcado contraste con la telépata de la Psi Division, resultando más severa que aquella y haciendo gala de un comportamiento mucho más serio. En consonancia con su carácter, Bolland decidió que su cabello estuviese cortado a modo de casco, proporcionándole además un semblante más ceñudo que el de la despreocupada e informal Anderson. Luz y Sombra, como gráficamente explicaría él mismo años más tarde al comparar a ambos personajes.
 
Ante la imposibilidad de descubrir el lugar al que se habían dirigido los Angel, Dredd y sus hombres acudían al planeta Necros en busca de la Especia Oráculo, una sustancia mágica capaz de proporcionar cualquier conocimiento a quien lo buscase, debiendo enfrentarse para conseguirla al necromante Murd el Opresor (Progs. 170 y 171), quien a pesar de su defunción final volvería a aparecer retrospectivamente años más tarde como el mentor de Sabbat el Necromagus durante la saga El Día del Juicio. Dos episodios ambientados en una temática de magia negra y estupendamente dibujados por McMahon que venían a preparar la saga para su recta final.
Precisamente tras hacerse con la Especia Oráculo tendría lugar uno de los momentos más polémicos de la historia del Juez Dredd, al ordenar éste a López que tomase la especia para localizar a los Angel y al Juez Niño, sabedor de que con ello probablemente lo estaba condenando a muerte, como así acabaría sucediendo. La polémica sobre si le eligió por llevar bigote (algo que a Dredd le disgustaba) o si fue por ser el miembro más receptivo a la especia, no se saldaría hasta 22 años después (Prog. 1280), al descubrirse lo que significó para Dredd tomar aquella decisión.
 
Conducidos por la Especia Oráculo hasta el piloto de la nave en la que habían huido los Angel, lo que daría lugar a dos magníficos episodios de Bolland, la resolución de la saga tendría lugar en el planeta Xanadú, nombre cuyas resonancias a Samuel Coleridge y Orson Welles no creo que precisen de muchas aclaraciones.
De este modo, si la Búsqueda del Juez Niño había comenzado como un viaje a través de la Tierra Maldita hasta Texas City, transformándose a continuación de manera bastante sorprendente en un auténtico Space Opera, su parte final en Xanadu casi podría considerarse un western en toda regla, en el que Dredd se separaba de su tripulación y emprendía la búsqueda de los Angel con la ayuda de una de sus víctimas, el Viejo Joe el Ciego, cuya ceguera no dejaba de recordar la personificada alegoría de la justicia ciega habitualmente representada en el mundo anglosajón.
 
El enfrentamiento con Link y Malamáquina tenía lugar en el pueblo de Drybone, mientras que y Junior se las acababan viendo con Dredd en el volcánico territorio de Grunwald, un estado libre para los robots en el que los humanos no eran bienvenidos. Ninguno de los Angel sobreviviría al enfrentamiento final con Dredd. Pero Owen Krysler tampoco se puede decir que saliera bien parado. A la vista de todo lo que había sucedido, Dredd acababa convencido de que aquel niño no era trigo limpio, sino que era un ser intrínsecamente malvado, considerando que Mega-City iba a estar mucho mejor sin él. Ante semejante juicio (que a la larga se iba a demostrar acertado), Dredd decidía abandonar a Owen Krysler en Xanadú, dejándole a cargo de Grunwalder, el robótico gobernante del planeta.
 
Semejante final iba a ser bastante criticado por los aficionados del 2000AD, siendo calificado como anticlimático al considerarse que después de todos las muertes, sacrificios y esfuerzos que había conllevado localizar al Juez Niño, no tenía sentido que Dredd lo dejase allí abandonado sin más. Con la ventaja que me da el paso del tiempo, no comparto esa opinión generalizada entre yanquis y británicos. Desde mi punto de vista, dejar allí al pequeño calvo cabrón en base a su carácter maligno, abrió toda una serie de posibilidades para futuras historias que desarrollarían en profundidad la trama de la Profecía de Feyy, que no olvidemos era precisamente el motor de la saga.
Es cierto que The Judge Child Quest quedaba coja en su final y que muchos nos quedamos sin saber muy bien de qué había ido aquello al acabar de leerla. Pero vistas las cosas en perspectiva, el final quedaba así mucho más abierto y lleno de posibilidades, como de hecho se iría comprobando años más tarde en Ángeles del Destino (Progs. 281-288), Ciudad de los Condenados (Progs. 393-406) y En el Año 2120 (Prog. 1077), las historias que completarían la tetralogía basada en las predicciones de Feyy.
 
Ya de la mano de Brian Bolland, el episodio siguiente, Guerra de Bloques (Prog. 182), supuso el epílogo final a la Búsqueda del Juez Niño. Dredd reasumía sus funciones al regresar a MC-1 y se las veía junto al Juez Giant con una virulenta batalla campal entre los bloques Rita Tushingham y Ernest Borgnine, mientras el Consejo de los Cinco, el máximo órgano de gobierno de la megaciudad, analizaba si la conducta de Dredd había sido correcta al dejar a Owen Krysler en Xanadú y no traerlo con él de vuelta a Mega-City.
La opinión generalizada del Consejo era que Dredd se había extralimitado en su decisión y que era necesario enviar otra expedición para traer de vuelta a Krysler, aun cuando semejante actuación forzase a Dredd a dimitir. Sin embargo, disconforme con el voto del Consejo, Griffin acababa utilizando su derecho de veto y respaldaba la decisión de Dredd, confiando plenamente en su juicio. Dentro de los miembros del Consejo que discutían la actuación de Dredd, tenía lugar la primera aparición de la Juez Hilda M. McGruder, transposición al papel de la Primer Ministro Margaret Thatcher, como su propio nombre de pila indicaba. McGruder aparecía en el Consejo como nueva líder del SJS y sería quien asumiese el cargo de Juez Jefe tras la conclusión de la Guerra del Apocalipsis, siendo también otro de los personajes que mayor relevancia han tenido en la historia de la serie.
 
Entre la conclusión de la Búsqueda del Juez Niño y la publicación de Judge Death Lives, hubo también otras historias dignas de mención. A mi juicio, son tres las que más merecen la pena destacarse.
De la mano de Mike McMahon, The Fink por ejemplo (Progs. 193-196) presentaba al quinto miembro de la familia Angel, una verdadera rata (en el sentido más literal de la palabra) llamada Fink Angel, quien con su encantadora mascota Ratty llegaba a Mega-City Uno en busca de venganza contra los Jueces Dredd, Larter y Hershey por lo sucedido a su difunta y angelical familia, logrando llevar a cabo parte de esa venganza (Larter RIP) antes de acabar en los psicocubos y tras habérselas hecho pasar también muy putas a Hershey. En esta saga hacía también su aparición la planta de reciclaje Resyk, descubriéndose que todo era aprovechable en Mega-City, incluso los cadáveres. Y por cierto, espectacular portada de Bolland para la edición de Eagle, aquí publicada por Zinco.
 
Inspirada en una noticia recogida en los diarios sobre las guerras de grafitis que tenían lugar en la ciudad de Nueva York, otra de las destacables de estos años fue Unamerican Graffiti (Progs. 206 y 207).
Con Ron Smith a los lápices, en ella se presentaba al juve Marlon Shakespeare, más conocido como Chopper, un personaje destinado a convertirse en parte significativa de los mitos de Dredd. Sin perspectivas de futuro ni de encontrar trabajo (como todos los juves de Mega-City Uno), con un padre obsesionado en batir el récord de meter huevos en un cubo con la cabeza y con una madre aún más obsesionada en ensuciar platos para luego poder fregarlos, Chopper se convertía en un “trepa-muros”, un artista grafitero (ilegal, por supuesto) que todas las noches situaba su grafitera firma (un sonriente smiley) en los lugares más emblemáticos e inaccesibles de Mega-City Uno, dejando a los Jueces en evidencia.
 
The Phantom, otro anónimo e ilegal trepa-muros (que al final resultaría ser un droide pintor), entablaba una enconada competición con él, en un más difícil todavía que hacía las delicias de los noticiarios de Mega-City y ponía al Departamento de Justicia en estado de alarma ante su público desafío para llevar a cabo un duelo grafitero en la mismísima Estatua del Juicio, el símbolo de Mega-City por excelencia, tal y como la Estatua de la Libertad lo es para los actuales Estados Unidos. Chopper acabaría en los isocubos, pero acababa de comenzar una leyenda que culminaría en los históricos y superespectaculares Supersurf 7 y Supersurf 10, con todos los ciudadanos de Mega-City Uno gritando enfervorizados su nombre.
 
Sin embargo, antes de eso, en los Progs. 197-200, se iba a prender una mecha que acabaría suponiendo un antes y un después para Mega-City Uno. La historia se llamaba Piratas del Atlántico Negro. En ella, un corsario mutante, el Capitán Skank, utilizaba a unos secuestrados científicos para lanzar un ataque nuclear contra Mega-City Uno, sin saber que en realidad estaba siendo un involuntario peón de los Jueces Soviet de Mega-Este Uno. Cuando los Jueces de Mega-City descubrían lo que en realidad estaba sucediendo, comenzaba una escalada de tensiones que al final sólo iba a tener una única salida posible: la Guerra del Apocalipsis.
 
Con todo, antes de que las bombas atómicas comenzasen a caer por todas partes y a marcar ese antes y después en la historia de la megaciudad, otro importante acontecimiento marcaría la historia en viñetas de la saga del Juez Dredd: la llegada de los Jueces Oscuros a Mega-City Uno, que será de lo que toque hablar en la próxima entrada.