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sábado, 12 de septiembre de 2015

Carta de un Demócrata y otras historias

Como ya se comentó en otra entrada anterior, si hubiera que destacar algo que caracterizase a Judge Dredd durante el inicio de la segunda mitad de la década de los 80, ese algo destacable sería la acentuación del carácter episódico de la serie: historias cortas, en su mayoría de uno o dos episodios de duración, a veces tres episodios, fueron lo predominante en aquel periodo previo a la separación de John Wagner y Alan Grant.
 
Esto no quiere decir sin embargo que durante este periodo hubiese malas historias o que su interés fuera menor. Muy al contrario, independientemente de su interés, Wagner y Grant aprovecharon el tirón para cohesionar y seguir expandiendo el Universo de los Jueces. Así, por ejemplo, en los episodios inmediatamente posteriores a la Guerra del Apocalipsis se había presentado a unos personajes que con el paso del tiempo se convertirían en auténticos clásicos de la serie: los Fatties, es decir, los Gordinflas.
 
Su presentación había tenido lugar en los Progs. 273 y 274, cuando liderados por Dick Porker, los gordos más gordos de MegaCity se habían rebelado contra las restricciones y los racionamientos de comida impuestos por los Jueces tras la Guerra del Apocalipsis que les impedían competir en los Campeonatos de Comida que constituían otro de los deportes extremos más seguidos y exitosos de Mega-City Uno, llegando a asaltar los convoyes de alimentos que llegaban a la megaciudad procedentes de Texas City para poder seguir comiendo y manteniendo su peso.
 
Ante la respuesta positiva obtenida por parte de los lectores, Wagner y Grant decidieron ir todavía un paso más allá. De este modo, su segunda aparición había tenido lugar en Réquiem por un Peso Pesado (Progs. 331-334), otra historia muy destacable, dibujada en esta ocasión por Ezquerra, que informaba de la existencia de diversos campeonatos clandestinos (e ilegales) de comida, en los que la ingesta de comida (en cantidades extremas) entre sus participantes circulaba al mismo nivel que lo hacían el asombro y las apuestas entre los espectadores de la disputada competición. Todos ellos habían resultado ser magníficos episodios llenos de sátira y no exentos de una cierta mirada de verdad, como suele ocurrir en las mejores historias de Judge Dredd.

En este entorno de sátira y obesidad extrema, sería en el que tuviese lugar la tercera aparición de los Fatties, Magnífica Obsesión (Progs. 440 y 441), que narraba la historia de TonyDos ToneladasTubbs y su sufridora familia, si bien como se advertía a los lectores al principio de la narración, aquella no era una historia de crimen y castigo, sino la historia de un hombre con un sueño y la fuerza de voluntad para hacerlo realidad.
Dibujada por Cam Kennedy (que confiesa haber contenido a duras penas las carcajadas la primera vez que se leyó el guion), la historia aparecía encuadrada en el fin de las restricciones y racionamientos de comida decretados por McGruder a consecuencia de la Guerra del Apocalipsis, lo que abría de nuevo la puerta a la legalización de los Campeonatos de Comida para satisfacción tanto de sus seguidores como de los participantes, siendo en este caso la celebración del Campeonato Mundial del año 2107 el que permitía por fin a TonyDos ToneladasTubbs alcanzar la gloria del triunfo y los consiguientes sponsors, anuncios, apariciones televisivas, libros, juguetes, camisetas, etc, por los que tanto habían luchado él y su familia durante la peor época de su vida.

Otro de los círculos que Wagner y Grant cerraron durante esta época fue el de la política local de Mega-City Uno, en este caso el referido a la figura de su Alcalde, Dave el Orangután.
Y es que en el siglo XXII, el que los Jueces detentasen la totalidad del poder legislativo, ejecutivo y judicial a través del propio Departamento de Justicia, no significaba que los ciudadanos no tuvieran a su vez su (mínima) cuota de participación a través de la figura de su Alcalde, al que éstos elegían en la única manifestación electoral permitida hasta entonces por el Código de Justicia de Mega-City Uno. Contra todo pronóstico (o tal vez no), las elecciones para la Alcaldía del año 2106 no habían sido ganadas por un humano, sino por un simio, Dave el Orangután, puesto que los ciudadanos de Mega-City habían optado por votar a un mono como alcalde antes que a cualquiera del resto de candidatos, tal y como se había visto en Retrato de un Político (Progs. 366-368).
 
Pues bien, con dibujos de Steve Dillon, Muerte de un Político (Prog. 443) narraba el fin del mandato de Dave el Orangután, en este caso tristemente asesinado por uno de sus conciudadanos a causa de una inexistente póliza de seguros, tal y como se acababa descubriendo al término de la historia.
El asesinato de Dave al año siguiente de haber sido elegido, conllevaría dos circunstancias importantes para la megaciudad: la primera que Dave había sido de largo el mejor Alcalde que nunca antes había tenido MegaCity (al menos hasta la llegada a la alcaldía del asesino en serie P.J. Maybe en el 2129) y el más añorado con diferencia por todos sus conciudadanos. Y la segunda, que tras el asesinato de Dave, ninguna nueva elección a Alcalde tendría lugar en la megaciudad durante los diez años siguientes de la serie, es decir, hasta la restauración del cargo en el año 2117 por el Juez Jefe Hadrian Volt, como parte de su programa de reformas para dar más poder a los ciudadanos en el ámbito civil.

A juzgar por su número de reediciones, otra de las historias más destacables de esta época fue A Merry Tale of the Christmas Angel, que podría traducirse como Un Cuento del Angel de la Navidad, una historia especial de 14 páginas de extensión que nuevamente corría a cargo de Steve Dillon y que apareció a finales de Diciembre de 1985 dentro del Prog. 450 con motivo precisamente de las Navidades de aquel año. Ambientada durante el día de Navidad del año 2107, tal y como su propio título indicaba el coprotagonismo de la historia recaía nuevamente en Angel Malamáquina, integrado esta vez en un programa de lavado de cerebro con vistas a su reinserción social y que acababa como suelen acabar todas las historias de Malamáquina cuando el dial que llevaba insertado en la cabeza se le quedaba atascado en el 4.
La historia suponía diferentes escenarios que transcurrían al mismo tiempo hasta llegar a un lugar común, en este caso la representación teatral de un Belén que se estaba llevando a cabo en un teatro (Dramarena) de MegaCity. Además de Dredd y Malamáquina, otros participantes en el satírico melodrama eran el matrimonio Puddock, quienes impregnados del espíritu navideño acogían en su hogar al candidato a ser reinsertado Angel Malamáquina, el ciudadano Ed Flymo, residente del bloque Chuck Dickens que se disponía a detonar una bomba de cinco kilos de explosivo plástico durante la representación teatral para mostrar al mundo su falta de alegría por las fechas navideñas, y los propios actores y público de la representación, animales incluidos.
Una de las pocas excepciones a la tónica general de historias cortas durante este periodo sería precisamente la saga con la que comenzase el año 1986, The Warlord (Progs. 451-455), una saga de cinco episodios dibujada de nuevo por Cam Kennedy y publicada durante los meses de Enero y Febrero de aquel año, que constaba además de un epílogo titulado A Chief Judge Resigns a cargo de Cliff Robinson (Prog. 457). Incluyendo ese epílogo, la historia alcanzaba las 41 páginas e iba a suponer la pérdida de los dos personajes que habían llevado las riendas del Consejo y del Departamento de Justicia desde la conclusión de la Guerra del Apocalipsis, la Juez Jefe McGruder y el líder de la Psi División, el Juez Omar.
 
La historia comenzaba con el derrumbamiento del nuevo Euthanasium de Mega-City Uno sobre la multitud que asistía a su inauguración. El responsable de todo se identificaba a sí mismo como Shojan, Señor de la Guerra de las Tierras Radioactivas de Ji (el equivalente oriental de la Tierra Maldita), un mutante procedente de Hondo-City (Nip-Cit en el argot de MegaCity) dotado de un poder psiónico que lo convertía en una amenaza de primer nivel. McGruder asignaba el caso a Dredd, quien localizaba a Shojan y comprobaba personalmente el peligro que representaba. Aunque Dredd era partidario de eliminarlo de la manera más rápida y expeditiva posible, McGruder optaba por averiguar antes qué se proponía y decidía someterlo a vigilancia.

Tras averiguar que Shojan proyectaba practicar un ritual de magia negra y convocar a siete entidades místicas de las que hablaba una antigua leyenda oriental para que desatasen el caos sobre la megaciudad, McGruder daba por fin la orden de acabar con su vida. Pero ya era demasiado tarde. Antes de que Dredd pudiera efectuar el disparo previsto, Shojan se desvanecía y reaparecía en las ruinas del bloque Cyril Lord, llevando a cabo el ritual y desatando a continuación un ataque en toda regla sobre la ciudad que los Jueces se veían incapaces de detener a pesar del armamento de guerra que llegaban a utilizar.
 

Sin alternativas para detener a los siete avatares del caos convocados por Shojan, Dredd sugería que un psíquico de la Psi Division utilizase el Amplificador Psíquico confiscado a Leroy Tamerlain (Prog. 363) con el fin de aumentar su propia capacidad psíquica y devolver a los avatares mágicos a su propio plano de existencia. El plan de Dredd tenía éxito, pero le costaba la vida al Juez Omar, que era quien se había presentado voluntario para usar la tecnología suicida a sabiendas de que su cuerpo quedaría reducido a cenizas.
Aparte de la pérdida del mejor psíquico del Departamento de Justicia y uno de sus hombres de confianza, más de cien Jueces y un número tres veces mayor de ciudadanos habían perdido la vida a causa de la equivocada decisión de McGruder de no acabar con Shojan en un primer momento. Consciente de la gravedad de su error, McGruder tomaba la decisión de dimitir como Juez Jefe de Mega-City Uno. Salvo el Juez Shenker, el sustituto de Omar al frente de la Psi Division, el resto de miembros del Consejo trataban de disuadir a McGruder de que presentase la dimisión, lo que provocaba que la rígida e inflexible Juez Jefe les pusiese firmes y les obligase también a dimitir a todos ellos excepto a Shenker.
El resultado de la dimisión de McGruder y de la disolución del Consejo era la formación de un nuevo Consejo en el que iban a destacar dos importantes novedades. La primera era la inclusión de la Juez Hershey entre sus miembros, lo que iniciaba una carrera política que culminaría 14 años después en lo más alto del Departamento de Justicia. La segunda novedad era que el Juez Thomas Silver, hasta entonces director de la Academia, resultaba nombrado como nuevo Juez Jefe de Mega-City Uno. Aunque Silver era el primer Juez de raza negra en jurar el cargo, cualquier impresión de liberalidad que pudiera desprenderse de semejante circunstancia iba a resultar pura coincidencia; de hecho, el futuro se encargaría de revelar a Silver como el Juez Jefe más facha de la historia de la megaciudad.

 
Como colofón a la historia, el primer mandato de McGruder concluía con una marcial y solemne ceremonia en la que la propia McGruder era despedida con honores a las puertas de la ciudad tras haber tomado la decisión de emprender la Larga Marcha a la Tierra Maldita, un último destino al servicio de la ciudad consistente en patrullar la Tierra Maldita durante el resto de sus días llevando la ley a aquellos que no tenían ley (Prog. 147). A pesar de lo que entonces pudiera parecer, no iba a ser ésta la última aparición de la Juez Hilda M. McGruder. Su regreso tendría lugar en el año 2112 y resultaría tan sonado como el del personaje que la acompañaría en el mismo.
Coincidiendo en el tiempo con la publicación de la tercera parte de la Balada de Halo Jones, la última obra de Alan Moore para el 2000AD, la que seguramente ha sido una de las historias más relevantes para el posterior desarrollo del Juez Dredd como personaje, apareció en un único y solitario episodio de siete páginas, perfecto tanto en su ritmo como en su desarrollo, titulado Carta de un Demócrata (Prog 460) y que iba a suponer el pistoletazo de salida para introducir a la Democracia en Mega-City Uno.

Según Alan Grant, la manera de contar la historia (mediante la lectura de una carta que daba contenido a lo que estaba sucediendo y a su posterior desenlace) procedía de un guión originalmente titulado Carta de un Nudista de la Isla Baffin; sin embargo, los necesarios dibujos de desnudos que exigía llevar a la práctica tal guión, hacían poco viable que obtuviese la necesaria aprobación editorial.
En este punto es John Wagner quien cuenta como en ocasiones recibían cartas de chavales que parecían estar bastante de acuerdo con la postura de mano dura (en castellano lo diríamos de otra forma) que exhibían los Jueces, así que decidieron darle a la historia un matiz político que al mismo tiempo les sirviese para dejar claro que no eran partidarios de las ideas que sostenían el universo de ficción que ellos contaban. Con esa idea en mente, decidieron introducir en MegaCity un movimiento democrático enfrentado a los Jueces y mostrar al sistema judicial desde el punto de vista de aquellos ciudadanos que lo rechazaban. El encargado de dibujarla fue John Higgins, un estupendo dibujante al que inevitablemente siempre se le acaba asociando más con su trabajo de colorista en la Broma Asesina y Watchmen.
Ambientada a principios del año 2108, la historia giraba en torno a una carta dirigida a su marido y a sus hijos por Hester Hyman, una ciudadana incapaz de despertar cualquier tipo de sospecha y que había muerto como participante activa en un atentado terrorista. En ella, Hester le contaba a su marido Gort cómo había llegado a esa situación, al tiempo que la acción se situaba en el momento en que Hester y otros tres ciudadanos irrumpían armados en unos estudios de televisión, interrumpiendo la emisión y leyendo en directo un manifiesto que proclamaba la necesidad de devolver el poder al pueblo y restaurar la democracia en Mega-City Uno.

Como en cualquier otra situación con rehenes, los Jueces decidían intervenir de manera expeditiva y directa, que era precisamente lo que buscaban los demócratas. Conscientes de que unos mártires servirían mejor a su causa que unos asesinos, los cuatro demócratas se suicidaban al atacar a los Jueces cuando éstos irrumpían en escena. Tras encontrar la carta que constituía el hilo narrativo de la historia en el cadáver de Hester Hyman, Dredd se la entregaba a su familia.
 
La historia finalizaba con Dredd advirtiéndole a Gort Hyman para que se mantuviese alejado de problemas. Su diálogo final no dejaba dudas sobre cómo funcionaban las cosas en MegaCity: “Que esto sea una lección para ti, ciudadano. La democracia no es para el pueblo”. Semejante final, con todos los miembros de la familia Hyman a continuación, vistos en planos diferentes, resultaba demoledor.
Argumentalmente, aquellas siete páginas suponían además un fuerte contraste con todas las historias que se habían contado hasta entonces. Y es que si el universo de los Jueces funcionaba a ojos de los lectores, era porque estaba contado desde la perspectiva de los Jueces, describiéndote una sociedad en la que todo se había ido a la mierda y había terminado fuera de control. Y sin embargo, en esta ocasión, lo que acababan de mostrar Wagner y Grant era la otra cara de la moneda, la cara de los ciudadanos, una cara mucho más cruda y poco agradable.

Como podéis suponer, aunque sus consecuencias no fueran inmediatas, Carta de un Demócrata iba a ser el principio de muchos acontecimientos para Dredd y para la serie. Bajo el gobierno del nuevo Juez Jefe Thomas Silver, la primera de esas consecuencias llegaría apenas un año más tarde en Revolución (Progs. 531-533), otra saga corta, esta vez de tres episodios, que iba a resultar todavía más polémica para los Jueces.

Antes, claro está, sucederían otras cosas en la serie. Por ejemplo, siguiendo la idea de seguir dando forma al mundo en el que se desenvolvían los Jueces, The Falucci Tape (Progs. 461 a 463), volvía a una cuestión que ya había aparecido anteriormente en la serie (Prog. 137) y que incluso una década más tarde habría de ser el epicentro sobre el que girarían importantes tramas argumentales: los Jueces no podían mantener relaciones sentimentales, hallándose castigada la infracción de esta norma de una manera expeditiva y radical mediante la expulsión del cuerpo y del Departamento de Justicia.
 
Igualmente, la decisión editorial de que la Juez Anderson tuviese al menos una saga anual y la buena acogida que el emplazamiento veraniego de Cuatro Jueces Oscuros había recibido el año anterior, fue el motivo de que la telépata de la Psi División volviese a recibir la saga veraniega del año 1986, algo que también volvería a repetirse al año siguiente. De la mano de nuevo de John Wagner y Alan Grant y dibujada esta vez en su totalidad por Brett Ewins, El Poseído (Progs. 468-478) apareció a lo largo de once episodios que se publicaron durante los meses de Mayo a Julio de 1986, comprendiendo un total de 57 páginas.

En cuanto a la historia, con una evidente influencia de género procedente de la famosa película de William Friedkin, el Poseído comenzaba con Anderson recogiendo un aviso para el Juez Walters sobre una posesión demoníaca que estaba teniendo lugar en el bloque Ed Poe. Anderson acudía en lugar de su compañero de la Psi Division y se encontraba con un fenómeno demoníaco en toda regla: un crío llamado Hammy Blish había sido poseído por una entidad infernal que provocaba toda clase de fenómenos poltergeist ante los ojos de sus aterrorizados padres. El registro de un apartamento vecino revelaba la implicación de una secta satánica cuyo propósito era traer a la Tierra a los seres infernales a los que rendían culto.
Tras alertar a la Psi Division de la gravedad del asunto, Anderson seguía al demonio hasta las ruinas de una antigua Iglesia en Sub-City, donde se encontraba con toda la orden satánica en pleno ritual abriendo un portal mágico hasta la dimensión infernal. Anderson no conseguía impedir que el demonio huyera con su presa hasta su dimensión, pero sí lograba cruzar el portal y seguirle a su mundo. Siguiendo el rastro de Anderson, el Juez Walters y un escuadrón de Jueces llegaban también hasta la abandonada iglesia de Sub-City, pero Anderson ya no estaba allí y el portal se había cerrado tras ella.
Mientras el Juez Walters arrestaba a todos los miembros de la secta y procedía a interrogarles, la acción se trasladaba otra vez a la dimensión infernal, donde Anderson perseguía sola y sin refuerzos al pequeño Blish y al demonio que lo había poseído. A pesar de su intento, los seres infernales conseguían retrasarla lo suficiente como para que el demonio entregase al pequeño a los encargados de realizar el sacrificio que abriría las puertas entre ambas dimensiones.

Anderson se veía obligada a matar al chaval para evitar que los demonios completasen el ritual, provocando que toda la horda infernal saliese en su persecución. La Juez Psíquica conseguía a duras penas regresar al portal interdimensional, haciéndolo justo en el momento en que Walters y los demás Jueces persuadían a los miembros de la secta para que lo volviesen a abrir, consiguiendo rescatar a Anderson en el último minuto y llevándosela con ellos de vuelta a Mega-City Uno. Al final de la historia, Anderson se culpaba de no haber podido salvar al chaval, mientras los cultistas eran trasladados a los cubos.

Coincidiendo con los episodios finales de la saga de Anderson, los Progs. 477 a 479 presentaron The Art of Kenny Who?, una parodia cargada de mala leche sobre el mundillo en el que se movían los dibujantes británicos de la época y en la que Cam Kennedy aportaba bastante más que sus dibujos a la historia.
Su protagonista, Kenny Who? era un dibujante de trashzines (comics) procedente de Cal-Hab (es decir, Escocia, lugar de nacimiento de Cam Kennedy, aunque con lo de “Kennedy” y “Kenny” tampoco me parece que hicieran falta muchas más aclaraciones) que al final resultaba arrestado por Dredd por atentar contra unos editores que programaban robots multicopistas para que imitasen su arte en cantidades industriales, evitándose así pagarle por su trabajo. El sobrenombre del desafortunado y justamente vengativo artista, venía por aquello de que nadie recordaba su nombre y al referirse a él siempre acababan preguntándole lo de Kenny... Who?, algo bastante similar a lo que le había sucedido a Cam Kennedy durante su primera visita a los Estados Unidos a las oficinas de DC Comics, anécdota de la que la historia tomaba algo más que el nombre.

Tras otra serie de historias tales como The Fists of Stan Lee (Prog. 484) en la que se presentaba al maestro de artes marciales Stan Lee y que no creo que precise de muchos comentarios para saber por dónde iban los tiros, o Atlantis (Progs. 485-488) en la que se introducía por primera vez a los Jueces británicos de Brit-Cit, finalmente, marcada por un irónico sentido del humor que rozaba la genialidad, otra de mis historias favoritas de esta época es Tomb of the Judges (Progs. 496 a 498) un thriller en el que Dredd y Anderson volvían a compartir el protagonismo de la historia.
Con un Ian Gibson verdaderamente sembrado a la hora de plasmar el dibujo de la historia, y de manera similar a Carta de un Demócrata pero utilizando en esta ocasión como hilo conductor de la narración la lectura del Diario del propio villano, las 21 páginas de Tomb of the Judges contaban la historia de Theodore Wen, un anciano creyente en un dios insecto llamado José (aunque tampoco estaba muy seguro de que su nombre no fuera en realidad Steve) que creó los mares, los cielos, las plantas, los animales y por último al hombre, al que no creo a su imagen y semejanza porque entonces todos tendríamos antenas y seis patas.

 
Planeando reunirse con su hacedor, Wen se montaba en su casa una faraónica tumba para la que precisaba enterrarse con tres Jueces vivos como guardianes de su sueño eterno, así que decidía secuestrarlos utilizando sus robots. Dredd y Anderson coincidían en la investigación y llegaban hasta Wen y su mausoleo, frustrando así el encuentro de Wen con José (o tal vez fuera Steve) y rescatando a los Jueces que habían sido enterrados en vida, aunque uno de ellos, la Juez Trace no salía demasiado bien parada de la experiencia religiosa vivida a manos del anciano creyente.
Con esto, el año 1986 llegaba a su final. Sería a partir de 1987 cuando empezarían a producirse importantes cambios en el 2000AD, empezando por el final de IPC Magazines y el comienzo de la andadura de Fleetway Editions, lo que conllevaría cambios en el formato de la revista, entre ellos la llegada del color al Juez Dredd. Igualmente, Steve McManus dejaría también el 2000AD tras diez años como editor de la revista.
 
En el ámbito de las historias, el regreso de las grandes macrosagas estaba también a la vuelta de la esquina. Del mismo modo, Wagner y Grant darían por terminada su andadura compartida tras siete años de trabajo en la serie, no sin antes traer de vuelta a Orlok el Asesino y a varios Jueces Soviets infiltrados como agentes durmientes en Mega-City Uno, desvelar el origen clónico de Joe Dredd y presentar a los Judda, el regreso de Chopper en el SuperSurf 10, o aumentar la tensión en las historias de la democracia mediante una serie de tramas cuyos afluentes irían convergiendo en los años siguientes, y ya de la mano de John Wagner en solitario, en una saga que pondría a Dredd fuera del Departamento de Justicia y dejaría a la megaciudad a merced de unos espectros interdimensionales que regresaban para impartir su oscura justicia a todos los seres vivos que habitaban en ella.

Sinceramente, debería estar penado por la ley el que estos tebeos permanezcan aún inéditos en nuestro país.
 

sábado, 5 de septiembre de 2015

Cuatro Jueces Oscuros. El Surfista de Medianoche

A través de la novela gráfica Judge Death publicada por Titan, la saga de los Jueces Oscuros era de largo el recopilatorio más vendido de Judge Dredd en 1985. Pues bien, con el serial de Judge Anderson en mente, Steve McManus pensó hacer del regreso de los Jueces Oscuros un acontecimiento especial con el objetivo de promocionar el lanzamiento de una nueva revista de periodicidad quincenal y de nombre Judge Dredd Fortnightly, revista que iba a estar centrada únicamente en el universo de Dredd, es decir, lo mismo que unos años más tarde acabaría siendo el Judge Dredd Megazine. En aquella época, sin embargo, el proyecto se consideró aún demasiado prematuro por parte de IPC y acabó siendo aparcado.
 
En el momento en que se decidió su cancelación, John Wagner y Alan Grant tenían ya preparados los guiones de las historias que iban a aparecer en aquella nueva revista quincenal, entre ellos el de la historia que acabaría siendo denominada Cuatro Jueces Oscuros. Al cancelarse el proyecto, la historia acabó apareciendo directamente en las páginas del 2000AD. El resultado fue que la tradicional saga veraniega del 2000AD de aquel año 1985 no estuvo protagonizada por el Juez Dredd, sino por la Juez Anderson, apareciendo en solitario por primera vez bajo su propia cabecera de Anderson Psi Division y trayendo además consigo el regreso de los Jueces Oscuros a Mega-City Uno.
Como sus propios protagonistas indicaban, Four Dark Judges era claramente una secuela de Judge Death Lives, aunque con la ausencia de Dredd. O por ser más precisos, Dredd sí que aparecía en la historia, pero lo hacía de una manera puramente testimonial para que su presencia no menoscabase el protagonismo de la Juez Psíquica.

La saga se publicó durante los meses de Mayo a Julio, comprendiendo los doce episodios que aparecieron en los Progs. 416 a 427 y abarcando 62 páginas. Personalmente, no sabría contar las veces que me han preguntado si se ha llegado a publicar aquí. Teóricamente, en su momento, hubiera debido publicarla Zinco, no MC, puesto que se corresponde con la época en que la Serie Eagle aparecía en los USA. Pero Zinco cerró Judge Dredd en su nº 16, así que ni siquiera llegó a hacer una edición del 2000AD Monthly, que fue donde apareció.
Como se puede deducir a simple vista, la idea era seguir la estela gráfica marcada por Brian Bolland en Judge Death y Judge Death Lives. Con esa intención en mente, el dibujante elegido fue Brett Ewins, quien intentó darle a la historia el mismo estilo claro y detallado que había llevado a cabo Bolland, una tarea que en sí misma era prácticamente imposible, puesto que en esta ocasión se trataba de más de diez episodios, y además no eran quincenales como inicialmente estaba previsto, sino semanales. Como el propio Ewins comentó en el Megazine un poco antes de su fallecimiento, llegó un momento en que se vio sobrepasado por el detalle de los montones y montones de líneas que le requería tomar como modelo a Bolland, llegando al punto de caer casi enfermo a causa del agotamiento.
 
A pesar de todo, Brett Ewins (1-7) logró completar los siete primeros episodios de la saga. A partir del octavo fue reemplazado por Cliff Robinson (8-10 y 12), ya en aquel entonces un más que reconocible seguidor de Bolland y que hoy en día puede ser considerado como su discípulo más aventajado (exagerada lentitud incluida). Robinson llevó a cabo el resto de los episodios de la saga, excepto el penúltimo, que tuvo que correr a cargo del propio director artístico del 2000AD, Robin Smith (11), ante la imposibilidad que también supuso para el joven Robinson el poder cumplir puntualmente la cadencia semanal.
Situada a mediados del año 2107, la historia comenzaba con Anderson despertando de una pesadilla en la que aparecía el Juez Muerte advirtiéndola de su regreso. Dudando sobre si aquel sueño era algún residuo psíquico que aún persistía en su subconsciente, Anderson comenzaba su turno siendo requerida para incorporarse a la investigación de un secuestro infantil. Uno de los secuestradores había acabado muerto y las habilidades psíquicas de Anderson eran necesarias para indagar en la mente del fallecido.

El rastro conducía a los Jueces hasta los sótanos del bloque Wilson Tucker, donde los secuestradores acababan siendo eliminados y se recuperaba al pequeño. Sin embargo, durante los momentos finales del secuestro, Anderson volvía a divisar al espíritu de Muerte. Y esta vez no se trataba de ningún sueño. Decidiendo seguir a la fantasmal aparición hasta los subsótanos del bloque, el espectro se plantaba ante ella y le hacía presenciar el asesinato de un ciudadano que aseguraba haber llevado a cabo ya, desvaneciéndose a continuación ante sus ojos.
 
Reconociendo a la víctima como uno de los vid-jockeys más populares de la megaciudad, Anderson decidía investigar lo que estaba sucediendo. Tras comprobar que la estrella efectivamente acababa de morir, el examen de la telépata confirmaba la intervención del Juez Muerte en el asesinato, lo que le llevaba a utilizar sin autorización el aparato de salto interdimensional confiscado a los Jueces Oscuros cuatro años atrás y regresar a Deadworld para averiguar lo que estaba ocurriendo.
 
Todo resultaba ser una trampa. De los restos de sus cadáveres surgían los espíritus de los Jueces Oscuros y poseían a Anderson, llevándola a la cripta en la que yacían las momias de los fallecidos Jueces de Deadworld y obligándole a utilizarlas para proporcionarles una nueva forma física. Dándola por muerta, los resucitados Jueces Oscuros utilizaban a continuación sus propios dispositivos interdimensionales para regresar a Mega-City Uno con el objetivo de completar la tarea interrumpida cuatro años atrás.
Su regreso tenía lugar en el bloque Ronald Reagan. El pánico y el número de cadáveres que dejaban a su paso, alertaban a los Jueces de lo que estaba sucediendo. Intentando averiguar cómo habían vuelto a la vida, McGruder descubría que Anderson había sido grabada haciéndose con el dispositivo de salto. Todo ello al tiempo que la telépata se recobraba en Deadworld y conseguía regresar a la megaciudad. Anonadada por su torpeza y apartada por McGruder del servicio activo, Anderson era la primera en culparse de lo que estaba sucediendo al ver los reportajes de la masacre que los Jueces Oscuros estaban llevando a cabo en ese momento en el Zoom, el transporte público equivalente al Metro de Mega-City Uno.
Mientras el Juez Omar y la Psi Division intentaban predecir el lugar de la siguiente aparición de los Cuatro Jueces Oscuros, Anderson daba con una posible manera de detenerles: los dispositivos de salto que los Jueces de Mega-City Uno habían intentado reproducir en los laboratorios de la Tek División habían resultado fallidos, por lo que una buena opción era arrojárselos encima y atraparles en su campo de acción, destruyendo al mismo tiempo su mecanismo de regreso. De ese modo, los Jueces Oscuros quedarían retenidos en la dimensión a la que fueran a parar, sin posibilidad de salir de ella.
 
Su teoría iba a ser puesta a prueba de inmediato, puesto que los Cuatro Jueces Oscuros aparecían de repente en los mismísimos dormitorios de los Jueces situados en el Palacio de Justicia, donde Anderson se hallaba confinada y donde centenares de Jueces cumplían su periodo obligatorio de seis horas de sueño natural a la semana. A través del vínculo psíquico que compartía con Muerte (Prog. 151), Anderson detectaba su presencia de inmediato.
Enfrentándose a ellos en solitario, lograba contenerles el tiempo suficiente como para que los Jueces llegasen y se abalanzasen sobre ellos, obligándoles a desaparecer. Su teoría resultaba ser además correcta al conseguir atrapar al Juez Miedo en un limbo interdimensional sin posibilidad de regreso. Reconociendo el mérito de su intervención, McGruder concedía a la Juez Psíquica una nueva oportunidad. A pesar de su responsabilidad en lo que estaba sucediendo, Anderson seguía siendo la mejor opción del Departamento de Justicia para enfrentarse a los Jueces Oscuros.
Finalmente, un miembro de la Psi Division conseguía obtener una premonición sobre una hora y un lugar concretos en el que se materializarían los Jueces Oscuros. Aunque McGruder decidía poner a Dredd al mando, Anderson lograba convencerla para que la situase a ella al frente de la operación.
El enfrentamiento final entre la Juez Anderson y los Jueces Oscuros tenía lugar en los famosos hiperalmacenes Mosgrove & Thung, donde Muerte, Fuego y Mortis aparecían a la hora vaticinada. Siguiendo las instrucciones de Anderson, los disparos de los Jueces convergían sobre los aparatos de teletransportación de los tres Jueces Oscuros, utilizando a continuación el mismo método utilizado con Miedo y acabando todos ellos en el mismo limbo interdimensional en que había quedado atrapado su compañero. A modo de epílogo, Omar informaba a McGruder que el vínculo psíquico que Anderson compartía con Muerte la había hecho susceptible a su influencia, por lo que la Juez Psíquica no podía considerarse responsable de sus actos. Con ello, Anderson resultaba absuelta y regresaba de nuevo al servicio activo.
La conclusión más importante que dejaba la historia era que los Jueces Oscuros no estaban muertos como había parecido suceder en Judge Death Lives. De hecho, era más que dudoso que se les pudiera destruir de algún modo. Esta vez habían quedado atrapados en un limbo interdimensional, con lo que su eventual regreso era ya una posibilidad que los Jueces nunca podrían descartar en un futuro. Aunque entonces no lo sabían, ese futuro tendría lugar en el 2112 mediante la espectacular Necrópolis, la saga definitiva de los Jueces Oscuros en la que se presentarían Nausea y Phobia y en la que los seis espectros conseguirían hacerse con el control total y absoluto de la megaciudad.
Mientras tanto, en lo que al Juez Dredd se refiere, el que la gran saga veraniega del 2000AD de aquel año estuviese protagonizada por la Juez Anderson, no quiere decir que el viejo Joe tuviera durante esos meses un papel secundario en la revista. Muy al contrario, coincidiendo con los episodios finales de la saga de los Jueces Oscuros, los Progs. 424 a 429 presentaron desde la última semana de Junio a principios del mes de Agosto una genial historia de 43 páginas titulada Midnight Surfer, el Surfista de Medianoche, la segunda historia protagonizada por el carismático Chopper.
 
Con una más que clara inspiración en el Silver Surfer de la Marvel y con antecedentes en un humorístico anuncio que aparecía en las tiras diarias de Dredd que Wagner y Grant realizaban en aquella época para el Daily Star, los seis episodios de Midnight Surfer traían consigo el regreso del joven Marlon Shakespeare tras los tres años que había pasado encerrado en los cubos a causa de lo sucedido en Unamerican Graffiti (Progs. 206-207), presentando además en sus páginas la séptima edición del SuperSurf, la megaespectacular competición clandestina anual a nivel mundial que en ese año 2107 tocaba celebrar en Mega-City Uno.

 
En la mejor tradición de los deportes extremos que causaban furor entre los ciudadanos del siglo XXII y que acababan con muchos de sus participantes (y otros tantos de sus espectadores) haciendo cola en las salas de autopsia, el SuperSurf 7 consistía en una carrera con tablas de energía voladoras a través de la megaciudad de turno en la que ese año se citaban sus participantes en el más completo secreto. Lógicamente no era una carrera normal, sino que su recorrido, en parte preestablecido y en parte opcional, incluía picados sobre edificios, ascensiones de 90º para no chocar contra los bloques, giros imposibles a lo largo de objetivos móviles, complicados y retorcidos zigzags entre megaedificios contiguos, etc.
Como espectáculo glorificado por los espectadores a nivel mundial, tan pronto como los medios de comunicación tenían conocimiento de que el Campeonato Mundial de SuperSurf estaba teniendo lugar, se interrumpía lo que en ese momento se estuviese emitiendo y comenzaba su retransmisión y seguimiento informativo en directo, que era presenciado por millones de espectadores desde sus propios bloques o a través de las diferentes televisiones de Mega-City Uno que informaban en directo del evento.
 
El escocés Cam Kennedy era el encargado de dibujar la historia, que comenzaba con los Jueces buscando a un desconocido surfista que por las noches volaba demasiado bajo y a gran velocidad sobre los edificios de Mega-City Uno, un individuo con el rostro cubierto y que era conocido popularmente como el Surfista de Medianoche.
El desconocido infractor de la ley resultaba ser efectivamente Marlon Shakespeare, el grafitero (ilegal) al que los aficionados conocían como Chopper y que ahora prestaba servicio social en un centro de rehabilitación enseñando a otros juves a usar sus tablas de energía a fin de practicar (legalmente) el aereosurf. Buscando información sobre el surfista que surcaba los cielos nocturnos de MegaCity, Dredd se encargaba de la investigación y acababa averiguando que se trataba de Chopper y que éste se estaba entrenando para el inminente SuperSurf 7, el (ilegal) Campeonato Mundial que se estaba rumoreando que ese año iba a tener lugar en Mega-City Uno.
 
Cuando Chopper descubría las cámaras espía que los Jueces habían situado sobre él para que les condujese hasta el resto de participantes, el chaval era incapaz de rendirse sin tratar de demostrarse a sí mismo y al resto del mundo de lo que era capaz de hacer con una tabla de surf.
Eludiendo la vigilancia de los Jueces, Chopper conseguía reunirse con el resto de los participantes, entre los que se encontraban leyendas vivas del surf como Dak Goodvibes, Johnny Cuba o el vigente campeón del anterior SuperSurf 6, Yogi Yakamoto.
 
Tras ser informados del recorrido, la carrera daba comienzo esa misma noche. Mientras la voz se corría a lo largo de Mega-City Uno y los ciudadanos se agolpaban en sus ventanas para presenciarla en directo, los Jueces intentaban detenerla cuando uno de los participantes se estrellaba contra un transporte de combustible y provocaba una monumental explosión. Ante el desorden y el caos generalizado, Dredd daba la orden de detener a los participantes por cualquier medio, incluso abriendo fuego contra ellos, con lo que la carrera aumentaba en peligrosidad para mayor delirio de sus espectadores.
Muchos de los participantes acababan detenidos mientras otros perdían la vida a causa de los Jueces y las propias dificultades del recorrido. Sin embargo, en una impresionante exhibición de surf, Chopper lograba situarse en la recta final en un apasionante codo a codo con el campeón Yakamoto. La meta estaba situada al final del túnel Manfred Fox, al que había que atravesar en sentido contrario a los vehículos que en ese momento circulaban a través de él. Yakamoto chocaba contra uno de los vehículos que lo cruzaban y estaba a punto de ser arrollado cuando Chopper se desentendía del resultado de la carrera y arriesgaba su vida para recogerle y salvarle de ser atropellado.
Ante el furor de los ciudadanos de Mega-City Uno que aclamaban el gesto de su campeón, Chopper cruzaba la línea de meta con su moribundo rival en brazos. Antes de fallecer, el propio Yakamoto reconocía a Chopper como el mejor surfista que había visto en su vida.

Sin oponer resistencia, convertido en una leyenda de la megaciudad aclamada a nivel mundial, la historia concluía con el arresto de Chopper, siendo vitoreado a su paso por miles de ciudadanos mientras Dredd le conducía de nuevo a los cubos para hacer frente esta vez a una condena de diez años por los cargos acumulados en su contra, un final que resultaba tan impactante y emocionante como la propia carrera que había tenido lugar.
 
Obviamente, semejante final dejaba claro que Chopper estaba destinado a regresar más pronto o más tarde a la serie, algo que tendría lugar dos años después en otra de las mejores y más memorables sagas de Dredd, Oz, esta vez con el SuperSurf 10 en escena.

Y otra cosa que quedaba clara era que los Jueces eran unos fascistas de cojones y sus métodos resultaban más que discutibles, algo que ya era conocido, pero en lo que cada vez se empezaba a hacer mayor hincapié en la serie. O lo que es lo mismo, cada vez quedaba menos para que los demócratas empezasen a defender sus ideas al más puro estilo del siglo XXII.
 

viernes, 14 de agosto de 2015

El Grito del Hombre Lobo y otras historias

A pesar del éxito de la Guerra del Apocalipsis, a lo largo del periodo comprendido entre principios de 1983 y finales de 1987, las grandes macrosagas se tomarían un periodo de descanso en Judge Dredd, comenzando así una tendencia de historias consistentes en episodios unitariossagas de corta duración que favorecían tanto el trabajo de Wagner y Grant como el que las mismas estuviesen a cargo de un único dibujante capaz de proporcionar una unidad visual al conjunto de cada historia que se contaba. Ciudad de los Condenados, publicada entre finales de 1984 y principios de 1985, sería el único intento de macrosaga durante todo este tiempo que superase los tres meses de duración, dando lugar todo ello a una época en la que se aprovecharía para asentar el entorno argumental del personaje y en la que la megaciudad empezaría a sostenerse con unas reglas de juego cada vez más definidas para todos, tanto escritores y dibujantes como aficionados.
 
Lo cierto es que aunque el veterano Ron Smith seguía al pie del cañón con sus casi 60 años a cuestas, la marcha de Bolland y la de McMahon, así como el paulatino regreso de Ezquerra al Perro de Stroncio, acabaron dejando bastante huérfano a Judge Dredd en el aspecto artístico durante los inicios de este periodo. Sin embargo, aquellos huecos que se produjeron sirvieron al mismo tiempo para dejar el camino libre a toda una nueva generación de jóvenes dibujantes que Steve McManus comenzó a mover por la serie a lo largo de 1983.

Salvo Cam Kennedy, que iba más en la onda de McMahon, todos los demás se dedicaron a buscar con ganas el estilo clasicista y realista de Brian Bolland; al menos hasta que se fueron dando cuenta de la cantidad de horas y de trabajo que conllevaba imitar a Bolland. De todos ellos, el que con el paso de los años más ha acabado destacando en el mercado americano ha sido Steve Dillon, en aquel entonces un fiel y veinteañero seguidor de Bolland, con un estilo ligeramente diferente al que diez años después, con un mayor bagaje a cuestas, utilizaría en la (para mí) mejor época de Hellblazer y luego más tarde en Predicador, con Garth Ennis en ambos casos.
 
Por su parte, la manera de trabajar de Wagner y Grant en aquella época resultaba bastante peculiar a causa del colegueo que existía entre ellos, que a su vez era inherente al hecho de que encima trabajaban en lo mismo y en el mismo sitio. En general había de todo al hacer una historia. Lo normal era que colaborasen los dos y se trillasen los periódicos y las revistas en busca de ideas, discutiendo entre ellos las que se les ocurrían y elaborando luego el guión final. Pero también es verdad que no faltaban las ocasiones en que uno de ellos se iba “a beber cerveza” y le dejaba una nota de dos líneas al otro, que era el que acababa escribiendo toda la historia aunque luego la firmasen los dos. El único acuerdo que había entre ellos era que el que acabase pasando el guión a máquina, era el que se llevaba el cheque. Según Alan Grant, lo normal era que Wagner se encargase de pasar los guiones de Dredd y Grant los del Perro de Stroncio, repartiéndose entre ambos los de Robo-Hunter.
 
Centrándonos en lo que fueron las historias, los inicios del año 1983 comenzaron con toda una serie de sagas de carácter episódico entre las que se podría mencionar la llegada a Mega-City del cazador de recompensas alienígena Trapper Hag (Progs. 305-307) por suponer la primera saga de Steve Dillon con el personaje (aunque ya había debutado el año anterior llevando a cabo un par de episodios de la Blockmanía) o Starborn Thing (Progs. 309-314) y Condo (Progs. 319-321) por ser dos de las últimas que Carlos Ezquerra llevaría a cabo durante este periodo antes de volverse a centrar nuevamente en las labores artísticas del Perro de Stroncio.
 
Es en esta época en la que debe situarse la moda de las pelis de hombres lobo que desde la serie B que se estilaba en los años 70, había evolucionado a principios de los 80 hacia una serie de pelis estupendamente rodadas y muy divertidas con los licántropos de protagonistas. En este sentido, Aullidos de Joe Dante, Un Hombre Lobo Americano en Londres de John Landis, o En Compañía de Lobos, del británico Neil Jordan, una muy lograda versión del clásico de Caperucita Roja que tengo que reconocer que resulta ser una de mis favoritas del género.

Con aquellos referentes cinematográficos flotando en el ambiente, fue precisamente como los hombres lobo llegaron a Mega-City Uno durante el verano de 1983 a través de El Grito del Hombre Lobo (Progs. 322-328), siete episodios con Sub-City como escenario que abarcaban un total de 47 páginas y que presentaban la primera historia de cierta relevancia íntegramente dibujada por el entonces recién llegado Steve Dillon.
Los misiles nucleares de los Jueces Soviets habían dejado dañadas las cimentaciones de la megaciudad. En algunos bloques existían grietas que se extendían al subsuelo de los edificios; y en el subsuelo de Mega-City Uno se encontraba Sub-City, las ruinas de las antiguas ciudades de la costa este sobre las que se había edificado la megaciudad. Era a través de una de esas grietas situadas en el bloque Norman Pitlik, como varios hombres lobo aparecían repentinamente en las calles de Mega-City en plena noche de luna llena, atacando de manera indiscriminada a Jueces y ciudadanos. Como mandan los cánones, aquellos que no acababan muertos se transformaban en hombres lobo.
Los residuos radioactivos procedentes de la Guerra del Apocalipsis eran identificados por la Tek Division como la causa de las transformaciones. Tras descubrir que uno de los licántropos abatidos era el antiguo Juez Bram, quien había emprendido años atrás la Larga Marcha a Sub-City, McGruder deducía la procedencia de las criaturas, asignando a Dredd la misión de llevar a cabo la total eliminación de la fuente radioactiva que producía las transformaciones y de todos aquellos licántropos que encontrase.
 
El resto de la historia centrada en la caza y eliminación de hombres lobo, servía para dar a los aficionados una buena gira por Sub-City y echar un vistazo a sus habitantes, desplazándose Dredd por las antiguas ruinas de Brooklyn, Times Square o Central Park, que era donde por fin localizaba a la manada de licántropos y la fuente radioactiva. El propio Dredd resultaba mordido por el líder de la manada, siendo trasladado a la superficie para recibir un antídoto por otro Juez que años atrás también había emprendido la larga marcha a Sub-City y que le encontraba convertido en hombre lobo, el Juez Prager, quien veinte años más tarde volvería a regresar a la serie en Out of Undercity (Progs. 1313-1316) para descubrirse que era otro licántropo.
Otra saga de aquel año 1983 que me parece que tiene méritos suficientes como para ser destacada es el Turno Nocturno (en el original The Graveyard Shift, difícil traducción porque a pesar de ser una frase hecha, el literal de “el Turno del Cementerio” explica mejor porqué los hospitales, policías, etc, llaman así a los turnos en que les toca trabajar por las noches). Mientras la mayoría de historias de Dredd trataban sobre el problema concreto que tocaba resolver, el hilo conductor de The Graveyard Shift (Progs. 335-341) seguía a Dredd durante una noche de servicio en Mega-City, mientras aplicaba la ley a los diferentes asuntos que se le presentaban o interactuaba con otros Jueces que también se dedicaban a las tareas propias de una noche de servicio en la megaciudad (McGruder, Hershey o Anderson tenían por ejemplo su aparición en la historia). Ron Smith era el encargado de llevar a cabo las 45 páginas de las que constaba la historia, aparecida entre finales de Septiembre y Octubre de aquel año.
 
En un tono bastante más distendido y con mucha crítica social a cuestas, otra historia que merece la pena destacar fue la Ley de Bob (Prog. 355), una historia corta de seis páginas dibujada por Ian Gibson que establecía la nueva división en sectores de la megaciudad tras la destrucción generada por la Guerra del Apocalipsis, y que ponía de manifiesto el modo en que la Juez Jefe McGruder (o sea, la transposición al papel de Margaret Thatcher), iba a obtener los recursos necesarios para ponerla en práctica, es decir, como no podía ser de otra forma, subiendo los impuestos.

La Ley de Bob no puede decirse que sea una de las historias cortas de Dredd que más se suela destacar entre el fandom, pero no tengo más remedio que reconocer que es una de las que a mí más me gustan de esta época, con motivo del enunciado que se hace de las tres leyes de Bob (uno de los filósofos más importantes del siglo XXII) sobre las que giraba la historia (Primera: Basta con que alguien haga algo estúpido, para que los demás también lo hagan. Segunda: Cuando todo lo demás falla, sobórnalos. Y Tercera: Lo que el Departamento de Justicia puede dar, también lo puede quitar). Obviamente, el título sólo hacía referencia a una de las tres leyes de Bob, pero desde mi punto de vista merecía mucho la pena llegar hasta la conclusión final de la historia para averiguar de cuál de ellas se trataba.
 
Durante los meses de Marzo y Abril de 1984 aparecería otra de mis sagas favoritas de este periodo: The Haunting of Sector House 9 (Progs. 359-363), cinco episodios a cargo de uno de los jóvenes seguidores de Bolland, el recientemente fallecido Brett Ewins, un tío que conseguía muy buenas ambientaciones terroríficas, como posteriormente volvería a demostrar con la Juez Anderson. Y es que, como bastantes de vosotros recordaréis, no sólo de Hombres Lobo vivió el cine de terror de los ochenta. Las pelis de casas encantadas plagadas de extraños fenómenos poltergeist habían cosechado también muy buenas taquillas y obtenido una buena acogida de público a principios de la década. Títulos como El Resplandor de Kubrick, Al final de la escalera de Peter Medak o la propia Poltergeist de Spielberg/Hooper habían generado un nuevo revival y una nueva forma de ver este subgénero, actualizado ahora a la nueva ambientación visual propiciada por el inquietante clásico de Kubrick (con aquellos ríos de sangre saliendo de los ascensores del hotel encantado) y sobre todo por el alarde de efectos especiales que destilaba la peli de Spielberg.
The Haunting of Sector House 9 se detenía por primera vez en mostrar cómo eran y cómo estaban estructuradas las Centrales de Sector, subcentrales del Departamento de Justicia que controlaban todos los nuevos sectores en los que ahora se había dividido la megaciudad (casi 400 sectores). Cada Central de Sector albergaba en su interior más de un millar de Jueces con sus correspondientes lawmasters, armería, material pesado para revueltas, cubos, salas de interrogatorio, unidades técnicas y sus propios servicios forenses.
 
La historia comenzaba con Dredd acudiendo al Sector 9 a investigar el extraño suicidio del Jefe de Sector Erikson, quien había sido hallado muerto de un disparo en el interior de sus propias dependencias, las cuales aparecían ahora cubiertas de moho, con una temperatura de 20º por debajo de lo normal y llena de sangre no perteneciente a EriksonAnte la más que posible actividad de fenómenos paranormales, Dredd solicitaba la presencia de la Psi Division, siéndole asignado en esta ocasión el Juez Geller, quien pronto se veía incapaz de controlar la situación ante el cariz que tomaban los acontecimientos: sangre brotando de las paredes, pérdida total de las comunicaciones con la sala en que Geller intentaba contactar con la entidad responsable de lo que estaba sucediendo, manos cercenadas que intentaban asesinar al paralizado juez psíquico, paredes que se derrumbaban, objetos que volaban en las salas de interrogatorios y cadáveres poseídos por la entidad que se había adueñado del edificio.
La gravedad de la situación hacía que el Departamento de Justicia decidiese la intervención directa de uno de sus mejores telépatas, el Juez Omar, el nuevo Jefe de la Psi División, a quien Ewins diseñó combinando el clásico uniforme de los Jueces con el marcado misticismo hindú que destilaban sus rasgos y su turbante. Tras ordenar evacuar el edificio, el examen psíquico de Omar no detectaba la presencia de ninguna entidad muerta, comenzando a intuirse la presencia de un ser vivo detrás de todo aquello. Así, mientras un nuevo ataque de la entidad hacía estallar la sala de control del edificio, las investigaciones llevadas a cabo por Dredd conducían a un delincuente psíquico de elevada peligrosidad al que se consideraba recientemente fallecido, Leroy Tamerlain, dirigiéndose a continuación los Jueces hacia su última residencia conocida, la mansión Bleeke.
Incapaces de comprender cómo había obtenido Tamerlain un poder psíquico de tal magnitud, los Jueces encontraban la respuesta en la mansión Bleeke. Herido de muerte, Tamerlain se había enchufado a un amplificador psíquico para vengarse de los Jueces que le habían conducido al estado cercano a la muerte en que se encontraba. Con su mente aún activa y su cuerpo prácticamente consumido por el uso de aquella tecnología suicida, su cadáver se acababa deshaciendo en polvo al desenchufarlo de la máquina.
 
A continuación, Wagner y Grant retomaban el tema de los cadetes salidos de la Academia y su graduación en Fabricando un Juez (The Making of a Judge, Progs. 370-373), un “Así se hizo...” en torno a la figura de la cadete Dekker, quien a partir de entonces aparecería como la Juez Dekker en posteriores entregas.
Siguiendo la tradición de la Academia de la Ley, con esta historia de 25 páginas el tema de la graduación de los Jueces de Mega-City empezaba además a convertirse en uno de esos temas recurrentes para la serie, presentando secundarios que luego acababan teniendo su importancia para el desarrollo argumental de las futuras tramas, aun cuando en el caso concreto de Dekker, ésta acabase siendo una de las prematuras y sentidas bajas del cuerpo durante la Guerra Zombi contra Sabbat el Necromagus, narrada por Garth Ennis con motivo de la gran macrosaga veraniega del año 1992, El Día del Juicio.
 
En el verano de 1984 las macrosagas brillaban por su ausencia, pero el que se redujera la extensión argumental de las sagas que se publicaban, no impedía la necesidad de narrar acontecimientos especiales en aquellos periodos vacacionales en los que había más tiempo libre para leer.
De esta manera, los meses de Agosto y Septiembre vieron aparecer otra de aquellas sagas de mediana extensión que no llegaban a superar los dos meses de duración, pero que tampoco se reducían a ser meras historias de carácter episódico sino que buscaban esa continuidad que había caracterizado la serie casi desde sus inicios. De la mano esta vez del veterano Ron Smith, Dredd Angel (Progs. 377-383) era una saga de 40 páginas distribuidas a lo largo de siete episodios que respondía a esos parámetros, en este caso con Angel Malamáquina y el Juez Dredd formando un inusual equipo en la Tierra Maldita al haber conseguido inducir la Tek Division una ilusión en la mente de Malamáquina de ser Dredd su difunto padre, Pá Angel, a efectos de que colaborase voluntariamente con el Departamento de Justicia.
Con el atractivo de saber en qué momento se iba a desvanecer la ilusión, y lo que tardaría Malamáquina en saltar al cuello de Dredd, el objetivo de los Jueces a la hora de formar tan discordante pareja, era localizar y rescatar un cargamento de clones procedentes de la estirpe de Fargo que había sido asaltado por una banda de mutantes de la Tierra Maldita durante su traslado a Texas City, para lo que resultaba imprescindible la “reputación” entre los “lugareños” y el conocimiento del terreno que tenía el pequeño de los Angel.
A modo de curiosidad, comentar que entre aquellos pequeños bebés clónicos que el Juez Dredd y Angel Malamáquina tenían que recuperar, se encontraba uno que 16 años después iba a regresar a la serie como el segundo Rico Dredd, es decir, la alternativa prevista por los Jueces de Mega-City Uno para el día en que Joe Dredd no pueda continuar al frente del Departamento de Justicia.
 
En todo caso, el tema de los clones tendría una nueva vuelta de tuerca con la revelación de que el propio Dredd era un clon en A Case for Treatment (Prog. 389), un episodio dibujado por Ron Smith en el que con motivo de una evaluación psicológica, salía a la luz la hasta entonces nunca aludida cuestión de que Dredd era un clon del Juez Fargo, el considerado padre del sistema judicial, si bien todavía habría que esperar unos años más para obtener nuevas revelaciones respecto a ese origen clónico de Joe Dredd.
La historia venía a suponer a su vez la conclusión de una trilogía dibujada también por Ron Smith en la que el personaje mostraba por primera vez tener ciertas dudas sobre el funcionamiento del Sistema Judicial, trilogía que según Alan Grant no era sino un reflejo de los sentimientos que el propio John Wagner y él tenían sobre los métodos que utilizaba Dredd. En este sentido, los tres episodios que la formaban, Question of Judgement (Prog. 387), Error of Judgement (Prog. 388) y A Case for Treatment (Prog. 389) iban a acabar suponiendo una mirada al futuro sobre temas que aún estaban por venir. La historia no llegaría a tener una resolución real en aquel momento, pero Wagner regresaría a aquellas dudas unos años más tarde, a finales de los ochenta, con un resultado que muy pocos hubieran podido llegar a imaginar en aquel entonces.
 
El Universo de los Jueces seguiría aumentando en congruencia y complejidad con la aparición en los Progs. 390-392 de otro nuevo cuerpo judicial que nunca había aparecido hasta entonces en la serie: los Jueces encubiertos, es decir, la Undercover Division, habitualmente conocida entre los ciudadanos y el resto de Jueces de Mega-City Uno como el Escuadrón de Wally.

A cargo de nuevo del fallecido Brett Ewins, la historia contaba como dos Jueces de la Undercover Division se infiltraban en una organización dedicada al tráfico de órganos humanos, resultando asesinado uno de ellos, lo que hacía que su compañero intentase tomarse la justicia por su mano, incumpliendo con ello las órdenes que había recibido por parte del Departamento de Justicia de mantenerse apartado del asunto y dejarlo todo en manos de Dredd.
 
Sin embargo, lo trascendente vendría inmediatamente a continuación. Si había algo que los  aficionados reclamaban desde los correos, era el regreso de las grandes macrosagas y nuevas apariciones de la Juez Anderson, así que respondiendo a ambas peticiones populares, Wagner y Grant se lo montaron para que las dos situaciones coincidieran en Ciudad de los Condenados (o de los Malditos, ya puestos con el difícil tema de las traducciones), que además, a modo de propina, iba a suponer la tercera parte de la Tetralogía basada en las predicciones del Juez Feyy, o lo que es lo mismo, el siguiente paso en la historia de Owen Krysler, el Juez Niño, y que será lo que trataremos de comentar en la próxima entrada.