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sábado, 7 de noviembre de 2015

La historia del Hombre Muerto

Con más de 160 páginas y un total de 26 episodios de duración, Necrópolis es otra de las macrosagas de Dredd que más reediciones ha llegado a tener desde su publicación, tanto en tomos recopilatorios como en formato comic-book. Ahora bien, a la hora de abordar su lectura, es necesario tener en cuenta que Necrópolis no es una historia que se pueda leer aislada de todo lo que la precedió. En primer lugar, porque suponía la culminación de varios subargumentos que John Wagner había ido tejiendo a lo largo de los dos últimos años en la serie. Y en segundo lugar, porque Necrópolis comenzaba con los acontecimientos en marcha, siendo también la culminación de toda una serie de tramas que habían ido teniendo lugar durante los seis meses anteriores, en los que cada pieza se fue situando en su punto de partida.
El comienzo de todos esos acontecimientos que acabarían desembocando en uno de los megaeventos más trascendentes para la historia de Mega-City Uno, como atestiguan los más de 60 millones de ciudadanos asesinados durante el transcurso de la misma, debe situarse en el Prog. 650. Ahora bien, en principio, en los créditos de ese número aparecía únicamente una historia de Judge Dredd, The Shooting Match, un conspirativo episodio de nueve páginas, con dibujo y color de John Higgins, en el que el Juez Odell evaluaba a Dredd y a Kraken sobre un mismo test de campo sin llegar a saberlo nunca ninguno de ellos, comenzando así a cerrarse el círculo en torno a Joe Dredd.
 
Sin embargo, como a estas alturas ya es sabido, no era The Shooting Match la historia con la que John Wagner iba a poner en marcha los acontecimientos conducentes hacia aquel nuevo Mega-Epic de Dredd, sino The Dead Man (Progs. 650-662), una historia nueva a blanco y negro (circunstancia que aumentaba la falta de pistas sobre la identidad de su protagonista, puesto que Judge Dredd llevaba en ese momento más de un año apareciendo a color) que se iniciaba también en ese mismo número. A mayor voluntad de ocultamiento, John Wagner firmaba bajo el desconocido seudónimo de Keef Ripley para que nadie sospechase por asociación entre autor y personaje lo que estaba sucediendo.
Con un total de 81 páginas dibujadas por John Ridgway, The Dead Man apareció serializada en trece episodios publicados de Octubre de 1989 a Enero de 1990, no siendo hasta los tres últimos cuando las fichas comenzaban a caer en su lugar y tenía lugar la impactante revelación final. Como cuenta el propio John Wagner, el secreto era algo esencial para obtener el efecto sorpresa que se pretendía: hacerlo de otro modo hubiera desvelado la verdad a los lectores antes de tiempo. De hecho, el secreto fue tan absoluto que el propio John Ridgway no sabía la identidad del Hombre Muerto cuando comenzó a dibujar la historia, aunque sí recuerda haberlo sabido muy pronto.
 
Ambientada en el radioactivo desierto de la Tierra Maldita y protagonizada por la icónica figura del hombre sin nombre, de guardapolvo, sombrero de ala ancha y pistolero acojonante, que habían popularizado las pelis de Sergio Leone, The Dead Man presentaba a primera vista el aspecto de un western de frontera. Sin embargo, gracias en buena parte a un destacable trabajo a tinta, John Ridgway se encargaba de añadir una atmósfera más que adecuada para los elementos terroríficos y de suspense que poco a poco se iban añadiendo a esa puesta en escena inicial, conformando la mezcla resultante algo bastante cercano a lo que hoy llamaríamos Horror-Western.
 

Desde el punto de vista narrativo, la historia aparecía contada en primera persona por Yassa Povey, un chaval que vivía en un pequeño asentamiento de la Tierra Maldita denominado Bubbletown, iniciándose con Yassa y su amigo Fuzzy Greel cazando lagartos en las inmediaciones del lugar, siendo entonces cuando descubrían en una cañada el cuerpo de un hombre horriblemente herido y desfigurado por las quemaduras de ácido al que Yassa bautizaba como el Hombre Muerto.
 
Sin muchas esperanzas de que aquel desconocido sobreviviese a sus heridas, los lugareños se hacían cargo de él, siendo la madre de Yassa quien lo llevaba a su casa para intentar salvarle la vida. Esa misma noche, una presencia envuelta en un aura de negrura rondaba el asentamiento, siendo el joven Povey el que más nítidamente llegaba a ver una sombra espectral que parecía buscar algo sin llegar a encontrarlo.
Una semana más tarde, la fiebre remitía y el desconocido recuperaba el conocimiento, aunque no guardaba recuerdo alguno de su identidad o de cómo había llegado hasta allí.
 
Tras recobrarse lo suficiente como para caminar por su propio pie, Yassa le acompañaba hasta el lugar donde lo había encontrado. Utilizando al perro del chico para seguir el rastro que había dejado al arrastrarse hasta allí, ambos llegaban hasta una garganta en la que acababan siendo emboscados por unos caníbales que merodeaban las proximidades de Bubbletown, los Grunts. Como desenlace del cliff-hanger, el desconocido demostraba una habilidad singular en el manejo del rifle, cepillándose a los ocho asaltantes en otros tantos segundos, incluso aunque uno de ellos llegaba a utilizar al joven como rehén para evitar ser abatido. A efectos de continuidad, imposible relacionar entonces aquella exhibición de tiro con la presenciada en el episodio The Shooting Match publicado unas semanas antes.
 
Aquella misma noche, tras regresar a Bubbletown, volvían a cobrar forma las pesadillas que asediaban al joven Yassa Povey. Esta era la primera aparición de Nausea, una de las Hermanas de la Muerte, la pareja de villanas encargadas de protagonizar Necrópolis.
Con los habitantes del asentamiento aterrorizados por la siniestra atmósfera que rodeaba lo que estaba sucediendo y las calamidades que habían empezado a producirse desde que acogieran al Hombre Muerto, el desconocido decidía marcharse en busca de respuestas sobre su origen y lo que le había sucedido antes de llegar allí. Yassa y su perro le acompañaban sin que lo supiera. Cuando les descubría, les prohibía ir con él, pero el joven se negaba a obedecerle y amenazaba con seguirle de todos modos.
 
Siguiendo el antiguo rastro, ambos cruzaban el desierto y llegaban a la zona boscosa donde los Grunts tenían su territorio. En ese punto, el Hombre Muerto recordaba por primera vez haber atravesado la zona y como los Grunts se apartaban de su paso al observar las quemaduras que sufría. Hacia la mitad del trayecto, Yassa resultaba capturado por los Grunts, viéndose separado del Hombre Muerto. A punto de ser devorado, la mujer espectral de sus sueños volvía a aparecer y ponía en fuga a los caníbales. El Hombre Muerto llegaba a continuación y hacía frente a la aparición, que parecía reconocerle antes de desvanecerse.
 
Tras lograr salir del territorio de los Grunts, los dos viajeros llegaban a las orillas del Río Acido, identificando entonces el desconocido la causa de sus heridas y quemaduras al tiempo que recordaba la traumática experiencia que había sufrido al atravesarlo.

Al otro lado del río, se encontraba la pequeña población de Crowley. Ahora, lo único que quedaba de ella era un montón de ruinas quemadas y de cadáveres carbonizados esparcidos por todas partes. Buscando respuestas a lo que allí había ocurrido, las dos últimas páginas del episodio suponían una sucesión de viñetas en las que los lectores (seguramente con los ojos como platos) iban siendo testigos de cómo Yassa y el Hombre Muerto descubrían los restos de un espectacular enfrentamiento, encontrando lo que quedaba de un casco, los restos de una motocicleta, un arma de fuego carbonizada, y por fin, la placa de un Juez de Mega-City Uno en la que se leía el nombre del Hombre Muerto: Judge Dredd.
 
Revelada así la identidad del protagonista, Dredd recordaba por fin como había dimitido del Departamento de Justicia y emprendido la Larga Marcha a la Tierra Maldita (no se explicaban aún los motivos, aunque en ese mismo Prog. 661 se publicaba Una Carta para el Juez Dredd, que era donde todo daba comienzo). Tras llevar cien días repartiendo justicia en la Tierra Maldita, Dredd había llegado a Crowley, donde se había enfrentado a dos mujeres cadavéricas y espectrales que habían venido en su busca y se denominaban a sí mismas las Hermanas de la Muerte. Las fantasmales hechiceras habían acabado arrasando la población, dando por muerto a Dredd. Nada se decía sobre quiénes eran o de dónde procedían, pero su aspecto y su manera de expresarse resultaban claramente identificables con los Jueces OscurosSin mucho más tiempo para asimilar el giro que acababan de dar los acontecimientos, Nausea y Phobia se materializaban en Crowley dispuestas a enmendar el error de haber dejado a Dredd con vida.
A diferencia de su anterior enfrentamiento, Dredd comprendía en esta ocasión que Nausea y Phobia no se encontraban físicamente allí. Eran proyecciones psíquicas que carecían de forma corpórea y sólo podían dañarle si creía que lo que estaba sucediendo era real, aunque el joven Yassa Povey no resultaba ser tan afortunado y acababa ciego tras quemarle Nausea los ojos en una escena de terrorífico e impactante resultado. Sin embargo, incapaces esta vez de hacer creer a Dredd en la realidad de su amenaza, los dos espectros se veían impotentes para acabar con él y optaban por desaparecer del lugar, prometiendo volver a encontrarse en otras circunstancias.

Mientras el color iba apareciendo gradualmente en la última página de la historia, la saga concluía con Dredd devolviendo al joven herido con sus padres y emprendiendo el regreso a Mega-City Uno. Algo había ocurrido en la megaciudad y resultaba imperativo volver allí para averiguar lo sucedido. Sin embargo, para comenzar a descubrirlo, en esta ocasión no había que esperar a la semana siguiente, sino que tal y como se anunciaba en la última viñeta de la saga, bastaba con pasar a la siguiente página de ese mismo número para encontrarse con el inicio de Tale of the Dead Man.
Para situarlo todo correctamente, el comienzo de los acontecimientos narrados en Tale of the Dead Man había tenido lugar en el episodio inmediatamente anterior, Una Carta para el Juez Dredd (Prog. 661) un magnífico episodio epistolar de seis páginas dibujadas por Will Simpson que conectaba lo sucedido con el argumento de la Democracia. Ambientada a principios del 2112, la historia estaba escrita desde la perspectiva de un chaval que había escrito una carta a Dredd con motivo de un trabajo escolar. Con la inocencia propia de un niño, el chico le preguntaba sobre los hechos ocurridos durante la Marcha Democrática e identificaba correctamente los problemas inherentes al estado policial y fascista mantenido por los Jueces.

De camino a echar la carta al correo, el chaval había muerto al ser atacado en uno de sus episodios violentos por un vecino al que describía en su carta y que había quedado mal de la cabeza a causa de un golpe que le habían dado los Jueces durante la Marcha Democrática. Al acudir a la escena del crimen, Dredd encontraba la carta y comprendía lo sucedido, sintiéndose responsable de la muerte del chico y aflorando en toda su crudeza los sentimientos de culpa que había reprimido desde Revolución (Progs. 531-533).
 
Con este bagaje previo, comenzaba Tale of the Dead Man (Progs. 662-668) siete episodios publicados de Enero a Marzo de 1990, que comprendían un total de 54 páginas y que aparecían dibujados por Will Simpson (1-4) y el novel Jeff Anderson (5-7). Con Wagner decidido a empezar a atar cabos, la historia comenzaba donde había concluido The Dead Man, es decir, con Dredd dirigiéndose a pie a Mega-City Uno y rememorando los acontecimientos que le habían llevado a emprender la Larga Marcha.
Tras la muerte del joven Wenders, Dredd había comenzado a cuestionarse abiertamente su papel dentro del sistema, al que comenzaba a considerar como una gran mentira. Sus evaluaciones psicológicas preocupaban cada vez más al Consejo, que se planteaba la cuestión con la gravedad que requería el que Dredd fuera considerado un icono para Mega-City Uno. En previsión de lo que pudiera suceder, Silver y Odell decidían sacar al joven Kraken de la Academia, asignándole al propio Dredd su supervisión final para decidir si era apto o no para convertirse en Juez, tal y como ya se había visto en otras ocasiones a lo largo de la serie. Evidentemente, Dredd comprendía de qué iba todo aquello, pero también sabía que si en Kraken había algo equivocado, él era el único capaz de averiguarlo.
Bajo la atenta vigilancia de Odell y la PSU, Dredd y Kraken comenzaban a patrullar las calles de MegaCity, dejando Dredd que el joven aspirante a sustituirle se hiciese cargo de las situaciones que se iban encontrando. Uno de los avisos les conducía hasta una situación con rehenes a cargo del Juez Morphy (Prog. 387), el Juez que en su día había llevado a cabo la supervisión final de Dredd en su época de cadete y que era lo más parecido a una figura paterna que éste había llegado a asimilar a causa de su origen clónico. Observando las similitudes entre ellos, Morphy apuntaba lo parecidos que resultaban, decidiendo Dredd contarle lo que estaba sucediendo. La actuación de Kraken resultaba excelente, mejor incluso que la del propio Dredd, pero a pesar de la petición de Odell de dar por terminada la evaluación, Dredd decidía seguir adelante con ella.
Con Dredd teniendo cada vez más clara la posibilidad de emprender la Larga Marcha ante la crisis personal que estaba experimentando, llegaba el aviso de que Morphy había sido abatido. La cacería de sus asesinos llevaba a Dredd al límite del asesinato por venganza y acababa con Kraken recriminándole su actuación y reprochándole que su tiempo como Juez había pasado, que estaba viejo para seguir en las calles. Dando la evaluación como terminada, Dredd regresaba con Kraken junto a Odell y juzgaba a Kraken como no apto para convertirse en un Juez de Mega-City Uno. A pesar de las protestas de Odell ante Silver, Dredd no rectificaba su veredicto y anunciaba además su dimisión y su decisión de emprender la Larga Marcha.
 
Mientras Silver comunicaba a Odell su decisión de mantener por el momento la dimisión de Dredd en el más absoluto de los secretos, Dredd decidía corregir la injusticia que había cometido y procedía a ordenar la liberación de Blondel Dupre y  de los principales activistas demócratas que habían sido detenidos durante el transcurso de Revolución, emprendiendo a la mañana siguiente la Larga Marcha a la Tierra Maldita.

Como conclusión de la saga, la acción regresaba al presente, con Dredd reanudando su camino hacia Mega-City Uno y preguntándose lo que habría ocurrido en la ciudad durante su ausencia. Esta iba a ser su última aparición en la serie durante varios meses. A partir de este momento, Dredd desaparecía de escena y se contaba lo ocurrido en la megaciudad tras su marcha. Para ello aparecían sucesivamente tres sagas cortas, comprendiendo un total de cinco episodios, cuya denominación común era quedar comprendidas dentro de lo que al inicio de cada capítulo se iba numerando como Cuenta Atrás hacia Necrópolis.
La primera de ellas fue Por Inyección Letal, una minisaga de dos episodios (Progs. 669-670) publicados durante el mes de Marzo de 1990 que significarían la incorporación de Carlos Ezquerra a la historia desde entonces y hasta su conclusión. Aunque supongo que ya habrá tiempo de entrar en detalles, una primera circunstancia a destacar es que Ezquerra se ocupó (semanalmente) tanto de dibujar como de colorear (o casi habría que decir, pintar) la serie durante siete meses y 31 episodios ininterrumpidos, casi 200 páginas consecutivas.
 
A pesar de sus escasas 14 páginas, Por Inyección Letal era una historia realmente buena en la que Dredd no aparecía por ninguna parte, constituyendo su ausencia el motor que impulsaba la saga hacia delante. El personaje central sobre el que ahora giraba la trama resultaba ser Kraken, contándose los acontecimientos desde su punto de vista.
 
Tras el veredicto negativo de Dredd, Kraken resultaba formalmente expulsado de la Academia de la Ley, juzgado por sus actos como Judda y condenado a muerte por Inyección Letal. Kraken lo consideraba injusto, pero no se echaba atrás y era él mismo quien se inyectaba el cianuro para demostrar a todos los asistentes a su ejecución lo mucho que se equivocaban con él. El cliffhanger se solucionaba en el capítulo siguiente, cuando Silver y Odell revivían al oficialmente muerto Kraken en el más absoluto de los secretos, revelando haber sustituido el cianuro por un anestésico. El montaje se le explicaba a Kraken como una prueba necesaria para demostrarles que el juicio de Dredd había sido equivocado. Dado su ejemplar comportamiento, Silver le nombraba Juez de Mega-City Uno y le entregaba su placa, pero era una placa en la que no ponía Kraken sino Dredd.
Con la Cuenta Atrás hacia Necrópolis situada en tres, la historia continuaba directamente en Derechos de Sucesión, un solitario episodio (Prog. 671) de siete páginas en el que Kraken se metía de lleno en el papel de Dredd y tomaba contacto con las calles de MegaCity, siendo Silver, Odell y el propio Kraken los únicos en conocer la verdad de lo que estaba sucediendo. La actitud de Kraken podía llegar a ser a veces la adecuada, pero como daba a entender el título, algo fallaba en la sustitución: Kraken no era Dredd, a quien más parecía haber destronado que reemplazado.
Como creo que se puede percibir, la serie era ya a estas alturas un continuará tras otro desde hacía varios meses. Y sin embargo, aún faltaba por abrirse la tercera y última vía argumental, la directamente relacionada con los villanos detonantes de la macrosaga, los Jueces Oscuros, que como ya se había visto, en esta ocasión venían además acompañados. Dear Annie (Progs. 672-673) era el título de la última minisaga de dos episodios con los que daba inicio su regreso y con los que concluía la Cuenta Atrás hacia Necrópolis.

Dado que soy muy fan de Ezquerra, y más del Ezquerra de estos años, me temo que va a ser inevitable hacer un esfuerzo extra en la próxima entrada para tratar de no divagar mucho y que la subjetividad no se me note demasiado.
 

viernes, 9 de octubre de 2015

Oz: el origen clónico del Juez Dredd

Judge Dredd in Oz es una idea cuyos orígenes resultan atribuibles en gran medida al dibujante Brendan McCarthy. Un año antes de su publicación, McCarthy había sido el responsable de diseñar y presentar a los Jueces de Brit-Cit en Atlantis (Progs. 485-488) aprovechando lo mucho que les insistían John Wagner y Alan Grant a todos los dibujantes con los que trabajaban para que les hiciesen llegar cualesquiera ideas que les apeteciese dibujar en la serie. McCarthy, que durante ese año se había ido de vacaciones a Australia para pasarse unos días haciendo Surf, regresó de aquellas vacaciones con varios diseños sobre unos jueces malvados que volaban en tablas de Surf y vivían en un desierto radioactivo, así como una serie de bocetos inspirados en una especie de Mega-Sidney del futuro y varios dibujos basados en la turística montaña de Ayers Rock, conocida actualmente por su denominación aborigen de Uluru. McCarthy le entregó una copia de todos aquellos sketches a John Wagner y le comentó un poco por encima de qué iba todo aquello, olvidándose luego de todo el asunto a medida que fueron pasando los meses.
El siguiente momento en la historia de esta macrosaga tuvo lugar con la entrada de Richard Burton como editor del 2000AD. Uno de los proyectos que Burton se trajo consigo fue el regreso de las grandes macrosagas, que si bien habían dejado de producirse tras los problemas que habían existido con Ciudad de los Condenados, en el fondo no era tanto porque no fuesen demandadas sino más bien debido a las dificultades para encontrar dibujantes que se hicieran cargo de ellas en su totalidad. La solución que inicialmente se planteó fue diseñar un nuevo Mega-Epic a través de un formato que presentase dos historias ocurriendo simultáneamente, cada una de ellas a cargo de un único dibujante, lo que permitiría ir ganando un determinado tiempo extra a los dos artistas implicados.
 
Ante la inminente conmemoración del bicentenario de Australia que iba a tener lugar en 1988, cuando Wagner y Grant recibieron la propuesta de llevar a cabo una nueva macrosaga, los bocetos que McCarthy había llevado a cabo durante sus vacaciones y que había entregado a Wagner, salieron del cajón en el que se encontraban. Pero lo hicieron con ciertos cambios a la hora de llevarlos a la práctica. Así, la idea de los jueces surfistas se transformó en el regreso de Chopper en un nuevo SuperSurf emplazado en aquella Australia del futuro, mientras que el cuerpo de Jueces diseñado por McCarthy se situó en un nuevo contexto argumental a través de los clonados Judda y su vínculo genético con el Juez Dredd.


Planteada así la historia, lo siguiente era buscar a los dibujantes adecuados para llevarla a cabo, siendo inicialmente elegidos el propio Brendan McCarthy para la parte de los Judda, puesto que las ideas generadoras de la saga eran suyas y no iba a quedarse fuera, y Cam Kennedy para la parte de Chopper y el SuperSurf, toda vez que su trabajo en Midnight Surfer (Progs. 424-429) era la principal inspiración de aquella continuación que se iba a llevar a cabo.
 
Sin embargo, aquí es donde todo se torció. Tras las conversaciones iniciales, Kennedy tuvo que retirarse del proyecto debido a los encargos que tenía asumidos con DC en la maxiserie de los Outcasts y en Espectro, no siendo Burton capaz de encontrar en ese momento a ningún dibujante de garantías que estuviera disponible durante los siguientes seis meses y fuese capaz de dibujar el número de páginas semanales que se requerían.

El proyecto se retrasó tanto que estuvo cerca de no ver la luz, pero finalmente se consiguió sacarlo adelante mediante el tradicional sistema de formar equipos rotatorios de dibujantes, ninguno de los cuales podía por sí solo hacerse cargo de todo el trabajo, pero sí de una parte del mismo. Así, Cliff Robinson se encargó de llevar a cabo el episodio inicial de apertura. Jim Baikie, recién salido de un trabajo con Batman para Detective Comics, fue traído a toda prisa por su vecino Cam Kennedy, dibujando las siete páginas del segundo episodio en un tiempo récord. Bajo diferentes seudónimos, los episodios tercero, cuarto y sexto recayeron en el equipo formado por Will Simpson, Paul Behrer y Dave Elliot, mientras que el propio McCarthy se encargó de realizar el quinto antes de introducir a los Judda en los capítulos séptimo y octavo de la saga, siendo el consagrado Steve Dillon el que se hiciese cargo de las partes novena y décima. A partir de ese décimo episodio, la situación más o menos consiguió estabilizarse, pero finalmente fue McCarthy el que tampoco pudo cumplir a tiempo, tomando su relevo Will Simpson y siendo John Higgins, Barry Kitson y Jim Baikie los que concluyeran la saga.

A pesar de todas las dificultades a las que hubo que hacer frente, Oz se acabó publicando durante los meses de Octubre de 1987 a Abril de 1988, a lo largo de los 26 episodios que aparecieron en los Progs. 545 a 570 y comprendiendo un total de 200 páginas. Tal y como ya os habréis fijado, la distribución final de los episodios tuvo lugar entre Cliff Robinson (1), Jim Baikie (2, 25-26), Paul Behrer, Will Simpson y Dave Elliot (3-4, 6), Brendan McCarthy (5, 7-8, 14-16), Steve Dillon (9-10), Will Simpson (11-12, 17-19), Barry Kitson (13, 22-24) y John Higgins (20-21). Ante la multitud de autores implicados, cada uno de ellos con su propio estilo individual, la historia acababa cojeando un poco en el aspecto gráfico, pero también es cierto que el conjunto no sólo presentaba un buen aspecto, sino que además el guión de Wagner y Grant se leía a la perfección y tenía momentos realmente memorables, como el propio final de la saga.

En todo caso, la aparición de una nueva macrosaga de Dredd fue excelentemente acogida por los aficionados, apareciendo recopilada en tres paperbacks con portadas de Sienkiewicz incluso antes de finalizar el año. Por cierto, cuando las tres portadas se unían, aparecía un tríptico en el que de alguna forma se podía visualizar el desarrollo de la historia.

Desde el punto de vista argumental, lo cierto es que antes de que Oz diese comienzo, ya habían venido apareciendo en la serie diferentes comentarios (aparentemente intrascendentes) entre los ciudadanos de MegaCity sobre la inminente celebración de un nuevo SuperSurf y la supuesta liberación de “alguien”. Pues bien, era en Oz donde se contaba que ese alguien no era otro que el joven Marlon Shakespeare, más conocido como Chopper, y que en ese momento se hallaba cumpliendo 10 años en un Isocubo tras su apasionante victoria (y posterior encarcelamiento) en el SuperSurf 7 celebrado tres años atrás en Mega-City Uno.
 

Ahora, tres años después, el Campeonato Mundial de SuperSurf había sido legalizado y ese año se celebraba en Oz. Todo ello producía un movimiento popular masivo en MegaCity pidiendo la liberación de Chopper para que participase en el megaevento y le plantase cara al vigente bicampeón mundial, el arrogante y tocahuevos Jug McKenzie, que además ese año participaba en casa.
Ante las multitudinarias protestas que comenzaban a tener lugar, los Jueces decidían trasladar a Chopper a un Iso-Bloque de alta seguridad, y lo hacían entregándole previamente sus pertenencias, entre las que se encontraba su tabla de surf. Durante el traslado, los manifestantes congregados a la puerta del Iso-Bloque estallaban contra los Jueces exigiendo la liberación de su campeón. Ante el caos y la confusión que se desataban, Chopper aprovechaba para quitarse las esposas y huir delante de las mismas narices de Dredd.
 
Con los Jueces batiendo Mega-City Uno en su búsqueda, el rebelde surfista decidía huir de la ciudad y refugiarse en el único lugar en el que todo el mundo parecía querer que estuviera, es decir, en la Conurbación de Sidney-Melbourne, la megaciudad de Oz en la que se iba a celebrar el SuperSurf 10. Y echándole pelotas al asunto, Chopper decidía ir hasta el continente austral en su propia tabla de aerosurf, para lo cual debía hacer un viaje de más de 12.000 Km en tan precario medio de transporte, atravesando además la Tierra Maldita y el Océano Pacífico.
Huyendo de la ciudad a través del Muro Oeste, el imposible viaje de Chopper batía todos los registros de audiencia en los noticiarios de MegaCity, llegándose a crear un reality (Chopwatch) que refería al público cualquier avistamiento del surfista durante su travesía. Acortando camino a través de la Mex-Zona, Chopper lograba cruzar de manera cuasimilagrosa la Tierra Maldita y se plantaba ante las mismísimas orillas del Pacífico. Una vez allí, con una última batería de energía para su tabla y sin nada de comida, Chopper prefería afrontar una muerte segura intentando atravesar el océano antes que rendirse y volverse atrás.

En este punto de la historia, la acción se trasladaba al Palacio de Justicia de Mega-City Uno, donde tres figuras hostiles aparecían de la nada y asesinaban al Juez Bruffen. Los tres teletransportadores hablaban como acólitos de una secta religiosa y se identificaban a sí mismos como Judda, interesándose a continuación por el paradero de los Jueces Defoe, Mac Namee y Dredd, siendo este último el único que lograba sobrevivir a su ataque y acabar con la vida de su oponente mientras los otros dos Judda desaparecían sin dejar rastro.
 
Analizando el ADN del fallecido, la Tek Division descubría que aquel individuo tenía el mismo ADN que Dredd, su hermano Rico y el padre del Sistema Judicial, el Juez Fargo; es decir, que se trataba de un clon. Y eso implicaba que, si el ADN era idéntico en todos los casos al del Juez Fargo, no sólo el Judda resultaba ser un clon, sino que también lo eran Dredd y el fallecido Rico, siendo por tanto todos ellos clones del Juez Fargo como ya se había apuntado en A Case for Treatment (Prog. 389) y se iba a confirmar inmediatamente a continuación, en los siguientes capítulos de la saga.
Y mientras los lectores asumían aquellas implicaciones, la historia regresaba a Chopper, que a duras penas sobrevivía a un huracán refugiándose en un carguero a la deriva y protagonizaba dos de los episodios más logrados de la saga, un terrorífico y marinero homenaje a todos los clásicos de barcos abandonados con un único ocupante a bordo, en este caso el robot cocinero Cookie, con su hacha de carnicero, su gusto por el arte culinario, y según comenta Alan Grant, la náutica voz de John Silver, puesto que esa era la voz que ambos escritores impostaban cuando leían en voz alta los diálogos de Cookie antes de pasarlos a máquina.
 
Aun cuando los ciudadanos de Mega-City Uno daban por muerto a Chopper tras las semanas transcurridas desde su último avistamiento, el joven surfista lograba llegar en el carguero hasta las costas de Oz. El único problema era que Dredd también se encontraba allí, aparentemente para detenerle si lograba cruzar el Pacífico y llevárselo con él de vuelta a Mega-City Uno. Ante el arresto de Chopper delante de los atónitos ojos de millones de telespectadores, el resto de participantes se rebelaba y amenazaba con la no celebración del SuperSurf si Chopper no participaba, lo que obligaba a los Jueces de Oz a desautorizar y arrestar al propio Dredd a fin de que el Campeonato Mundial pudiera celebrarse y no tener que enfrentarse a una sublevación popular.
 
Sin embargo, la llegada de Dredd a Oz y su pretendido arresto respondían en realidad a un propósito del que Chopper y el SuperSurf resultaban ser una mera tapadera. La verdad salía a la luz cuando dos nuevos Judda se teletransportaban a las instalaciones donde supuestamente Dredd se hallaba retenido y desarmado, y caían en una trampa tendida por el propio Dredd y los Jueces de Oz.
 
La acción retrocedía entonces a lo que había sucedido en Mega-City Uno tras la aparición de los Judda. Los Jueces ataban cabos y relacionaban el nombre de los Judda con el antiguo Juez Morton Judd, el genetista del Consejo de los Cinco en la época del Juez Fargo y responsable del programa de clonación de Joe y Rico Dredd. Judd había intentado atentar contra la vida de Fargo tras ver como éste rechazaba su proyecto de clonar ciudadanos, siendo liberado por sus partidarios y llevándose consigo muestras del programa de clonación sin que nunca se volviera a saber más de él. La única conclusión posible era que Morton Judd aún seguía con vida y había creado un ejército de jueces clónicos con el que pretendía atacar Mega-City Uno. Los rastros de polvo y polen sugerían que el Judda fallecido procedía de algún lugar de Oz, de ahí que se hubiese montado como tapadera la fuga de Chopper, coincidiendo con la celebración del SuperSurf en Oz, para justificar la presencia de Dredd en el continente austral.

De vuelta al presente, Dredd utilizaba uno de los teleportadores confiscados a los Judda para desplazarse hasta su lugar de procedencia, que resultaba ser la Montaña de Ayers Rock, donde se encontraba con un ejército de clones a punto de atacar la megaciudad.
Dredd resultaba capturado por los Judda y llevado ante Morton Judd, pero antes enviaba su localización a los Jueces de Oz, que lanzaban un ataque aéreo contra el santuario de Judd al mismo tiempo que éste iniciaba su ofensiva contra Mega-City Uno y los Judda comenzaban a teletransportarse al Palacio de Justicia. En la confusión que se generaba, Dredd se deshacía de Judd y del Judda que le custodiaba y se teletransportaba también a MegaCity, donde recogía y armaba una bomba atómica del arsenal de los Jueces y la enviaba de vuelta a Ayers Rock con un tiempo de detonación de diez segundos, de los cuales apenas quedaban dos cuando Morton Judd recobraba el conocimiento y la veía aparecer ante sus ojos. Sin tiempo para reaccionar, los Judda pasaban a la historia.
 
Los seis episodios restantes de la saga servían para narrar el SuperSurf 10, si bien antes Dredd se entrevistaba previamente con Chopper y le advertía que aun cuando se hubiese ganado el derecho a participar en el evento, tan pronto como cruzase la línea de meta lo primero que vería sería su cara para enviarle de vuelta a los cubos. A pesar de la (muy seria) advertencia de Dredd, Chopper volvía a aceptar el desafío y tomaba parte en la carrera.
El recorrido de la prueba resultaba ser tan suicida como era de esperar. Además, Chopper y McKenzie perdían posiciones en unos túneles de agua hacia el tercer episodio dedicado a la carrera, aunque alcanzaban al grupo de cabeza al final del siguiente, y llegaban a la parte final del SuperSurf, el llamado Callejón de Gasolina (un megabloque que había que cruzar en llamas) igualados con otros dos participantes, la máquina roja Nicolai Stal y Dallas Hall, la tigresa de Texas City. Stal perdía la vida en el intento mientras Dallas optaba por el paso de seguridad, siendo Chopper y McKenzie los que se metían de cabeza en el edificio en llamas y llegaban igualados a la recta final.
 
El desenlace de la carrera, el último episodio de la saga, resultaba tan emocionante como intenso su final. No creo que sea justo para John Wagner y Alan Grant contar quién de los dos cruzaba la meta en primer lugar, porque lo que realmente importaba era que allí estaba Dredd, legislador en mano, esperando a Chopper, y con intención de abrir fuego si el joven no se entregaba. Para que entendáis el dilema, Dredd claramente respetaba lo que había hecho Chopper, pero nadie podía quebrantar la ley. Y Chopper lo había hecho.
Las divergencias entre John Wagner y Alan Grant se habían ido acentuando en los últimos tiempos y durante el transcurso de Oz se hicieron más evidentes. En palabras de Alan Grant, la cuestión había sido más o menos ignorada por ambos hasta aquel episodio final de la saga; de hecho, según él mismo dice, hasta el mismo día en que lo escribieron, ninguno de los dos sabía cuál iba a ser su desenlace. Ambos escritores habían discutido todas las posibilidades: Chopper ganando el SuperSurf y huyendo, Chopper ganando y entregándose a Dredd, Chopper ganando y obteniendo un indulto... Pero llegado ese momento, con Dredd apuntando a Chopper mientras éste decidía no entregarse, fue Wagner quien puso de manifiesto lo mucho que les estaban costando sus divergencias.
A Wagner le encantaba Chopper y la popularidad del personaje le respaldaba, pues representaba al joven anónimo y sin trabajo capaz de darle la vuelta a Dredd. Sin embargo, Grant consideraba que Dredd debía matarle por aquello de lo perjudicial que creía que era suavizar al personaje. Sólo uno de ellos escribió aquel último episodio de la saga, así que ya podéis imaginar quién de los dos ganó. En cualquier caso, aquella decisión sobre el final de la saga, marcaría también el final de la etapa conjunta de ambos escritores, aun cuando haya que dejar claro que no existió ningún mal rollo entre ellos; todo lo contrario, hoy en día siguen siendo amigos y han trabajado juntos en multitud de situaciones, desde tareas editoriales hasta los propios crossovers entre Batman y el Juez Dredd.
 
Las tres partes de Hitman (Progs. 571-573), con dibujos de Jim Baikie, supusieron el epílogo de Oz y fueron escritas ya en solitario por John Wagner, aunque en los créditos de la historia siguieran apareciendo los dos. La historia, que tiene como mención más que destacable ser una de las pocas que han mostrado buena parte del rostro de Dredd, trataba de su regreso a Mega-City Uno tras lo sucedido en Oz. Un psicópata que hubiera preferido matar a Chopper, introducía a Dredd en su lista a causa de lo sucedido en el final de la macrosaga, logrando en su segundo intento enviar a Dredd a la Unidad Médica. En el tercero se encontraba frente a frente con Joe Dredd, quien desde la cama le enviaba definitivamente a su último descanso en Resyk.
Con todo, lo que iba a ser verdaderamente relevante para el futuro, eran las dudas que recorrían la cabeza de Dredd sobre lo sucedido con Chopper mientras permanecía hospitalizado. Aquellas dudas reflejaban las ideas que Wagner tenía sobre el desarrollo del personaje, ideas que estaban perfectamente calculadas en el tiempo para dar el mayor giro de tuerca a Joe Dredd que se había visto a lo largo de los once años que por aquel entonces llevaba la serie. Pero antes de llegar a eso, habrá que comentar también otra serie de cosas que sucedieron entre medias y a las que habrá que referirse en la próxima entrada.
 

viernes, 25 de septiembre de 2015

La Hora del Lobo. Revolución

Desde un punto de vista puramente editorial, sería en el año 1987 cuando el 2000AD comenzase a sufrir toda una serie de cambios como consecuencia de la compra de IPC Magazines por parte del magnate de la prensa Robert Maxwell durante el mes de Julio de ese año, lo que conllevaría el cambio de editor y la llegada del dinero de Fleetway Publications a la revista. En su libro Thrill-Power Overload, David Bishop fija en 6,8 millones de libras la suma que Maxwell pagó a IPC por adquirir su división de comics y los derechos sobre sus personajes.
 
Los cambios que tuvieron lugar no se produjeron de la noche a la mañana, sino de una manera bastante paulatina. Lo primero que se hizo fue estilizar el formato, ganando unos milímetros en altura y haciéndolo menoscuadradoy más alargado, de manera bastante similar al formato que era habitual en el álbum francoeuropeo. Otra innovación sería la progresiva mejoría del papel, con el lógico y consiguiente aumento de precio. Finalmente, como consecuencia de todo ese proceso de transformación editorial, sería el color el que acabaría llegando al año siguiente, al menos a la sección protagonizada por el Juez Dredd, requisito que resultaba cada vez más necesario a fin de poder competir con los superhéroes americanos.
 
Retrocediendo unos meses atrás, la verdad es que el año 1987 había comenzado de una manera bastante aproximada a la que había visto finalizar el año anterior: historias cortas de uno o dos episodios de duración, llenas de sátira y de aplicación de la Ley. Es posible que John Wagner y Alan Grant empezasen a ir en piloto automático en este periodo previo a su separación, pero también es verdad que aún les quedaban en la manga una serie de historias que se acabarían convirtiendo en auténticos clasicazos a través de sus posteriores reediciones.
 
Una de ellas fue el Taxidermista (Progs. 507 a 510), cuatro sorprendentes e hilarantes episodios dibujados por Cam Kennedy que presentaban a Jacob Sardini, un verdadero apasionado de su trabajo: la taxidermia humana, reconocido arte para el que se exigía un elevado nivel de preparación y que había llegado a ser considerado deporte megaolímpico durante varias décadas; de hecho, el anciano Sardini había llegado incluso a ganar la medalla de bronce durante las MegaOlimpiadas del 2082.
Con este planteamiento previo, la historia suponía una nueva visión de aquella escena de El Padrino en la que Don Vito le encargaba al funerario Bonasera que procediera a embalsamar el acribillado a balazos cadáver de Santino, salvo que en esta ocasión lo que Sardini recibía era el encargo de llevar a cabo su trabajo sobre el hijo del gángster Don Giovanni Lambretta y los hombres que le habían matado, disponiéndolos a todos en una heroica escena a modo de pose final. Es decir, como en el Museo de Cera pero con gente disecada, otra locura del Siglo XXII elevada a la categoría de arte olímpico. El problema radicaba en que alterar el escenario de un crimen es ilegal en Mega-City Uno, sobre todo cuando desaparecen cadáveres, lo que producía la entrada de Dredd en el asunto.
 
Otra de las historias destacables de aquel año 1987 sería La Hora del Lobo, la saga veraniega de Cassandra Anderson que apareció publicada durante los meses de Mayo a Julio de ese año a lo largo de los doce episodios que aparecieron en los Progs. 520 a 531, conformando un total de 62 páginas.

Dibujada por Barry Kitson (1-10) y Will Simpson (11-12), lo primero que habría que mencionar es lo curioso que resultaba observar como al igual que había ocurrido con Judge Death Lives y su posterior secuela Cuatro Jueces Oscuros, la continuación más directa de la otra gran saga escrita a principios de los ochenta por John Wagner y Alan Grant, esto es, la Guerra del Apocalipsis, volviese a estar de nuevo protagonizada por la Juez Anderson.
Otra curiosidad era la manera en que encajaba el título de la historia con lo que sucedía a lo largo de la misma. Obviamente, hacía referencia al lobo que aparecía en los sueños de Anderson, pero al mismo tiempo también parecía desprenderse un cierto paralelismo con determinadas supersticiones del folklore anglosajón, toda vez que la Hora del Lobo es la hora situada entre la noche y el amanecer en la que según los mitos populares anglosajones y centroeuropeos, el lobo acecha a las puertas de las casas donde vive la gente. Popularizada por la película del mismo título de Ingmar Bergman, se supone también que es la hora en que muere la mayoría de la gente, cuando el sueño es más profundo, las pesadillas más reales y cuando los fantasmas tienen más poder. Algo de todo esto tenía su reflejo en la historia, no sólo porque la muerte rondaba la vida de Anderson durante aquella hora de la madrugada, sino también por las pesadillas que le advertían del peligro que corría la megaciudad.
 
La historia comenzaba cuando Anderson captaba un flash psíquico de un gigantesco lobo cerniéndose sobre la ciudad mientras patrullaba las Puertas del Muro Oeste de Mega-City Uno. La impresión psíquica era también captada por una ciudadana que respondía al nombre de Glenny Mexworth, sólo que esa no resultaba ser su verdadera identidad, como se descubría inmediatamente después cuando hundía el cráneo de su marido de un puñetazo en pleno rostro.

Como en los buenos clásicos del género de espías, del que la historia tomaba muchos elementos recurrentes ambientados en los años de la Guerra Fría, Glenny se revelaba como una agente durmiente que llevaba cuatro años infiltrada en Mega-City Uno. Más tarde se descubriría que se trataba además de una Juez Psíquica de la antigua Mega-Este Uno, como también lo resultaban ser los ciudadanos Josh y Ena Thurber, con quienes Mexworth contactaba inmediatamente después de matar a su marido. Siguiendo un plan establecido, los Thurber recogían el armamento que tenían oculto en su apartamento y tendían una emboscada a Anderson mientras regresaba de su patrulla.
Provocando una explosión, Anderson lograba salir con vida del atentado y obligaba a huir a los Thurber, cuyos verdaderos nombres resultaban ser Josef e Irina y ni mucho menos estaban casados, si bien la telépata acababa hospitalizada y sin conocimiento en la Unidad Médica durante los cinco episodios siguientes. A causa de lo sucedido, el Juez Jefe Silver ponía en situación de alerta al Departamento de Justicia intentando averiguar quién había tratado de eliminar a su mejor Juez Psíquica.
 
Con Anderson fuera de combate, los acontecimientos comenzaban a producirse a través de los personajes que se iban incorporando a la trama. La falsa Glenny Mexworth, en realidad la Juez Psíquica Natasha Gulag, accedía y dominaba psíquicamente a uno de los Jueces a cargo del Iso-Bloque 41 con el evidente propósito de montar la fuga de uno de sus presos. Al mismo tiempo que esto sucedía, los espías durmientes Josef e Irina llevaban a cabo otro nuevo ataque contra Anderson, al haberse determinado por los pre-cogs soviets la necesidad de su eliminación como condición necesaria para el éxito de la misión.
 
Su segundo intento tenía lugar en plena madrugada, durante la Hora del Lobo, mientras la telépata se encontraba inconsciente en la Unidad Médica. Tras darse la voz de alarma, varias patrullas al mando de la Juez Hershey iniciaban una persecución de los dos durmientes por las calles de MegaCity que concluía con su muerte. A pesar de todo, la falsa Glenny Mexworth cumplía su parte de la misión y conseguía liberar al misterioso preso del Iso-Bloque 41, que resultaba ser el más reconocido y peligroso de los antiguos Jueces Soviets, Orlok el Asesino, el responsable de desatar la Blockmania sobre Mega-City Uno.
 
Anderson recobraba de manera súbita la consciencia al conectar el lobo de sus pesadillas con la figura de Orlok, dándose cuenta de lo que estaba sucediendo. Ante la complicada situación que ahora se les planteaba, las contrapartidas soviets de Dredd y Anderson tomaban la decisión de separarse ante el implacable acoso que sufrían por parte de todos los Jueces de Mega-City Uno. La telépata de los soviets atraía sobre ella la atención de los Jueces y resultaba capturada con vida por la propia Juez Anderson, mientras Orlok conseguía abandonar la megaciudad y se desvanecía sin dejar rastro alguno.
 
Extraída toda la información de la que Gulag disponía, la telépata de la Psi División era quien advertía a Silver de la amenaza que suponía retener con vida a la peligrosa Juez Psi de los soviets, siendo Silver quien dictaba su sentencia de muerte. La historia concluía en algún lugar desconocido del mapa, donde Orlok juraba ante una multitud de seguidores su propósito de hacer pagar a Mega-City Uno por la destrucción de sus hogares durante la Guerra del Apocalipsis.
 
La historia, que a la postre serviría para consagrar a Orlok como una de las presencias más importantes en la vida de Anderson durante los años siguientes, concluía de un modo totalmente abierto con un enigmático “El Fin... Por Ahora”. Sin embargo, cualesquiera ideas que tuvieran Wagner y Grant para continuar aquella anunciada trama sobre la venganza de los soviets, se verían truncadas por la separación de ambos escritores al año siguiente. Alan Grant, que sería quien se hiciese cargo de la Juez Anderson, la recobraría indirectamente en Triada, pero sólo para hacerla desaparecer paulatinamente y centrarse más en el enfrentamiento personal entre Orlok y Anderson, siendo John Wagner el que de alguna manera retomase más directamente aquella trama doce años después, en el 2121, en la macrosaga El Escenario Doomsday (Progs. 1141 a 1164).
 

En el mismo número en que terminaba la Hora del Lobo, comenzaba su réplica veraniega por parte de Judge Dredd a través de Revolución (Progs. 531-533), tres episodios publicados desde mediados de Julio a principios de Agosto, y que con un total de 24 páginas suponían la continuación de los hechos narrados en Carta de un Demócrata (Prog. 460), habiendo sido escrita por Wagner y  Grant con el propio John Higgins en mente a fin de que la dibujase con el mismo contundente resultado que la historia que lo había iniciado todo y de la que Revolución constituía su secuela.
 
De manera consciente o inconsciente, su argumento suponía de alguna manera un cierto reflejo de la situación política que vivía Gran Bretaña durante aquellos años, en pleno mandato de Margaret Thatcher, quien en ese año 1987 se presentaba además a la reelección. Aquella época estuvo marcada por una fuerte tensión social reflejada en los conflictos que tenían lugar en las calles con los sindicatos mineros, protagonistas de importantes huelgas y violentas manifestaciones durante aquellos años. Thatcher se refería a ellos como “el enemigo interno”, mientras que éstos acusaban a la Primer Ministro de introducir policías en las manifestaciones para reventarlas desde dentro y originar los violentos enfrentamientos en las calles de los que todos llegábamos a ser testigos a través de los telediarios de la época.
Ambientada a mediados del año 2109, Revolución comenzaba mostrando cómo el sacrificio de Hester Hyman había inspirado a millones de ciudadanos para solicitar el regreso de la Democracia a Mega-City Uno, reclamando el final del Sistema Judicial y el regreso del poder a las manos del Pueblo. Los ciudadanos Blondel Dupre, Morton Phillips, Rosie Bethann y Kenzal Davitcek eran quienes aparecían como líderes de un movimiento que recibía además el apoyo de Gort Hyman, el marido de la difunta Hester, durante una televisada asamblea que era presenciada por millones de espectadores. En ella, Dupre convocaba a los ciudadanos de MegaCity a una Marcha masiva hasta el Palacio de Justicia con el fin de exigir pacíficamente a los Jueces la devolución del poder a sus legítimos propietarios.

Ante la inminente y multitudinaria manifestación de los demócratas que iba a tener lugar, Silver declaraba a los medios de comunicación que los Jueces no eran tiranos que negasen a los ciudadanos su derecho a una reivindicación pacífica, por lo que se les permitiría manifestarse mientras actuasen dentro de la ley.
Sin embargo, tan pronto como se quedaba a solas, Silver mandaba llamar a Dredd y le ordenaba reventar la marcha utilizando para ello cualquier medio que estuviera a su alcance, aun cuando estuviera por encima de la ley. Silver invocaba para ello el Acta de Seguridad de Mega-City Uno, que permitía a los Jueces actuar al margen de la ley cuando lo que estuviera en juego fuera la propia seguridad de la megaciudad. En definitiva, lo que Silver declaraba y Dredd ejecutaba, era un Estado de Excepción contra los demócratas.
 
De acuerdo con las órdenes recibidas, Dredd reunía su propio grupo de operaciones, del que también formaba parte la Juez Hershey, y adoptaba las medidas necesarias para que la Marcha Democrática resultase en un fracaso total.
Aprovechando los cuatro divorcios de la ciudadana Bethann, sus apellidos se modificaban con el fin de imputarla cuatro delitos de bigamia que conllevaban su arresto inmediato, procurando que todos los medios informasen detalladamente de qué tipo de persona se hallaba al frente de la reclamación de sus libertades civiles. Del mismo modo, aprovechando una fotografía tomada durante una fiesta de disfraces, se filtraba la mediática noticia de que Morton Phillips era un antiguo colaborador de los Soviets, lo que provocaba que multitud de ciudadanos se congregasen ante su domicilio intentando lincharle. El anciano Davitcek recibía por su parte la visita de los Jueces en plena madrugada, acusándole de una chorrada que les permitía tenerle toda la noche en pie realizando fatigosos ejercicios físicos. Aun cuando Davitcek era liberado antes del inicio de la manifestación, el agotamiento le obligaba a abandonarla nada más comenzar.
 
Por último, aunque nadie era capaz de encontrar cargos contra Gort Hyman, era el propio Dredd quien le comunicaba que sus hijos iban a recibir el honor de ingresar en la Academia de la Ley dado el servicio proporcionado por su padre a la causa de la libertad. Ante un chantaje tan manifiesto, Hyman se veía obligado a retirar su apoyo a la manifestación y tampoco acudía a la convocatoria. Finalmente, con la ciudadana Dupre como única líder al frente de su causa, la Marcha Democrática resultaba reventada desde dentro al haber infiltrado los Jueces a varios miembros del Escuadrón de Wally entre los manifestantes, provocando violentos enfrentamientos con los Jueces que les proporcionaban a éstos la excusa necesaria para intervenir y disolver la manifestación de manera expeditiva y contundente.
La historia concluía con Silver proclamando ante los medios de comunicación que la democracia era un ideal del que había que proteger a los ciudadanos en aras de la propia seguridad de la ciudad, mientras Dredd y la arrestada Dupre se acusaban mutuamente de lo que había ocurrido y discrepaban frontalmente acerca de lo que era mejor para el pueblo.

Alan Grant, que pensaba que cualquier intento de suavizar a Dredd era perjudicial para el personaje, fue el principal responsable del guion final de Revolución. John Wagner, por el contrario, estaba cada vez menos convencido de la idea de retratar a Dredd como un fascista del futuro.
Las divergencias entre ambos escritores empezaban a estar cada vez más definidas, y de hecho, unos años más tarde, en el prólogo a la edición integral de Oz, Alan Grant no tendría reparos a la hora de reconocer que era Wagner quien quería traer un mayor sentimiento de realismo a la historia y mostrar que Dredd aún tenía un lado humano, mientras que la presencia del propio Grant era la responsable de que la serie tendiera cada vez más a buscar una parodia de la realidad, favoreciendo un Dredd más siniestro y totalitariamente absurdo como el que había mostrado su peor cara en Revolución. De haberse continuado por ese camino, el personaje posiblemente se hubiera acabado encontrando ante un callejón sin salida de difícil justificación.

Sea como fuere, y ya con Wagner a las riendas de la serie, la trama de la Democracia regresaría a principios de 1990 en Una Carta para el Juez Dredd, donde los lectores podrían apreciar los sentimientos de culpa que rondaban por la cabeza de Joe Dredd tras su papel en los acontecimientos que habían tenido lugar durante esta historia.
Apenas hubo terminado Revolución, el episodio inmediatamente siguiente sería el que presentase a un villano destinado a convertirse en la gran némesis de Dredd en nuestros días, un pequeño cabrón disléxico de doce años que respondía al nombre de Philip Janet Maybe. Lo de Janet venía porque su madre hubiera preferido tener una niña.

Bug (Prog. 534), que podría traducirse algo así como Bicho, Insecto (o Sabandija, si el título iba por el propio P.J. Maybe) era una historia de ocho páginas a cargo de Liam Sharp que presentaba a otro de esos individuos peculiares que pululaban por Mega-City Uno, como bien podían ser Otto Sump, el propio Marlon Shakespeare, o el recientemente aparecido Jacob Sardini, que luego acababan convirtiéndose en un tema recurrente dentro de la serie. La peculiaridad en este caso consistía en que el pequeño P.J. Maybe, con tan solo doce años de edad, era un asesino en serie verdaderamente excepcional.
 
La historia trataba sobre el misterioso asesinato de una pareja en el bloque Karen Berger. Los Jueces llevaban a cabo una investigación que no conducía a ninguna parte salvo a averiguar que se había utilizado un pequeño robot para cometer el crimen. Sólo los lectores descubrían que su autor era un Juve de 12 años, un vecinito de los fallecidos al que su madre llamaba P.J. mientras le regañaba por botar la pelota dentro de la casa. Tal y como se prometía al final del episodio, el pequeño psicópata regresaría al año siguiente con motivo de sus vacaciones de verano, siendo entonces cuando se proporcionasen nuevos datos sobre sus ambiciones y su personalidad.
 
Sin embargo, antes de que P.J. Maybe regresase a la serie, Dredd se vería envuelto en la primera macrosaga tras dos años y medio sin haber aparecido ninguna en la revista. El inicio del otoño sería el que viese el comienzo de la publicación de Oz, una macrosaga de 26 episodios de duración que traería consigo el SuperSurf 10, el regreso de Chopper, la aparición de los Judda y el origen clónico del Juez Dredd. Todo ello, en lo que sería la última historia juntos de John Wagner y Alan GrantPor muchas y diferentes razones, uno de los clásicos más clásicos en la historia de Judge Dredd.