viernes, 24 de julio de 2015

La Guerra del Apocalipsis

Los Jueces Soviets de Mega-Este Uno habían aparecido varias veces en la serie. Su primera aparición había tenido lugar en los Progs. 50 y 51, durante las Primeras Olimpiadas Lunares, y desde entonces habían vuelto a aparecer en los Progs. 128-129 (descubriéndose que se hallaban sumamente interesados en los secretos militares de MC-1), y más recientemente en los Progs. 197-200, revelándose como la mente maestra detrás del ataque nuclear que el Capitán Skank había desencadenado contra Mega-City Uno y obligando a los Jueces a tomar duras represalias contra ellos.
Los Jueces de Mega-Este Uno eran los herederos de la antigua Unión Soviética, el enemigo contra el que había tenido lugar la gran Guerra Atómica desencadenada por el presidente Booth en el año 2070. Desde su conclusión, la situación entre Mega-City Uno y Mega-Este Uno podía calificarse como de una auténtica Guerra Fría, es decir, exactamente la misma situación en que el mundo real se encontraba en 1982.
La Guerra del Apocalipsis se publicó durante los primeros seis meses de 1982, de principios de Enero a finales de Junio de ese año, abarcando los Progs. 245 a 270 y comprendiendo un total de 153 págs. En total, más de 200 págs. si se sumaban las de la Blockmanía, lo que supone una de las sagas de mayor extensión en la historia de Judge Dredd.
Su fundamento es evidente. Aunque hoy se pueda ver como algo lejano, en aquellos años la posibilidad de una guerra nuclear era algo con lo que había que convivir de manera más o menos cotidiana, dependiendo bastante del humor con que yanquis y soviéticos se despertasen cada mañana, aun cuando también es evidente que la situación no era tan tensa como había llegado a ser veinte años atrás. En cualquier caso, la idea de una destrucción nuclear masiva a manos de las dos principales superpotencias del planeta, ni era ficción, ni era descabellada.
Argumentalmente, John Wagner y Alan Grant habían llegado a tener un grave problema con la extensión de Mega-City: resultaba demasiado grande. Otros escritores y artistas habían llegado a extender sus fronteras hasta Florida al sur, hasta la frontera con Canadá al norte, y no muy lejos de las Rocosas al oeste. Utilizando sus propias palabras, Mega-City Uno ya no era un concepto real y manejable. Se hacía necesario reducirla drásticamente de tamaño. Y la idea de cómo hacerlo fue tan simple como brutal: un ataque nuclear por parte de su contrapartida soviética, Mega-Este Uno.
 
Desde el punto de vista gráfico, la Guerra del Apocalipsis vino a significar además el retorno de Carlos Ezquerra al personaje que había creado. Desde su marcha en 1978, Ezquerra se había centrado básicamente en otra de sus creaciones, Johnny Alpha, el Perro de Stroncio, al que había llevado desde su primera aparición en la revista hermana Starlord hasta su posterior trasvase al 2000AD, convirtiéndose en el otro personaje estrella de la revista.
 
Tras la anunciada marcha de Bolland y McMahon, Judge Dredd iba a necesitar un nuevo artista principal para llevar el peso gráfico y narrativo del nuevo Mega-Epic que iba a tener lugar, y Ezquerra desempeñó esa función a las mil maravillas. Para el artista aragonés regresar a su personaje era algo perfectamente natural, si bien puso una especie de condición para llevar a cabo ese regreso: hacerse cargo de la totalidad de la saga, ser el único responsable de su narración visual, sin intervención de otros dibujantes, superando con semejante petición cualquier expectativa inicial que se hubiera planteado en un principio.
Por poner un ejemplo sencillo de ver, ningún dibujante había sido capaz hasta entonces de hacerse cargo de manera íntegra de una saga de tal envergadura en cuanto a su extensión en número de páginas, haciéndose inevitable el turno rotatorio de dibujantes para poder llevar a cabo cualquier saga de más de dos meses de duración.
 
Es cierto que el guión de Wagner y Grant era cojonudo, pero Ezquerra rompió todos los moldes establecidos al hacerse cargo de la totalidad de los 25 episodios de la saga, un logro profesional más que considerable dada la periodicidad semanal de la revista (seis páginas por semana durante seis meses seguidos; la única vez que hubo que acudir a una reedición para cubrir un hueco fue en el Prog. 268).
El mérito es aún más loable por cuanto que en ningún momento hubo un descenso de calidad en su dibujo y la narración resultaba absolutamente compacta, algo que se apreciaba con contundencia al leer la saga una vez recopilada en su conjunto. Ezquerra mantuvo en todo momento el nivel que él mismo se había fijado desde el principio, lo que me parece además extremadamente complicado de conseguir dada la magnitud de la historia que había que contar. Un verdadero alarde en definitiva, que se ganó el reconocimiento de crítica, compañeros y público. Con todo, Ezquerra nunca dejó de evolucionar en su trabajo, así que su mejor y más personal estilo, al menos para mí, aún estaba por venir con la llegada del color. Su propio color, claro.
 
En lo que se refiere a la historia, ambientada argumentalmente a principios del año 2104, la Guerra del Apocalipsis comenzaba exactamente allí donde lo había dejado la Blockmanía, es decir, con los Jueces dándose cuenta de que Mega-Este Uno se hallaba detrás de lo que estaba sucediendo y con los misiles nucleares enemigos a punto de dirigirse hacia la desprevenida Mega-City Uno, en lo que era la segunda fase de la Operación Apocalipsis diseñada por los Jueces del Este.
Sin solución de continuidad, la acción comenzaba directamente con una reunión del Diktatorato que regía a los Jueces Soviets. Tras haber sido informados del éxito de la misión de Orlok y de la captura de éste, el Juez Supremo Josef Bulgarin ordenaba el comienzo de la siguiente fase de lo que ahora se revelaba como un plan perfectamente elaborado. Automáticamente sus satélites iniciaban un ataque total contra los satélites de Mega-City Uno y una primera oleada de misiles nucleares despegaban de sus silos en dirección a la megaciudad norteamericana. Al mismo tiempo, los Strato V de los soviets caían sobre los desprevenidos Skunks de MC-1 que defendían las aguas territoriales del polucionado Atlántico Negro.
 
Con la mayor parte de la población de Mega-City destrozándose aún entre sí a causa de la Blockmanía y con un tercio de los Jueces fuera de control por el mismo motivo, las defensas antiaéreas del Muro Atlántico y los Vehículos-H (denominados H-Wagons en el original, no son ningún vehículo específico de los Jueces, sino una denominación genérica que éstos utilizan para todo tipo de naves del Departamento de Justicia capaces de volar) que se desplegaban para reforzarlas aguantaban el primer envite, aunque algunos misiles aislados conseguían traspasar la barrera defensiva borrando de la existencia sectores enteros de MC-1.
Sin embargo, los soviets tenían claro el tema: su segunda oleada nuclear tenía como objetivo provocar un Tsunami que esta vez arrasaba el Muro Atlántico, y con él, la mayor parte del Sector Este de la ciudad. Desaparecida su mejor baza defensiva, Mega-City quedaba ahora a merced del siguiente ataque de los Soviets, al tiempo que Mega-City Dos y Texas City decidían no tomar postura a fin de no extender el conflicto y tener tiempo para poder preparar sus defensas ante posibles alianzas de los soviets.
La fortaleza volante en que viajaban Dredd y el Juez Jefe Griffin resultaba abatida por la onda expansiva, aunque Dredd conseguía llevar al herido Griffin hasta el Palacio de Justicia para que fuese atendido. Con el resto de miembros del Consejo muertos o desaparecidos, Dredd asumía el mando de las fuerzas de Mega-City Uno. Bulgarin les exigía su rendición, advirtiéndoles ante la negativa de Dredd que una tercera oleada nuclear se dirigía hacia ellos. Esta vez sin ninguna posibilidad defensiva, todo el Sector Sur de la megaciudad desaparecía para siempre de la faz de la Tierra, convirtiéndose a partir de entonces en un desierto radioactivo.
Asumiendo la solución final de aniquilación mutua, Dredd respondía lanzando los TAD (Artefactos de Destrucción Total) contra su contrapartida del Este. Casi 100 TADs eran lanzados desde sus silos en la Tierra Maldita, pero los Jueces Soviets demostraban tener un as en la manga, empleando toda su capacidad energética en formar un campo de fuerza sobre ME-1 que enviaba los misiles nucleares de MC-1 a otra dimensión, donde un planeta entero resultaba destruido a causa de su impacto. En respuesta al intento de contraataque, daba comienzo la tercera fase de la Operación Apocalipsis: la total invasión y ocupación de Mega-City Uno por las tropas al mando del villano que a partir de ese momento prestaba su rostro a la historia, el Mariscal de Guerra Kazan, el brazo ejecutor de los Jueces Soviets.
Dredd ordenaba una retirada estratégica de los Jueces, evacuando el Palacio de Justicia y trasladando al herido Griffin a un lugar seguro en la órbita espacial, dando inicio a continuación una desesperada táctica de guerra de guerrillas para tratar de mantener el control de las calles. Su primer golpe consistía en sabotear su propia estación de control atmosférico, produciéndose entonces intensas nevadas sobre la megaciudad a las que podían seguir tanto lluvias torrenciales como un calor abrasador. Con más dificultades de las previstas, Kazan ordenaba liberar el antídoto de la Blockmanía sobre los ciudadanos de Mega-City, puesto que su extrema belicosidad también contribuía a frenar su avance.
La mejor baza de los Jueces resultaba ser su armamento: los experimentales Fusiles Stub demostraban ser un arma letal y devastadora, si bien su uso conllevaba un elevado riesgo para su portador cuando se sobrecalentaban. Al mismo tiempo estallaban las luchas internas entre los Jueces del Este, entiendo que intentando evocar el modo en que Josef Stalin había alcanzado el poder en la antigua Unión Soviética, deshaciéndose tanto de sus aliados como de sus opositores durante los primeros años de la revolución. Kazan procedía sin embargo de una manera bastante más rápida y directa a eliminar a Bulgarin y a los demás miembros del Diktatorato, haciéndose de ese modo con el mando y el control total de las fuerzas de los Jueces Soviets.
Sin embargo, no todo eran buenas noticias para los Jueces. Kazan conseguía capturar a Griffin en la órbita terrestre y sometía al Juez Jefe de Mega-City a un lavado de cerebro mediante psico-cirugía, convirtiéndole en una marioneta que proclamaba ante las cámaras la conveniencia de rendirse al avance de los invasores. Utilizando la Tumba de Fargo (aparecida en el Prog. 107, durante la conclusión de El Día que la Ley Murió), Dredd se infiltraba en el Palacio de Justicia y se veía forzado a ejecutar a su propio superior durante el transcurso de la entrevista, escapando con vida gracias a una bala trucada que le permitía simular su propio suicidio.
Ante el éxodo masivo de ciudadanos y con los Jueces cada vez más arrinconados, Dredd concebía un plan desesperado. Liderando un comando suicida del que también formaban parte Anderson y Hershey, su objetivo era posibilitar que dos Jueces de la Tek Division saboteasen los propios códigos de lanzamiento de los Soviets y utilizar sus propios misiles nucleares contra ellos. Aprovechando un huracán que en ese momento se abatía sobre Mega-City Uno, el comando se hacía con un Strato V de los soviets y ponía rumbo al mayor silo nuclear de Mega-Este Uno.
Tras infiltrarse en el silo y obtener Anderson los códigos de lanzamiento, Dredd ordenaba sin ningún tipo de remordimiento lanzar sus propios misiles contra la sorprendida Mega-Este Uno, que pasaba así a desaparecer de la faz de la Tierra dejando en su lugar un gigantesco cráter radioactivo como única prueba de su existencia. Más de 800 millones de seres humanos resultaban vaporizados como retribución a los actos llevados a cabo contra Mega-City Uno, una decisión que suscitó gran polémica entre los lectores del 2000AD sobre si lo que Dredd acababa de llevar a cabo era un asesinato en masa o un acto de autodefensa. En cualquier caso, lo que sí quedaba claro es que los Jueces de Mega-City Uno eran gente de pocas bromas.
El definitivo golpe asestado propiciaba una ofensiva de los Jueces de Mega-City contra los incrédulos y desmoralizados Jueces del Este. La Juez McGruder, única superviviente del Consejo de los Cinco, era quien lideraba el avance de la resistencia que obligaba a retroceder a los soviets. Al mismo tiempo, Kazan era responsabilizado por sus propios hombres del desastre sucedido y dejado a merced de Dredd para que éste procediera a su ejecución.
Como final de la Guerra del Apocalipsis, el ejército invasor se rendía incondicionalmente y encaminaba sus pasos hacia la ciudad hermana de Mega-Este Dos buscando refugio en ella, mientras McGruder acababa jurando el cargo como nueva Juez Jefe de Mega-City Uno y comenzaba la ardua tarea de reconstruir la megaciudad. Con más de 400 millones de ciudadanos muertos y con casi la mitad de MC-1 destruida, Wagner, Grant y Ezquerra habían creado un nuevo escenario para los aficionados de Judge Dredd a través una historia de proporciones épicas y sin precedentes en la historia de la serie. El telón de fondo de una ciudad con sectores enteros en ruinas y amplias zonas deshabitadas y contaminadas por los elevados índices de radiactividad, sería una presencia constante durante los años siguientes de la serie.
En este derruido ambiente de posguerra atómica sería en el que Wagner, Grant y Ezquerra propiciarían la segunda parte de la tetralogía basada en la profecía del Juez Feyy, Angeles del Destino (Progs. 281-288), que venía a suponer el regreso de los Angel y del pequeño mutante Owen Krysler, quien durante los dos años transcurridos desde su anterior aparición se había convertido en un psíquico de enorme poder, capaz de influir en las mentes ajenas sin importar la distancia que le separase de su objetivo.
 
Con las correspondientes dosis de humor negro que acompañaban las apariciones de los Angel, la historia comenzaba con Krysler propiciando la fuga de Fink de los psicocubos de Mega-City y resucitando a continuación al difunto Malamáquina mediante el Elixir de la Reencarnación que le había proporcionado el robótico Grunwalder.
El resentido Krysler buscaba venganza contra Dredd por haberle dejado abandonado en Xanadú y no permitirle completar su destino como gobernante de MC-1, decidiendo utilizar a los dos supervivientes de la Banda de los Angel como peones para conseguir su objetivo de acuerdo con una visión que había tenido.

La verdad es que los Angel, descerebrados, ignorantes y cabrones como ellos solos, eran demasiado buenos villanos como para dejar que se esfumasen sin más. Wagner estaba profundamente arrepentido de haber acabado con todos ellos, así que aprovechó la primera excusa que tuvo para traer de vuelta al más gañán y exitoso de todo el clan, Angel Malamáquina, convirtiéndole en uno de los villanos más recurrentes y carismáticos de la serie. Desde luego, el preferido de Bisley.
 
Con ayuda de la Psi Division, Dredd confirmaba sus sospechas de que Owen Krysler estaba detrás de la resurrección de Malamáquina y la fuga de Fink. Tras poner al tanto a McGruder de lo que estaba sucediendo, ésta autorizaba el envío a Xanadu de una nave que ejecutaba a Krysler mediante el expeditivo procedimiento de un par de misiles bien dirigidos. Por su parte, Fink y Malamáquina acababan en los cubos tras fracasar la emboscada que le habían tendido a Dredd.
Con Krysler fallecido, la profecía de Feyy parecía quedar vacía de contenido; pero no iba a ser así: uno de los secundarios de la saga, Grunwalder, el robótico gobernante de Xanadu, se había guardado un as en la manga, como habría de descubrirse un par de años más tarde en Ciudad de los Condenados, la saga en la que por fin se revelaría la verdad detrás de la profecía de Feyy.

Con historias como el Último Invasor (Progs. 298-299), cuyo argumento recordaba la historia de los soldados japoneses que se habían quedado aislados en algunas islas del Pacífico desconociendo que la guerra había terminado, se darían los últimos coletazos a la amenaza que los Jueces Soviets habían llegado a suponer para la megaciudad. En medio de este nuevo escenario de ruinas y de posguerra se ponía el cierre a una época y daba comienzo otra; una época que iba a traer consigo hombres lobo procedentes de Sub-City sueltos por las calles de MC-1, Centrales de Sector encantadas, algún que otro futuro lleno de vampiros creados por un mutante muy cabrón, el inevitable regreso de los Jueces Oscuros, y, sobre todo, la posibilidad de disfrutar como cabras del apasionante, y por supuesto, ilegal, Supersurf 7.

You´re the Next, Punks!!

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