lunes, 6 de julio de 2015

La Búsqueda del Juez Niño

Apenas un mes después de haber concluido la primera parte de la saga del Juez Muerte, la segunda quincena del mes de Marzo de 1980 vería la aparición de la tercera gran macrosaga de Judge Dredd, la Búsqueda del Juez Niño (Progs. 156-181). Se extendería durante 7 meses, desde mediados de Marzo a mediados de Octubre de ese año, si bien en realidad no duró esos siete meses que abarcó, sino los seis que habitualmente eran de rigor, puesto que entre los Progs. 164 y 165 hubo un paréntesis de 5 semanas en las que no apareció el 2000AD con motivo de una huelga llevada a cabo por los trabajadores de IPC Magazines. La Gran Bretaña de Margaret Thatcher, ya os podéis imaginar.

La gran aceptación de la Tierra Maldita y El Día que la Ley Murió, había hecho que los editores del 2000AD, en este caso Steve McManus, tuviesen claro que Judge Dredd debía tener al menos una gran macrosaga al año (ventas, política editorial, esas cosas). Y la saga que apareció en ese año fue ésta, The Judge Child Quest, una historia de 26 episodios de duración y más de 160 páginas de extensión, en la que John Wagner volvía a sacar a Dredd de Mega-City y lo enviaba de nuevo a realizar otro viaje épico, en este caso al espacio profundo.
El turno rotatorio de dibujantes se lo repartieron Brian Bolland (1, 7, 17-18), Ron Smith (2-4, 9-10, 12-14, 19-20 y 24-26) y Mike McMahon (5-6, 8, 11, 15-16 y 21-23), si bien los principales responsables de la saga acabarían siendo los dos últimos, puesto que Bolland sólo se limitó a cuatro episodios de la misma (buenísimos, eso sí). Desde mi punto de vista, el mayor problema que sufrió la historia fueron los altibajos que atravesó a causa del estado de salud de John Wagner, quien en esa época se hallaba además sobresaturado de trabajo al tener que llevar simultáneamente Judge Dredd, Strontium Dog y Robo-Hunter.
Incapaz de escribir las tres series al mismo tiempo, Wagner no tuvo más remedio que pedirle a su amigo y compañero de piso Alan Grant, hasta entonces editor asistente de la revista, que le echase una mano con los guiones para poder concluirla. Utilizando habitualmente el seudónimo de T.B. Grover, la colaboración de ambos comenzaría en el Prog. 177 y acabaría durando ocho años, justo hasta el final de la genial saga de Oz.
 
Aprovechando la innovación de los Jueces Psíquicos que se acababa de introducir en Judge Death, el detonante de la saga resultaba ser en esta ocasión una predicción del anciano y moribundo Juez Feyy, un miembro de la Psi División que había contado hasta entonces con un 88.8 % de acierto en todas sus predicciones.
En su lecho de muerte, Feyy había profetizado que en el año 2120 tendría lugar una catástrofe aún más terrible que cualquiera que hubiera tenido lugar hasta entonces. De la destrucción surgirían unas horribles criaturas que harían presa en los supervivientes y el único capaz de liderar a Mega-City Uno en su hora más oscura sería un niño nacido en la megaciudad y que llevaba en su cuerpo la marca del águila de la justicia. Ese niño estaba destinado a gobernar el destino de la megaciudad y su nombre era Owen Krysler, el Juez Niño.
 
Al no poderse ignorar el elevado porcentaje de acierto de Feyy, el Juez Jefe Griffin procedía a iniciar la búsqueda, pero el resultado era negativo: ninguno de los Krysler que residían en MC-1 se ajustaba a la descripción dada por Feyy. Sin embargo, los Jueces lograban averiguar que años atrás un niño de apellido Krysler se había visto obligado a abandonar la ciudad con sus padres a causa de los genes mutantes que poseía, encaminándose toda la familia hacia un asentamiento de la Tierra Maldita. Ante la necesidad de salvaguardar el futuro de la ciudad, Griffin asignaba a Dredd la difícil tarea de encontrar a ese niño y llevarle a Mega-City.
 
Sin embargo, cuando Dredd conseguía localizar el asentamiento en que se habían instalado los Krysler, descubría que el lugar había sido masacrado por unos traficantes de esclavos, informándole uno de los supervivientes que toda la familia Krysler había resultado ahorcada, excepto su hijo, a quien los traficantes habían considerado lo suficientemente valioso como para llevárselo con ellos al mercado de esclavos de Neutron Flats. Tras encontrar una fotografía del niño entre los restos de su antiguo hogar y observar la marca del águila en su frente, Dredd se convencía de que aquel niño era su objetivo, partiendo tras el rastro de los esclavistas y su prisionero.
Siguiendo la estructura narrativa utilizada en la Tierra Maldita, la búsqueda de Dredd le llevaba primero a Memphis (Tennessee) y más tarde a Texas City, la tercera megaciudad de los antiguos Estados Unidos. El niño, al parecer dotado para predecir el futuro, valía una fortuna, por lo que todos los codiciosos personajes que iban apareciendo en escena se disputaban encarnizadamente una mercancía tan valiosa. No obstante, algo extraño empezaba a flotar en el ambiente, puesto que lo que mejor hacía el pequeño Owen Krysler era predecir las muertes ajenas.
 
En Texas City era donde aparecían por primera vez en escena Pá Angel y sus hijos, Junior, Link y Malamáquina (Progs. 160 y 161), conocidos como la Banda de los Angel, cuatro chacales crueles y rastreros que competían entre sí por ver quién era el más cabrón de todos ellos, si bien aún faltaría por aparecer su quinto miembro, Fink Angel.
Diseñados gráficamente por Mike McMahon sobre un esbozo muy general por parte de Wagner, el propio McMahon recuerda que el guión únicamente apuntaba que Malamáquina tenía un dial y una placa de metal en la cabeza y un brazo mecánico, Link era más o menos un tío grande con un anillo o un piercing en la nariz, Junior era pequeño y repugnante, y simplemente aparecía descrito como .
 
Famosos gracias a su aparición en la película protagonizada por Stallone, su álbum familiar quedaría inmortalizado para la posteridad en el Judge Dredd Special de 1995, un auténtico retrato de familia digno de las mejores carcajadas que presentaba la historia de unos hillbillies sin escrúpulos producidos por una tierra radioactiva, que no tenían ningún reparo en mostrarse como unos tipos malhablados, bebedores de whisky a granel y deseosos de disparar a la menor oportunidad que se les presentase.
 
Sometidos a una intensa búsqueda por parte de los Jueces tejanos, la Banda de los Angel se disponía a abandonar la ciudad cuando se tropezaban con Owen Krysler y su captor. A la vista del negocio que les podía proporcionar el pequeño adivino, Krysler cambiaba nuevamente de manos y caía en poder de los Angel, quienes a continuación abandonaban Texas City en una nave espacial con destino a algún lugar desconocido de la galaxia en el que esperaban evitar ser capturados por los Jueces.
 
Como todos los buenos villanos, los Angel resultaron ser uno de los mayores aciertos de la saga. Caracterizados como una panda de cabrones que además disfrutaban siendo unos hijos de puta, el humor negro y la despreocupada carencia de principios de que hacían gala al asesinar a todo aquel que se cruzaba en su camino, se ganaron enseguida el corazoncito del sector más gamberro del 2000AD. Especialmente “simpático” resultaba Angel Malamáquina, una mala bestia, mitad hombre, mitad máquina, que tenía incrustado un dial en su cabeza que le permitía cuatro posiciones de comportamiento: en el 1 era Rudo; en el 2, Malo; en el 3 resultaba verdaderamente Malvado y en el 4 era Brutal. A mayor desbarre, cuando el dial se le quedaba atascado en el 4, Malamáquina perdía el control de sí mismo, resultando entonces posible todo tipo de catástrofes.
Obligado a perseguir a los Angel a través del espacio, Dredd decidía llamar a Mega-City Uno para que le enviasen la nave Justicia-1, cuya tripulación aparecía compuesta por los Jueces López, Larter y Hershey. De los tres, la Juez Hershey sería la que tendría un mayor protagonismo en la saga, siguiendo a partir de entonces la estela de Anderson a la hora de establecerse como uno de los personajes clave para la serie.
Recién salida de la Academia, la primera aparición de Hershey tenía lugar en el Prog. 162, el segundo de los episodios dibujados por Bolland para la saga, un magnífico episodio que tiraba de muchos clásicos de serie B, con naves espaciales desaparecidas sin haberse vuelto a saber nunca de ellas, tripulaciones muertas en su interior y ordenadores asesinos fuera de control.
 
Al igual que había sucedido con AndersonBolland sería el encargado de llevar a Hershey al papel. A Bolland le había sido encargado realizar el diseño de la nave espacial Justicia-1 y su tripulación, de la que formaba parte Hershey, de ahí su vinculación con el personaje.
Esta vez sin ninguna inspiración especial en cuanto a sus rasgos, Hershey representaba sin embargo un marcado contraste con la telépata de la Psi Division, resultando más severa que aquella y haciendo gala de un comportamiento mucho más serio. En consonancia con su carácter, Bolland decidió que su cabello estuviese cortado a modo de casco, proporcionándole además un semblante más ceñudo que el de la despreocupada e informal Anderson. Luz y Sombra, como gráficamente explicaría él mismo años más tarde al comparar a ambos personajes.
 
Ante la imposibilidad de descubrir el lugar al que se habían dirigido los Angel, Dredd y sus hombres acudían al planeta Necros en busca de la Especia Oráculo, una sustancia mágica capaz de proporcionar cualquier conocimiento a quien lo buscase, debiendo enfrentarse para conseguirla al necromante Murd el Opresor (Progs. 170 y 171), quien a pesar de su defunción final volvería a aparecer retrospectivamente años más tarde como el mentor de Sabbat el Necromagus durante la saga El Día del Juicio. Dos episodios ambientados en una temática de magia negra y estupendamente dibujados por McMahon que venían a preparar la saga para su recta final.
Precisamente tras hacerse con la Especia Oráculo tendría lugar uno de los momentos más polémicos de la historia del Juez Dredd, al ordenar éste a López que tomase la especia para localizar a los Angel y al Juez Niño, sabedor de que con ello probablemente lo estaba condenando a muerte, como así acabaría sucediendo. La polémica sobre si le eligió por llevar bigote (algo que a Dredd le disgustaba) o si fue por ser el miembro más receptivo a la especia, no se saldaría hasta 22 años después (Prog. 1280), al descubrirse lo que significó para Dredd tomar aquella decisión.
 
Conducidos por la Especia Oráculo hasta el piloto de la nave en la que habían huido los Angel, lo que daría lugar a dos magníficos episodios de Bolland, la resolución de la saga tendría lugar en el planeta Xanadú, nombre cuyas resonancias a Samuel Coleridge y Orson Welles no creo que precisen de muchas aclaraciones.
De este modo, si la Búsqueda del Juez Niño había comenzado como un viaje a través de la Tierra Maldita hasta Texas City, transformándose a continuación de manera bastante sorprendente en un auténtico Space Opera, su parte final en Xanadu casi podría considerarse un western en toda regla, en el que Dredd se separaba de su tripulación y emprendía la búsqueda de los Angel con la ayuda de una de sus víctimas, el Viejo Joe el Ciego, cuya ceguera no dejaba de recordar la personificada alegoría de la justicia ciega habitualmente representada en el mundo anglosajón.
 
El enfrentamiento con Link y Malamáquina tenía lugar en el pueblo de Drybone, mientras que y Junior se las acababan viendo con Dredd en el volcánico territorio de Grunwald, un estado libre para los robots en el que los humanos no eran bienvenidos. Ninguno de los Angel sobreviviría al enfrentamiento final con Dredd. Pero Owen Krysler tampoco se puede decir que saliera bien parado. A la vista de todo lo que había sucedido, Dredd acababa convencido de que aquel niño no era trigo limpio, sino que era un ser intrínsecamente malvado, considerando que Mega-City iba a estar mucho mejor sin él. Ante semejante juicio (que a la larga se iba a demostrar acertado), Dredd decidía abandonar a Owen Krysler en Xanadú, dejándole a cargo de Grunwalder, el robótico gobernante del planeta.
 
Semejante final iba a ser bastante criticado por los aficionados del 2000AD, siendo calificado como anticlimático al considerarse que después de todos las muertes, sacrificios y esfuerzos que había conllevado localizar al Juez Niño, no tenía sentido que Dredd lo dejase allí abandonado sin más.
Con la ventaja que me da el paso del tiempo, no comparto esa opinión generalizada entre yanquis y británicos. Desde mi punto de vista, dejar allí al pequeño calvo cabrón en base a su carácter maligno, abrió toda una serie de posibilidades para futuras historias que desarrollarían en profundidad la trama de la profecía de Feyy, que no olvidemos era precisamente el motor de la saga.
Es cierto que The Judge Child Quest quedaba coja en su final y que muchos nos quedamos sin saber muy bien de qué había ido aquello al acabar de leerla. Pero vistas las cosas en perspectiva, el final quedaba así mucho más abierto y lleno de posibilidades, como de hecho se iría comprobando años más tarde en Ángeles del Destino (Progs. 281-288), Ciudad de los Condenados (Progs. 393-406) y En el Año 2120 (Prog. 1077), las historias que completarían la tetralogía basada en las predicciones de Feyy.
 
Ya de la mano de Brian Bolland, el episodio siguiente, Guerra de Bloques (Prog. 182), supuso el epílogo final a la Búsqueda del Juez Niño. Dredd reasumía sus funciones al regresar a MC-1 y se las veía junto al Juez Giant con una virulenta batalla campal entre los bloques Rita Tushingham y Ernest Borgnine, mientras el Consejo de los Cinco, el máximo órgano de gobierno de la megaciudad, analizaba si la conducta de Dredd había sido correcta al dejar a Owen Krysler en Xanadú y no traerlo con él de vuelta a Mega-City.
La opinión generalizada del Consejo era que Dredd se había extralimitado en su decisión y que era necesario enviar otra expedición para traer de vuelta a Krysler, aun cuando semejante actuación forzase a Dredd a dimitir. Sin embargo, disconforme con el voto del Consejo, Griffin acababa utilizando su derecho de veto y respaldaba la decisión de Dredd, confiando plenamente en su juicio.
Dentro de los miembros del Consejo que discutían la actuación de Dredd, tenía lugar la primera aparición de la Juez Hilda M. McGruder, transposición al papel de la Primer Ministro Margaret Thatcher, como su propio nombre de pila indicaba. McGruder aparecía en el Consejo como nueva líder del SJS y sería quien asumiese el cargo de Juez Jefe tras la conclusión de la Guerra del Apocalipsis, siendo también otro de los personajes que mayor relevancia han tenido en la historia de la serie.
 
Entre la conclusión de la Búsqueda del Juez Niño y la publicación de Judge Death Lives, hubo también otras historias dignas de mención. A mi juicio, son tres las que más merecen la pena destacarse.
De la mano de Mike McMahon, The Fink por ejemplo (Progs. 193-196) presentaba al quinto miembro de la familia Angel, una verdadera rata (en el sentido más literal de la palabra) llamada Fink Angel, quien con su encantadora mascota Ratty llegaba a MC-1 en busca de venganza contra los Jueces Dredd, Larter y Hershey por lo sucedido a su difunta y angelical familia, logrando llevar a cabo parte de esa venganza (Larter RIP) antes de acabar en los psicocubos y tras habérselas hecho pasar también muy putas a Hershey. En esta saga hacía también su aparición la planta de reciclaje Resyk, descubriéndose que todo era aprovechable en Mega-City, incluso los cadáveres. Y por cierto, espectacular portada de Bolland para la edición de Eagle, aquí publicada por Zinco.
 
Inspirada en una noticia recogida en los diarios sobre las guerras de grafitis que tenían lugar en la ciudad de Nueva York, otra de las destacables de estos años fue Unamerican Graffiti (Progs. 206 y 207).
Con Ron Smith a los lápices, en ella se presentaba al juve Marlon Shakespeare, más conocido como Chopper, un personaje destinado a convertirse en parte significativa de los mitos de Dredd. Sin perspectivas de futuro ni de encontrar trabajo (como todos los juves de MC-1), con un padre obsesionado en batir el récord de meter huevos en un cubo con la cabeza y con una madre aún más obsesionada en ensuciar platos para luego poder fregarlos, Chopper se convertía en un “trepa-muros”, un artista grafitero (ilegal, por supuesto) que todas las noches situaba su grafitera firma (un sonriente smiley) en los lugares más emblemáticos e inaccesibles de Mega-City Uno, dejando a los Jueces en evidencia.
 
The Phantom, otro anónimo e ilegal trepa-muros (que al final resultaría ser un droide pintor), entablaba una enconada competición con él, en un más difícil todavía que hacía las delicias de los noticiarios de Mega-City y ponía al Departamento de Justicia en estado de alarma ante su público desafío para llevar a cabo un duelo grafitero en la mismísima Estatua del Juicio, el símbolo de Mega-City por excelencia, tal y como la Estatua de la Libertad lo es para los actuales Estados Unidos. Chopper acabaría en los isocubos, pero acababa de comenzar una leyenda que culminaría en los históricos y superespectaculares Supersurf 7 y Supersurf 10, con todos los ciudadanos de MC-1 gritando enfervorizados su nombre.
 
Sin embargo, antes de eso, en los Progs. 197-200, se iba a prender una mecha que acabaría suponiendo un antes y un después para Mega-City Uno. La historia se llamaba Piratas del Atlántico Negro. En ella, un corsario mutante, el Capitán Skank, utilizaba a unos secuestrados científicos para lanzar un ataque nuclear contra MC-1, sin saber que en realidad estaba siendo un involuntario peón de los Jueces Soviet de Mega-Este 1. Cuando los Jueces de Mega-City descubrían lo que en realidad estaba sucediendo, comenzaba una escalada de tensiones que al final sólo iba a tener una única salida posible: la Guerra del Apocalipsis.
 
Con todo, antes de que las bombas atómicas comenzasen a caer por todas partes y a marcar ese antes y después en la historia de la megaciudad, otro importante acontecimiento marcaría la historia en viñetas de la saga del Juez Dredd: la llegada de los Jueces Oscuros a Mega-City Uno, que será de lo que toque tratar en la próxima entrada.

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