miércoles, 1 de julio de 2015

Juez Muerte

Para muchos seguidores de la serie, la gran saga de los primeros años de Judge Dredd fue el Juez Muerte Vive (Judge Death Lives), la esperadísima secuela de la exitosa Judge Death que se había publicado el año inmediatamente anterior.

Haciendo un poco de historia, Brian Bolland se hallaba en aquel entonces a punto de dar el salto al mercado norteamericano, así que dio en ella lo mejor de sí mismo como la que iba a ser su gran historia dentro de Judge Dredd, y al mismo tiempo, como referencia a los americanos de lo que era capaz de hacer.
Lógicamente, no les especificó demasiado sobre el tiempo que había tardado en llevar a cabo semejante virguería, pero a la vista del resultado, Dick Giordano, Len Wein y demás mentes pensantes de DC no tuvieron demasiadas dudas a la hora de llevarse a semejante talento para el que iba a ser uno de sus grandes proyectos del año 1982, Camelot 3000.

Sin embargo, para llegar a Judge Death Lives aún faltaba un año y medio en el momento en que John Wagner decidió presentar un par de nuevos personajes con la intención de ampliar los parámetros de Dredd y del universo que se estaba creando: la Juez Anderson, telépata de la Psi Division, un cuerpo judicial que se presentaba por primera vez a los aficionados del 2000AD, y el Juez Muerte, un espectro de otra dimensión en la que el crimen era la vida misma.
Judge Death (Progs. 149-151) era una historia corta de 15 páginas íntegramente dibujada por Bolland y distribuida en tres episodios que se publicaron entre finales de Enero y principios de Febrero de 1980. Por su extensión en número de páginas, casi parecía un aperitivo de la que inicialmente se había planteado como la gran macrosaga del Juez Dredd de ese año y que estaba a punto de comenzar en apenas un mes, la Búsqueda del Juez Niño. Sin embargo, su trascendencia editorial acabaría superando cualquier intención inicial al convertirse en una de esas historias favoritas de cualquier aficionado, seguramente porque su inconcluso desenlace era de esos que pedía a gritos una secuela.
El resultado fue que Judge Death y su secuela Judge Death Lives han sido las historias más veces reeditadas en la historia de Judge Dredd, apareciendo en todo tipo de formatos, a b/n y a color.
 
En lo que se refiere a sus principales protagonistas, lo primero que creo que habría que decir es que el Juez Muerte fue expresamente creado con la intención de introducir una némesis adecuada para Dredd. Como recuerda el propio John Wagner, en la época en que compartía piso con Alan Grant, fue precisamente éste quien sugirió la idea de que debía existir una antítesis de Dredd, surgiendo durante aquellas conversaciones la posibilidad de acentuar aún más el lado oscuro de Dredd y trasladando Wagner esa idea al nuevo villano que estaba buscando. En este sentido, el Juez Muerte no es sino un reflejo oscuro del mismo Dredd, llevando su filosofía de lucha contra el crimen al paroxismo de que la misma vida es un crimen, de acuerdo con la lógica de que únicamente los seres vivos son capaces de cometer delitos.
Por centrar un poco más el tema, Wagner era consciente de la dificultad de crear un villano recurrente para Dredd, puesto que la misma esencia del personaje y una visión realista de la función que desarrollaba, exigían que Dredd pusiera fin de una manera permanente a las amenazas de mayor entidad con las que se enfrentaba.
La (en aquel entonces no tan conocida) premisa de que “no se puede matar a lo que ya está muerto”, encajaba bien en lo que Wagner estaba buscando: un villano al que no se pudiera matar, destinado a volver más pronto o más tarde para provocar un nuevo enfrentamiento. Con este esbozo en perspectiva, el villano que resultaba más adecuado para tal fin era la misma Muerte, o al menos una encarnación de la misma que pudiera inspirar similar sensación de horror a los lectores.

 
Relacionando tales conceptos con el reverso de Dredd que Wagner buscaba como oscura contrapartida del héroe, la idea del Juez Muerte acabó tomando forma: un juez espectral, una versión de la muerte, que no se preocupase de arrestar a la gente como hacía Dredd, sino que la matase. Para él, todos los crímenes se cometían por los vivos, luego la misma vida era un crimen que debía ser castigado y la única sentencia que se podía aplicar era la muerte.

Quedaba no obstante la tarea de desarrollar gráficamente a aquella oscura contrapartida de Dredd. Y nadie mejor para hacerlo que el dibujante más aclamado por el fandom de la época, Brian Bolland, el dibujante estrella al que constantemente requerían los aficionados para que dibujase las historias de Judge Dredd.

Al igual que había sucedido con Ezquerra en la época en que se había creado a Dredd, cuenta Brian Bolland que Wagner le envió referencias de todo tipo de cosas para la creación gráfica del Juez Muerte, fotografías de peces diablo incluidas, por lo que ya os podéis imaginar de dónde le viene a Muerte su peculiar sonrisa.

Sin embargo, a pesar de las múltiples referencias enviadas por Wagner, Bolland no recuerda hacer demasiados bocetos del personaje para dar con el resultado final que ambos estaban buscando. Su diseño acabó siendo una variación del uniforme clásico de los Jueces, por aquello de contraponerlo todo lo posible a Dredd, tal y como había sugerido Wagner, pero obviamente acentuado por el tono cadavérico y espectral que debía destilar el personaje que se buscaba.
Bolland reconoce además una marcada influencia del trabajo que Kevin O´Neill estaba haciendo en aquella época en Némesis the Warlock, otro de los personajes más exitosos del 2000AD. A modo de ejemplo sobre esta influencia, Bolland reconoce que la visera a modo de rastrillo que Muerte porta en su casco no es precisamente el tipo de cosas que surgiría de una manera espontánea de su cabeza, sino que hay mucho del O´Neill de aquellos años en el resultado final del Juez Muerte.
 
Aún faltaría sin embargo otro secundario más que acabaría resultando esencial no sólo para el éxito que conseguiría Judge Death, sino para el futuro a largo plazo de Mega-City Uno.
De acuerdo con la trama que Wagner tenía entre manos, Dredd necesitaba ayuda para comprender la amenaza a la que se enfrentaba, así que solicitaba esa ayuda a una unidad especial del Departamento de Justicia que aparecía por primera vez en la serie, la Psi División, un cuerpo formado por Jueces especialmente dotados con diferentes habilidades psíquicas. Con esa intención en mente, surgió Cassandra Anderson, la Juez Número Uno de la Psi Division.
En cuanto a su planteamiento inicial como personaje, como ya se comentó en otra entrada, Anderson debió también buena parte de su inspiración a Alan Grant y a las charlas que éste mantenía con Wagner en la casa que ambos compartían en Essex durante aquellos años. Una novela que el escritor Alfred Bester escribió en los años 50, The Demolished Man (publicada aquí por Minotauro y cuya lectura resulta muy recomendable para los aficionados a la novela policiaca y al género de ciencia ficción), que Grant se estaba leyendo por aquel entonces, fue el germen del que partiría la idea de Anderson. Sin embargo, a diferencia de los protagonistas de aquella novela, aquí no iba a aparecer ningún telépata de actitud seria y semblante adusto, sino una tía maciza, joven y veinteañera, cuya actitud irreverente y desenfadada era precisamente lo que se buscaba para contrastar con la seriedad de Dredd y el horror que inspiraba el Juez Muerte.

A modo de anécdota en este sentido, Brian Bolland diría años más tarde que una de las cosas que más echaba de menos en el 2000AD de aquella época era que nunca tenía la oportunidad de dibujar personajes femeninos, de modo que Anderson le vino como anillo al dedo al darle por fin la oportunidad de dibujar una figura femenina de buen ver dentro de Judge Dredd.

Por otra parte, el que Anderson acabase teniendo el rostro de Debbie Harry, la conocida cantante de Blondie, sería el resultado de otra circunstancia bastante peculiar. De acuerdo con las indicaciones que Wagner le había hecho sobre el personaje, los primeros rasgos que a Bolland se le vinieron a la cabeza al tener que plasmarla gráficamente acabaron siendo los mismos que unas pocas semanas antes le había tocado dibujar un montón de veces durante una promoción que había hecho en Forbidden Planet. A lo largo de aquel día, Bolland había tenido que dibujar para los asistentes un montón de gente famosa de la época, del tipo de David Bowie, Sting, etc.

Pues bien, como a estas alturas ya estaréis imaginando, entre las celebridades que más se le había solicitado durante aquel día se encontraba precisamente Debbie Harry. La consecuencia final de todo aquel proceso fue que Bolland, consciente o inconscientemente, acabó traspasando los conocidos rasgos de Harry a las facciones de la más famosa Juez psíquica de Mega-City, dando lugar así lugar a otra anécdota bastante peculiar del pequeño mundo de los tebeos.
En cuanto a su argumento, Judge Death casi resulta ser más una historia de terror que una historia de aventuras o de género fantástico. Independientemente del carisma de los personajes intervinientes y del siempre excelente arte de Bolland que le acompaña, es posible que sea en esta mezcla de géneros donde se encuentre la raíz de su aceptación masiva entre los lectores. Por poner un ejemplo evidente en este sentido, los diálogos iniciales hacen varias referencias a los olores, algo que muy pocas veces se suele mencionar en los tebeos y que contribuye mucho a la hora de proporcionar la ambientación espectral que destila la historia.
 
Centrando un poco la trama, todo arrancaba con el misterioso asesinato de un delincuente en un oscuro callejón de MC-1 a manos de una especie de cadáver andante vestido con un extraño uniforme de Juez. Cuando los Jueces encontraban el cuerpo, no hallaban ninguna explicación para el terror que expresaban sus facciones y la ausencia de heridas aparentes. Al mismo tiempo, la piel del agresor que encontraban bajo sus uñas se hallaba en un avanzado estado de descomposición, concluyendo los técnicos de la Tek Division (otra de las unidades especiales adscritas al Departamento de Justicia) que esa piel llevaba siglos muerta, lo que conducía a los Jueces a iniciar una investigación a gran escala, correspondiendo a Dredd la dirección de la misma.
El fantasmal asesino que se denominaba a sí mismo Juez Muerte, hacía una nueva aparición en una de las discotecas de moda en MC-1, donde comenzaba a masacrar a los incrédulos asistentes por el expeditivo método de atravesarles el cuerpo con sus intangibles garras y estrujarles luego el corazón al solidificarlas en su interior, siendo en ese momento interrumpido por la llegada de Dredd y el resto de Jueces que lo acompañaban.
A pesar de que las balas normales no parecían hacer ningún efecto a aquella aparición, Dredd conseguía abatirlo usando munición incendiaria, si bien el espíritu del autodenominado Juez Muerte abandonaba entonces su incinerado cadáver y prometía regresar para concluir la tarea que le habían obligado a interrumpir.

Tras llevar el consumido cadáver a la Tek Division para su estudio forense, Dredd solicitaba ayuda a la Psi Division para averiguar lo que estaba sucediendo, enviando la unidad psíquica a su mejor operativo, la Juez Anderson, quien lograba contactar telepáticamente con Muerte, que se identificaba ante ella como un ser de otra dimensión que había venido a juzgar a todos los habitantes de MC-1. Aprovechando aquel contacto inicial con Anderson, el espíritu de Muerte acudía horas después a su apartamento y poseía a la Juez Psíquica, obligándola a acudir al depósito para recuperar su cadáver y volver a obtener con su ayuda una forma corpórea.

A pesar de estar poseída, Anderson conseguía alertar a la Psi Division de lo que le estaba sucediendo, siendo interceptada por Dredd cuando Muerte se hallaba a punto de volver a reencarnarse. Consciente del peligro de dejar suelta a semejante entidad y aprovechando que Muerte se encontraba aún en su interior, Anderson indicaba a Dredd que usase Boing® sobre ella (un plástico milagroso en spray que había aparecido previamente en el Prog. 136) a fin de poder retenerlo.
Gracias al sacrificio de Anderson, Judge Death concluía con Muerte atrapado en el interior de la Juez Psíquica y con ésta inconsciente, como si de la Bella Durmiente se tratase, dentro de un ataúd de Boing® que a modo de homenaje se emplazaba en el Salón de los Héroes del Palacio de Justicia.

Como es lógico, ante semejante final, los lectores del 2000AD clamaron por una continuación para saber lo que sucedía después.

De cara a esa secuela que exigía el fandom, el mayor problema que se presentaba era la consabida lentitud de Brian Bolland. Para que os hagáis una idea, Judge Death estaba inicialmente prevista para ser dibujada en tres semanas, pero sus 15 páginas de extensión a Bolland le habían llevado casi tres meses llevarla a cabo. Eso sí, las oficinas del 2000AD se paralizaron cuando la historia por fin llegó y el staff editorial vio el resultado final. Desde luego, a la vista de aquel resultado, Bolland se había ganado a pulso las 55 libras por página que cobraba en aquella época.
A modo de anécdota sobre la tensión que había llegado a crearse con tanta tardanza, el cabronazo de Bolland se permitió incluso hacer un pequeño chiste dentro del propio tebeo: Si os fijáis en la splash con la que comienza el tercer episodio de la saga (Anderson llevando el esqueleto de Muerte a través del depósito de cadáveres), uno de los cadáveres del depósito resulta ser el de Steve McManus (el editor que había reemplazado a Kelvin Gosnell por aquel entonces) tal y como indica el cartón que lleva colgado del dedo del pie, indicándose en el mismo que la causa de la muerte ha sido un cortocircuito cerebral terminal. A mayor coña marinera, el cadáver que se encuentra a su lado es el de Barry Coker (el agente de Bolland en aquella época), si bien en este caso el cartón que cuelga del dedo de su pie sólo permite saber su nombre, ya que la causa de la muerte no resulta legible. En cualquier caso, lo que está claro es que el pobre Coker también debió sufrir lo suyo con la situación creada por Bolland.
 
El caso es que 2000AD podía tirar unos 60.000 ejemplares semanales en aquella época. Ante la avalancha de cartas que llegaron pidiendo una continuación, todo el mundo tuvo claro que el único que podía llevarla a cabo era el propio Brian Bolland. Otra cosa, hubiera defraudado al público.
 
Conocida la meticulosidad con que trabajaba Bolland, hubo que armarse de paciencia. La secuela tardaría un año y medio en ver la luz, pero cuando por fin lo hizo, la única reflexión posible fue que la espera había merecido la pena: Judge Death Lives, para mi gusto una obra maestra de 32 págs. que consagraría definitivamente no sólo al Juez Dredd como un personaje de éxito, sino también a Brian Bolland como rutilante estrella internacional.
 
Pero antes de que aquella esperada secuela llegase a ver la luz, otras sagas del Juez Dredd irían apareciendo hasta entonces, entre ellas y de manera inmediata la Búsqueda del Juez Niño, origen de la tetralogía basada en las predicciones del moribundo Juez Feyy, y que traería importantes consecuencias a corto y a largo plazo para la historia en viñetas de la megaciudad.

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