sábado, 11 de julio de 2015

El Juez Muerte Vive

El verano de 1981 resultó ser un momento clave para el Juez Dredd a efectos de su creciente popularidad.
Por situar algunos antecedentes, uno de los antiguos miembros del equipo editorial del 2000AD, Nick Landau, que a principios de 1979 se había marchado de la editorial para abrir junto a un par de socios más la primera tienda de Forbidden Planet, había montado también con ellos una editorial llamada Titan Distributors. Pues bien, tras diversas negociaciones con IPC, Titan consiguió hacerse a principios de 1981 con los derechos para reeditar el material previamente publicado en el 2000AD, decidiendo sacar ese mismo verano al mercado una nueva línea de novelas gráficas presentadas en el tradicional formato europeo y dedicadas exclusivamente a Dredd, reeditando así por primera vez en un formato de calidad las historias que previamente habían aparecido en el 2000AD.

De esta manera, Judge Dredd dejaba de ser un material de carácter más o menos efímero en el tiempo y limitado únicamente a su aparición semanal dentro del 2000AD, sino que comenzaba a adquirir un valor editorial intrínseco más allá del momento de su publicación inicial. Aquellas primeras novelas gráficas contaron con portadas y contraportadas expresamente creadas por Brian Bolland para la ocasión, y para sorpresa de todos, incluida la propia IPC Magazines, a los pocos meses de su publicación, la primera edición de aquella serie de novelas gráficas se encontraba totalmente agotada, comenzando así toda una serie de recopilaciones y reediciones que ha llegado hasta nuestros días.

Coincidiendo en el tiempo con aquellas primeras novelas gráficas dedicadas al Juez Dredd y sus sagas, en ese mismo verano de 1981 el diario británico Daily Star vino a encargar también a IPC una tira semanal dedicada al personaje para su publicación en el periódico. A cargo de John Wagner, Alan Grant y el dibujante Ron Smith, aquella tira semanal acabaría convirtiéndose en una tira diaria, ampliando la difusión del personaje a un nuevo espectro de público que ya no se limitaba al sector propio de los tebeos, sino que pretendía abarcar un público mucho más amplio y generalista para el que Dredd comenzaba a ser un icono perfectamente reconocible.
Por último, a esta cadena de acontecimientos se le añadiría otro elemento más, esta vez específicamente dirigido al fandom que hasta entonces había estado siguiendo al personaje y que al final acabaría siendo el que actuase como elemento de cohesión a todo lo que empezó a moverse durante ese verano. Ese tercer elemento sería la esperada secuela de Juez Muerte, una secuela que estaba siendo insistentemente reclamada por los aficionados en el correo de la revista y a la que Bolland había estado dedicando su esfuerzo y su talento desde la publicación de la primera parte de la saga.
 
Judge Death Lives (Progs. 224-228) apareció durante aquel verano de 1981, publicándose a lo largo de todo el mes de Agosto y la primera semana de Septiembre, y abarcando un total de 32 páginas espectacularmente dibujadas por Brian Bolland. A modo de comentario particular, de manera similar a lo que me ocurre en el mundo del cine con Aliens el Regreso o Toy Story 3, Judge Death Lives siempre me ha parecido un ejemplo de lo que debe ser una secuela, es decir, algo que no se limita simplemente a continuar con más o menos fortuna la trama inicial de la que retoma su historia, sino que profundiza y desarrolla la premisa original en que estaba basada la misma.

Bajo la firma de John Howard, el guión esta vez no era sólo obra de John Wagner, sino también de Alan Grant, con quien había empezado a colaborar durante la Búsqueda del Juez Niño. La esperada secuela seguía manteniendo la premisa inicial de “horror” que sostenía la trama de Judge Death, pero su mayor extensión en número de páginas le permitía adentrarse en un tono de acción y aventura a gran escala que acababa enriqueciendo notablemente el conjunto final de la historia.

A Bolland le llevó casi un año dibujar el guión que Wagner y Grant le entregaron; pero esta vez todo el mundo, lectores incluidos, se hallaba dispuesto a esperar lo que fuese necesario. Alan Grant confiesa haberse quedado boquiabierto la primera vez que contempló la línea extremadamente precisa y detallada de aquellos dibujos cuya calidad no decrecía en ningún momento a lo largo de los cinco episodios que componían la historia. Y es que lápices aparte, la verdad es que la fuerza que tienen las tintas de Bolland cuando se entinta a sí mismo, personalmente siempre me ha parecido una pasada; y en blanco y negro es donde esas tintas mejor se aprecian.
En lo que se refiere a la historia, si en la primera parte de la saga se habían presentado la Juez Anderson y el Juez Muerte, en esta segunda el gran golpe de efecto argumental (y sobre todo visual, que esto era Bolland) consistía en presentar al resto de Jueces Oscuros: Miedo, Fuego y Mortis, quienes ahora aparecían en Mega-City Uno dispuestos a liberar a su apresado compañero.
 
Argumentalmente la historia aparecía situada a mediados del 2103, es decir, un año y medio después de que el espíritu de Muerte se hubiese quedado atrapado en el cuerpo de Anderson, permaneciendo ésta inconsciente desde entonces y confinada en un ataúd de Boing® depositado en el Museo del Palacio de Justicia. Ahora, durante una visita abierta al público, uno de los visitantes se escondía hasta que el recinto quedaba vacío, aprovechando entonces para cortar el Boing® con un láser y liberar al espíritu del Juez Muerte, quien se introducía en él y le conducía hasta su residencia en el Bloque Billy Carter, donde le esperaban Miedo, Fuego y Mortis. Reunidos los cuatro Jueces Oscuros, el desarrollo de la trama aparecía ahora como una variación del clásico mito de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, dispuestos en este caso a desatar su Juicio Final sobre la megaciudad.
Estas dos magníficas viñetas constituyen el final del primer episodio. La segunda va a página completa, haciéndose uso del clásico efecto de encontrarse con ella al pasar de página. Es decir, toda la información sobre lo que estaba sucediendo con tan sólo dos imágenes y con un cliffhanger de postre.

Los diseños de los tres nuevos Jueces Oscuros eran claramente distintivos y diferentes del original del Juez Muerte. Y sin embargo, resultaban a la vez perfectamente consistentes con el mismo, lo que contribuía a proporcionar una unidad al conjunto de los cuatro que resultaba muy impactante visualmente.
En cuanto a su proceso de creación gráfica, a diferencia del Juez Muerte que había surgido de una manera casi espontánea en la cabeza de Bolland, sus no-vivos compañeros le requirieron por el contrario una gran cantidad de diseños preliminares hasta dar con lo que se buscaba.

El Juez Fuego, el más obvio en su diseño, representaba una alegoría claramente infernal, con tridente incluido, que acabó plasmándose en una imagen esquelética y ardiente, evocadora del castigo que aguardaba a los pecadores en el infierno.
El Juez Miedo por su parte fue posiblemente el que más trabajo le llevó a Bolland a la hora de dar con su imagen definitiva, existiendo incluso diseños preliminares con improvisados tentáculos surgiendo de su boca. Con su medieval casco enrejado, sus cadenas, cepos dentados y candados, Miedo resultaba ser otra visión infernal muy próxima esta vez a las torturas que aguardaban por los pecados cometidos. El attrezzo de los cepos de osos a modo de hombreras fue sugerencia de Wagner, aunque nadie recuerda por qué es el único de los cuatro en llevar capa.
Por último, el Juez Mortis, el más próximo al Juez Muerte en el acabado de su uniforme, simbolizaba la encarnación de la podredumbre y decadencia que acompañaba a la muerte. La anécdota de su inspiración es la más curiosa de todas: su cabeza (si os fijáis, el esquelético cráneo de una oveja) es el resultado de un paseo de Bolland por la campiña próxima a la casa de sus suegros. Durante el mismo vino a tropezarse con semejante “souvenir”, y en lugar de darle la típica y futbolera patada para que los niños no te acaben luego dando el coñazo toda la tarde con el nuevo “juguete” que se han encontrado, el tío se lo acabó llevando a su casa a fin de dibujarlo y usarlo como referencia para Mortis.
Situando la acción en este contexto de creación de personajes, la trama continuaba avanzando hacia lo que constituía el eje principal de la historia: Tras la revelación a los lectores de lo que estaba sucediendo, los Jueces descubrían la desaparición del Juez Muerte y desplegaban una búsqueda masiva para encontrarle, pero desconociendo que ahora eran cuatro los espectros interdimensionales a los que se enfrentaban. Era Anderson, tras haberse recobrado del lazo psíquico que compartía con Muerte, la que advertía a Dredd que ahora tenían frente a ellos no a una, sino a cuatro amenazas potencialmente letales para la megaciudad.

Con la incorporación de Anderson a la trama, todas las piezas se encontraban dispuestas sobre el tablero. A continuación, los Jueces Oscuros comenzaban a impartir justicia de manera masiva e indiscriminada a los 70.000 residentes del Bloque Billy Carter, al que previamente habían aislado con un escudo de energía para que nadie pudiera entrar ni salir de él. Un ejército de Jueces acordonaba el bloque, pero les resultaba igualmente imposible penetrar en él.

Canalizando la energía psíquica del escudo, Anderson lograba sin embargo traspasar la invisible barrera y lo hacía llevándose consigo a Dredd. Su objetivo era neutralizar el dispositivo que generaba la barrera y facilitar la entrada a los Jueces que rodeaban el bloque. Dredd y Anderson conseguían finalmente destruir ese escudo, irrumpiendo entonces los Jueces en el bloque con una ingente cantidad de vehículos H y armamento pesado.
Ante la avalancha de fuego que se abatía sobre ellos, los cuatro Jueces Oscuros se veían obligados a retroceder, decidiendo replegarse a su dimensión a fin de poder regresar más tarde. Conscientes de que los cuatro espectros podían volver cuando les pareciera oportuno, Dredd y Anderson tomaban la decisión de neutralizarlos siguiéndoles hasta su dimensión mediante uno de los dispositivos de salto interdimensional que los Jueces Oscuros habían dejado atrás.
 
En Deadworld se desarrollaba el episodio final de la saga, centrado en el enfrentamiento definitivo entre los dos Jueces más letales de Mega-City Uno y los cuatro Jueces Oscuros, siendo Anderson la que finalmente conseguía acabar con ellos utilizando los restos psíquicos de los habitantes de esa dimensión que habían resultado ajusticiados a sus manos.
Aunque el tema parecía definitivamente resuelto con semejante conclusión, nada más lejos de la realidad. No se puede matar a lo que ya está muerto, como la propia Cassandra Anderson descubriría cuatro años más tarde en la estupenda 4 Jueces Oscuros (Progs. 416-427). Además, quedaban todavía muchas cuestiones pendientes sobre los Jueces Oscuros (quiénes eran, cómo se habían formado, quiénes los habían creado, o cómo habían descubierto la dimensión de MC-1) que se iban a resolver en años posteriores mediante sagas como la espectacular Necrópolis (Progs. 674-699), Young Death (Megs. 1.01-1.12) o Dead Reckoning (Progs. 1000-1006).

El Juez Muerte Vive fue la última saga del Juez Dredd que Bolland llevó a cabo de manera íntegra sin contar con la intervención de otros dibujantes. Sus cinco episodios cimentaron la posición de los Jueces Oscuros como los enemigos más emblemáticos de Dredd (y lógicamente también de Anderson), aparte de conseguir establecer a la pareja Dredd-Anderson como un clásico del 2000AD que con el paso del tiempo acabaría desembocando en el propio spin-off de Anderson en solitario.
La repercusión obtenida por la saga fue de tal entidad que unos pocos años después, al reeditarse el material original de Judge Dredd en formato americano y a color a través del sello Eagle Comics, Nick Landau prescindiría de cualquier consideración de orden cronológico y decidiría utilizar Judge Death (#1 USA) y Judge Death Lives (#3 USA) para iniciar la publicación del personaje en los Estados Unidos. El color, expresamente creado para aquella edición, fue obra del dibujante inglés John Burns, un clásico del tebeo británico al que aquí conocemos por su trabajo en la Reina Bruja de Anubis y el Maleficio de las Islas del Viento para la serie del Capitán Trueno.

Esta edición de Eagle fue la clásica que llegó por primera vez a España, siendo necesario mencionar, como muchos ya sabéis, que al comenzarse aquí la publicación por el tercer número americano y saltarse Zinco los dos primeros números de la serie (seguramente porque muchas de sus páginas, incluidas las correspondientes a Judge Death, ya habían sido publicadas por Norma un par de años antes en la revista Kirk), Judge Death permanecería en el olvido hasta que en el año 2004 fuese Dolmen quien acabase publicando íntegramente y por primera vez la totalidad de la saga en castellano.
 
No obstante, si alguien pensaba que tras la conclusión de la saga de los Jueces Oscuros se avecinaba un periodo de tranquilidad para la megaciudad, lo cierto es que estaba completamente equivocado. Uno de esos subargumentos a los que hasta entonces no se había dado demasiada importancia se hallaba a punto de entrar en zona de ebullición. La locura estaba a punto de desatarse, y a su estela venían los misiles nucleares de Mega-Este 1, con Carlos Ezquerra regresando a su creación y comenzando a afilar sus lápices.

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