viernes, 25 de septiembre de 2015

La Hora del Lobo. Revolución

Desde un punto de vista puramente editorial, sería en el año 1987 cuando el 2000AD comenzase a sufrir toda una serie de cambios como consecuencia de la compra de IPC Magazines por parte del magnate de la prensa Robert Maxwell durante el mes de Julio de ese año, lo que conllevaría el cambio de editor y la llegada del dinero de Fleetway Publications a la revista. En su libro Thrill-Power Overload, David Bishop fija en 6,8 millones de libras la suma que Maxwell pagó a IPC por adquirir su división de comics y los derechos sobre sus personajes.
 
Los cambios que tuvieron lugar no se produjeron de la noche a la mañana, sino de una manera bastante paulatina. Lo primero que se hizo fue estilizar el formato, ganando unos milímetros en altura y haciéndolo menoscuadradoy más alargado, de manera bastante similar al formato que era habitual en el álbum francoeuropeo. Otra innovación sería la progresiva mejoría del papel, con el lógico y consiguiente aumento de precio. Finalmente, como consecuencia de todo ese proceso de transformación editorial, sería el color el que acabaría llegando al año siguiente, al menos a la sección protagonizada por el Juez Dredd, requisito que resultaba cada vez más necesario a fin de poder competir con los superhéroes americanos.
 
Retrocediendo unos meses atrás, la verdad es que el año 1987 había comenzado de una manera bastante aproximada a la que había visto finalizar el año anterior: historias cortas de uno o dos episodios de duración, llenas de sátira y de aplicación de la Ley. Es posible que John Wagner y Alan Grant empezasen a ir en piloto automático en este periodo previo a su separación, pero también es verdad que aún les quedaban en la manga una serie de historias que se acabarían convirtiendo en auténticos clasicazos a través de sus posteriores reediciones.
 
Una de ellas fue el Taxidermista (Progs. 507 a 510), cuatro sorprendentes e hilarantes episodios dibujados por Cam Kennedy que presentaban a Jacob Sardini, un verdadero apasionado de su trabajo: la taxidermia humana, reconocido arte para el que se exigía un elevado nivel de preparación y que había llegado a ser considerado deporte megaolímpico durante varias décadas; de hecho, el anciano Sardini había llegado incluso a ganar la medalla de bronce durante las MegaOlimpiadas del 2082.
Con este planteamiento previo, la historia suponía una nueva visión de aquella escena de El Padrino en la que Don Vito le encargaba al funerario Bonasera que procediera a embalsamar el acribillado a balazos cadáver de Santino, salvo que en esta ocasión lo que Sardini recibía era el encargo de llevar a cabo su trabajo sobre el hijo del gángster Don Giovanni Lambretta y los hombres que le habían matado, disponiéndolos a todos en una heroica escena a modo de pose final. Es decir, como en el Museo de Cera pero con gente disecada, otra locura del Siglo XXII elevada a la categoría de arte olímpico. El problema radicaba en que alterar el escenario de un crimen es ilegal en Mega-City Uno, sobre todo cuando desaparecen cadáveres, lo que producía la entrada de Dredd en el asunto.
 
Otra de las historias destacables de aquel año 1987 sería La Hora del Lobo, la saga veraniega de Cassandra Anderson que apareció publicada durante los meses de Mayo a Julio de ese año a lo largo de los doce episodios que aparecieron en los Progs. 520 a 531, conformando un total de 62 páginas.
Dibujada por Barry Kitson (1-10) y Will Simpson (11-12), lo primero que habría que mencionar es lo curioso que resultaba observar como al igual que había ocurrido con Judge Death Lives y su posterior secuela Cuatro Jueces Oscuros, la continuación más directa de la otra gran saga escrita a principios de los ochenta por John Wagner y Alan Grant, esto es, la Guerra del Apocalipsis, volviese a estar de nuevo protagonizada por la Juez Anderson.
Otra curiosidad era la manera en que encajaba el título de la historia con lo que sucedía a lo largo de la misma. Obviamente, hacía referencia al lobo que aparecía en los sueños de Anderson, pero al mismo tiempo también parecía desprenderse un cierto paralelismo con determinadas supersticiones del folklore anglosajón, toda vez que la Hora del Lobo es la hora situada entre la noche y el amanecer en la que según los mitos populares anglosajones y centroeuropeos, el lobo acecha a las puertas de las casas donde vive la gente. Popularizada por la película del mismo título de Ingmar Bergman, se supone también que es la hora en que muere la mayoría de la gente, cuando el sueño es más profundo, las pesadillas más reales y cuando los fantasmas tienen más poder. Algo de todo esto tenía su reflejo en la historia, no sólo porque la muerte rondaba la vida de Anderson durante aquella hora de la madrugada, sino también por las pesadillas que le advertían del peligro que corría la megaciudad.
 
La historia comenzaba cuando Anderson captaba un flash psíquico de un gigantesco lobo cerniéndose sobre la ciudad mientras patrullaba las Puertas del Muro Oeste de Mega-City Uno. La impresión psíquica era también captada por una ciudadana que respondía al nombre de Glenny Mexworth, sólo que esa no resultaba ser su verdadera identidad, como se descubría inmediatamente después cuando hundía el cráneo de su marido de un puñetazo en pleno rostro.
Como en los buenos clásicos del género de espías, del que la historia tomaba muchos elementos recurrentes ambientados en los años de la Guerra Fría, Glenny se revelaba como una agente durmiente que llevaba cuatro años infiltrada en Mega-City Uno. Más tarde se descubriría que se trataba además de una Juez Psíquica de la antigua Mega-Este Uno, como también lo resultaban ser los ciudadanos Josh y Ena Thurber, con quienes Mexworth contactaba inmediatamente después de matar a su marido. Siguiendo un plan establecido, los Thurber recogían el armamento que tenían oculto en su apartamento y tendían una emboscada a Anderson mientras regresaba de su patrulla.
Provocando una explosión, Anderson lograba salir con vida del atentado y obligaba a huir a los Thurber, cuyos verdaderos nombres resultaban ser Josef e Irina y ni mucho menos estaban casados, si bien la telépata acababa hospitalizada y sin conocimiento en la Unidad Médica durante los cinco episodios siguientes. A causa de lo sucedido, el Juez Jefe Silver ponía en situación de alerta al Departamento de Justicia intentando averiguar quién había tratado de eliminar a su mejor Juez Psíquica.
 
Con Anderson fuera de combate, los acontecimientos comenzaban a producirse a través de los personajes que se iban incorporando a la trama. La falsa Glenny Mexworth, en realidad la Juez Psíquica Natasha Gulag, accedía y dominaba psíquicamente a uno de los Jueces a cargo del Iso-Bloque 41 con el evidente propósito de montar la fuga de uno de sus presos. Al mismo tiempo, los durmientes Josef e Irina llevaban a cabo otro nuevo ataque contra Anderson, al haberse determinado por los pre-cogs soviets la necesidad de su eliminación como condición necesaria para el éxito de la misión.
 
Su segundo intento tenía lugar en plena madrugada, durante la Hora del Lobo, mientras la telépata se encontraba inconsciente en la Unidad Médica. Tras darse la voz de alarma, varias patrullas al mando de la Juez Hershey iniciaban una persecución de los dos durmientes por las calles de MegaCity que concluía con su muerte. A pesar de todo, la falsa Glenny Mexworth cumplía su parte de la misión y conseguía liberar al misterioso preso del Iso-Bloque 41, que resultaba ser el más reconocido y peligroso de los antiguos Jueces Soviets, Orlok el Asesino, el responsable de desatar la Blockmania sobre Mega-City Uno.
 
Anderson recobraba de manera súbita la consciencia al conectar el lobo de sus pesadillas con la figura de Orlok, dándose cuenta de lo que estaba sucediendo. Ante la complicada situación que ahora se les planteaba, las contrapartidas soviets de Dredd y Anderson tomaban la decisión de separarse ante el implacable acoso que sufrían por parte de todos los Jueces de Mega-City Uno. La telépata de los soviets atraía sobre ella la atención de los Jueces y resultaba capturada con vida por la propia Juez Anderson, mientras Orlok conseguía abandonar la megaciudad y se desvanecía sin dejar rastro alguno.
 
Extraída toda la información de la que Gulag disponía, la telépata de la Psi División era quien advertía a Silver de la amenaza que suponía retener con vida a la peligrosa Juez Psi de los soviets, siendo Silver quien dictaba su sentencia de muerte. La historia concluía en algún lugar desconocido del mapa, donde Orlok juraba ante una multitud de seguidores su propósito de hacer pagar a Mega-City Uno por la destrucción de sus hogares durante la Guerra del Apocalipsis.
 
La historia, que a la postre serviría para consagrar a Orlok como una de las presencias más importantes en la vida de Anderson durante los años siguientes, concluía de un modo totalmente abierto con un enigmático “El Fin... Por Ahora”. Sin embargo, cualesquiera ideas que tuvieran Wagner y Grant para continuar aquella anunciada trama sobre la venganza de los soviets, se verían truncadas por la separación de ambos escritores al año siguiente. Alan Grant, que sería quien se hiciese cargo de la Juez Anderson, la recobraría indirectamente en Triada, pero sólo para hacerla desaparecer paulatinamente y centrarse más en el enfrentamiento personal entre Orlok y Anderson, siendo John Wagner el que de alguna manera retomase más directamente aquella trama doce años después, en el 2121, en la macrosaga Doomsday for Dredd (Progs. 1141 a 1164).
 

En el mismo número en que terminaba la Hora del Lobo, comenzaba su réplica veraniega por parte de Judge Dredd a través de Revolución (Progs. 531-533), tres episodios publicados desde mediados de Julio a principios de Agosto, y que con un total de 24 páginas suponían la continuación de los hechos narrados en Carta de un Demócrata (Prog. 460), habiendo sido escrita por Wagner y  Grant con el propio John Higgins en mente a fin de que la dibujase con el mismo contundente resultado que la historia que lo había iniciado todo y de la que Revolución constituía su secuela.
 
De manera consciente o inconsciente, su argumento suponía de alguna manera un cierto reflejo de la situación política que vivía Gran Bretaña durante aquellos años, en pleno mandato de Margaret Thatcher, quien en ese año 1987 se presentaba además a la reelección. Aquella época estuvo marcada por una fuerte tensión social reflejada en los conflictos que tenían lugar en las calles con los sindicatos mineros, protagonistas de importantes huelgas y violentas manifestaciones durante aquellos años. Thatcher se refería a ellos como “el enemigo interno”, mientras que éstos acusaban a la Primer Ministro de introducir policías en las manifestaciones para reventarlas desde dentro y originar los violentos enfrentamientos en las calles de los que todos llegábamos a ser testigos a través de los telediarios de la época.
Ambientada a mediados del año 2109, Revolución comenzaba mostrando cómo el sacrificio de Hester Hyman había inspirado a millones de ciudadanos para solicitar el regreso de la Democracia a Mega-City Uno, reclamando el final del Sistema Judicial y el regreso del poder a las manos del Pueblo. Los ciudadanos Blondel Dupre, Morton Phillips, Rosie Bethann y Kenzal Davitcek eran quienes aparecían como líderes de un movimiento que recibía además el apoyo de Gort Hyman, el marido de la difunta Hester, durante una televisada asamblea que era presenciada por millones de espectadores. En ella, Dupre convocaba a los ciudadanos de MegaCity a una Marcha masiva hasta el Palacio de Justicia con el fin de exigir pacíficamente a los Jueces la devolución del poder a sus legítimos propietarios.
Ante la inminente y multitudinaria manifestación de los demócratas que iba a tener lugar, Silver declaraba a los medios de comunicación que los Jueces no eran tiranos que negasen a los ciudadanos su derecho a una reivindicación pacífica, por lo que se les permitiría manifestarse mientras actuasen dentro de la ley.
Sin embargo, tan pronto como se quedaba a solas, Silver mandaba llamar a Dredd y le ordenaba reventar la marcha utilizando para ello cualquier medio que estuviera a su alcance, aun cuando estuviera por encima de la ley. Silver invocaba para ello el Acta de Seguridad de Mega-City Uno, que permitía a los Jueces actuar al margen de la ley cuando lo que estuviera en juego fuera la propia seguridad de la megaciudad. En definitiva, lo que Silver declaraba y Dredd ejecutaba, era un Estado de Excepción contra los demócratas.
 
De acuerdo con las órdenes recibidas, Dredd reunía su propio grupo de operaciones, del que también formaba parte la Juez Hershey, y adoptaba las medidas necesarias para que la Marcha Democrática resultase en un fracaso total.
Aprovechando los cuatro divorcios de la ciudadana Bethann, sus apellidos se modificaban con el fin de imputarla cuatro delitos de bigamia que conllevaban su arresto inmediato, procurando que todos los medios informasen detalladamente de qué tipo de persona se hallaba al frente de la reclamación de sus libertades civiles. Del mismo modo, aprovechando una fotografía tomada durante una fiesta de disfraces, se filtraba la mediática noticia de que Morton Phillips era un antiguo colaborador de los Soviets, lo que provocaba que multitud de ciudadanos se congregasen ante su domicilio intentando lincharle. El anciano Davitcek recibía por su parte la visita de los Jueces en plena madrugada, acusándole de una chorrada que les permitía tenerle toda la noche en pie realizando fatigosos ejercicios físicos. Aun cuando Davitcek era liberado antes del inicio de la manifestación, el agotamiento le obligaba a abandonarla nada más comenzar.
 
Por último, aunque nadie era capaz de encontrar cargos contra Gort Hyman, era el propio Dredd quien le comunicaba que sus hijos iban a recibir el honor de ingresar en la Academia de la Ley dado el servicio proporcionado por su padre a la causa de la libertad. Ante un chantaje tan manifiesto, Hyman se veía obligado a retirar su apoyo a la manifestación y tampoco acudía a la convocatoria. Finalmente, con la ciudadana Dupre como única líder al frente de su causa, la Marcha Democrática resultaba reventada desde dentro al haber infiltrado los Jueces a varios miembros del Escuadrón de Wally entre los manifestantes, provocando violentos enfrentamientos con los Jueces que les proporcionaban a éstos la excusa necesaria para intervenir y disolver la manifestación de manera expeditiva y contundente.
La historia concluía con Silver proclamando ante los medios de comunicación que la democracia era un ideal del que había que proteger a los ciudadanos en aras de la propia seguridad de la ciudad, mientras Dredd y la arrestada Dupre se acusaban mutuamente de lo que había ocurrido y discrepaban frontalmente acerca de lo que era mejor para el pueblo.
Alan Grant, que pensaba que cualquier intento de suavizar a Dredd era perjudicial para el personaje, fue el principal responsable del guion final de Revolución. John Wagner, por el contrario, estaba cada vez menos convencido de la idea de retratar a Dredd como un fascista del futuro.
Las divergencias entre ambos escritores empezaban a estar cada vez más definidas, y de hecho, unos años más tarde, en el prólogo a la edición integral de Oz, Alan Grant no tendría reparos a la hora de reconocer que era Wagner quien quería traer un mayor sentimiento de realismo a la historia y mostrar que Dredd aún tenía un lado humano, mientras que la presencia del propio Grant era la responsable de que la serie tendiera cada vez más a buscar una parodia de la realidad, favoreciendo un Dredd más siniestro y totalitariamente absurdo como el que había mostrado su peor cara en Revolución. De haberse continuado por ese camino, el personaje posiblemente se hubiera acabado encontrando ante un callejón sin salida de difícil justificación.
Sea como fuere, y ya con Wagner a las riendas de la serie, la trama de la Democracia regresaría a principios de 1990 en Una Carta para el Juez Dredd, donde los lectores podrían apreciar los sentimientos de culpa que rondaban por la cabeza de Joe Dredd tras su papel en los acontecimientos que habían tenido lugar durante esta historia.
Apenas hubo terminado Revolución, el episodio inmediatamente siguiente sería el que presentase a un villano destinado a convertirse en la gran némesis de Dredd en nuestros días, un pequeño cabrón disléxico de doce años que respondía al nombre de Philip Janet Maybe. Lo de Janet venía porque su madre hubiera preferido tener una niña.
Bug (Prog. 534), que podría traducirse algo así como Bicho, Insecto (o Sabandija, si el título iba por el propio P.J. Maybe) era una historia de ocho páginas a cargo de Liam Sharp que presentaba a otro de esos individuos peculiares que pululaban por Mega-City Uno, como bien podían ser Otto Sump, el propio Marlon Shakespeare, o el recientemente aparecido Jacob Sardini, que luego acababan convirtiéndose en un tema recurrente dentro de la serie. La peculiaridad en este caso consistía en que el pequeño P.J. Maybe, con tan solo doce años de edad, era un asesino en serie verdaderamente excepcional.
 
La historia trataba sobre el misterioso asesinato de una pareja en el bloque Karen Berger. Los Jueces llevaban a cabo una investigación que no conducía a ninguna parte salvo a averiguar que se había utilizado un pequeño robot para cometer el crimen. Sólo los lectores descubrían que su autor era un Juve de 12 años, un vecinito de los fallecidos al que su madre llamaba P.J. mientras le regañaba por botar la pelota dentro de la casa. Tal y como se prometía al final del episodio, el pequeño psicópata regresaría al año siguiente con motivo de sus vacaciones de verano, siendo entonces cuando se proporcionasen nuevos datos sobre sus ambiciones y su personalidad.
 
Sin embargo, antes de que P.J. Maybe regresase a la serie, Dredd se vería envuelto en la primera macrosaga tras dos años y medio sin haber aparecido ninguna en la revista. El inicio del otoño sería el que viese el comienzo de la publicación de Oz, una macrosaga de 26 episodios de duración que traería consigo el SuperSurf 10, el regreso de Chopper, la aparición de los Judda y el origen clónico del Juez Dredd. Todo ello, en lo que sería la última historia juntos de John Wagner y Alan Grant.
Por muchas y diferentes razones, uno de los clásicos más clásicos en la historia de Judge Dredd.

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