sábado, 12 de septiembre de 2015

Carta de un Demócrata y otras historias

Como ya se comentó en otra entrada anterior, si hubiera que destacar algo que caracterizase a Judge Dredd durante el inicio de la segunda mitad de la década de los 80, ese algo destacable sería la acentuación del carácter episódico de la serie: historias cortas, en su mayoría de uno o dos episodios de duración, a veces tres episodios, fueron lo predominante en aquel periodo previo a la separación de John Wagner y Alan Grant.
 
Esto no quiere decir sin embargo que durante este periodo hubiese malas historias o que su interés fuera menor. Muy al contrario, independientemente de su interés, Wagner y Grant aprovecharon el tirón para cohesionar y seguir expandiendo el Universo de los Jueces. Así, por ejemplo, en los episodios inmediatamente posteriores a la Guerra del Apocalipsis se había presentado a unos personajes que con el paso del tiempo se convertirían en auténticos clásicos de la serie: los Fatties, es decir, los Gordinflas.
 
Su presentación había tenido lugar en los Progs. 273 y 274, cuando liderados por Dick Porker, los gordos más gordos de MegaCity se habían rebelado contra las restricciones y los racionamientos de comida impuestos por los Jueces tras la Guerra del Apocalipsis que les impedían competir en los Campeonatos de Comida que constituían otro de los deportes extremos más seguidos y exitosos de Mega-City Uno, llegando a asaltar los convoyes de alimentos que llegaban a la megaciudad procedentes de Texas City para poder seguir comiendo y manteniendo su peso.
 
Ante la respuesta positiva obtenida por parte de los lectores, Wagner y Grant decidieron ir todavía un paso más allá. De este modo, su segunda aparición había tenido lugar en Réquiem por un Peso Pesado (Progs. 331-334), otra historia muy destacable, dibujada en esta ocasión por Ezquerra, que informaba de la existencia de diversos campeonatos clandestinos (e ilegales) de comida, en los que la ingesta de comida (en cantidades extremas) entre sus participantes circulaba al mismo nivel que lo hacían el asombro y las apuestas entre los espectadores de la disputada competición. Todos ellos habían resultado ser magníficos episodios llenos de sátira y no exentos de una cierta mirada de verdad, como suele ocurrir en las mejores historias de Judge Dredd.

En este entorno de sátira y obesidad extrema, sería en el que tuviese lugar la tercera aparición de los Fatties, Magnífica Obsesión (Progs. 440 y 441), que narraba la historia de TonyDos ToneladasTubbs y su sufridora familia, si bien como se advertía a los lectores al principio de la narración, aquella no era una historia de crimen y castigo, sino la historia de un hombre con un sueño y la fuerza de voluntad para hacerlo realidad.
Dibujada por Cam Kennedy (que confiesa haber contenido a duras penas las carcajadas la primera vez que se leyó el guion), la historia aparecía encuadrada en el fin de las restricciones y racionamientos de comida decretados por McGruder a consecuencia de la Guerra del Apocalipsis, lo que abría de nuevo la puerta a la legalización de los Campeonatos de Comida para satisfacción tanto de sus seguidores como de los participantes, siendo en este caso la celebración del Campeonato Mundial del año 2107 el que permitía por fin a TonyDos ToneladasTubbs alcanzar la gloria del triunfo y los consiguientes sponsors, anuncios, apariciones televisivas, libros, juguetes, camisetas, etc, por los que tanto habían luchado él y su familia durante la peor época de su vida.

Otro de los círculos que Wagner y Grant cerraron durante esta época fue el de la política local de Mega-City Uno, en este caso el referido a la figura de su Alcalde, Dave el Orangután.
Y es que en el siglo XXII, el que los Jueces detentasen la totalidad del poder legislativo, ejecutivo y judicial a través del propio Departamento de Justicia, no significaba que los ciudadanos no tuvieran a su vez su (mínima) cuota de participación a través de la figura de su Alcalde, al que éstos elegían en la única manifestación electoral permitida hasta entonces por el Código de Justicia de Mega-City Uno. Contra todo pronóstico (o tal vez no), las elecciones para la Alcaldía del año 2106 no habían sido ganadas por un humano, sino por un simio, Dave el Orangután, puesto que los ciudadanos de Mega-City habían optado por votar a un mono como alcalde antes que a cualquiera del resto de candidatos, tal y como se había visto en Retrato de un Político (Progs. 366-368).
 
Pues bien, con dibujos de Steve Dillon, Muerte de un Político (Prog. 443) narraba el fin del mandato de Dave el Orangután, en este caso tristemente asesinado por uno de sus conciudadanos a causa de una inexistente póliza de seguros, tal y como se acababa descubriendo al término de la historia.
El asesinato de Dave al año siguiente de haber sido elegido, conllevaría dos circunstancias importantes para la megaciudad: la primera que Dave había sido de largo el mejor Alcalde que nunca antes había tenido MegaCity (al menos hasta la llegada a la alcaldía del asesino en serie P.J. Maybe en el 2129) y el más añorado con diferencia por todos sus conciudadanos. Y la segunda, que tras el asesinato de Dave, ninguna nueva elección a Alcalde tendría lugar en la megaciudad durante los diez años siguientes de la serie, es decir, hasta la restauración del cargo en el año 2117 por el Juez Jefe Hadrian Volt, como parte de su programa de reformas para dar más poder a los ciudadanos en el ámbito civil.

A juzgar por su número de reediciones, otra de las historias más destacables de esta época fue A Merry Tale of the Christmas Angel, que podría traducirse como Un Cuento del Angel de la Navidad, una historia especial de 14 páginas de extensión que nuevamente corría a cargo de Steve Dillon y que apareció a finales de Diciembre de 1985 dentro del Prog. 450 con motivo precisamente de las Navidades de aquel año.
Ambientada durante el día de Navidad del año 2107, tal y como su propio título indicaba el coprotagonismo de la historia recaía nuevamente en Angel Malamáquina, integrado esta vez en un programa de lavado de cerebro con vistas a su reinserción social y que acababa como suelen acabar todas las historias de Malamáquina cuando el dial que llevaba insertado en la cabeza se le quedaba atascado en el 4.
La historia suponía diferentes escenarios que transcurrían al mismo tiempo hasta llegar a un lugar común, en este caso la representación teatral de un Belén que se estaba llevando a cabo en un teatro (Dramarena) de MegaCity. Además de Dredd y Malamáquina, otros participantes en el satírico melodrama eran el matrimonio Puddock, quienes impregnados del espíritu navideño acogían en su hogar al candidato a ser reinsertado Angel Malamáquina, el ciudadano Ed Flymo, residente del bloque Chuck Dickens que se disponía a detonar una bomba de cinco kilos de explosivo plástico durante la representación teatral para mostrar al mundo su falta de alegría por las fechas navideñas, y los propios actores y público de la representación, animales incluidos.
Una de las pocas excepciones a la tónica general de historias cortas durante este periodo sería precisamente la saga con la que comenzase el año 1986, The Warlord (Progs. 451-455), una saga de cinco episodios dibujada de nuevo por Cam Kennedy y publicada durante los meses de Enero y Febrero de aquel año, que constaba además de un epílogo titulado A Chief Judge Resigns a cargo de Cliff Robinson (Prog. 457). Incluyendo ese epílogo, la historia alcanzaba las 41 páginas e iba a suponer la pérdida de los dos personajes que habían llevado las riendas del Consejo y del Departamento de Justicia desde la conclusión de la Guerra del Apocalipsis, la Juez Jefe McGruder y el líder de la Psi División, el Juez Omar.
 
La historia comenzaba con el derrumbamiento del nuevo Euthanasium de Mega-City Uno sobre la multitud que asistía a su inauguración. El responsable de todo se identificaba a sí mismo como Shojan, Señor de la Guerra de las Tierras Radioactivas de Ji (el equivalente oriental de la Tierra Maldita), un mutante procedente de Hondo-City (Nip-Cit en el argot de MegaCity) dotado de un poder psiónico que lo convertía en una amenaza de primer nivel. McGruder asignaba el caso a Dredd, quien localizaba a Shojan y comprobaba personalmente el peligro que representaba. Aunque Dredd era partidario de eliminarlo de la manera más rápida y expeditiva posible, McGruder optaba por averiguar antes qué se proponía y decidía someterlo a vigilancia.

Tras averiguar que Shojan proyectaba practicar un ritual de magia negra y convocar a siete entidades místicas de las que hablaba una antigua leyenda oriental para que desatasen el caos sobre la megaciudad, McGruder daba por fin la orden de acabar con su vida. Pero ya era demasiado tarde. Antes de que Dredd pudiera efectuar el disparo previsto, Shojan se desvanecía y reaparecía en las ruinas del bloque Cyril Lord, llevando a cabo el ritual y desatando a continuación un ataque en toda regla sobre la ciudad que los Jueces se veían incapaces de detener a pesar del armamento de guerra que llegaban a utilizar.
 

Sin alternativas para detener a los siete avatares del caos convocados por Shojan, Dredd sugería que un psíquico de la Psi Division utilizase el Amplificador Psíquico confiscado a Leroy Tamerlain (Prog. 363) con el fin de aumentar su propia capacidad psíquica y devolver a los avatares mágicos a su propio plano de existencia. El plan de Dredd tenía éxito, pero le costaba la vida al Juez Omar, que era quien se había presentado voluntario para usar la tecnología suicida a sabiendas de que su cuerpo quedaría reducido a cenizas.
Aparte de la pérdida del mejor psíquico del Departamento de Justicia y uno de sus hombres de confianza, más de cien Jueces y un número tres veces mayor de ciudadanos habían perdido la vida a causa de la equivocada decisión de McGruder de no acabar con Shojan en un primer momento. Consciente de la gravedad de su error, McGruder tomaba la decisión de dimitir como Juez Jefe de Mega-City Uno. Salvo el Juez Shenker, el sustituto de Omar al frente de la Psi Division, el resto de miembros del Consejo trataban de disuadir a McGruder de que presentase la dimisión, lo que provocaba que la rígida e inflexible Juez Jefe les pusiese firmes y les obligase también a dimitir a todos ellos excepto a Shenker.
El resultado de la dimisión de McGruder y de la disolución del Consejo era la formación de un nuevo Consejo en el que iban a destacar dos importantes novedades. La primera era la inclusión de la Juez Hershey entre sus miembros, lo que iniciaba una carrera política que culminaría 14 años después en lo más alto del Departamento de Justicia. La segunda novedad era que el Juez Thomas Silver, hasta entonces director de la Academia, resultaba nombrado como nuevo Juez Jefe de Mega-City Uno. Aunque Silver era el primer Juez de raza negra en jurar el cargo, cualquier impresión de liberalidad que pudiera desprenderse de semejante circunstancia iba a resultar pura coincidencia; de hecho, el futuro se encargaría de revelar a Silver como el Juez Jefe más facha de la historia de la megaciudad.

 
Como colofón a la historia, el primer mandato de McGruder concluía con una marcial y solemne ceremonia en la que la propia McGruder era despedida con honores a las puertas de la ciudad tras haber tomado la decisión de emprender la Larga Marcha a la Tierra Maldita, un último destino al servicio de la ciudad consistente en patrullar la Tierra Maldita durante el resto de sus días llevando la ley a aquellos que no tenían ley (Prog. 147). A pesar de lo que entonces pudiera parecer, no iba a ser ésta la última aparición de la Juez Hilda M. McGruder. Su regreso tendría lugar en el año 2112 y resultaría tan sonado como el del personaje que la acompañaría en el mismo.
Coincidiendo en el tiempo con la publicación de la tercera parte de la Balada de Halo Jones, la última obra de Alan Moore para el 2000AD, la que seguramente ha sido una de las historias más relevantes para el posterior desarrollo del Juez Dredd como personaje, apareció en un único y solitario episodio de siete páginas, perfecto tanto en su ritmo como en su desarrollo, titulado Carta de un Demócrata (Prog 460) y que iba a suponer el pistoletazo de salida para introducir a la Democracia en Mega-City Uno.

Según Alan Grant, la manera de contar la historia (mediante la lectura de una carta que daba contenido a lo que estaba sucediendo y a su posterior desenlace) procedía de un guión originalmente titulado Carta de un Nudista de la Isla Baffin; sin embargo, los necesarios dibujos de desnudos que exigía llevar a la práctica tal guión, hacían poco viable que obtuviese la necesaria aprobación editorial.
En este punto es John Wagner quien cuenta como en ocasiones recibían cartas de chavales que parecían estar bastante de acuerdo con la postura de mano dura (en castellano lo diríamos de otra forma) que exhibían los Jueces, así que decidieron darle a la historia un matiz político que al mismo tiempo les sirviese para dejar claro que no eran partidarios de las ideas que sostenían el universo de ficción que ellos contaban. Con esa idea en mente, decidieron introducir en MegaCity un movimiento democrático enfrentado a los Jueces y mostrar al sistema judicial desde el punto de vista de aquellos ciudadanos que lo rechazaban. El encargado de dibujarla fue John Higgins, un estupendo dibujante al que inevitablemente siempre se le acaba asociando más con su trabajo de colorista en la Broma Asesina y Watchmen.
Ambientada a principios del año 2108, la historia giraba en torno a una carta dirigida a su marido y a sus hijos por Hester Hyman, una ciudadana incapaz de despertar cualquier tipo de sospecha y que había muerto como participante activa en un atentado terrorista. En ella, Hester le contaba a su marido Gort cómo había llegado a esa situación, al tiempo que la acción se situaba en el momento en que Hester y otros tres ciudadanos irrumpían armados en unos estudios de televisión, interrumpiendo la emisión y leyendo en directo un manifiesto que proclamaba la necesidad de devolver el poder al pueblo y restaurar la democracia en Mega-City Uno.

Como en cualquier otra situación con rehenes, los Jueces decidían intervenir de manera expeditiva y directa, que era precisamente lo que buscaban los demócratas. Conscientes de que unos mártires servirían mejor a su causa que unos asesinos, los cuatro demócratas se suicidaban al atacar a los Jueces cuando éstos irrumpían en escena. Tras encontrar la carta que constituía el hilo narrativo de la historia en el cadáver de Hester Hyman, Dredd se la entregaba a su familia.
 
La historia finalizaba con Dredd advirtiéndole a Gort Hyman para que se mantuviese alejado de problemas. Su diálogo final no dejaba dudas sobre cómo funcionaban las cosas en MegaCity: “Que esto sea una lección para ti, ciudadano. La democracia no es para el pueblo”. Semejante final, con todos los miembros de la familia Hyman a continuación, vistos en planos diferentes, resultaba demoledor.
Argumentalmente, aquellas siete páginas suponían además un fuerte contraste con todas las historias que se habían contado hasta entonces. Y es que si el universo de los Jueces funcionaba a ojos de los lectores, era porque estaba contado desde la perspectiva de los Jueces, describiéndote una sociedad en la que todo se había ido a la mierda y había terminado fuera de control. Y sin embargo, en esta ocasión, lo que acababan de mostrar Wagner y Grant era la otra cara de la moneda, la cara de los ciudadanos, una cara mucho más cruda y poco agradable.
Como podéis suponer, aunque sus consecuencias no fueran inmediatas, Carta de un Demócrata iba a ser el principio de muchos acontecimientos para Dredd y para la serie. Bajo el gobierno del nuevo Juez Jefe Thomas Silver, la primera de esas consecuencias llegaría apenas un año más tarde en Revolución (Progs. 531-533), otra saga corta, esta vez de tres episodios, que iba a resultar todavía más polémica para los Jueces.

Antes, claro está, sucederían otras cosas en la serie. Por ejemplo, siguiendo la idea de seguir dando forma al mundo en el que se desenvolvían los Jueces, The Falucci Tape (Progs. 461 a 463), volvía a una cuestión que ya había aparecido anteriormente en la serie (Prog. 137) y que incluso una década más tarde habría de ser el epicentro sobre el que girarían importantes tramas argumentales: los Jueces no podían mantener relaciones sentimentales, hallándose castigada la infracción de esta norma de una manera expeditiva y radical mediante la expulsión del cuerpo y del Departamento de Justicia.
 
Igualmente, la decisión editorial de que la Juez Anderson tuviese al menos una saga anual y la buena acogida que el emplazamiento veraniego de Cuatro Jueces Oscuros había recibido el año anterior, fue el motivo de que la telépata de la Psi División volviese a recibir la saga veraniega del año 1986, algo que también volvería a repetirse al año siguiente. De la mano de nuevo de John Wagner y Alan Grant y dibujada esta vez en su totalidad por Brett Ewins, El Poseído (Progs. 468-478) apareció a lo largo de once episodios que se publicaron durante los meses de Mayo a Julio de 1986, comprendiendo un total de 57 páginas.

En cuanto a la historia, con una evidente influencia de género procedente de la famosa película de William Friedkin, el Poseído comenzaba con Anderson recogiendo un aviso para el Juez Walters sobre una posesión demoníaca que estaba teniendo lugar en el bloque Ed Poe. Anderson acudía en lugar de su compañero de la Psi Division y se encontraba con un fenómeno demoníaco en toda regla: un crío llamado Hammy Blish había sido poseído por una entidad infernal que provocaba toda clase de fenómenos poltergeist ante los ojos de sus aterrorizados padres. El registro de un apartamento vecino revelaba la implicación de una secta satánica cuyo propósito era traer a la Tierra a los seres infernales a los que rendían culto.
Tras alertar a la Psi Division de la gravedad del asunto, Anderson seguía al demonio hasta las ruinas de una antigua Iglesia en Sub-City, donde se encontraba con toda la orden satánica en pleno ritual abriendo un portal mágico hasta la dimensión infernal. Anderson no conseguía impedir que el demonio huyera con su presa hasta su dimensión, pero sí lograba cruzar el portal y seguirle a su mundo. Siguiendo el rastro de Anderson, el Juez Walters y un escuadrón de Jueces llegaban también hasta la abandonada iglesia de Sub-City, pero Anderson ya no estaba allí y el portal se había cerrado tras ella.
Mientras el Juez Walters arrestaba a todos los miembros de la secta y procedía a interrogarles, la acción se trasladaba otra vez a la dimensión infernal, donde Anderson perseguía sola y sin refuerzos al pequeño Blish y al demonio que lo había poseído. A pesar de su intento, los seres infernales conseguían retrasarla lo suficiente como para que el demonio entregase al pequeño a los encargados de realizar el sacrificio que abriría las puertas entre ambas dimensiones.

Anderson se veía obligada a matar al chaval para evitar que los demonios completasen el ritual, provocando que toda la horda infernal saliese en su persecución. La Juez Psíquica conseguía a duras penas regresar al portal interdimensional, haciéndolo justo en el momento en que Walters y los demás Jueces persuadían a los miembros de la secta para que lo volviesen a abrir, consiguiendo rescatar a Anderson en el último minuto y llevándosela con ellos de vuelta a Mega-City Uno. Al final de la historia, Anderson se culpaba de no haber podido salvar al chaval, mientras los cultistas eran trasladados a los cubos.

Coincidiendo con los episodios finales de la saga de Anderson, los Progs. 477 a 479 presentaron The Art of Kenny Who?, una parodia cargada de mala leche sobre el mundillo en el que se movían los dibujantes británicos de la época y en la que Cam Kennedy aportaba bastante más que sus dibujos a la historia.
Su protagonista, Kenny Who? era un dibujante de trashzines (comics) procedente de Cal-Hab (es decir, Escocia, lugar de nacimiento de Cam Kennedy, aunque con lo de “Kennedy” y “Kenny” tampoco me parece que hicieran falta muchas más aclaraciones) que al final resultaba arrestado por Dredd por atentar contra unos editores que programaban robots multicopistas para que imitasen su arte en cantidades industriales, evitándose así pagarle por su trabajo. El sobrenombre del desafortunado y justamente vengativo artista, venía por aquello de que nadie recordaba su nombre y al referirse a él siempre acababan preguntándole lo de Kenny... Who?, algo bastante similar a lo que le había sucedido a Cam Kennedy durante su primera visita a los Estados Unidos a las oficinas de DC Comics, anécdota de la que la historia tomaba algo más que el nombre.

Tras otra serie de historias tales como The Fists of Stan Lee (Prog. 484) en la que se presentaba al maestro de artes marciales Stan Lee y que no creo que precise de muchos comentarios para saber por dónde iban los tiros, o Atlantis (Progs. 485-488) en la que se introducía por primera vez a los Jueces británicos de Brit-Cit, finalmente, marcada por un irónico sentido del humor que rozaba la genialidad, otra de mis historias favoritas de esta época es Tomb of the Judges (Progs. 496 a 498) un thriller en el que Dredd y Anderson volvían a compartir el protagonismo de la historia.
Con un Ian Gibson verdaderamente sembrado a la hora de plasmar el dibujo de la historia, y de manera similar a Carta de un Demócrata pero utilizando en esta ocasión como hilo conductor de la narración la lectura del Diario del propio villano, las 21 páginas de Tomb of the Judges contaban la historia de Theodore Wen, un anciano creyente en un dios insecto llamado José (aunque tampoco estaba muy seguro de que su nombre no fuera en realidad Steve) que creó los mares, los cielos, las plantas, los animales y por último al hombre, al que no creo a su imagen y semejanza porque entonces todos tendríamos antenas y seis patas.

 
Planeando reunirse con su hacedor, Wen se montaba en su casa una faraónica tumba para la que precisaba enterrarse con tres Jueces vivos como guardianes de su sueño eterno, así que decidía secuestrarlos utilizando sus robots. Dredd y Anderson coincidían en la investigación y llegaban hasta Wen y su mausoleo, frustrando así el encuentro de Wen con José (o tal vez fuera Steve) y rescatando a los Jueces que habían sido enterrados en vida, aunque uno de ellos, la Juez Trace no salía demasiado bien parada de la experiencia religiosa vivida a manos del anciano creyente.
Con esto, el año 1986 llegaba a su final. Sería a partir de 1987 cuando empezarían a producirse importantes cambios en el 2000AD, empezando por el final de IPC Magazines y el comienzo de la andadura de Fleetway Editions, lo que conllevaría cambios en el formato de la revista, entre ellos la llegada del color al Juez Dredd. Igualmente, Steve McManus dejaría también el 2000AD tras diez años como editor de la revista.
 
En el ámbito de las historias, el regreso de las grandes macrosagas estaba también a la vuelta de la esquina. Del mismo modo, Wagner y Grant darían por terminada su andadura compartida tras siete años de trabajo en la serie, no sin antes traer de vuelta a Orlok el Asesino y a varios Jueces Soviets infiltrados como agentes durmientes en Mega-City Uno, desvelar el origen clónico de Joe Dredd y presentar a los Judda, el regreso de Chopper en el SuperSurf 10, o aumentar la tensión en las historias de la democracia mediante una serie de tramas cuyos afluentes irían convergiendo en los años siguientes, y ya de la mano de John Wagner en solitario, en una saga que pondría a Dredd fuera del Departamento de Justicia y dejaría a la megaciudad a merced de unos espectros interdimensionales que regresaban para impartir su oscura justicia a todos los seres vivos que habitaban en ella.

Sinceramente, debería estar penado por la ley el que estos tebeos permanezcan aún inéditos en nuestro país.
 

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