sábado, 21 de noviembre de 2015

Necrópolis

Mucho se ha comentado a lo largo de los años sobre si Necrópolis estaba originalmente destinada a ser el último gran Mega-Epic que John Wagner iba a escribir sobre Dredd antes de su marcha en dirección a Toxic, una nueva revista con vistas a un público similar que Neptune tenía en mente sacar al mercado en competencia directa con Fleetway y con los padres fundadores del 2000AD (Wagner, Mills, Grant, Ezquerra, McMahon, etc) como principal reclamo de cara al público.
La razón de este comentario viene porque fue precisamente en aquella época cuando comenzaron a circular diferentes rumores (con mucho fundamento, como luego se acabó demostrando) de que uno de los principales personajes de la revista iba a morir. Tales comentarios habían empezado a producirse a raíz de que con motivo de la llegada de los famosos códigos de barras al mundo de los tebeos, apareciese publicada esta imagen en las páginas del 2000AD.
Como los buenos aficionados a la música ya se habrán dado cuenta, esta ilustración suponía un claro homenaje a la portada de Abbey Road, el último disco que grabaron los Beatles (que no el último en publicarse, aunque esa es otra historia). El caso es que con motivo de esta portada de Abbey Road, una de las leyendas urbanas que circularon con mucha fuerza a finales de los años sesenta fue que Paul McCartney, precisamente el que iba descalzo y con el paso cambiado, es decir, exactamente igual que ocurría con Dredd en esta imagen, había muerto. Y esta coincidencia, con base en aquella vieja leyenda urbana del mundo musical sesentero, provocó que se disparasen las especulaciones sobre que era Dredd quien iba a morir a la conclusión de Necrópolis.
 
Como a estas alturas ya sabéis, el personaje del 2000AD destinado finalmente a perecer fue el cazador de recompensas mutante Johnny Alpha, pero muchas han sido las especulaciones sobre que originalmente pudiera haber sido efectivamente Joe Dredd el destinatario de aquel aviso encubierto; y también sobre que mucho iba a tener que ver con ello el que John Wagner tuviese en mente marcharse a Toxic al no estársele reconociendo económicamente los derechos de merchandising sobre el Juez Dredd.
 
Al no haberse pronunciado nunca John Wagner sobre esta cuestión, todo lo que viene a continuación no deja de ser pura teoría (o sea, en castellano, pajas mentales), pero según cuenta David Bishop, Wagner se presentó un día ante Jon Davidge, en aquel entonces el nuevo director de publicaciones de Fleetway, y sin más palabras empezó a sacar de una bolsa que llevaba, extendiéndolos a continuación sobre su mesa, todos los muñequitos, pins, cintas, novelas, etc, sobre Judge Dredd cuyas licencias estaba explotando Fleetway sin que Wagner estuviera viendo nada de tales ingresos. A pesar de lo que Wagner se esperaba encontrar en aquella reunión, el escritor se quedó gratamente sorprendido al descubrir que la persona con la que tenía que negociar era un ejecutivo claramente receptivo a sus reivindicaciones y que acabaría siendo el responsable de una nueva época de contratos y royalties reconocidos por escrito. Aparte, me imagino también que el cariño hacia el personaje y la añadida promesa editorial de lo que acabaría convirtiéndose en el Megazine, con el papel que Wagner iba a desempeñar en el mismo, debieron suponer un fuerte incentivo tanto económico como creativo a la hora de disuadirle de cualquier posible idea de marcha.
Sea como fuere, lo cierto es que Necrópolis no acabó significando el final de Joe Dredd, sino más bien todo lo contrario: un nuevo renacimiento de la mano precisamente de los propios creadores del personaje, John Wagner y Carlos Ezquerra.
 
Comenta John Wagner que la creación de Necrópolis tuvo unos inicios bastante sencillos. Con Kraken situado en escena, Wagner comenzó a trabajar con la idea del gusano dentro de la manzana, y a partir de ahí empezó a construir el resto de la línea argumental. No obstante lo anterior, con la perspectiva que dan los años, la inspiración de una buena parte de Necrópolis resulta hoy bastante identificable. Sabido es que Ciudad de los Condenados (Progs. 393-406) fue una macrosaga abortada antes de tiempo y muchas de las ideas planificadas para la misma debieron ser reutilizadas por Wagner en la elaboración de Necrópolis.
En este sentido, podría decirse que John Wagner canibalizó su propia historia para convertirla en algo más desarrollado y elaborado, existiendo paralelismos más que evidentes entre ambas, como el que las dos sagas presentasen villanos de amplios poderes psíquicos que esclavizaban a los Jueces y los utilizaban como herramientas para asesinar a los ciudadanos, o el que ambas incluyesen versiones distorsionadas de Dredd al servicio de los villanos de la historia, el protagonismo de Anderson, o incluso la propia transformación de la megaciudad en un oscuro reflejo de sí misma. De hecho, si nos fijamos en la propia etimología grecolatina del título de Necrópolis (Ciudad de los Muertos), su propia significación evoca bastante el título utilizado en Ciudad de los Condenados.
 
Escrita por Wagner, evidentemente con Ezquerra en mente a la hora de encargarse de la saga, Necrópolis acabó siendo una de las obras del dibujante español que a mí personalmente más me han gustado. Desde luego, una de mis favoritas, sino la que más. A la hora de describirla, lo primero es destacar que Necrópolis resultaba ser más una obra pintada a color que simplemente coloreada, con acrílicas (a veces casi acuarelas) reforzando las tintas para dar ambiente a la historia y profundidad a las páginas.
 
Las composiciones se integraban perfectamente en la propia narrativa que derivaba de la lectura de las viñetas y visualmente era además imposible no percatarse de la espectacular utilización de las dobles páginas y de las viñetas a página completa, sobre todo vistas en el tamaño que presentaba el 2000AD y las posteriores recopilaciones de Hamlyn y Titan. No quiero decir con esto que la historia no se pueda disfrutar hoy adecuadamente en el formato de página más reducido que utilizan los Complete Case Files y los Archivos Completos. Es sólo que, como gusto personal, a mí me suelen gustar estas cosas en su tamaño de presentación original, básicamente por resultarme más cercanas a la versión final que el artista tenía en mente sobre lo que yo iba a ver.

Argumentalmente, el hilo central de la macrosaga comenzaba con Dear Annie (Progs. 672-673), dos episodios con un total de trece páginas que funcionaban a su vez como prólogo a Necrópolis. Ambientada a mediados del año 2112, la historia constituía una nueva muestra del género epistolar que tanto le gustaba a Wagner, si bien la peculiaridad radicaba esta vez en que la carta en cuestión nunca iba a llegar a su destino, un consultorio hotline que respondía al nombre comercial de Ask Annie. Su protagonista era un anónimo ciudadano de Mega-City Uno llamado Chip Lowther, residente en el bloque Dunc Renaldo, uno de los megaedificios que en el 2107 había sufrido el ataque de los Cuatro Jueces Oscuros (Progs. 416-427).
Dirigiéndose a la tal Annie en busca de ayuda, el desesperado ciudadano contaba como todo había comenzado cinco años atrás, el día en que los Jueces Oscuros se habían materializado en su bloque y empezado a impartir justicia de manera masiva. Sin enterarse de lo que sucedía a su alrededor, Chip y su chavala, Xena, estaban echando un tranquilo polvo en su casa cuando el humo y el alboroto hacían levantarse a Xena para enterarse de lo que estaba pasando, encontrándose con el Juez Muerte al abrir la puerta.
Los Jueces de Mega-City Uno aparecían en ese momento en el bloque, desapareciendo los Jueces Oscuros antes de que Xena llegase a perder la vida. Sin embargo, el toque del espectro no tenía cura. La vida comenzó a apagarse en Xena, o al menos eso parecía hasta el día en que intentó clavarle un cuchillo a Chip mientras dormía y declaraba que su único y verdadero amor era el Juez Muerte.
A partir de ese momento, la vida de Chip se convirtió en una pesadilla. La revivida Xena se fue transformando poco a poco en un ser mórbido y cada día más extraño, amenazando con matarle si le contaba a alguien lo que estaba sucediendo. Afirmaba además haber contactado con las Hermanas del Juez Muerte, contándole a Chip que sus espíritus habían prometido reunirle con su exiliado amor si les ayudaba a llegar hasta su dimensión. Desgraciadamente para el pobre Chip, todo lo que afirmaba Xena resultaba ser cierto y aquella misma noche, antes de poder llegar a echar su carta al correo, el desafortunado ciudadano se convertía en el involuntario sacrificio humano que permitía que Nausea y Phobia cruzasen el puente entre ambas dimensiones y se manifestasen en Mega-City Uno, concluyendo así la Cuenta Atrás hacia Necrópolis.

Con un total de 162 páginas y publicada a lo largo de 26 episodios de Abril a Octubre de 1990, Necrópolis (Progs. 674-699) comenzaba la misma noche de la llegada de Nausea y Phobia a Mega-City Uno. La presencia de los dos espectros recorría la ciudad hasta dar con Kraken, que se dirigía a su apartamento tras haber concluido su patrulla (en realidad, era el apartamento de Dredd, situado por cierto en el bloque Rowdy Yates, lo que supongo que hará bastante gracia a aquellos aficionados al cine que conozcan los inicios de Clint Eastwood en el mundillo).
Apenas entraba en él, sufría el aterrador ataque psíquico de los espectros, destrozando el apartamento al intentar acabar con unos seres que físicamente no estaban allí aun cuando su presencia resultase muy real. Solicitando refuerzos a Control, Kraken abandonaba el bloque y recogía su motocicleta, siendo perseguido por las Hermanas hasta estrellarse y quedar inconsciente en el suelo, momento que aprovechaban los dos espectros para apoderarse de su mente, sin quedar luego ningún rastro de su presencia al llegar los refuerzos.

Mientras el poseído Kraken comenzaba a debatirse entre la lealtad a Judd y su lealtad a la megaciudad, en la Central de la Psi Division la Juez Psíquica Kit Agee tenía su primer contacto con Nausea y Phobia en un trance de pintura psíquica, siendo éste el momento en que la Juez Anderson se incorporaba a la trama. Sin ser consciente de sus actos, un Kraken poseído por Nausea y Phobia comunicaba a continuación con la Juez Agee y la citaba en secreto para llevarla hasta el bloque Dunc Renaldo, donde les esperaban las Hermanas de la Muerte.
La telépata se daba cuenta demasiado tarde de lo que estaba sucediendo, siendo reducida y entregada por Kraken a las Hermanas, quienes acababan con la consumida vida de Xena Lowther y usaban ahora a Kit Agee como nuevo anclaje dimensional, permitiéndoles además sus habilidades telepáticas incrementar de manera exponencial su propio poder psíquico. Esta ilustración, me da que originalmente concebida para una portada, procede del 2000AD Year Book 1992.

Anderson lograba contactar psíquicamente con la Juez Agee, compartiendo su agonía al ser invadida por Nausea y Phobia, aunque sin poder llegar a localizar su situación. La desaparición de Agee disparaba todas las alarmas. Su último paradero conocido les informaba de una cita con Dredd, de la que Kraken, habiendo asumido su papel, alegaba no saber nada al ser inconsciente de lo que hacía bajo la influencia de las Hermanas. Sin embargo, apenas cortaba la comunicación, Kraken empezaba a recordar retazos de su encuentro con Agee y descubría además su placa en uno de sus bolsillos.
Empezando a comprender lo que estaba sucediendo, Kraken se entregaba al Departamento de Justicia, siendo entonces cuando Anderson se enteraba de la sustitución de Dredd. Sin tiempo para recriminaciones, Anderson interrogaba al confundido Kraken para averiguar qué había hecho con la Juez Agee, obteniendo el lugar en el que ambos se habían encontrado. Con Anderson en primera línea de las operaciones, el Departamento movilizaba un auténtico ejército para acabar con los dos espectros, llevándose además consigo a Kraken para que les condujese hasta el paradero de Kit Agee. Sin embargo, al percatarse de que los Jueces se encontraban ya tras su rastro, las fantasmales hechiceras salían al encuentro de las fuerzas del Departamento de Justicia, amplificando su poder psíquico a través de la telépata que tenían en su poder.

Creyendo en la realidad de las terroríficas ilusiones psíquicas proyectadas por Nausea y Phobia, los Jueces abrían fuego a discreción, destrozándose entre ellos y haciendo pedazos todo el Sector. En medio del caos que se desataba, sólo Anderson comprendía que todo aquello era en realidad una ilusión, apremiando a Kraken para que recordase donde había llevado a Agee, puesto que ella era la clave para poner fin a lo que estaba sucediendo.
 
Con Kraken en plena agonía, viendo divididas sus lealtades a causa de la influencia psíquica que Nausea y Phobia ejercían sobre él, la Juez Anderson conseguía por fin contactar con Agee y obtenía su localización en el bloque Dunc Renaldo. La Juez Psíquica se mostraba capaz de derrotar a las espectrales hechiceras de Deadworld en su propio juego. Dándose cuenta del peligro que Anderson  suponía para ellas, las Hermanas de la Muerte decidían imponer definitivamente su voluntad sobre Kraken y le utilizaban para eliminar a la telépata, que desaparecía en el suelo bajo las ruedas de un tanque.
 
Tras anunciar que la construcción de Necrópolis había comenzado, Nausea y Phobia se desvanecían y todo regresaba a una aparente calma que precedía a la tempestad. Viendo el desastre que inexorablemente se estaba desatando sobre la ciudad, el Juez Jefe Thomas Silver trataba infructuosamente de contactar con Anderson y Kraken, siendo localizado este último en los laboratorios de la Tek Division, donde en ese momento obligaba a punta de pistola a los técnicos a invertir el salto dimensional que había arrojado cinco años atrás a los Jueces Oscuros al limbo, siendo de este modo como Muerte, Miedo, Fuego y Mortis regresaban a Mega-City Uno, concluyendo así el primer acto de la macrosaga.
El segundo acto de Necrópolis comenzaba mediante una elipsis argumental, contándose como en los días subsiguientes el poder psíquico de las Hermanas había permitido a los Jueces Oscuros hacerse con el control mental de los Jueces de MegaCity, envolviendo además toda la ciudad en una sombra impenetrable a la luz solar. Kraken formaba ahora parte de ellos y se contaba como Silver había intentado quitarse la vida, impidiéndoselo el Juez Muerte, que lo había matado para después reanimar su cadáver y torturarle hasta convertirle en su mascota, algo que Wagner y Ennis se ocuparían de narrar con más detalle en Teatro de Muerte (Progs 700-701) y el Retorno del Rey (Progs 733-735). Con los Jueces de Mega-City Uno en su poder, toda la vida había sido declarada ilegal y todos los ciudadanos habían sido sentenciados a muerte, siendo ejecutados en grupos de diez mil al día. Algunos pocos afortunados habían conseguido traspasar las puertas de la ciudad antes de que se cerrasen todas las salidas y se comenzase a masacrar a aquellos que trataban de huir.
 
 
A este escenario es al que ahora regresaba Joe Dredd tras cuatro meses de ausencia de su propia serie. Y además lo hacía acompañado, tras haberse encontrado en el camino con una vieja arpía, barbuda, armada y peligrosa, que respondía al nombre de Hilda Margaret McGruder, la antigua Juez Jefe de Mega-City Uno que cuatro años atrás había emprendido también la Larga Marcha a la Tierra Maldita (Prog. 457).
 
En su aproximación a la megaciudad, Dredd y la irreconocible McGruder se topaban con una columna de refugiados de MegaCity que habían huido de la ciudad y entre los que merodeaba un Juez desertor al que Dredd despojaba de su uniforme tras expulsarle de una manera expeditiva del cuerpo. A continuación, McGruder y él decidían introducirse en la ciudad a través de Sub-City, remontando el curso del Big Smelly, tal y como ya se había podido ver años atrás en El día que la Ley murió (Progs. 86-108).

Como a estas alturas ya habrá podido apreciarse, Necrópolis se estaba comportando como una historia muy coral, con un reparto y unos tiempos muy compartidos entre los personajes que se iban incorporando y participando en la trama. Y en ese tono coral que iba marcando los tiempos de la saga, la acción se trasladaba de nuevo a MegaCity, donde un grupo de cadetes liderados por el joven cadete Giant (Progs. 651-655) trataba de huir de la ciudad a través de Sub-City, siendo implacablemente perseguidos en su fuga por el Juez Mortis. La agónica huida de los chavales por los túneles y laberintos de la ciudad subterránea, y las bajas que sufrían a lo largo de la misma, constituían otro de los momentos definitorios de Necrópolis.
Durante lo que se revelaba como un auténtico descenso a los infiernos, la cadete Ekerson captaba una débil llamada telepática que conducía a los jóvenes cadetes hasta la Juez Anderson, quien al hundirse el suelo bajo el vehículo blindado que la iba a aplastar, había acabado cayendo hasta las profundidades de Sub-City, quedando malherida e imposibilitada de moverse a causa de un trozo de metralla que tenía clavado en la espalda. Guiados también por Anderson, Dredd y McGruder acababan reuniéndose con los cadetes y la malherida Juez Psíquica, quien les revelaba lo que las Hermanas estaban haciendo a través de Kit Agee y su localización física en el bloque Dunc Renaldo, siendo la muerte de Agee la única manera de devolver a Nausea y Phobia a su dimensión y acabar con lo que estaba sucediendo.
 
Con la malherida Juez Anderson escondiéndoles psíquicamente para evitar ser percibidos por las Hermanas de la Muerte, eran Dredd, McGruder, Giant y otro de los cadetes, quienes se hacían con el control de una Unidad Aérea y la estrellaban sin contemplaciones contra el bloque Dunc Renaldo, acabando así con la vida de Kit Agee. Sin la telépata, Nausea y Phobia resultaban incapaces de mantener su presencia física en Mega-City Uno y se desvanecían entre aullidos de vuelta a su dimensión. Los Jueces recuperaban así el control de sí mismos y se reagrupaban bajo la nueva autoridad de McGruder y el liderazgo de Dredd, volviéndose ahora contra Muerte, Miedo, Fuego y Mortis, que durante los cuatro últimos capítulos de la saga eran objeto de una persecución a gran escala.
 
Tres de los Jueces Oscuros resultaban capturados: Miedo era encerrado en Boing®, Fuego era succionado por un tanque de vacío, y Mortis era atrapado por Anderson en su mente tras ser destruido su cuerpo físico. Muerte era el único de los espectros que lograba escapar, saltando desde un megaedificio al verse acorralado. Sin embargo, ninguna presencia ni ningún rastro psíquico se volvía a tener de él en los meses subsiguientes, dando la impresión de haberse desvanecido sin dejar rastro alguno. Habría que esperar a la llegada del Judge Dredd Megazine y la aparición de Young Death para saber el paradero del Juez Muerte, aunque para aquellos que os guste encontrar a Wally, podéis averiguarlo sin necesidad de leer dicha saga, basta con que os fijéis detenidamente en cualquiera de las dos últimas viñetas de la tercera página del Prog. 699 con el que concluye Necrópolis.
 
 
Con McGruder como nueva Juez Jefe en funciones de Mega-City Uno y con Anderson recuperándose de sus heridas, el único cabo suelto que quedaba por atar era el referente a Kraken. Frente a frente con Dredd, el abatido Kraken era el primero en reconocer lo mucho que había fallado a la ciudad que había jurado proteger y lo que ésta había sufrido por su culpa.
Siendo consciente de que la única sentencia posible para sus actos era la muerte, el propio Dredd era quien se encargaba de ejecutarla. Por tercera y última vez, la Placa del Juez Dredd aparecía en primer plano culminando otro de los momentos definitorios de la saga. Con Dredd y Anderson desvaneciéndose en el contraluz de una iluminada ventana, en una pequeña y emotiva acuarela que ponía punto final a la historia, la macrosaga que había puesto de rodillas a la megaciudad, llegaba a su conclusión.

Con la llegada de Garth Ennis a la vuelta de la esquina, aún quedarían no obstante toda una serie de epílogos a lo que acababa de suceder. Y esos epílogos, será lo que habrá que tratar de comentar, con mayor o menor acierto, la próxima vez.

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