sábado, 21 de noviembre de 2015

Necrópolis

Mucho se ha comentado a lo largo de los años sobre si Necrópolis estaba originalmente destinada a ser el último gran Mega-Epic que John Wagner iba a escribir sobre Dredd antes de su marcha en dirección a Toxic, una nueva revista con vistas a un público similar que Neptune tenía en mente sacar al mercado en competencia directa con Fleetway y con los padres fundadores del 2000AD (Wagner, Mills, Grant, Ezquerra, McMahon, etc) como principal reclamo de cara al público.
La razón de este comentario viene porque fue precisamente en aquella época cuando comenzaron a circular diferentes rumores (con mucho fundamento, como luego se acabó demostrando) de que uno de los principales personajes de la revista iba a morir. Tales comentarios habían empezado a producirse a raíz de que con motivo de la llegada de los famosos códigos de barras al mundo de los tebeos, apareciese publicada esta imagen en las páginas del 2000AD.
Como los buenos aficionados a la música ya se habrán dado cuenta, esta ilustración suponía un claro homenaje a la portada de Abbey Road, el último disco que grabaron los Beatles (que no el último en publicarse, aunque esa es otra historia). El caso es que con motivo de esta portada de Abbey Road, una de las leyendas urbanas que circularon con mucha fuerza a finales de los años sesenta fue que Paul McCartney, precisamente el que iba descalzo y con el paso cambiado, es decir, exactamente igual que ocurría con Dredd en esta imagen, había muerto. Y esta coincidencia, con base en aquella vieja leyenda urbana del mundo musical sesentero, provocó que se disparasen las especulaciones sobre que era Dredd quien iba a morir a la conclusión de Necrópolis.
 
Como a estas alturas ya sabéis, el personaje del 2000AD destinado finalmente a perecer fue el cazador de recompensas mutante Johnny Alpha, pero muchas han sido las especulaciones sobre que originalmente pudiera haber sido efectivamente Joe Dredd el destinatario de aquel aviso encubierto; y también sobre que mucho iba a tener que ver con ello el que John Wagner tuviese en mente marcharse a Toxic al no estársele reconociendo económicamente los derechos de merchandising sobre el Juez Dredd.
 
Al no haberse pronunciado nunca John Wagner sobre esta cuestión, todo lo que viene a continuación no deja de ser pura teoría (o sea, en castellano, pajas mentales), pero según cuenta David Bishop, Wagner se presentó un día ante Jon Davidge, en aquel entonces el nuevo director de publicaciones de Fleetway, y sin más palabras empezó a sacar de una bolsa que llevaba, extendiéndolos a continuación sobre su mesa, todos los muñequitos, pins, cintas, novelas, etc, sobre Judge Dredd cuyas licencias estaba explotando Fleetway sin que Wagner estuviera viendo nada de tales ingresos. A pesar de lo que Wagner se esperaba encontrar en aquella reunión, el escritor se quedó gratamente sorprendido al descubrir que la persona con la que tenía que negociar era un ejecutivo claramente receptivo a sus reivindicaciones y que acabaría siendo el responsable de una nueva época de contratos y royalties reconocidos por escrito. Aparte, me imagino también que el cariño hacia el personaje y la añadida promesa editorial de lo que acabaría convirtiéndose en el Megazine, con el papel que Wagner iba a desempeñar en el mismo, debieron suponer un fuerte incentivo tanto económico como creativo a la hora de disuadirle de cualquier posible idea de marcha.
Sea como fuere, lo cierto es que Necrópolis no acabó significando el final de Joe Dredd, sino más bien todo lo contrario: un nuevo renacimiento de la mano precisamente de los propios creadores del personaje, John Wagner y Carlos Ezquerra.
 
Comenta John Wagner que la creación de Necrópolis tuvo unos inicios bastante sencillos. Con Kraken situado en escena, Wagner comenzó a trabajar con la idea del gusano dentro de la manzana, y a partir de ahí empezó a construir el resto de la línea argumental. No obstante lo anterior, con la perspectiva que dan los años, la inspiración de una buena parte de Necrópolis resulta hoy bastante identificable. Sabido es que Ciudad de los Condenados (Progs. 393-406) fue una macrosaga abortada antes de tiempo y muchas de las ideas planificadas para la misma debieron ser reutilizadas por Wagner en la elaboración de Necrópolis.

En este sentido, podría decirse que John Wagner canibalizó su propia historia para convertirla en algo más desarrollado y elaborado, existiendo paralelismos más que evidentes entre ambas, como el que las dos sagas presentasen villanos de amplios poderes psíquicos que esclavizaban a los Jueces y los utilizaban como herramientas para asesinar a los ciudadanos, o el que ambas incluyesen versiones distorsionadas de Dredd al servicio de los villanos de la historia, el protagonismo de Anderson, o incluso la propia transformación de la megaciudad en un oscuro reflejo de sí misma. De hecho, si nos fijamos en la propia etimología grecolatina del título de Necrópolis (Ciudad de los Muertos), su propia significación evoca bastante el título utilizado en Ciudad de los Condenados.
 
Escrita por Wagner, evidentemente con Ezquerra en mente a la hora de encargarse de la saga, Necrópolis acabó siendo una de las obras del dibujante español que a mí personalmente más me han gustado. Desde luego, una de mis favoritas, sino la que más. A la hora de describirla, lo primero es destacar que Necrópolis resultaba ser más una obra pintada a color que simplemente coloreada, con acrílicas (a veces casi acuarelas) reforzando las tintas para dar ambiente a la historia y profundidad a las páginas.
 
Las composiciones se integraban perfectamente en la propia narrativa que derivaba de la lectura de las viñetas y visualmente era además imposible no percatarse de la espectacular utilización de las dobles páginas y de las viñetas a página completa, sobre todo vistas en el tamaño que presentaba el 2000AD y las posteriores recopilaciones de Hamlyn y Titan. No quiero decir con esto que la historia no se pueda disfrutar hoy adecuadamente en el formato de página más reducido que utilizan los Complete Case Files y los Archivos Completos. Es sólo que, como gusto personal, a mí me suelen gustar estas cosas en su tamaño de presentación original, básicamente por resultarme más cercanas a la versión final que el artista tenía en mente sobre lo que yo iba a ver.

Argumentalmente, el hilo central de la macrosaga comenzaba con Querida Annie (Dear Annie), dos episodios (Progs. 672-673con un total de trece páginas que funcionaban a su vez como prólogo a Necrópolis. Ambientada a mediados del año 2112, la historia constituía una nueva muestra del género epistolar que tanto le gustaba a Wagner, si bien la peculiaridad radicaba esta vez en que la carta en cuestión nunca iba a llegar a su destino, un consultorio hotline que respondía al nombre comercial de Ask Annie. Su protagonista era un anónimo ciudadano de Mega-City Uno llamado Chip Lowther, residente en el bloque Dunc Renaldo, uno de los megaedificios que en el 2107 había sufrido el ataque de los Cuatro Jueces Oscuros (Progs. 416-427).
Dirigiéndose a la tal Annie en busca de ayuda, el desesperado ciudadano contaba como todo había comenzado cinco años atrás, el día en que los Jueces Oscuros se habían materializado en su bloque y empezado a impartir justicia de manera masiva. Sin enterarse de lo que sucedía a su alrededor, Chip y su chavala, Xena, estaban echando un tranquilo polvo en su casa cuando el humo y el alboroto hacían levantarse a Xena para enterarse de lo que estaba pasando, encontrándose con el Juez Muerte al abrir la puerta.
Los Jueces de Mega-City Uno aparecían en ese momento en el bloque, desapareciendo los Jueces Oscuros antes de que Xena llegase a perder la vida. Sin embargo, el toque del espectro no tenía cura. La vida comenzó a apagarse en Xena, o al menos eso parecía hasta el día en que intentó clavarle un cuchillo a Chip mientras dormía y declaraba que su único y verdadero amor era el Juez Muerte.

A partir de ese momento, la vida de Chip se convirtió en una pesadilla. La revivida Xena se fue transformando poco a poco en un ser mórbido y cada día más extraño, amenazando con matarle si le contaba a alguien lo que estaba sucediendo. Afirmaba además haber contactado con las Hermanas del Juez Muerte, contándole a Chip que sus espíritus habían prometido reunirle con su exiliado amor si les ayudaba a llegar hasta su dimensión. Desgraciadamente para el pobre Chip, todo lo que afirmaba Xena resultaba ser cierto y aquella misma noche, antes de poder llegar a echar su carta al correo, el desafortunado ciudadano se convertía en el involuntario sacrificio humano que permitía que Nausea y Phobia cruzasen el puente entre ambas dimensiones y se manifestasen en Mega-City Uno, concluyendo así la Cuenta Atrás hacia Necrópolis.

Con un total de 162 páginas y publicada a lo largo de 26 episodios de Abril a Octubre de 1990, Necrópolis (Progs. 674-699) comenzaba la misma noche de la llegada de Nausea y Phobia a Mega-City Uno. La presencia de los dos espectros recorría la ciudad hasta dar con Kraken, que se dirigía a su apartamento tras haber concluido su patrulla (en realidad, era el apartamento de Dredd, situado por cierto en el bloque Rowdy Yates, lo que supongo que hará bastante gracia a aquellos aficionados al cine que conozcan los inicios de Clint Eastwood en el mundillo).
Apenas entraba en él, sufría el aterrador ataque psíquico de los espectros, destrozando el apartamento al intentar acabar con unos seres que físicamente no estaban allí aun cuando su presencia resultase muy real. Solicitando refuerzos a Control, Kraken abandonaba el bloque y recogía su motocicleta, siendo perseguido por las Hermanas hasta estrellarse y quedar inconsciente en el suelo, momento que aprovechaban los dos espectros para apoderarse de su mente, sin quedar luego ningún rastro de su presencia al llegar los refuerzos.

Mientras el poseído Kraken comenzaba a debatirse entre la lealtad a Judd y su lealtad a la megaciudad, en la Central de la Psi Division la Juez Psíquica Kit Agee tenía su primer contacto con Nausea y Phobia en un trance de pintura psíquica, siendo éste el momento en que la Juez Anderson se incorporaba a la trama. Sin ser consciente de sus actos, un Kraken poseído por Nausea y Phobia comunicaba a continuación con la Juez Agee y la citaba en secreto para llevarla hasta el bloque Dunc Renaldo, donde les esperaban las Hermanas de la Muerte.
La telépata se daba cuenta demasiado tarde de lo que estaba sucediendo, siendo reducida y entregada por Kraken a las Hermanas, quienes acababan con la consumida vida de Xena Lowther y usaban ahora a Kit Agee como nuevo anclaje dimensional, permitiéndoles además sus habilidades telepáticas incrementar de manera exponencial su propio poder psíquico. Esta ilustración, me da que originalmente concebida para una portada, procede del 2000AD Year Book 1992.

Anderson lograba contactar psíquicamente con la Juez Agee, compartiendo su agonía al ser invadida por Nausea y Phobia, aunque sin poder llegar a localizar su situación. La desaparición de Agee disparaba todas las alarmas. Su último paradero conocido les informaba de una cita con Dredd, de la que Kraken, habiendo asumido su papel, alegaba no saber nada al ser inconsciente de lo que hacía bajo la influencia de las Hermanas. Sin embargo, apenas cortaba la comunicación, Kraken empezaba a recordar retazos de su encuentro con Agee y descubría además su placa en uno de sus bolsillos.
Empezando a comprender lo que estaba sucediendo, Kraken se entregaba al Departamento de Justicia, siendo entonces cuando Anderson se enteraba de la sustitución de Dredd. Sin tiempo para recriminaciones, Anderson interrogaba al confundido Kraken para averiguar qué había hecho con la Juez Agee, obteniendo el lugar en el que ambos se habían encontrado. Con Anderson en primera línea de las operaciones, el Departamento movilizaba un auténtico ejército para acabar con los dos espectros, llevándose además consigo a Kraken para que les condujese hasta el paradero de Kit Agee. Sin embargo, al percatarse de que los Jueces se encontraban ya tras su rastro, las fantasmales hechiceras salían al encuentro de las fuerzas del Departamento de Justicia, amplificando su poder psíquico a través de la telépata que tenían en su poder.

Creyendo en la realidad de las terroríficas ilusiones psíquicas proyectadas por Nausea y Phobia, los Jueces abrían fuego a discreción, destrozándose entre ellos y haciendo pedazos todo el Sector. En medio del caos que se desataba, sólo Anderson comprendía que todo aquello era en realidad una ilusión, apremiando a Kraken para que recordase donde había llevado a Agee, puesto que ella era la clave para poner fin a lo que estaba sucediendo.
 
Con Kraken en plena agonía, viendo divididas sus lealtades a causa de la influencia psíquica que Nausea y Phobia ejercían sobre él, la Juez Anderson conseguía por fin contactar con Agee y obtenía su localización en el bloque Dunc Renaldo. La Juez Psíquica se mostraba capaz de derrotar a las espectrales hechiceras de Deadworld en su propio juego. Dándose cuenta del peligro que Anderson  suponía para ellas, las Hermanas de la Muerte decidían imponer definitivamente su voluntad sobre Kraken y le utilizaban para eliminar a la telépata, que desaparecía en el suelo bajo las ruedas de un tanque.
 
Tras anunciar que la construcción de Necrópolis había comenzado, Nausea y Phobia se desvanecían y todo regresaba a una aparente calma que precedía a la tempestad. Viendo el desastre que inexorablemente se estaba desatando sobre la ciudad, el Juez Jefe Thomas Silver trataba infructuosamente de contactar con Anderson y Kraken, siendo localizado este último en los laboratorios de la Tek Division, donde en ese momento obligaba a punta de pistola a los técnicos a invertir el salto dimensional que había arrojado cinco años atrás a los Jueces Oscuros al limbo, siendo de este modo como Muerte, Miedo, Fuego y Mortis regresaban a Mega-City Uno, concluyendo así el primer acto de la macrosaga.
El segundo acto de Necrópolis comenzaba mediante una elipsis argumental, contándose como en los días subsiguientes el poder psíquico de las Hermanas había permitido a los Jueces Oscuros hacerse con el control mental de los Jueces de MegaCity, envolviendo además toda la ciudad en una sombra impenetrable a la luz solar. Kraken formaba ahora parte de ellos y se contaba como Silver había intentado quitarse la vida, impidiéndoselo el Juez Muerte, que lo había matado para después reanimar su cadáver y torturarle hasta convertirle en su mascota, algo que Wagner y Ennis se ocuparían de narrar con más detalle en Teatro de Muerte (Progs 700-701) y el Retorno del Rey (Progs 733-735). Con los Jueces de Mega-City Uno en su poder, toda la vida había sido declarada ilegal y todos los ciudadanos habían sido sentenciados a muerte, siendo ejecutados en grupos de diez mil al día. Algunos pocos afortunados habían conseguido traspasar las puertas de la ciudad antes de que se cerrasen todas las salidas y se comenzase a masacrar a aquellos que trataban de huir.
 
 
A este escenario es al que ahora regresaba Joe Dredd tras cuatro meses de ausencia de su propia serie. Y además lo hacía acompañado, tras haberse encontrado en el camino con una vieja arpía, barbuda, armada y peligrosa, que respondía al nombre de Hilda Margaret McGruder, la antigua Juez Jefe de Mega-City Uno que cuatro años atrás había emprendido también la Larga Marcha a la Tierra Maldita (Prog. 457).
 
En su aproximación a la megaciudad, Dredd y la irreconocible McGruder se topaban con una columna de refugiados de MegaCity que habían huido de la ciudad y entre los que merodeaba un Juez desertor al que Dredd despojaba de su uniforme tras expulsarle de una manera expeditiva del cuerpo. A continuación, McGruder y él decidían introducirse en la ciudad a través de Sub-City, remontando el curso del Big Smelly, tal y como ya se había podido ver años atrás en El día que la Ley murió (Progs. 86-108).

Como a estas alturas ya habrá podido apreciarse, Necrópolis se estaba comportando como una historia muy coral, con un reparto y unos tiempos muy compartidos entre los personajes que se iban incorporando y participando en la trama. Y en ese tono coral que iba marcando los tiempos de la saga, la acción se trasladaba de nuevo a MegaCity, donde un grupo de cadetes liderados por el joven cadete Giant (Progs. 651-655) trataba de huir de la ciudad a través de Sub-City, siendo implacablemente perseguidos en su fuga por el Juez Mortis. La agónica huida de los chavales por los túneles y laberintos de la ciudad subterránea, y las bajas que sufrían a lo largo de la misma, constituían otro de los momentos definitorios de Necrópolis.
Durante lo que se revelaba como un auténtico descenso a los infiernos, la cadete Ekerson captaba una débil llamada telepática que conducía a los jóvenes cadetes hasta la Juez Anderson, quien al hundirse el suelo bajo el vehículo blindado que la iba a aplastar, había acabado cayendo hasta las profundidades de Sub-City, quedando malherida e imposibilitada de moverse a causa de un trozo de metralla que tenía clavado en la espalda. Guiados también por Anderson, Dredd y McGruder acababan reuniéndose con los cadetes y la malherida Juez Psíquica, quien les revelaba lo que las Hermanas estaban haciendo a través de Kit Agee y su localización física en el bloque Dunc Renaldo, siendo la muerte de Agee la única manera de devolver a Nausea y Phobia a su dimensión y acabar con lo que estaba sucediendo.
 
Con la malherida Juez Anderson escondiéndoles psíquicamente para evitar ser percibidos por las Hermanas de la Muerte, eran Dredd, McGruder, Giant y otro de los cadetes, quienes se hacían con el control de una Unidad Aérea y la estrellaban sin contemplaciones contra el bloque Dunc Renaldo, acabando así con la vida de Kit Agee. Sin la telépata, Nausea y Phobia resultaban incapaces de mantener su presencia física en Mega-City Uno y se desvanecían entre aullidos de vuelta a su dimensión. Los Jueces recuperaban así el control de sí mismos y se reagrupaban bajo la nueva autoridad de McGruder y el liderazgo de Dredd, volviéndose ahora contra Muerte, Miedo, Fuego y Mortis, que durante los cuatro últimos capítulos de la saga eran objeto de una persecución a gran escala.
 
Tres de los Jueces Oscuros resultaban capturados: Miedo era encerrado en Boing®, Fuego era succionado por un tanque de vacío, y Mortis era atrapado por Anderson en su mente tras ser destruido su cuerpo físico. Muerte era el único de los espectros que lograba escapar, saltando desde un megaedificio al verse acorralado. Sin embargo, ninguna presencia ni ningún rastro psíquico se volvía a tener de él en los meses subsiguientes, dando la impresión de haberse desvanecido sin dejar rastro alguno. Habría que esperar a la llegada del Judge Dredd Megazine y la aparición de Young Death para saber el paradero del Juez Muerte, aunque para aquellos que os guste encontrar a Wally, podéis averiguarlo sin necesidad de leer dicha saga, basta con que os fijéis detenidamente en cualquiera de las dos últimas viñetas de la tercera página del Prog. 699 con el que concluye Necrópolis.
 
 
Con McGruder como nueva Juez Jefe en funciones de Mega-City Uno y con Anderson recuperándose de sus heridas, el único cabo suelto que quedaba por atar era el referente a Kraken. Frente a frente con Dredd, el abatido Kraken era el primero en reconocer lo mucho que había fallado a la ciudad que había jurado proteger y lo que ésta había sufrido por su culpa.
Siendo consciente de que la única sentencia posible para sus actos era la muerte, el propio Dredd era quien se encargaba de ejecutarla. Por tercera y última vez, la Placa del Juez Dredd aparecía en primer plano culminando otro de los momentos definitorios de la saga. Con Dredd y Anderson desvaneciéndose en el contraluz de una iluminada ventana, en una pequeña y emotiva acuarela que ponía punto final a la historia, la macrosaga que había puesto de rodillas a la megaciudad del futuro, llegaba a su definitiva conclusión.

Con la llegada de Garth Ennis a la vuelta de la esquina, aún quedarían no obstante toda una serie de epílogos a lo que acababa de suceder. Y esos epílogos, será lo que habrá que tratar de comentar, con mayor o menor acierto, la próxima vez.

sábado, 7 de noviembre de 2015

La historia del Hombre Muerto

Con más de 160 páginas y un total de 26 episodios de duración, Necrópolis es otra de las macrosagas de Dredd que más reediciones ha llegado a tener desde su publicación, tanto en tomos recopilatorios como en formato comic-book. Ahora bien, a la hora de abordar su lectura, es necesario tener en cuenta que Necrópolis no es una historia que se pueda leer aislada de todo lo que la precedió. En primer lugar, porque suponía la culminación de varios subargumentos que John Wagner había ido tejiendo a lo largo de los dos últimos años en la serie. Y en segundo lugar, porque Necrópolis comenzaba con los acontecimientos en marcha, siendo también la culminación de toda una serie de tramas que habían ido teniendo lugar durante los seis meses anteriores, en los que cada pieza se fue situando en su punto de partida.
El comienzo de todos esos acontecimientos que acabarían desembocando en uno de los megaeventos más trascendentes para la historia de Mega-City Uno, como atestiguan los más de 60 millones de ciudadanos asesinados durante el transcurso de la misma, debe situarse en el Prog. 650. Ahora bien, en principio, en los créditos de ese número aparecía únicamente una historia de Judge Dredd, The Shooting Match, un conspirativo episodio de nueve páginas, con dibujo y color de John Higgins, en el que el Juez Odell evaluaba a Dredd y a Kraken sobre un mismo test de campo sin llegar a saberlo nunca ninguno de ellos, comenzando así a cerrarse el círculo en torno a Joe Dredd.
 
Sin embargo, como a estas alturas ya es sabido, no era The Shooting Match la historia con la que John Wagner iba a poner en marcha los acontecimientos conducentes hacia aquel nuevo Mega-Epic de Dredd, sino The Dead Man (Progs. 650-662), una historia nueva a blanco y negro (circunstancia que aumentaba la falta de pistas sobre la identidad de su protagonista, puesto que Judge Dredd llevaba en ese momento más de un año apareciendo a color) que se iniciaba también en ese mismo número. A mayor voluntad de ocultamiento, John Wagner firmaba bajo el desconocido seudónimo de Keef Ripley para que nadie sospechase por asociación entre autor y personaje lo que estaba sucediendo.
Con un total de 81 páginas dibujadas por John Ridgway, The Dead Man apareció serializada en trece episodios publicados de Octubre de 1989 a Enero de 1990, no siendo hasta los tres últimos cuando las fichas comenzaban a caer en su lugar y tenía lugar la impactante revelación final. Como cuenta el propio John Wagner, el secreto era algo esencial para obtener el efecto sorpresa que se pretendía: hacerlo de otro modo hubiera desvelado la verdad a los lectores antes de tiempo. De hecho, el secreto fue tan absoluto que el propio John Ridgway no sabía la identidad del Hombre Muerto cuando comenzó a dibujar la historia, aunque sí recuerda haberlo sabido muy pronto.
 
Ambientada en el radioactivo desierto de la Tierra Maldita y protagonizada por la icónica figura del hombre sin nombre, de guardapolvo, sombrero de ala ancha y pistolero acojonante, que habían popularizado las pelis de Sergio Leone, The Dead Man presentaba a primera vista el aspecto de un western de frontera. Sin embargo, gracias en buena parte a un destacable trabajo a tinta, John Ridgway se encargaba de añadir una atmósfera más que adecuada para los elementos terroríficos y de suspense que poco a poco se iban añadiendo a esa puesta en escena inicial, conformando la mezcla resultante algo bastante cercano a lo que hoy llamaríamos Horror-Western.
 

Desde el punto de vista narrativo, la historia aparecía contada en primera persona por Yassa Povey, un chaval que vivía en un pequeño asentamiento de la Tierra Maldita denominado Bubbletown, iniciándose con Yassa y su amigo Fuzzy Greel cazando lagartos en las inmediaciones del lugar, siendo entonces cuando descubrían en una cañada el cuerpo de un hombre horriblemente herido y desfigurado por las quemaduras de ácido al que Yassa bautizaba como el Hombre Muerto.
 
Sin muchas esperanzas de que aquel desconocido sobreviviese a sus heridas, los lugareños se hacían cargo de él, siendo la madre de Yassa quien lo llevaba a su casa para intentar salvarle la vida. Esa misma noche, una presencia envuelta en un aura de negrura rondaba el asentamiento, siendo el joven Povey el que más nítidamente llegaba a ver una sombra espectral que parecía buscar algo sin llegar a encontrarlo.
Una semana más tarde, la fiebre remitía y el desconocido recuperaba el conocimiento, aunque no guardaba recuerdo alguno de su identidad o de cómo había llegado hasta allí.
 
Tras recobrarse lo suficiente como para caminar por su propio pie, Yassa le acompañaba hasta el lugar donde lo había encontrado. Utilizando al perro del chico para seguir el rastro que había dejado al arrastrarse hasta allí, ambos llegaban hasta una garganta en la que acababan siendo emboscados por unos caníbales que merodeaban las proximidades de Bubbletown, los Grunts. Como desenlace del cliff-hanger, el desconocido demostraba una habilidad singular en el manejo del rifle, cepillándose a los ocho asaltantes en otros tantos segundos, incluso aunque uno de ellos llegaba a utilizar al joven como rehén para evitar ser abatido. A efectos de continuidad, imposible relacionar entonces aquella exhibición de tiro con la presenciada en el episodio The Shooting Match publicado unas semanas antes.
 
Aquella misma noche, tras regresar a Bubbletown, volvían a cobrar forma las pesadillas que asediaban al joven Yassa Povey. Esta era la primera aparición de Nausea, una de las Hermanas de la Muerte, la pareja de villanas encargadas de protagonizar Necrópolis.
Con los habitantes del asentamiento aterrorizados por la siniestra atmósfera que rodeaba lo que estaba sucediendo y las calamidades que habían empezado a producirse desde que acogieran al Hombre Muerto, el desconocido decidía marcharse en busca de respuestas sobre su origen y lo que le había sucedido antes de llegar allí. Yassa y su perro le acompañaban sin que lo supiera. Cuando les descubría, les prohibía ir con él, pero el joven se negaba a obedecerle y amenazaba con seguirle de todos modos.
 
Siguiendo el antiguo rastro, ambos cruzaban el desierto y llegaban a la zona boscosa donde los Grunts tenían su territorio. En ese punto, el Hombre Muerto recordaba por primera vez haber atravesado la zona y como los Grunts se apartaban de su paso al observar las quemaduras que sufría. Hacia la mitad del trayecto, Yassa resultaba capturado por los Grunts, viéndose separado del Hombre Muerto. A punto de ser devorado, la mujer espectral de sus sueños volvía a aparecer y ponía en fuga a los caníbales. El Hombre Muerto llegaba a continuación y hacía frente a la aparición, que parecía reconocerle antes de desvanecerse.
 
Tras lograr salir del territorio de los Grunts, los dos viajeros llegaban a las orillas del Río Acido, identificando entonces el desconocido la causa de sus heridas y quemaduras al tiempo que recordaba la traumática experiencia que había sufrido al atravesarlo.

Al otro lado del río, se encontraba la pequeña población de Crowley. Ahora, lo único que quedaba de ella era un montón de ruinas quemadas y de cadáveres carbonizados esparcidos por todas partes. Buscando respuestas a lo que allí había ocurrido, las dos últimas páginas del episodio suponían una sucesión de viñetas en las que los lectores (seguramente con los ojos como platos) iban siendo testigos de cómo Yassa y el Hombre Muerto descubrían los restos de un espectacular enfrentamiento, encontrando lo que quedaba de un casco, los restos de una motocicleta, un arma de fuego carbonizada, y por fin, la placa de un Juez de Mega-City Uno en la que se leía el nombre del Hombre Muerto: Judge Dredd.
 
Revelada así la identidad del protagonista, Dredd recordaba por fin como había dimitido del Departamento de Justicia y emprendido la Larga Marcha a la Tierra Maldita (no se explicaban aún los motivos, aunque en ese mismo Prog. 661 se publicaba Una Carta para el Juez Dredd, que era donde todo daba comienzo). Tras llevar cien días repartiendo justicia en la Tierra Maldita, Dredd había llegado a Crowley, donde se había enfrentado a dos mujeres cadavéricas y espectrales que habían venido en su busca y se denominaban a sí mismas las Hermanas de la Muerte. Las fantasmales hechiceras habían acabado arrasando la población, dando por muerto a Dredd. Nada se decía sobre quiénes eran o de dónde procedían, pero su aspecto y su manera de expresarse resultaban claramente identificables con los Jueces OscurosSin mucho más tiempo para asimilar el giro que acababan de dar los acontecimientos, Nausea y Phobia se materializaban en Crowley dispuestas a enmendar el error de haber dejado a Dredd con vida.
A diferencia de su anterior enfrentamiento, Dredd comprendía en esta ocasión que Nausea y Phobia no se encontraban físicamente allí. Eran proyecciones psíquicas que carecían de forma corpórea y sólo podían dañarle si creía que lo que estaba sucediendo era real, aunque el joven Yassa Povey no resultaba ser tan afortunado y acababa ciego tras quemarle Nausea los ojos en una escena de terrorífico e impactante resultado. Sin embargo, incapaces esta vez de hacer creer a Dredd en la realidad de su amenaza, los dos espectros se veían impotentes para acabar con él y optaban por desaparecer del lugar, prometiendo volver a encontrarse en otras circunstancias.

Mientras el color iba apareciendo gradualmente en la última página de la historia, la saga concluía con Dredd devolviendo al joven herido con sus padres y emprendiendo el regreso a Mega-City Uno. Algo había ocurrido en la megaciudad y resultaba imperativo volver allí para averiguar lo sucedido. Sin embargo, para comenzar a descubrirlo, en esta ocasión no había que esperar a la semana siguiente, sino que tal y como se anunciaba en la última viñeta de la saga, bastaba con pasar a la siguiente página de ese mismo número para encontrarse con el inicio de Tale of the Dead Man.
Para situarlo todo correctamente, el comienzo de los acontecimientos narrados en Tale of the Dead Man había tenido lugar en el episodio inmediatamente anterior, Una Carta para el Juez Dredd (Prog. 661) un magnífico episodio epistolar de seis páginas dibujadas por Will Simpson que conectaba lo sucedido con el argumento de la Democracia. Ambientada a principios del 2112, la historia estaba escrita desde la perspectiva de un chaval que había escrito una carta a Dredd con motivo de un trabajo escolar. Con la inocencia propia de un niño, el chico le preguntaba sobre los hechos ocurridos durante la Marcha Democrática e identificaba correctamente los problemas inherentes al estado policial y fascista mantenido por los Jueces.

De camino a echar la carta al correo, el chaval había muerto al ser atacado en uno de sus episodios violentos por un vecino al que describía en su carta y que había quedado mal de la cabeza a causa de un golpe que le habían dado los Jueces durante la Marcha Democrática. Al acudir a la escena del crimen, Dredd encontraba la carta y comprendía lo sucedido, sintiéndose responsable de la muerte del chico y aflorando en toda su crudeza los sentimientos de culpa que había reprimido desde Revolución (Progs. 531-533).
 
Con este bagaje previo, comenzaba Tale of the Dead Man (Progs. 662-668) siete episodios publicados de Enero a Marzo de 1990, que comprendían un total de 54 páginas y que aparecían dibujados por Will Simpson (1-4) y el novel Jeff Anderson (5-7). Con Wagner decidido a empezar a atar cabos, la historia comenzaba donde había concluido The Dead Man, es decir, con Dredd dirigiéndose a pie a Mega-City Uno y rememorando los acontecimientos que le habían llevado a emprender la Larga Marcha.
Tras la muerte del joven Wenders, Dredd había comenzado a cuestionarse abiertamente su papel dentro del sistema, al que comenzaba a considerar como una gran mentira. Sus evaluaciones psicológicas preocupaban cada vez más al Consejo, que se planteaba la cuestión con la gravedad que requería el que Dredd fuera considerado un icono para Mega-City Uno. En previsión de lo que pudiera suceder, Silver y Odell decidían sacar al joven Kraken de la Academia, asignándole al propio Dredd su supervisión final para decidir si era apto o no para convertirse en Juez, tal y como ya se había visto en otras ocasiones a lo largo de la serie. Evidentemente, Dredd comprendía de qué iba todo aquello, pero también sabía que si en Kraken había algo equivocado, él era el único capaz de averiguarlo.
Bajo la atenta vigilancia de Odell y la PSU, Dredd y Kraken comenzaban a patrullar las calles de MegaCity, dejando Dredd que el joven aspirante a sustituirle se hiciese cargo de las situaciones que se iban encontrando. Uno de los avisos les conducía hasta una situación con rehenes a cargo del Juez Morphy (Prog. 387), el Juez que en su día había llevado a cabo la supervisión final de Dredd en su época de cadete y que era lo más parecido a una figura paterna que éste había llegado a asimilar a causa de su origen clónico. Observando las similitudes entre ellos, Morphy apuntaba lo parecidos que resultaban, decidiendo Dredd contarle lo que estaba sucediendo. La actuación de Kraken resultaba excelente, mejor incluso que la del propio Dredd, pero a pesar de la petición de Odell de dar por terminada la evaluación, Dredd decidía seguir adelante con ella.
Con Dredd teniendo cada vez más clara la posibilidad de emprender la Larga Marcha ante la crisis personal que estaba experimentando, llegaba el aviso de que Morphy había sido abatido. La cacería de sus asesinos llevaba a Dredd al límite del asesinato por venganza y acababa con Kraken recriminándole su actuación y reprochándole que su tiempo como Juez había pasado, que estaba viejo para seguir en las calles. Dando la evaluación como terminada, Dredd regresaba con Kraken junto a Odell y juzgaba a Kraken como no apto para convertirse en un Juez de Mega-City Uno. A pesar de las protestas de Odell ante Silver, Dredd no rectificaba su veredicto y anunciaba además su dimisión y su decisión de emprender la Larga Marcha.
 
Mientras Silver comunicaba a Odell su decisión de mantener por el momento la dimisión de Dredd en el más absoluto de los secretos, Dredd decidía corregir la injusticia que había cometido y procedía a ordenar la liberación de Blondel Dupre y  de los principales activistas demócratas que habían sido detenidos durante el transcurso de Revolución, emprendiendo a la mañana siguiente la Larga Marcha a la Tierra Maldita.

Como conclusión de la saga, la acción regresaba al presente, con Dredd reanudando su camino hacia Mega-City Uno y preguntándose lo que habría ocurrido en la ciudad durante su ausencia. Esta iba a ser su última aparición en la serie durante varios meses. A partir de este momento, Dredd desaparecía de escena y se contaba lo ocurrido en la megaciudad tras su marcha. Para ello aparecían sucesivamente tres sagas cortas, comprendiendo un total de cinco episodios, cuya denominación común era quedar comprendidas dentro de lo que al inicio de cada capítulo se iba numerando como Cuenta Atrás hacia Necrópolis.
La primera de ellas fue Por Inyección Letal, una minisaga de dos episodios (Progs. 669-670) publicados durante el mes de Marzo de 1990 que significarían la incorporación de Carlos Ezquerra a la historia desde entonces y hasta su conclusión. Aunque supongo que ya habrá tiempo de entrar en detalles, una primera circunstancia a destacar es que Ezquerra se ocupó (semanalmente) tanto de dibujar como de colorear (o casi habría que decir, pintar) la serie durante siete meses y 31 episodios ininterrumpidos, casi 200 páginas consecutivas.
 
A pesar de sus escasas 14 páginas, Por Inyección Letal era una historia realmente buena en la que Dredd no aparecía por ninguna parte, constituyendo su ausencia el motor que impulsaba la saga hacia delante. El personaje central sobre el que ahora giraba la trama resultaba ser Kraken, contándose los acontecimientos desde su punto de vista.
 
Tras el veredicto negativo de Dredd, Kraken resultaba formalmente expulsado de la Academia de la Ley, juzgado por sus actos como Judda y condenado a muerte por Inyección Letal. Kraken lo consideraba injusto, pero no se echaba atrás y era él mismo quien se inyectaba el cianuro para demostrar a todos los asistentes a su ejecución lo mucho que se equivocaban con él. El cliffhanger se solucionaba en el capítulo siguiente, cuando Silver y Odell revivían al oficialmente muerto Kraken en el más absoluto de los secretos, revelando haber sustituido el cianuro por un anestésico. El montaje se le explicaba a Kraken como una prueba necesaria para demostrarles que el juicio de Dredd había sido equivocado. Dado su ejemplar comportamiento, Silver le nombraba Juez de Mega-City Uno y le entregaba su placa, pero era una placa en la que no ponía Kraken sino Dredd.
Con la Cuenta Atrás hacia Necrópolis situada en tres, la historia continuaba directamente en Derechos de Sucesión, un solitario episodio (Prog. 671) de siete páginas en el que Kraken se metía de lleno en el papel de Dredd y tomaba contacto con las calles de MegaCity, siendo Silver, Odell y el propio Kraken los únicos en conocer la verdad de lo que estaba sucediendo. La actitud de Kraken podía llegar a ser a veces la adecuada, pero como daba a entender el título, algo fallaba en la sustitución: Kraken no era Dredd, a quien más parecía haber destronado que reemplazado.
Como creo que se puede percibir, la serie era ya a estas alturas un continuará tras otro desde hacía varios meses. Y sin embargo, aún faltaba por abrirse la tercera y última vía argumental, la directamente relacionada con los villanos detonantes de la macrosaga, los Jueces Oscuros, que como ya se había visto, en esta ocasión venían además acompañados. Dear Annie (Progs. 672-673) era el título de la última minisaga de dos episodios con los que daba inicio su regreso y con los que concluía la Cuenta Atrás hacia Necrópolis.

Dado que soy muy fan de Ezquerra, y más del Ezquerra de estos años, me temo que va a ser inevitable hacer un esfuerzo extra en la próxima entrada para tratar de no divagar mucho y que la subjetividad no se me note demasiado.
 

viernes, 23 de octubre de 2015

El Linaje de Fargo. Las vacaciones veraniegas de P.J. Maybe

La disolución del equipo formado por John Wagner y Alan Grant no resultó tan traumática como en un primer momento se había llegado a temer por los editores del 2000AD. Es bastante posible que algo tuviera que ver el hecho de que Wagner le cediese (generosamente) a Grant las riendas de las otras dos series que ambos escribían juntos, Strontium Dog y Anderson Psi Division, cuyos protagonistas no dejaban de ser sino creaciones del propio John Wagner.

Sea como fuere, todo el mundo salió conforme. Alan Grant ni siquiera tendría problemas para seguir escribiendo ocasionalmente a Dredd en aquellos casos en que se hizo necesario a fin de que Wagner pudiera dedicarse sin agobios a otra serie de proyectos y tareas editoriales en las que se fue viendo envuelto. Con todo, el problema que se avecinaba en el horizonte no iba a ser tanto el día después a la disolución del dúo formado por Wagner y Grant, sino el hecho de que Wagner se encontraba cada vez más quemado por no estar recibiendo ni un penique de los derechos de merchandising del Juez Dredd.
En todo caso, ya sin Alan Grant y con John Wagner como único responsable de la dirección de Judge Dredd, la primera historia con trascendencia directa para todo lo que iba a tener lugar al año siguiente fue precisamente la primera secuela directa de Oz; o mejor dicho la segunda, toda vez que Hitman ya había permitido vislumbrar las dudas que comenzaba a albergar Joe Dredd sobre su papel a la hora de hacer cumplir la ley de Mega-City Uno. Bloodline (Progs. 583-584), cuya traducción más aproximada en castellano sería algo parecido a Linaje, fueron dos episodios dibujados por el irlandés Will Simpson, con un total de 18 páginas, y que aparecieron durante la segunda quincena del mes de Julio de 1988.
Su principal atractivo consistía en la revelación a los lectores y al propio Dredd de uno de los secretos más oscuros que se había guardado el Juez Jefe Silver tras la conclusión de Oz: la existencia de Kraken, un Judda de la línea genética de Fargo al que Silver había preservado de la eliminación sufrida por sus hermanos clónicos. Kraken había sido puesto bajo la custodia del Juez Odell, nuevo jefe de la Tek Division tras el asesinato de Bruffen, con vistas a convertirle en un Juez de Mega-City Uno para el caso de que llegase a ser necesario reemplazar algún día al veterano Joe Dredd. O lo que es lo mismo, lo que el Departamento de Justicia pretendía era tener un clon de Dredd como reserva para el caso de perder al auténtico.

Dredd, que había sido mantenido al margen, se enteraba de todo el asunto al empezar a compartir las mismas sensaciones que experimentaba Kraken durante su primera salida a las calles de Mega-City Uno. Siguiendo aquellas sensaciones, consecuencia del vínculo genético que les unía a ambos, Dredd llegaba hasta Odell y Kraken y descubría lo que estaba sucediendo, comprendiendo al mismo tiempo lo que Silver, Odell y el Consejo tenían en mente para el día en que el propio Dredd no pudiera permanecer al frente de la ley de MegaCity. Nadie era irremplazable. O al menos eso pensaba Silver.
 
Otra nota destacable fue el ingreso de Judge Dredd en el mundo de los cómics a color durante el transcurso de Twister (Progs. 588 a 591), una saga de cuatro episodios que suponía un curioso homenaje por parte de John Wagner al clásico de L. Frank Baum llevado al cine, el Mago de Oz. Debido a una falta de coordinación editorial, la definitiva presentación de la totalidad del episodio de Dredd a todo color (en realidad, no sería del todo así, como vamos a comprobar enseguida; hubo alguna que otra excepción con motivo de la llegada de Bisley a Slaine y la aparición de El Dios Cornudo), comenzó con la segunda parte de la historia (Prog. 589), cuando en realidad habría debido producirse en el número anterior (Prog. 588) coincidiendo con el añadido de cuatro páginas más a la revista y la presentación de su cubierta en papel satinado.
 
Con todo, mayor relevancia argumental tendría el regreso a la serie del joven PJ Maybe, quien se convertía en el auténtico protagonista de WHat i Did during tHe Zummer HoLidays by P.J Maybe, Age 13 (Progs. 592 a 594), tres episodios que eran dibujados de nuevo por Liam Sharp y publicados desde mediados de septiembre a primeros de octubre, en los que tal y como indicaba el propio título de la historia, a través del trabajo escolar del propio interesado se contaba lo que éste había hecho durante sus vacaciones de verano. O lo que es lo mismo, cómo accedía a la fortuna de la familia Yess, su familia por parte de madre y proveedores en exclusiva de los uniformes utilizados por los Jueces.

Con un plan perfectamente trazado, PJ empezaba por eliminar a los cretinos de sus primos, Wilbur y Watt. A Wilbur le manipulaba el coche y se estrellaba llevándose por delante a otros diez ciudadanos más, mientras que con Watt utilizaba una droga hipnótica denominada SLD 88, que él mismo se había fabricado en el laboratorio del cole, y se las arreglaba para simular su suicidioLa cabeza rectora del negocio familiar, el viejo Fustas Yess, no le iba a durar mucho más al pequeño psicópata, puesto que tras haber enviado a una compañera del cole al hospital, se las arreglaba para obtener de otro enfermo una enfermedad mortal procedente de la Tierra Maldita que luego le inyectaba al viejo mientras dormía. Lo cierto es que el desafortunado tío Fustas era un verdadero cabrón, exactamente igual que sus difuntos hijos, pero a la hora de la verdad, los tres resultaban unos alevines comparados con el pequeño PJ Maybe.
A modo de conclusión, cinco semanas después se publicaba The Further Advenshers of PJ Maybe (Prog. 599) un epílogo de seis páginas ambientado a finales del 2110, que comenzaba contando los estertores del tío Fustas en el momento en que el pequeño PJ Maybe, con una sonrisilla en plan hijodeputa, le susurraba la verdad mientras agonizaba en su lecho de muerte. Impagable resultaba la secuencia inicial en que el pobre hombre abría los ojos de par en par, atónito ante lo que escuchaba, señalaba a PJ sin poder hablar, y luego se moría, entendiendo todos los presentes que lo que estaba haciendo era indicarle como su sucesor.
 
Con todos los miembros de la familia Yess fallecidos en un periodo de tres meses, los padres de PJ se convertían en herederos directos de la fortuna y el negocio familiar de los Yess, pero también en los principales sospechosos de sus posibles asesinatos. A pesar de ser registrados de manera minuciosa y exhaustiva por los Jueces en busca de cualquier prueba, su inocencia les acababa descartando como autores de cualquier posible crimen, con lo que el pequeño psicópata se acababa convirtiendo en un joven multimillonario en el día de su decimocuarto cumpleaños. Incluso conseguía una novia hipermaciza y un par de años mayor que él después de cargarse a su novio. Dredd era el único que llegaba a albergar una mínima sospecha, pero la posibilidad se acababa descartando al no creer nadie que aquel crío, que además representaba perfectamente el papel de idiota, resultase capaz de organizar y llevar a cabo un triple asesinato de una manera tan elaborada y sin dejar ningún rastro de cualquier posible actividad criminal.

Tras otra serie de historias que se publicaron entre medias como Nuestro hombre en Hondo (Progs. 608 a 611) donde se presentaba la megaciudad nipona de Hondo City, o como Banana City (Progs. 623 a 625) en la que aparecía por primera vez Ciudad Barranquilla, la más corrupta megaciudad del planeta, las aventuras de PJ Maybe llegarían a una primera conclusión ocho meses después de que el pequeño asesino en serie hubiera conseguido acceder a la fortuna de los Yess. The Confeshuns of P.J. Maybe (Progs. 632 a 634), una de las pocas historias de Dredd que todavía llegaron a aparecer a b/n durante este periodo de implantación del color, supusieron el último y veraniego capítulo de 22 páginas dedicado por John Wagner y Liam Sharp a aquella primera trilogía protagonizada por el astuto y letal PJ Maybe e iniciada cien números atrás con Bug (Prog. 534).
Ambientada esta vez a mediados del 2111, el problema con que se topaba el pequeño criminal superdotado consistía en que no había sido capaz de prever lo cabrones que podían llegar ser sus competidores en el ramo del lucrativo negocio familiar recientemente heredado, por lo que no le quedaba otro remedio que demostrar a sus adversarios quién era el competidor verdaderamente peligroso en el negocio.

La historia se iniciaba cuando todo había concluido y PJ era interrogado por Dredd tras haber sido arrestado. Orgulloso de sus logros, el pequeño psicópata no tenía ningún problema en ir confesando la historia de los catorce asesinatos que había llevado a cabo hasta entonces, siendo así como se contaba cómo había acabado en los isocubos. Todo había comenzado cuando los Hermanos Hoss, los más encarnizados competidores del viejo Fustas, habían conseguido levantar a Enfáticamente Yess el contrato que tenía con los uniformes de los Jueces.
Aquello no podía ser consentido por PJ, que automáticamente volvía a utilizar el SLD 88, en este caso para inducir a Chester Hoss a decir compulsivamente la verdad ante cualquier situación, lo que producía que durante una entrevista en televisión confesase el fraude que su hermano y él tenían en mente para producir uniformes a bajo coste y sacarle elevados beneficios al negocio con los Jueces.

Chester Hoss acababa en un psiquiátrico, pero su hermano Alger conseguía mantener el contrato aceptando las nuevas y abusivas condiciones que ahora les imponía el Departamento de Justicia, lo que obligaba a volver a actuar al pequeño PJ, esta vez involucrando a Alger en un negocio de drogas con el que poder financiar la ruina en que se había convertido el negocio con los Jueces. Con lo que PJ no contaba es con que Alger Hoss estuviese tan desesperado como para presentarse en persona a llevar a cabo el delictivo negocio en el que debía ser reemplazado por un robot y acabase siendo asesinado, siendo el propio Dredd quien acudía al lugar de los hechos y el que por un azar del destino detenía al joven Maybe, que no tenía modo de explicar su presencia allí ni su conexión con lo sucedido.
Lo cierto es que con estas dos sagas PJ Maybe se revelaba como una ingeniosa y enloquecida vuelta de tuerca de Adrian Mole, el joven protagonista de una serie de novelas escritas por Sue Townsend que trataban en plan simpático la vida de un adolescente, y que al igual que las peripecias de PJ también aparecían narradas en primera persona, a modo de diario. Las historias de Adrian Mole llegaron a tener su propia versión televisiva en la BBC a mediados de los ochenta, convirtiéndose en un fenómeno bastante similar al que aquí llegamos a conocer unos años más tarde a través del Manolito Gafotas de Elvira Lindo y su posterior adaptación televisiva y cinematográfica. En cualquier caso, a partir de esta trilogía de presentación, John Wagner emprendería con PJ Maybe un camino totalmente desvinculado de aquella singular inspiración original, quedándose aquel origen en una simple curiosidad.
 
De todas formas, por si os gustase el juego de las similitudes entre Adrian Mole y estas primeras historias de PJ Maybe, el título de su primer libro resultaba ser The Secret Diary of Adrian Mole, Aged 13 ¾, y el del tercero, The True Confessions of Adrian Mole. Si se relacionan los títulos de los libros con los de los episodios de PJ Maybe que acabamos de reseñar, no creo que hagan falta muchas más explicaciones. En cualquier caso, a pesar de haber sido detenido, la historia de PJ Maybe apenas había comenzado a dar sus primeros pasos. John Wagner no tenía en mente desembarazarse tan pronto del personaje. Más bien al contrario, su regreso iba a tener lugar apenas un año y medio más tarde, en este caso como una de las consecuencias de Necrópolis.

Hablando de Necrópolis, sería precisamente a una de sus protagonistas, la Juez Anderson, a la que peor le sentó la separación de John Wagner y Alan Grant. De entrada, debido a esa separación, Anderson se quedó sin la habitual saga veraniega que hubiera debido aparecer en 1988, no regresando hasta principios del año siguiente y ya de la mano en solitario de Alan Grant.

Su primera historia destacable durante este nuevo periodo a cargo de Alan Grant fue Más allá del Vacío (Progs. 612-613), una historia corta de dos episodios dibujados por Mick Austin que trajeron consigo la amenaza del regreso del Juez Muerte del limbo, cuando un  anciano lama que llevaba 30 largos años de enclaustramiento y meditación en busca del nirvana, contactaba de manera involuntaria con él. Y sí, habéis adivinado cómo acabó el lama.
 
Inmediatamente a continuación apareció Helios (Progs. 614-622), una historia de 46 páginas dibujada por David Roach y publicada de Febrero a Abril de 1989 que arrancaba de lo sucedido en The Brainstem Man (Prog. 587), uno de los episodios de Dredd que había llevado a cabo Alan Grant echando una mano a John Wagner. Aunque con un resultado final a mi juicio bastante pobre, Helios supuso el primer intento serio por parte de Grant de establecer un tono diferente entre las historias de Dredd y las de Anderson, presentando además en ella a la Juez Corey, una émpata de la Psi Division que resultaba ser la amiga de más confianza de Anderson dentro del cuerpo y cuyo suicidio en Leviathan´s Farewell (2000AD Special Sci-Fi 1989) le llevaría a plantearse muchas cosas a la telépata.
 
Sin ser tampoco una de las sagas más recordadas de Anderson, mejor fortuna tendría para mi gusto Triada, otra historia de 50 páginas aparecida de Julio a Septiembre de aquel año a lo largo de los diez episodios que se publicaron en los Progs. 635 a 644. Con la nota curiosa de contener la primera aparición del Departamento de Eventos Forteanos, la historia supuso la primera colaboración de Alan Grant con Arthur Ranson, un magnífico dibujante de estilo fotorealista que con el paso de los años ha acabado siendo reconocido por los aficionados como el gran dibujante de Judge Anderson. El propio Alan Grant considera que las mejores historias sobre Anderson han sido aquéllas en las que ambos han colaborado juntos.
Basada en una historia real sobre un abuso infantil del que Alan Grant había tenido conocimiento, Triada comenzaba con una serie de eventos paranormales del tipo de autostopistas fantasmas, centenares de personas muertas por combustión espontánea y similares, que Anderson procedía a investigar. El rastro le conducía hasta dos pequeñas gemelas de gran potencial psíquico que canalizaban el odio de un compañero de colegio que sufría maltratos por parte de su padrastro. Toda aquella sórdida historia estaba siendo orquestada por un misterioso individuo que se presentaba a las familias de los niños implicados como un Juez de la Psi Division y que resultaba ser en realidad uno de los antiguos Jueces Soviets de Mega Este Uno, siendo éstos, encabezados por Orlok, los que se encontraban detrás de lo que se revelaba como un ataque terrorista de carácter psíquico contra Mega-City Uno.
 
 
Con todo, la noticia de aquel año 1989 en Mega-City Uno fue el nuevo regreso de Carlos Ezquerra a Judge Dredd. Tras un par de episodios de toma de contacto, Young Giant (Progs. 651-655) presentó una historia de 30 páginas aparecida durante los meses de Noviembre y Diciembre que sirvió para que Ezquerra calentase motores, y ya de paso, para que John Wagner presentase a otro de los personajes que iban a aparecer en Necrópolis, el joven cadete Giant, hijo del difunto Juez Giant, y nieto de la antigua estrella de aereoball de los Héroes de Harlem, Clay Giant Sr.
 
La historia descubría que el fallecido Juez Giant, uno de los primeros secundarios de la serie, asesinado por Orlok durante la Blockmania, había mantenido una relación no judicial con una civil y tenido un hijo de esa relación. La madre había sido asesinada por las bandas durante el caos generado en las calles por la Guerra del Apocalipsis, y el chaval había sido capaz de sobrevivir por su cuenta en semejante entorno hostil con menos de diez años de edad. Tras ser encontrado por los Jueces a la finalización del conflicto, su identidad había sido descubierta al identificarse su ADN, siendo reclutado para la Academia de la Ley en consideración a su potencial genético y a las facultades físicas heredadas de su padre y de su abuelo. A pesar de su juventud, el director de la Academia decidía asignarle a un primer test de patrulla con Dredd para que éste tratase de reconducir la violencia que consumía al chico tras haber presenciado el asesinato de su madre y no haber conseguido evitarlo.
 
De manera inadvertida, lo más relevante sin embargo para el inminente futuro de la serie era este diálogo final que Dredd mantenía con el joven cadete Giant a la conclusión de la historia. Aunque la impresión podía ser que Dredd simplemente le estaba aconsejando con vistas al futuro, ese dialogo en realidad estaba anunciando algo que ya estaba teniendo lugar sin que nadie se hubiera percatado de ello, aprovechando el nuevo formato del 2000AD que había comenzado con el Prog. 650.
 
Con el consiguiente aumento de precio, ahora eran cinco las historias presentadas en la revista, tres de ellas a color. Y una de las nuevas historias a b/n que había debutado en ese número era The Dead Man, una historia escrita por un tal Keef Ripley y dibujada por John Ridgway sobre un misterioso individuo amnésico y horriblemente quemado que trataba de averiguar su identidad en medio de la Tierra Maldita. Lo que nadie podía prever era que Keef Ripley fuese en realidad un seudónimo de John Wagner y que The Dead Man resultase ser el mismísimo Joe Dredd, así que no creo que haga demasiada falta decir de qué va a ir esto la próxima vez.