sábado, 10 de octubre de 2020

Wilderlands: Las Tierras Salvajes

A principios de 1994, toda la crítica especializada del mercado de cómics británico coincide en que las ventas del 2000AD no eran precisamente las mejores de su historia editorial. Lo cierto es que desde la marcha de Garth Ennis, las historias del Juez Dredd que estaban apareciendo en el 2000AD habían bajado demasiado el nivel. El inusual número de guionistas distintos que había pasado a ocuparse del personaje estrella de la revista impedía que las historias que aparecían en ella tuviesen la estabilidad y continuidad necesarias para mantener el interés de los lectores. Según comenta David Bishop, editor en aquella época del Judge Dredd Megazine y que también acabaría siendo nombrado editor del 2000AD antes de que finalizase el año, parece ser que fue Steve MacManus el que urgió al entonces editor Alan McKenzie para que consiguiese como fuera que John Wagner regresase al 2000AD y volviese a escribir las historias de Dredd. Afortunadamente para todos, Wagner estuvo de acuerdo en volver, comenzando a simultanear sus guiones tanto para el 2000AD como para el Megazine y siendo consecuencia directa de ese regreso el crossover que acabaría apareciendo ese año entre ambas revistas: Las Tierras Salvajes (Wilderlands), uno de los Mega-Epics del Juez Dredd más extensos que se han llegado a publicar en toda la historia del personaje.

Echando un poco la vista atrás, el año había comenzado con John Wagner escribiendo exclusivamente en las páginas del Megazine, en el que tras concluir la trilogía de Mechanismo había presentado algunas historias que habían dejado un muy buen sabor de boca entre los aficionados. Una de ellas fue un brillante episodio de humor negrísimo con el desequilibrado Angel Malamáquina de protagonista y con el propio lector como principal cómplice: Tú eres Malamáquina (You are Mean Machine), una historia corta de nueve páginas aparecida a mediados de Febrero (Meg. 2.47) y que contaba con Greg Staples, el discípulo más aventajado de Simon Bisley, en el apartado gráfico.

Con motivo de la fuga de Malamáquina durante su traslado a una clínica del Sector 7, a fin de recibir su sesión periódica de terapia electro convulsiva, el episodio iba mostrando los múltiples asesinatos y desastres de todo tipo que el psicótico cyborg iba causando a su paso mientras intentaba escapar de la ciudad. La particularidad consistía en que esta vez Wagner planteaba tres opciones al lector para que se pusiera en la piel de Malamáquina antes de que éste emprendiera una acción determinada. Planteada así la historia como una especie de pasatiempo, el premio para el lector que lograse más aciertos consistía en la implantación de un dial en la cabeza de manera totalmente gratuita, un premio lógicamente ficticio que luego en la práctica se veía sustituido por ocho de las páginas originales de Staples para los primeros concursantes que hiciesen llegar sus resultados a la revista.

Precediendo al poco afortunado regreso de Mike McMahon a las páginas de Dredd que tendría lugar en Howler (Megs. 2.53-2.56), otra de las buenas historias que John Wagner vino a presentar en el Megazine antes de incorporarse de nuevo al 2000AD fue Giant (Megs. 2.50-2.52), una historia de 28 páginas aparecida en el mes de Abril y que presentaba la graduación final en las calles de Mega-City Uno del cadete Giant, el hijo del primer Juez Giant, fallecido a manos de Orlok el Asesino durante el transcurso de la Blockmanía (Progs. 236-244). Con el veterano Ian Gibson a cargo del apartado gráfico, la historia continuaba la trama que giraba alrededor del joven cadete que había sido presentado cinco años atrás en la serie (Progs. 651-655) y que había llegado a adquirir un destacado protagonismo en los acontecimientos que habían tenido lugar durante la Necrópolis (Progs. 672-699). Ahora, la supervisión final para decidir si Giant se convertía o no en Juez corría a cargo del propio Juez Dredd, quien durante todo un día tenía que dejar al joven cadete al mando de las situaciones con que ambos se encontrasen y decidir al final de la prueba si las había manejado adecuadamente.

Con apenas quince años cumplidos, Giant era de los pocos cadetes en la historia de la Academia a los que se había considerado aptos para salir a las calles a una edad tan temprana, algo que sólo había ocurrido con anterioridad en los excepcionales casos del propio Dredd y de su hermano Rico y que en el futuro sólo se volvería a repetir también de manera excepcional con la joven cadete América Beeny. Tal y como se explicaba al inicio del primer episodio, el enorme número de bajas sufridas por los Jueces en los últimos tiempos y el extraordinario desarrollo físico y aptitudes que presentaba el joven a pesar de su edad, le hacían merecedor de una medida tan excepcional a ojos del Departamento de Justicia. A efectos de continuidad, la historia volvía a hacer hincapié en uno de los temas que acabarían siendo representativos de la serie, como era el examen final de graduación en las calles que tenían que pasar todos los cadetes de la Academia antes de convertirse en Jueces, procedimiento visto con anterioridad en historias como La Academia de la Ley (Progs. 27-28) o Fabricando un Juez (Progs. 370-373).

La historia contenía además la sorprendente revelación de que Walter, el antiguo y servicial robot del Juez Dredd, se había vuelto malvado y estaba intentando llevar a cabo un nuevo levantamiento de todos los robots de Mega-City en memoria de su destruido líder Llámame Kenneth  (Progs. 10-17). Pues bien, a modo de curiosidad, el artista que originalmente se iba a encargar de esta historia era Kevin O´Neill, encantado por cierto de llevarla a cabo puesto que le ofrecía la posibilidad de dibujar la destrucción de Walter el Wobot, personaje al que O´Neill había reconocido no haber llegado nunca a apreciar demasiado. Sin embargo, problemas de fechas en su calendario le obligaron a apartarse del proyecto, lo que significó la entrada en él de Ian Gibson, que en ese momento venía de encargarse junto al propio Wagner de las nuevas aventuras del famoso y reconocido artista de la taxidermia humanaJacob Sardini (Progs. 507-510), en El Regreso del Taxidermista (Megs. 2.37-2.46). Gibson se había encargado de dibujar muchas de las primeras apariciones de Walter en 1977, y además, había sido también el artista encargado de llevar a cabo la primera aparición de los cadetes, de la Academia y del primer Juez Giant, padre del cadete que ahora intentaba convertirse en Juez, con lo que de alguna manera puede decirse que Gibson vino a cerrar un círculo con esta historia.

Aunque el regreso de John Wagner a las páginas del 2000AD tuvo lugar con La Máquina del Tiempo (Progs. 889-890), una historia dibujada por Ezquerra aparecida durante la segunda quincena del mes de Mayo, en la práctica puede decirse que fue Conspiración de Silencio (Progs. 891-894), la historia que iniciaba el arco argumental en el que se integraba el crossover que ese año iba a tener lugar entre el 2000AD y el Judge Dredd Megazine, la que supondría el punto de partida para el regreso del escritor al 2000AD.

Haciendo un poco de historia, a pesar de que la idea de llevar a cabo un crossover entre el 2000AD y el Megazine no había sido del todo demasiado bien recibida por los lectores apenas un par de años antes, cuando Garth Ennis se había encargado de llevar a cabo El Día del Juicio (Progs. 786-799 y Megs. 2.04-2.09), el primer crossover que había tenido lugar entre las dos revistas, el éxito comercial que este tipo de crossovers estaban teniendo al otro lado del Atlántico, acabó derivando en que la tradicional saga de Dredd que tocaba publicar ese año fuese editorialmente reconvertida en un segundo crossover entre el Megazine y el 2000AD, convenciéndose a John Wagner para que fuese él mismo quien lo llevase a cabo. La única premisa editorial que Wagner debía tener en cuenta a la hora de desarrollar el crossover es que la línea argumental debía tener sentido para aquellos lectores que sólo siguieran el 2000AD y para aquellos otros que sólo siguieran el Megazine. Con estos antecedentes como base editorial, sería cómo acabase apareciendo Wilderlands (Las Tierras Salvajes), la gran macrosaga del Juez Dredd del año 1994 y una de las más extensas que ha tenido el personaje a lo largo de su trayectoria editorial.

Desde el punto de vista de su contenido, la saga tocaba sobre todo tres argumentos principales: la trama política que giraba alrededor del Departamento de Justicia entre Dredd y McGruder, la odisea de la supervivencia en un entorno alienígena hostil, y la necesidad de recordar al lector cuáles eran las reglas por las que funcionaba el Juez Dredd como personaje, seguramente lo que más le interesaba contar a John Wagner con esta historia. Estructuralmente, la mecánica del crossover iba a ser en esta ocasión diferente a la utilizada en El Día del Juicio. Mientras que en ese primer crossover la historia se había narrado de una forma prácticamente lineal, con sus episodios alternándose en ambas revistas según iban tocando, Wilderlands comenzaba de una manera distinta, siendo las dos primeras sagas que integraban su arco argumental las que se iban alternando entre el 2000AD y el Judge Dredd Megazine, para luego continuar el crossover directamente de una revista a otra con dos líneas argumentales distintas, una siguiendo al Juez Dredd y la otra siguiendo a la joven Juez Castillo, la otra protagonista del crossover. La saga contenía además varios epílogos independientes que también se presentaban en las dos revistas, es decir, el protagonizado por Castillo aparecía en el Megazine, que era dónde se narraba su parte de la historia, y los protagonizados por Dredd en el 2000AD, que era dónde se contaba la suya.

Teniendo en cuenta estas circunstancias, el arco argumental de la saga comenzaba en el 2000AD con Conspiración de Silencio (Conspiracy of Silence), una historia introductoria de cuatro episodios (Progs. 891-894) aparecida durante el mes de Junio y la primera semana de Julio que abarcaba 24 páginas y que estaba a cargo de John Wagner y del británico Mark Harrison, quien debutaba en el 2000AD con esta historia. El inicio de la saga se planteaba como una continuación de las tramas que habían quedado pendientes a la conclusión de la trilogía de Mechanismo, sirviendo además como presentación de la nueva asistente personal de McGruder, la Juez Laverne Castillo, una joven e inexperta Juez recién salida de la Academia que había sido trasladada de las calles a los despachos al quedarse paralizada en un tiroteo en el que había fallecido su compañero.

La situación que se vivía en Mega-City resultaba cada vez más confusa. La Juez Jefe McGruder estaba dando síntomas cada vez más evidentes de senilidad, pero no podía ser apartada del cargo porque ella misma había disuelto tras la Necrópolis al Consejo de los Cinco, el único instrumento judicial con facultades para destituir a un Juez Jefe de Mega-City Uno en caso de necesidad. En este contexto argumental, Dredd era convocado a una reunión secreta en un aparcamiento de la ciudad por parte de varios de los Jueces más importantes del Departamento, entre los que se encontraban la Juez Hershey, el Juez Niles, director del SJS (siglas del Special Judicial Squad, los Jueces de Asuntos Internos), el Juez Shenker, director de la Psi Division, y el Juez Herriman, un ambicioso personaje que aparecía por primera vez en la serie y que tendría su pequeña cuota de protagonismo en el futuro. La reunión tenía por objeto solicitar el apoyo de Dredd para restituir el Consejo de los Cinco y destituir a McGruder. Sin embargo, Dredd decidía no apoyar la propuesta, considerando que de acuerdo con la ley era la propia McGruder quien debía dimitir del cargo. Antes de separarse, Niles entregaba una nota a Dredd con la dirección de un almacén propiedad del Departamento de Justicia que acababa llevando a Dredd a investigar aquella pista que subrepticiamente se le había entregado.

El motivo de aquella reunión parecía dejar claro cuál era la conspiración a la que se refería el título de esta primera parte de la historia. Sin embargo, John Wagner se encargaba de dar un giro radical a la trama cuando Dredd llegaba a la dirección proporcionada por Niles y se encontraba con otro tipo de conspiración que prestaba una nueva significación a todo lo que se había visto hasta entonces, puesto que el supuesto almacén se encontraba situado en la Calle del Silencio y lo que se estaba llevando a cabo en él era algo que supuestamente no debía existir: el Proyecto Mechanismo seguía activo y nunca había sido cerrado por McGruder, tal y como ésta había afirmado públicamente, sino que el Juez Quiggley (Meg. 2.37) estaba desarrollando en secreto una tercera generación de Jueces Robots, el modelo Mark 2A, por orden directa de la propia McGruder. Sin embargo, al mismo tiempo que Dredd llevaba a cabo su descubrimiento, el desequilibrado Juez Stich era interrogado con el suero de la verdad por el segundo al mando de McGruder, el Juez Greel, quien acababa obteniendo una confesión de Stich sobre lo que realmente había sucedido en las alcantarillas el día en que Dredd había destruido al modelo Mark 2 y quebrantado la ley.

Dejando las espadas en todo lo alto, esta primera parte de la historia concluía con Dredd convocando en el Palacio de Justicia a los principales Jueces del Departamento para exigir la dimisión de McGruder, mientras la errática Juez Jefe aguardaba la llegada de Dredd y del resto de conspiradores con el as en la manga que suponía la confesión de Stich y las pruebas que tenía contra Dredd. En el apartado artístico es necesario destacar que el nuevo diseño gráfico de los Jueces Robots, que aparecía por primera vez en esta historia, era obra del artista Peter Doherty, quien ya se había encargado en los Megs. 2.22-2.26 de llevar a cabo la segunda parte de la trilogía de Mechanismo (Mechanismo Returns) y que en esta ocasión era quien se encargaba también del siguiente capítulo del arco argumental que abarcaba Wilderlands. Otra circunstancia a destacar es que si bien el guion de Wagner describía a los nuevos robots con una apariencia más amistosa que la de sus predecesores (de hecho, esta vez recibían nombres individualizados en lugar de números identificativos a fin de ser mejor aceptados por los ciudadanos), Doherty decidió seguir un criterio artístico diferente al propuesto por Wagner, dándoles un color negro y un aspecto facial bastante más siniestro e inescrutable.

El último capítulo de Conspiración de Silencio conducía directamente al siguiente capítulo con el que continuaba el crossover, el dibujado por Peter Doherty, que salía a la venta a la semana siguiente, pero esta vez ya en las páginas del Judge Dredd Megazine, donde la saga iba ahora a continuar de manera quincenal durante los meses de verano. Su inicio tenía lugar con un único episodio de nueve páginas que recibía el título de Prólogo (Meg. 2.57) y era en el que estallaba la situación que había estado generándose durante los meses anteriores tras la conclusión de la trilogía de Mechanismo. En plena medianoche del día en que se había anunciado que iba a tener lugar un viaje diplomático de McGruder a las colonias de Hestia, el décimo planeta del sistema solar, la Juez Jefe de Mega-City Uno decidía activar de nuevo el Programa Mechanismo con efecto inmediato, lo que suscitaba gran controversia entre los Jueces y era noticia en todos los medios de comunicación de la ciudad.

Siguiendo la trama donde la había dejado Conspiración de Silencio, un conclave de los Jueces de mayor grado, con Dredd presente entre ellos, se presentaba ante McGruder y desafiaba abiertamente su autoridad, exigiéndole la restitución del Consejo de los Cinco a fin de proceder de manera inmediata a su reemplazo. Sin embargo, McGruder cambiaba las tornas cuando les demostraba a todos que Dredd había saboteado el Programa Mechanismo y también había falsificado las pruebas que demostraban tanto la fiabilidad del proyecto como su propia culpabilidad, manipulando para ello al Juez Stich. A pesar de que Hershey argumentaba que lo que había hecho era algo necesario para el bien de la ciudad, Dredd reconocía su culpabilidad, desarmando legalmente la postura de los reformistas y siendo condenado por la propia McGruder a cumplir veinte años de trabajos forzados en Titán. La Juez Jefe anunciaba que ella misma llevaría a efecto la sentencia trasladando al arrestado Dredd a Titán durante el regreso a la Tierra de su programado viaje a Hestia, viaje que iba a tener lugar de manera inmediata.

La historia continuaba en el siguiente número del Megazine, donde daba comienzo El Décimo Planeta (The Tenth Planet), una nueva saga de cinco episodios y 46 páginas (Megs. 2.58-2.62) que aparecía quincenalmente de mediados de Julio a mediados de Septiembre, siendo a partir de esta nueva parte de la historia cuando Carlos Ezquerra se hacía cargo de casi todo el protagonismo artístico del crossover hasta su final. Esta era la segunda vez que Ezquerra se hacía cargo de una historia de Dredd en las páginas del Megazine y una de las primeras en que comenzó a utilizar el coloreado por ordenador, si bien hay que tener en cuenta que los programas que existían en el año 1994 no eran ni mucho menos los que existen hoy en día. En este sentido, aunque este sistema de trabajo le iba a permitir al ilustrador español dedicarle mucho más tiempo a la planificación y al dibujo de las páginas de cara al futuro, puede decirse que estas primeras experiencias con el coloreado informático no fueron del todo del agrado de muchos lectores, acostumbrados al que hasta entonces había sido su sello característico propio de imágenes muy claras dominadas por su propio color a mano y que tan buenos resultados le había estado dando desde que había comenzado la época del color para el Juez Dredd.

Esta nueva etapa del crossover, como ocurriría también con todos los capítulos que aparecerían a partir de este momento en las páginas del Megazine, se hallaba narrada por la nueva asistente de McGruder, la Juez Castillo, utilizándose como apoyo de la narración el diario en el que ésta iba anotando sus experiencias en el planeta Hestia, que era donde llegaba la nave espacial Justicia 4 en el inicio de esta parte de la historia y donde se iba a desarrollar el nudo central del crossover. El nuevo y ficticio décimo planeta de nuestro sistema solar había sido descubierto por primera vez en el año 2009, permaneciendo inadvertido hasta entonces a causa del excéntrico arco que describía su órbita alrededor del Sol, del que se hallaba a 180 millones de kilómetros de distancia. Los primeros asentamientos terrestres se habían producido en el año 2051, encontrándose los colonos con un planeta perfectamente habitable pero tremendamente duro y hostil, que estaba además habitado por una extraña y dispersa civilización alienígena que evitaba todo contacto con los humanos. McGruder se dirigía a Hestia con la intención de vender una gran cantidad de las nuevas unidades Mechanismo a los colonos que habitaban el planeta, utilizando al mismo tiempo el traslado de Dredd a Titán con la esperanza de convencerle durante el viaje de las ventajas del Programa Mechanismo, apelando incluso a su vieja amistad para que lo aceptase a cambio de un indulto total. Sin embargo, Dredd se mantenía firme en su postura de que McGruder estaba mal de la cabeza y le respondía que si de verdad le importaba la ciudad lo mejor que podía hacer era dimitir del cargo con urgencia.

La historia funcionaba como una especie de presentación del escenario en el que se iba a desarrollar toda la parte del crossover que venía a continuación, mostrando la relación de maestro y alumna que se iba formando entre Dredd y Castillo y presentando el salvaje entorno de Hestia a través de los ojos de esta última y de su diario. Los colonos se las apañaban a duras penas con el planeta y estaba claro que no necesitaban para nada a las unidades Mechanismo que les quería vender McGruder, cuya frustración por el fracaso de la misión que la había llevado hasta allí la hacía comportarse de una manera cada vez más errática.

La trama se centraba sobre todo en la interacción que se producía entre los personajes que aparecían en la historia, mientras que la acción la proporcionaban los episodios de la estampida de los bisontes alienígenas y sobre todo el del ataque de los tiburones de las dunas a la estación científica, episodios que en ambos casos obligaban al arrestado Dredd a hacerse con un arma y tomar la iniciativa para proteger a la expedición ante la extraña ineficacia que mostraban los nuevos Jueces Robots. A modo de vistazo al futuro de la serie, los tiburones de las dunas, una especie de tiburones voladores que se movían también por debajo de las arenas del desierto, volverían a aparecer de nuevo en la serie, aunque esta vez en la propia Mega-City Uno (Progs. 1014-1016), planteándose entonces la necesidad de saber cómo habían llegado hasta allí unas criaturas originarias del planeta Hestia, lo que acabaría dando pie a una nueva macrosaga de Dredd en la Tierra Maldita: The Hunting Party (Progs. 1033-1049).

Adoptando ahora una estructura directamente lineal que iba de una revista a otra, la parte central del crossover aparecía sucesivamente en el 2000AD y en el Megazine, siendo la que servía para dar título a la totalidad de la saga: Wilderlands (Las Tierras Salvajes) que ahora seguía el orden de lectura que se correspondía con la periodicidad en que salía cada revista, semanal en el caso del 2000AD y quincenal en el del Judge Dredd Megazine, de manera que cada dos episodios del 2000AD, que era donde comenzaba esta parte de la saga, se insertaba a continuación uno del Megazine. De esta manera Wilderlands aparecería desde finales de Septiembre a finales de Noviembre en los Progs. 904 a 914 del 2000AD y en los Megs. 2.63 a 2.67, comprendiendo un total de 16 episodios y 110 páginas que estaban a cargo de Carlos Ezquerra (1-2, 4-5, 7-8, 10-11, 14, 16) y Mick Austin (13) los que aparecían en el 2000AD, y de Trevor Hairsine (3, 6, 9, 12, 15) los que aparecían en el Megazine.

Desde el punto de vista artístico, el dibujo de Ezquerra estaba muy bien, como de costumbre, pero también es verdad que ese dibujo acababa perdiéndose en muchas páginas a causa del coloreado por ordenador que el artista español utilizaba en toda esta parte del crossover, lo que trastocaba un poco el resultado final. Por otra parte, el áspero estilo tomado de Mike McMahon que el dibujante Trevor Hairsine plasmaba en las páginas del Megazine, costaba un poco de asimilar al cambiar de un capítulo de Ezquerra a otro suyo. Por cierto, ésta era la primera vez que Hairsine dibujaba una historia a color, ya que todos sus trabajos hasta entonces habían sido a blanco y negro; de hecho, el propio artista llegó a comentar que tardó bastante en aclararse sobre el método de coloreado que iba a utilizar, ya que al principio decidió realizar a mano la totalidad de la primera entrega del crossover, pero le llevó tanto tiempo que no tuvo más remedio que cambiar de idea para poder cumplir a tiempo con el resto de entregas que le correspondían, de ahí las diferencias que se apreciaban en el trabajo a color entre esa primera entrega y las posteriores que aparecieron en el Megazine. En cuanto a la influencia de McMahon sobre el dibujo de Hairsine en esta historia, el propio artista también vendría a reconocer que estaba leyendo muchos trabajos antiguos de McMahon en esta época y que no se trató de nada intencional, sino que simplemente ocurrió así.

Desde el punto de vista estrictamente argumental, la saga comenzaba con la partida de la nave Justicia 4 de regreso a la Tierra, tras haber fracasado la idea que McGruder tenía en mente de vender las nuevas unidades Mechanismo a los colonos de Hestia y de convencer a Dredd para que se mantuviese a su lado. Sin embargo, apenas habían llegado a despegar de la colonia espacial, cuando una extraña y misteriosa figura, cuya identidad no se llegaba a revelar, se introducía en el puente de mando y asesinaba a los pilotos antes de que la nave hubiese abandonado el planeta, provocando que ésta se estrellase en una de las zonas más inhóspitas y agrestes de Hestia, las denominadas Tierras Salvajes, una extensión de miles y miles de kilómetros habitada sólo por extraños seres alienígenas, criaturas salvajes y plantas carnívoras, cuyas duras y adversas condiciones climatológicas hacían casi imposible la supervivencia de los seres humanos en ella. Sin posibilidades de enviar un mensaje de socorro a la Colonia o a la Tierra, los veintiocho supervivientes de la catástrofe se enfrentaban a una muerte prácticamente segura si no conseguían ayuda de manera inmediata.

Con McGruder en coma a causa del fuerte golpe sufrido al estrellarse la nave, las duras condiciones a las que se enfrentaban los supervivientes obligaban a que fuese el arrestado Juez Dredd quien asumiese la jefatura del grupo, a pesar de las reticencias de algunos de los Jueces supervivientes que viajaban a bordo, siendo la propia McGruder quien confirmaba el traspaso del mando a Dredd en un último intervalo lucido antes de volver a perder el conocimiento. La saga, que se configuraba así como una historia de supervivencia en condiciones extremas, tenía su principal inspiración en una serie bélica llamada Darkie´s Mob que el propio John Wagner había llevado a cabo a mediados de los años setenta, junto al dibujante Mike Western, en la revista semanal Battle Picture Weekly. En ella, su protagonista, Joe Darkie, un capitán renegado del ejército británico, comandaba a un grupo de soldados perdidos tras las líneas japonesas durante la II Guerra Mundial, intentando sobrevivir todos ellos en las peligrosas junglas de Birmania. En ambos casos se trataba de un grupo de individuos en un entorno hostil con un líder muy duro tirando de los demás hacia delante, si bien la acción se desarrollaba ahora en un planeta alienígena, siendo Dredd la figura brutal que asumía el mando. El propio Wagner explicaba algunos años más tarde que se trataba de un buen concepto que él creía que todavía podía llevarse un poco más allá, sin necesidad de reciclarlo, pero sí usando algunas de las ideas y aproximaciones a los personajes que había planteado en aquel entonces.

Sin duda alguna, el mayor problema que presentaba esta parte del crossover se encontraba en el apartado de la coordinación. El cambio de dibujantes entre los episodios de Ezquerra y los de Hairsine al principio del crossover no estaba bien resuelto desde el punto de vista narrativo, de manera que algunas escenas y argumentos se repetían de manera innecesaria en ambas revistas, siendo a partir del décimo capítulo, cuando el reducido grupo de Castillo partía en busca de la estación científica abandonada y las tramas de Dredd y Castillo seguían líneas argumentales independientes, cuando la coordinación entre el 2000AD y el Megazine comenzó a funcionar mucho mejor. Por otra parte, el episodio en que Mick Austin sustituía a Ezquerra en el 2000AD era otro desastre de coordinación entre los dibujantes que Wagner tuvo que resolver a base de diálogos y elipsis argumentales para que se pudiera entender lo que había sucedido.

Tras el rescate de los escasos supervivientes y la retirada de todos los cargos contra Dredd, la historia concluía de nuevo en Mega-City Uno con varios epílogos en los que se venían a atar todos los cabos sueltos que quedaban para cerrar la saga. El primero de ellos aparecía en el 2000AD y era el que podía considerarse como el epílogo más directo del crossover: Parting Shots (expresión que se podría traducir como Últimos Pronunciamientos), un único episodio de cinco páginas a cargo de Carlos Ezquerra que aparecía en el Prog. 915 y en el que McGruder decretaba la cancelación definitiva del Programa Mechanismo a causa de lo sucedido en Hestia (aunque es necesario matizar que los Jueces Robots no desaparecerían del todo de la serie, sino que quedarían aparcados para situaciones de emergencia que efectivamente se producirían en el futuro) y presentaba oficialmente su dimisión, convocando por primera vez unas elecciones entre los propios Jueces de Mega-City para que éstos decidieran quien iba a ser el nuevo Juez Jefe de la megaciudad.

Tras el anuncio, McGruder comunicaba también su decisión a los medios de comunicación, señalando su intención de escribir un libro y de comenzar una gira de conferencias centrada en sus experiencias como Juez Jefe de Mega-City, algo que no hace falta mencionar que es lo que había hecho también Margaret Thatcher un par de años antes tras anunciar su retirada oficial de la vida política.

Siguiendo la mecánica de alternancia de los episodios entre ambas revistas, el segundo de los epílogos tenía lugar a la semana siguiente en el Meg. 2.68 con Adiós al Jefe (Farewell to the Chief), el último episodio perteneciente al arco argumental de Wilderlands que aparecería en el Megazine y que por cierto sería el único en no ser incluido dentro de la primera recopilación de la saga que se llevaría a cabo en el año 2001. Dibujado por el novel Cyril Julien, el episodio de tan sólo nueve páginas se centraba de nuevo en la figura de la Juez Castillo, la principal protagonista de los capítulos pertenecientes a la saga que habían aparecido en el Megazine. Finalizando con este episodio la trama de la joven Juez, Castillo abandonaba el puesto de asistente de McGruder y decidía volver a patrullar de nuevo las calles de Mega-City Uno. Aunque algunos Jueces no estaban muy seguros de su valía, su contundente actuación y el apoyo que le prestaba el propio Dredd en esa primera intervención en las calles, disipaban todas las dudas sobre ella que existían entre sus compañeros. Echando un vistazo al futuro, ésta no sería tampoco la última aparición de Castillo en la serie, sino que volvería a reaparecer al año siguiente en una de las macrosagas más recordadas y reconocidas por todos los seguidores del Juez Dredd: El Pozo (The Pit).

El último epílogo que suponía la definitiva conclusión de la saga tenía lugar en los tres siguientes episodios del 2000AD que se publicaban a lo largo de ese mes de Diciembre en los Progs. 916 a 918, los dos primeros bajo el título de Los Candidatos (The Candidates) y el tercero con el título de El Día de la Votación (Voting Day). El primero de los episodios estaba otra vez a cargo de Mick Austin, que volvía a reemplazar con pobres resultados a Ezquerra, posiblemente para que éste pudiera entregar a tiempo los dos últimos episodios de la saga. Argumentalmente, se revelaban los cuatro candidatos que se presentaban a la votación: los Jueces Barbara Hershey, Paul Herriman, Ferd Plaski y Hadrian Volt. Sin embargo, como se descubría al inicio de este último epílogo de Wilderlands, alguien estaba muy interesado en que el Juez Dredd presentase también su candidatura al cargo y se convirtiese en el nuevo Juez Jefe de Mega-City, enviándole pruebas que comprometían la idoneidad de Plaski para el puesto, al haber tenido años atrás una hija fruto de un enlace no judicial con una civil.

Con Plaski fuera de la carrera electoral, el anónimo y desconocido informador de Dredd se ofrecía a quitarle de en medio a todos los demás candidatos si aceptaba presentar su candidatura. De esta manera, por primera y única vez en la historia de la serie, el Juez Dredd decidía presentarse al cargo de Juez Jefe de Mega-City Uno, aunque en realidad fuese con el fin de atrapar al anónimo informante que pretendía alterar de manera ilegal el resultado de la votación.

Solucionado el problema con el color, los dos últimos episodios en los que de nuevo entraba Ezquerra estaban realmente bien, en la línea del espléndido trabajo que iba a desarrollar gráfica y narrativamente en los años que iban a venir a continuación, para muchos aficionados sus mejores años en la serie. Con el resultado de las elecciones como telón de fondo, la historia discurría con la investigación que Dredd llevaba a cabo y con la trampa que le tendía al misterioso informador, quien resultaba ser un Juez del SJS que creía que Dredd era lo que necesitaba la ciudad, concluyendo finalmente con el resultado de la votación, que sorprendentemente proclamaba que Hadrian Volt era el nuevo Juez Jefe de Mega-City Uno con una amplia diferencia de votos sobre el resto de candidatos; de hecho, como se revelaba al final de la historia, el propio Dredd había votado también por Volt, antiguo Jefe del Sector 53 que en dos años había conseguido reducir de manera notable el índice de criminalidad de uno de los sectores más conflictivos de la ciudad.
Con este resultado, Hadrian Volt se presentaba a los lectores del 2000AD como el sexto Juez Jefe de Mega-City Uno que aparecía en la serie, tras los dos periodos de McGruder (2104-2109 y 2112-2116) y los periodos de Silver (2109-2112), Griffin (2101-2104), Cal (2101-2101) y Goodman (2058-2101). Sólo otros dos Jueces más habían desempeñado el cargo antes que ellos sin llegar a aparecer cronológicamente en la serie, aunque sí siendo mencionados varias veces dentro de su continuidad: los Jueces Fargo (2031-2051) y Solomon (2051-2058), el primero de ellos el denominado padre del sistema judicial y base del material genético del Juez Dredd. Por otra parte, representando a los Jueces más jóvenes que patrullaban las calles y partidaria de algunas reformas que los más veteranos consideraban demasiado liberales, también es necesario mencionar que ésta era la primera vez que la Juez Hershey se presentaba oficialmente a un cargo que en el futuro iba a llegar a ocupar hasta en dos ocasiones, al igual que McGruder, aunque ahora se limitaba a formar parte de nuevo del restituido Consejo de los Cinco que Volt volvía a instaurar tras jurar el cargo.

Comprendiendo finalmente un total de 31 episodios y 218 páginas distribuidas entre el 2000AD y el Megazine, Wilderlands había acabado siendo una macrosaga de gran importancia para el contexto argumental de la serie, que era lo que se había prometido editorialmente, aunque no puede decirse que hoy en día esté considerada como una de las grandes sagas del personaje. A pesar de todo, tampoco sería justo considerarla como una macrosaga fallida, especialmente si se tiene en cuenta lo bien que manejaba Wagner en ella a dos personajes tan suyos como Dredd y McGruder. Los inconvenientes de coordinación en la parte central del crossover y el problema del color que presentaban algunas de las páginas de Ezquerra, es cierto que debilitaban las expectativas que había despertado la saga, pero no es menos cierto que servía para cerrar de una manera convincente todas las tramas que Wagner había estado desarrollando durante los dos últimos años en las páginas del Megazine, añadiendo además nuevas dimensiones al universo de Dredd y explorando diferentes situaciones que se podían considerar como grises desde un punto de vista ético, sobre todo en cuanto al comportamiento y al código de conducta de Dredd y a su relación con McGruder. De todas formas, a la hora de hacer cualquier valoración de la saga, tampoco puede ignorarse que John Wagner nunca ha sido demasiado partidario de hacer este tipo de crossovers, considerando que muchas veces fuerzan la historia hacia caminos por los que el escritor realmente no quiere llevarla. En este sentido, Wagner no perfeccionaría la técnica a la hora de escribir este tipo de historias hasta el tercer y último crossover que aparecería entre ambas revistas: El Escenario del Juicio Final (The Doomsday Scenario), la gran macrosaga de Dredd que tendría lugar en el año 1999.

Mientras todo esto tenía lugar en Mega-City Uno, la exjuez Cassandra Anderson se dedicaba a vagabundear por el espacio exterior en una nueva saga de 11 episodios escrita por Alan Grant (Megs. 2.50-2.60), cuyo título era el mismo que el de la conocida novela de la actriz Carrie Fisher llevada al cine en 1990 por el director Mike Nichols: Postales desde el Filo (Postcards from the Edge). La saga, que transcurría de manera paralela en el tiempo a Wilderlands, constaba de 86 páginas y consistía en una colección de historias cortas de ciencia ficción a cargo de cinco artistas diferentes, para los que Grant escribía específicamente el segmento de la historia que les tocaba dibujar a cada uno, un experimento que como reconoció el propio Alan Grant, no llegó a gustar absolutamente nada a los lectores. Los artistas invitados eran los jóvenes debutantes Steve Sampson (1, 10-11), Tony Luke (2, 8) y Charles Gillespie (3, 9), el veterano Arthur Ranson (4) y el ilustrador asturiano Juan Jesús García (5-7) firmando como Xuasus, un seudónimo difícil de pillar para los británicos al desconocer que el sonido de la J en bable se escribe y se pronuncia como X.

La historia tenía su interés a efectos de continuidad, pero resultaba demasiado floja en todos los demás sentidos. Aunque el guión de Grant estaba ambientado en el viaje que la telépata había emprendido al espacio exterior, en realidad trataba sobre el viaje interior que Anderson llevaba a cabo como consecuencia de la crisis de identidad que estaba sufriendo, presentando una gran cantidad de monólogos que a veces resultaban excesivamente pretenciosos y faltos de alguna sustancia. En el apartado artístico, aun cuando el episodio dibujado por Ranson era magnífico (una especie de leyenda sobre el origen de la nebulosa Cabeza de Caballo que Anderson escuchaba contar a uno de sus compañeros de viaje), los episodios dibujados por Steve Sampson y Tony Luke resultaban excesivamente psicodélicos, por llamarlos de alguna manera, puesto que en realidad son difíciles de describir. En el caso de Luke, su estilo se basaba en la manipulación de fotografías a través de programas de ordenador con escaso protagonismo del dibujo en sí. Sampson, por el contrario, también trabajaba a partir de referencias fotográficas, pero a diferencia de Luke había mucho más trabajo de dibujante en sus páginas, destacando la utilización de campos de color muy densos y una forma muy particular de dibujar el cabello de sus protagonistas femeninas, a las que sabía dotar además de una sensualidad que le llevaría a ser muy bien acogido por los lectores de la época. El trabajo de Sampson en estas primeras historias resultaba en todo caso manifiestamente mejorable, pero también es cierto que con el paso del tiempo acabaría mejorando mucho como artista, especialmente cuando decidió abandonar la utilización de modelos fotográficos como base de su estilo de dibujo. Además, también es justo reconocer que su trabajo tuvo siempre un cierto toque de sofisticación que igualmente iría mejorando de manera notable con la práctica.

Desde el punto de vista argumental, la saga estaba contada a modo de cartas que Anderson enviaba a algunos de sus antiguos compañeros de Mega-City (la que le enviaba a Dredd en el primer episodio tenía su gracia, especialmente porque cómo Anderson le decía al final, sabía de antemano que éste iba a romperla sin ni siquiera llegar a leerla), siendo el arco de tres episodios dibujado por Xuasus el que presentaba un mayor interés, toda vez que significaba el reencuentro de Anderson y Orlok tras lo sucedido en El Fin de la Infancia (Megs. 2.27-2.34). Cómo se descubría en la historia, que básicamente consistía en una crítica nada velada a las matanzas étnicas que los serbios estaban llevando a cabo en Bosnia durante la Guerra de los Balcanes, no sólo había sido Anderson la que había resultado profundamente afectada por la experiencia sufrida con los Anunnaki, sino que Orlok también detestaba ahora toda su vida anterior y había emprendido una guerra a muerte de un solo hombre en el planeta Zerbia, luchando a favor de quienes habían sido segregados por sus impurezas genéticas frente a sus opresores fascistas. En todo caso, el lazo psíquico que Anderson y Orlok compartían después de su experiencia en Marte les unía ahora de una manera muy especial que iba a tener sus consecuencias en el futuro, durante otra de las grandes macrosagas de Dredd en la que ambos aparecerían también como coprotagonistas, la anteriormente mencionada El Escenario del Juicio Final.

Con todo, lo más significativo desde el punto de vista editorial ocurría en el episodio final de la saga, en el que Anderson tenía una visión propiciada por la última bruja viva del planeta Tartini, quien por cierto, dibujada por Steve Sampson, mucho aspecto de bruja no tenía. En esa visión, un águila similar a la que los Jueces de Mega-City llevaban como ornamento en las hombreras, y que no dejaba de ser el emblema más representativo de la ciudad, era atacada en pleno vuelo por una especie de pterodáctilo que se asemejaba al que el Juez Muerte presentaba también en su uniforme, siendo un gigantesco murciélago el que acudía en su auxilio y le ayudaba a salir con vida de la difícil situación. Comprendiendo, al igual que todos los lectores, lo que aquella visión venía a significar, Anderson daba por finalizada su odisea espacial y decidía regresar lo antes posible a Mega-City Uno para intentar salvar miles de vidas, el propósito que al final daba sentido a su existencia.

Teniendo en cuenta que el año anterior había sido anunciada para finales de ese año la publicación de Morir de Risa, la esperada secuela de Juicio sobre Gotham que había quedado aplazada, Alan Grant decidió cortar la saga espacial de Anderson en ese punto para no contradecir a efectos de continuidad la aparición que la Juez Psíquica hacía en ese anunciado crossover entre Batman y el Juez Dredd, de ahí la visión que tenía Anderson y lo que simbolizaban el águila, el murciélago y el pterodáctilo del Juez Muerte, en claro anuncio de lo que supuestamente iba a tener lugar en unos meses. Sin embargo, para gran sorpresa de todos los implicados, Alan Grant incluido, ese supuestamente inminente crossover que iba a ser publicado en las navidades de ese mismo año, aún tardaría cinco años más en ver la luz. Con el consiguiente cabreo de Alan Grant por tener que haber cortado la saga de Anderson a causa de un crossover que no iba a aparecer, al escritor no le quedaría más remedio que justificar de otra manera el regreso de la telépata a Mega-City Uno y a afrontar de otro modo su reencuentro, o mejor dicho su desencuentro, con el Juez Dredd, lo que llevaría a cabo a través de tres sagas sucesivas que se acabarían presentando al año siguiente en las páginas del Megazine, con el mismísimo diablo, o al menos un alienígena que afirmaba serlo, amenazando a toda la megaciudad.

Una vez finalizada la trama de Wilderlands y la odisea espacial de Anderson, el año 1995 iba a traer por fin consigo la primera película que Hollywood le iba a dedicar al Juez Dredd, con una gran estrella como Sylvester Stallone en el papel protagonista. Como es sabido, la película acabaría suponiendo una decepción entre los seguidores más fieles del personaje, y además, por si fuera poco, la crítica la acabó destrozando; pero sin embargo, siendo prácticos, lo cierto es que la película y la promoción que hubo a su alrededor no le vinieron nada mal ni a la popularidad del Juez Dredd ni a la del 2000AD, llamando la atención sobre el personaje de muchos jóvenes aficionados al cómic que antes de que se estrenase ni tan siquiera conocían su existencia. Y además, como iremos viendo, lo iba a hacer justo en el arranque de lo que a lo largo de los años siguientes acabaría siendo una de las mejores épocas en la historia editorial del Juez Dredd, con lo que no todo acabaría saliendo tan mal como pareció en un primer momento, al menos para el mundo de los tebeos.

domingo, 6 de septiembre de 2020

El Fin de la Infancia. Mechanismo. Vendetta en Gotham

Como decíamos ayer, la segunda mitad del año 1993 trajo consigo historias de bastante más nivel en el Judge Dredd Megazine que en el 2000AD. En parte, porque dos de sus principales pilares, John Wagner y Alan Grant, centraban ahora su actividad en la nueva revista quincenal que examinaba con mayor profundidad el universo habitado por los Jueces de Mega-City Uno, y en parte, porque tras la marcha de Garth Ennis del 2000AD, ninguno de los escritores que le reemplazaron lograron aproximarse al personaje y al tono de las historias con los mismos resultados que había obtenido Ennis. De hecho, son muchos los que entienden que sólo la presencia de Carlos Ezquerra siguió haciendo reconocible al Juez Dredd en esta época quizá un tanto oscura de la emblemática revista semanal.

Una de las sagas que posiblemente más vino a contribuir al auge del Megazine durante esta época fue El Fin de la Infancia (Childhood´s End), una historia que curiosamente no estaba protagonizada por el Juez Dredd, sino por la Juez Anderson, que ahora limitaba sus apariciones de manera exclusiva a las páginas del Megazine. Las abiertas discrepancias surgidas entre Alan Grant y el editor Alan McKenzie en torno a su labor editorial, habían motivado que Grant decidiese dejar de trabajar para el 2000AD desde mediados de 1992, de manera que a partir de ese momento las historias protagonizadas por la Juez Psíquica habían comenzado a publicarse únicamente en el Megazine, una situación editorial que se mantendría durante los años siguientes.

El Fin de la Infancia suponía el final del ciclo argumental que Alan Grant había estado desarrollando con la Juez Anderson desde que se había hecho con el control del personaje tras la disolución del equipo creativo que había formado con John Wagner. Acontecimientos como el suicidio de su mejor amiga, la Juez Corey (2000AD Special Sci-Fi 1989), lo sucedido en Shamballa (Progs. 700-711) y la revelación en la doble saga de Engramas (Progs. 712-717 y 758-763) de las circunstancias en que había sido reclutada por el Departamento de Justicia y de cómo los Jueces habían trasteado en su mente para no desaprovechar su potencial psíquico, habían ido alejándola poco a poco de los ideales que hasta entonces había defendido en beneficio de la ciudad. Aumentando la sensación de contradicción que experimentaba el personaje, su reciente encuentro en Razones para estar Alegre (Meg. 2.12) con los brutales métodos empleados por el Juez Goon, no habían hecho sino aumentar su disgusto con ella misma y con los sacrificios que estaba haciendo en nombre de la ley.

En este complicado contexto de desubicación personal que sufría la Juez Psíquica es en el que venía a transcurrir El Síndrome de Jesús (The Jesus Syndrome, una enfermedad mental que en nuestro país es mayormente conocida como Síndrome de Jerusalén, que seguramente sea la adaptación más correcta del título; en todo caso es una enfermedad en que la persona que la sufre se cree una reencarnación de Jesucristo), una historia corta de Alan Grant de apenas 18 págs. que servía de preámbulo a El Fin de la Infancia y que aparecería en los Megs. 2.22 a 2.24 durante los meses de Febrero y Marzo de 1993. Con un Arthur Ranson realmente inspirado haciéndose cargo de nuevo de todo el trabajo a lápiz, tinta y color, la historia aparecía ambientada en los primeros meses del 2115, teniendo como arranque el cada vez más importante número de activistas cristianos que asistían a las congregaciones multitudinarias convocadas por su líder espiritual, el ciudadano Jon Baptiste (cuyo nombre, no hace falta explicarlo, era una especie de alegoría con el de Juan el Bautista). Dado que en Mega-City Uno el Cristianismo no tiene la consideración de religión sino de secta religiosa, el Juez Shenker no tenía reparos a la hora de ordenar a los Jueces Anderson y Goon que investigasen a Baptiste y sus seguidores de la manera habitual a fin de evitar una potencial situación de conflicto que volviese a provocar una pérdida de confianza de los ciudadanos en el Departamento de Justicia, tal y como ya había ocurrido años atrás con las manifestaciones de los demócratas y las organizaciones terroristas que habían surgido tras el resultado del referéndum democrático del 2113.

La historia, que no dejaba de guardar ciertos paralelismos en su planteamiento con la exitosa Revolución (Progs. 531-533) que el propio Grant ya había llevado a cabo años atrás con John Wagner, se utilizaba para mostrar las abiertas discrepancias que existían entre Anderson y su nuevo compañero el Juez Goon, unas discrepancias que acababan estallando durante el interrogatorio del arrestado Baptiste y que a pesar de la evidente diferencia de tamaños entre uno y otra, se saldaban con Anderson partiéndole la cara a Goon y enviándole después al hospital de la paliza que le daba, para gran sorpresa de Goon, que nunca había llegado a valorar adecuadamente a quien le estaba tocando las narices. Además de ser apartada del caso, Anderson resultaba expedientada y confinada bajo arresto domiciliario a causa de lo sucedido, aunque afortunadamente para ella, Shenker y McGruder no estaban por la labor de que Mega-City perdiera a su principal activo de la Psi Division, decidiendo darle un cambio de aires fuera de la ciudad y enviarla a una nueva misión en el planeta Marte que requería de uno de los mejores psíquicos del Departamento. A modo de conclusión, en el momento de partir hacia Marte, Anderson se enteraba por los noticiarios del destino sufrido por Baptiste, quebrantándose un poco más su fe en el sistema judicial y preparando al lector para lo que iba a tener lugar en la siguiente saga protagonizada por la Juez Psíquica.

Tras este preámbulo, El Fin de la Infancia (Childhood´s End) aparecería a continuación durante los meses de Mayo a Agosto (Megs. 2.27 a 2.34), presentando una saga de ocho episodios y de más de 60 páginas con Alan Grant otra vez al guión y el dibujante Kevin Walker (hoy conocido como Kev Walker) a cargo del apartado artístico. Como se puede observar en las ilustraciones, en esta primera época de su carrera Walker utilizaba una técnica de dibujo con posterior pintado a color no demasiado alejada de la que Simon Bisley había puesto de moda en aquellos años y que era mayoritariamente utilizada por los jóvenes ilustradores europeos de la época. Ya a finales de los años noventa sería cuando lo sustituyese por el estilo de fuertes líneas negras y contrastes de sombreado por el que es más conocido hoy en día, en una evolución artística muy parecida por cierto a la que también seguiría el artista escocés Colin MacNeil.

La historia se hallaba argumentalmente ambientada en la colonia marciana de Edén, una de las más importantes que existían sobre el planeta rojo y que estaba situada geográficamente en la famosa región de Cidonia, conocida mundialmente por ser la localización de la supuesta Cara de Marte y de las denominadas pirámides marcianas fotografiadas en 1976 por la sonda espacial Viking.

En la historia de pura Sci-Fi que Grant planteaba, tanto la supuesta esfinge marciana como las presuntas pirámides no sólo eran reales, sino que una especie de portal de energía se había activado por sí solo en su base, motivando una investigación conjunta por parte de las principales megaciudades de la Tierra a fin de descubrir lo que estaba sucediendo allí.

Aun cuando el título de la historia podía hacer llegar a pensar en una cierta influencia de la famosa novela del mismo título escrita por Arthur C. Clarke que hoy es conocida como un clásico de la literatura de ciencia ficción extraterrestre, lo cierto es que el contenido argumental de El Fin de la Infancia estaba en realidad inspirado en las teorías aparecidas en el libro El Duodécimo Planeta del escritor norteamericano de origen azerbaiyano (en aquel entonces soviético) Zecharia Sitchin, así como en sus posteriores libros de la serie Las Crónicas de la Tierra, una obra de carácter pseudocientífico, en la línea de Erich von Daniken, sobre el origen extraterrestre de la humanidad a cargo de unos antiguos astronautas procedentes de otro mundo a los que se conocía como los Anunnaki, y que según una serie de tablillas y antiguas inscripciones sumerias habrían llegado a la Tierra hace medio millón de años en busca de los recursos minerales de nuestro planeta. Según las teorías de Sitchin, los Anunnaki eran los responsables de haber creado genéticamente al homo sapiens a partir del homo erectus con el fin de utilizarlo como mano de obra esclava en sus yacimientos mineros.

Todo este planteamiento tenía su correspondiente reflejo en la historia que Grant presentaba en Marte con la Juez Anderson como protagonista; de hecho, la historia tenía más gracia y se entendía mucho mejor si se tenía presente la explicación sobre las extravagantes teorías de Sitchin que el propio Grant ponía en boca de los miembros de la expedición a medida que los investigadores se adentraban en el interior de las misteriosas estructuras marcianas. A modo de curiosidad, las teorías de Sitchin comenzarían a gozar de una gran popularidad justo al año siguiente gracias a la difusión que tendrían entre los seguidores del género fantástico con motivo de la película del director alemán Roland Emmerich, Stargate (1994), cuyo argumento de fondo estaba también basado en las imaginativas y discutibles teorías de Sitchin, aunque trasladando al antiguo Egipto las antiguas leyendas sumerias.

El regreso de los Anunnaki a nuestro sistema solar era la principal amenaza a la que la Juez Anderson se tenía que enfrentar en Marte, pero eso no quiere decir que la supuesta civilización extraterrestre mencionada en los libros de Zecharia Sitchin fuese el único enemigo al que esta vez tenía que hacer frente la Juez Psíquica de Mega-City Uno. Una de las amenazas más buscadas por los Jueces de Mega-City se encontraba también en Marte con el objetivo de averiguar lo que estaba sucediendo en Cidonia y aprovechar cualquier oportunidad de poner de rodillas a la megaciudad: Orlok, el asesino más letal de la desaparecida Mega-Este 1, responsable de desatar la Blockmania sobre Mega-City en el comienzo de la Guerra del Apocalipsis, se había logrado infiltrar en las fuerzas de seguridad de la colonia marciana y formaba parte del grupo expedicionario que intentaba desentrañar los secretos de la Cara de Marte y de las Pirámides marcianas.

Tras la fuga de los isocubos que había tenido lugar en La Hora del Lobo (Progs. 520-531), Orlok ya no sólo era el enemigo público número uno de Mega-City, sino que sus métodos habían sido también repudiados por el antiguo bloque soviético, siendo considerado ahora como un peligroso terrorista por quienes antes habían sido sus camaradas. A pesar de todo, la amenaza global de extinción que los Anunnaki representaban para toda la humanidad, obligaba a Anderson y a Orlok a dejar atrás sus diferencias y a hacer causa común para intentar detenerlos, estableciéndose un lazo entre ellos que se iba a acabar prolongando más allá de esa guerra por la supervivencia de toda una especie en que se acababa convirtiendo el final de la saga.

A la conclusión de la historia, ni Anderson ni Orlok eran los mismos que habían entrado por el portal de la esfinge al inicio de la misma. En el caso de Anderson, los antecedentes que la habían acompañado a Marte y el impacto psíquico de la experiencia sufrida, la dejaban emocionalmente vacía, decidiendo abandonar el Departamento de Justicia y emprender un largo viaje a través del universo en busca de un nuevo sentido para su vida. A fin de evitar su arresto por deserción y su consiguiente traslado a la colonia penal de Titán, su despedida oficial del Departamento de Justicia tenía lugar a través de una videograbación enviada a la Tierra en la que la Juez Psíquica informaba a Dredd y McGruder de todo lo sucedido en Marte y les advertía de la potencial amenaza que podían llegar a representar los Anunnaki a fin de que se adoptasen las medidas necesarias para impedir su regreso.

A modo de consecuencia, tras los recientes desastres sufridos a causa de la Necrópolis y la Guerra del Juicio, la dimisión de Anderson iba a dejar un hueco difícil de llenar para los Jueces de Mega-City, tal y como iba a poner de manifiesto la siguiente saga que ese mismo verano iba a tener lugar en las páginas del 2000AD: Inferno.

Desde el punto de vista editorial, el origen de Inferno está ligado a lo que se vino a denominar como La Ofensiva Veraniega del año 1993 (en el original, The Summer Offensive, que por cierto también se podría traducir como La Ofensa Veraniega, jugando con el doble sentido de la palabra offensive), un experimento ideado por el entonces editor del 2000AD, Alan McKenzie, consistente en contratar a tres jóvenes guionistas, en concreto a Grant Morrison, Mark Millar y John Smith, para que se hicieran cargo con plena libertad de todas las historias que aparecerían en el 2000AD durante los tres meses del verano de 1993. El fin de semejante iniciativa, lógicamente, era llamar la atención del público no habitual y aumentar las ventas de la revista, que no se puede decir que en aquel entonces pasasen por su mejor momento debido a la crisis generalizada que en ese momento estaba sufriendo el mundo del cómic.

Grant Morrison, quien en aquel entonces ya había logrado un gran éxito en el 2000AD con Zenith y empezaba a ser uno de los guionistas más destacados del mercado norteamericano con trabajos en DC Comics como Animal Man, Doom Patrol o la novela gráfica Batman: Arkham Asylum, sería el encargado de presentar junto a Carlos Ezquerra la saga de Dredd que aparecería ese verano en el 2000AD: Inferno, un Mega-Epic de 12 episodios en el que los ex-jueces encarcelados en la colonia penal de Titán tomaban el control de Mega-City Uno, y que a su vez contaba con un prólogo de 8 episodios a cargo del también escocés Mark Millar y del propio Carlos Ezquerra: Purgatorio, una primera parte de la historia en la que se contaba cómo tenía lugar la fuga del planeta prisión. La estructura narrativa de ambas sagas era muy similar a la que había tenido lugar años atrás con la Blockmanía y La Guerra del Apocalipsis donde una historia continuaba directamente donde la había dejado la otra, si bien con la importante diferencia de que esta vez Dredd no aparecía por ninguna parte en Purgatorio, circunstancia que ha motivado que esta primera parte de la saga no haya sido recogida en el Complete Case Files # 19, que es donde debiera haber aparecido en su día y que únicamente contiene los doce episodios de Inferno.

Presentando un total de 48 páginas, Purgatorio apareció publicada en los Progs. 834 a 841 del 2000AD, durante los meses de Mayo a Junio de 1993, siendo su principal protagonista el antiguo Juez Grice, condenado a 20 años de trabajos forzados en Titán por su papel en el intento de asesinar al Juez Dredd (Progs. 750-753) al tratar de impedir que tuviera lugar el Referéndum Democrático del año 2113 que había sido visto en El Último Resplandor del Crepúsculo (Progs. 754-756). Bajo la guía y con el apadrinamiento artístico de Grant Morrison, Millar escribió una historia ligeramente salvaje y violenta, que no puede decirse que destacase precisamente por su calidad, pero que sí resultaba bastante entretenida y en la que desde luego era fundamental la presencia de Carlos Ezquerra para valorar su resultado final. Todos sus protagonistas eran auténticos psicópatas, aunque eran los carceleros (encabezados por el gobernador Khurtz, cuya indumentaria por momentos podía llegar a recordar al uniforme de gala del General Pinochet) quienes podían llegar a ser todavía más despreciables que los antiguos Jueces que cumplían condena en el planeta prisión, cuyas condiciones extremas obligaban a extirpar la nariz de los reclusos y a sustituirla por un aparato respiratorio biomecánico que facilitaba su respiración en la atmósfera exterior de la colonia, donde los convictos realizaban las tareas más duras que les eran asignadas.

El levantamiento encabezado por Grice tenía lugar de una manera extraordinariamente rápida, culminando con éxito en menos de un día, en el que los reclusos se hacían con el control total de la prisión y con un arma biológica de potencialidad letal, el denominado carnavirus (virus meat en el original), un virus alienígena que había sido descubierto en la luna de Saturno y que McGruder estaba desarrollando en el más absoluto de los secretos como defensa definitiva de la ciudad contra sus enemigos. La conclusión de esta primera parte de la saga veía a los Jueces renegados liderados por Grice armados hasta los dientes, con el mortífero virus en su poder y dirigiéndose a toda velocidad hacía Mega-City en busca de venganza contra sus antiguos compañeros en las naves que habían conseguido capturar, sin nadie que avisase a los Jueces de lo que se avecinaba sobre ellos dada la rapidez con que habían tenido lugar los acontecimientos.

La acción continuaba directamente en el primer episodio de Inferno (Progs. 842-853), que se publicaba durante los meses que iban de Julio a Septiembre y que esta vez estaba a cargo de Grant Morrison y de Carlos Ezquerra, cuya presencia proporcionaba a ambas sagas una unidad gráfica y narrativa que conseguía que prácticamente se pudieran leer como una sola. Liderados militar y estratégicamente por el ex-juez Grice, los renegados llegaban sin previo aviso a la Tierra y lanzaban su inesperado ataque contra los edificios más estratégicos de la megaciudad, cuya debilidad quedaba patente tras los recientes desastres de la Necrópolis (Progs. 672-699) y El Día del Juicio (Progs. 786-799 y Megs. 2.04-2.09). Aun cuando los psíquicos de la Psi Division avisaban de una inminente amenaza, todo volvía a suceder con tal rapidez que los Jueces ni siquiera se daban cuenta al principio de quiénes eran los que les estaban atacando. En el caos inicial que se creaba, lo peor tenía lugar cuando los renegados soltaban el carnavirus por toda la ciudad e infectaban a la mayor parte de sus habitantes, incluidos los propios Jueces, que se veían obligados a salir de ella y replegarse a sus puertas, en plena Tierra Maldita, para intentar disminuir los efectos de un contagio masivo.

Con varios Jueces capturados por el enemigo y con la mayor parte de las fuerzas del Departamento contagiadas, Dredd incluido, los Jueces disponían de dos semanas para recuperar el control de la megaciudad y hacerse con el antídoto del que disponían Grice y los suyos. Transcurrido ese plazo, el virus superaba la tercera fase de la enfermedad y la situación se hacía irreversible para los contagiados. Encabezados por la Juez Hershey y la Juez Jefe MacGruder, la saga contaba con la presencia de los secundarios habituales de la serie, exceptuando a la Juez Anderson (toda vez que Inferno discurría en paralelo con los acontecimientos que tenían lugar en Marte y que se narraban en El Fin de la Infancia). Su papel era asumido por la joven Juez Psíquica Judy Janus, un personaje creado por Morrison para la ocasión que acabaría teniendo su propio protagonismo en solitario en varias historias que el propio Morrison (con alguna ayuda de Millar) se encargaría de escribir para el 2000AD.

A pesar de ser la primera y única vez que Grant Morrison tuvo el control total y absoluto del personaje y de la historia a la hora de contar una saga del Juez Dredd, seguramente lo mejor de Inferno fue de nuevo el trabajo de Carlos Ezquerra, aunque eso no quiere decir que se tratase ni mucho menos de una mala historia, pero sí de una obra menor dentro de la brillante producción del escritor escocés. El propio Morrison declaró en su día que su objetivo al escribir el guión de Inferno fue el de escribir una saga de Dredd como si se tratase de una película de acción; de hecho, también llegó a comentar posteriormente que en todas las historias que hizo de Dredd siempre intentó buscar una aproximación cinematográfica al personaje, básicamente porque a diferencia de otros personajes icónicos con los que había trabajado, como por ejemplo Batman, que tenía a Bruce Wayne dándole dos dimensiones, Dredd sólo era Dredd, y le parecía que este tipo de aproximación era la mejor solución, una postura muy honesta que no hacía sino poner de relieve el gran trabajo que John Wagner llevaba haciendo durante años con el personaje y lo difícil que ha sido siempre de manejar para otros escritores distintos del propio Wagner. En todo caso, también es cierto que Carlos Ezquerra tuvo siempre una muy buena opinión de esta historia y del resultado de su trabajo en ella.

La doble saga de Purgatorio e Inferno fue posiblemente la mejor historia que tanto Grant Morrison como Mark Millar hicieron para el Juez Dredd. Desde luego menos afortunadas fueron las otras dos colaboraciones que ambos llevarían a cabo juntos con el personaje. La más salvable de las dos fue sin duda El Libro de los Muertos (Book of the Dead), una saga de 8 episodios ambientada en Luxor City, el Egipto del Siglo XXII, que apareció de Octubre a Diciembre de 1993, comprendiendo los Progs. 859 a 866 del 2000AD. La otra sería Cruzada (Progs. 928-937), publicada al año siguiente y para muchos la peor historia que jamás se ha escrito sobre Dredd.

El Libro de los Muertos no estaba mal. Coescrita por Millar y Morrison y con el artista irlandés Dermot Power encargándose del apartado artístico, partía de la base argumental de un intercambio cultural entre Mega-City Uno y Luxor City por el que durante una semana el Juez Dredd pasaba a formar parte del cuerpo de Jueces de Luxor (una megaciudad que nada tenía que ver con el país de religión islámica que es Egipto actualmente, sino que se presentaba como una versión futurista del Egipto de los Faraones), y a la inversa, el Juez Rameses de Luxor pasaba a patrullar durante ese mismo plazo las calles de Mega-City. La historia tenía todos los tópicos asociados al Antiguo Egipto cinematográfico (pirámides, momias asesinas, entierros faraónicos, etc), pero acabaría mereciendo su recopilación como novela gráfica apenas un par de años más tarde, lo que le daría una cierta relevancia dentro de la producción editorial de aquellos años. Lo mejor de la saga era sin duda el estado en que el Juez Rameses (en sus propias palabras, Azote de los criminales, Némesis de los sin ley) regresaba a Luxor tras su experiencia patrullando las calles de Mega-City.

Prácticamente coincidiendo en el tiempo con El Libro de los Muertos, mucha más relevancia a efectos de la continuidad de Dredd tenía la saga que durante esos mismos meses se estaba publicando en el Judge Dredd Megazine: la tercera parte de Mechanismo, la saga que John Wagner venía desarrollando en sus páginas desde el año anterior. Bajo el título de Mechanismo: Body Count (que se podría traducir como Mechanismo: Recuento de Víctimas), esta tercera parte de la saga de los Jueces Robots aparecería publicada a lo largo de siete episodios (Megs. 2.37 a 2.43) durante los meses de Septiembre a Diciembre de 1993, haciendo un total de 65 páginas que estaban a cargo del propio John Wagner y del ilustrador valenciano Manuel Benet, un artista que nunca fue demasiado conocido en nuestro país, pero que hizo numerosos trabajos para las agencias británicas y que en esos años llevaba además a cabo una tira diaria para el periódico The Sun.

Ambientada a finales del 2115, la tercera entrega de Mechanismo transcurría justo un año después de la conclusión de la anterior. Tras haberse superado la crisis derivada de los asesinatos de ciudadanos a manos de varios de los Jueces Robots y tras la posterior desaparición de la unidad Número 5 en el sistema de alcantarillado de la ciudad, el Programa Mechanismo había sido oficialmente cerrado por la Juez Jefe McGruder. Al mismo tiempo, incapaz de soportar su responsabilidad en lo sucedido, el Juez Desmon Stich, el responsable de la Tek Division que originalmente había diseñado el proyecto, había perdido el juicio y había acabado siendo internado en una institución mental, de la que se escapaba con frecuencia para internarse en las alcantarillas en busca de la desaparecida unidad Número 5. Ahora sin embargo, como se revelaba en el comienzo de esta tercera parte de la saga, se descubría que Mc Gruder no había abandonado el proyecto de los Jueces Robots, sino que en realidad había autorizado su continuación en secreto y a espaldas de Dredd, desarrollando el modelo Mark II bajo la supervisión del Juez Quiggley, otro de los expertos en robótica de la Tek Division.

Corregidos los fallos de funcionamiento que había sufrido el modelo Mark I y con los nuevos Jueces Robots ya dispuestos para ser activados en cualquier momento, la desaparecida unidad Número 5 volvía a reaparecer de nuevo en escena y reanudaba su enloquecida aplicación de la ley sobre todo aquel ciudadano que se cruzaba en su camino y desapareciendo sin dejar rastro después de cada ataque. El robot estaba absolutamente pirado, pero seguía siendo letal a pesar de los daños sufridos. Tras varios e infructuosos intentos de los Jueces por localizar y destruir a la descontrolada máquina que había creado el propio Departamento de Justicia, McGruder decidía sacar a las calles a las nuevas unidades Mark II que había estado desarrollando en secreto, siendo entonces cuando Dredd se enteraba de su existencia y cuando estallaba el enfrentamiento entre él y McGruder que hasta entonces había permanecido en un segundo plano argumental. Dredd acusaba sin tapujos a la errática Juez Jefe de haber perdido la cabeza y le exigía públicamente su dimisión, a lo que McGruder se negaba, aguantando el tirón y recordándole que era ella y no él quien estaba al frente del Departamento de Justicia.

Políticamente hablando, el enfrentamiento entre ambos que tenía lugar en la sala de guerra del Palacio de Justicia hacía que saltasen chispas, tal y como a modo de tabloide venía a evidenciar la portada del Meg. 2.41, una situación no muy alejada de las que habían tenido lugar el año anterior durante las elecciones al Parlamento británico que habían dado la victoria a John Major. A modo de curiosidad, quizá también sea necesario tener en cuenta que ese año, con motivo de las citadas elecciones de 1992, Margaret Thatcher había decidido abandonar definitivamente de la Cámara de los Comunes, retirándose así de la escena política, por lo que no es de extrañar que muchos lectores comenzasen a atisbar en el horizonte un destino parecido para la famosa Juez Jefe de Mega-City Uno que, metafóricamente hablando, no dejaba de ser una trasposición al papel de quien durante muchos años había sido la primera ministra británica.

En todo caso, el giro argumental que John Wagner había dado a la saga de los Jueces Robots era de consideración por todo lo que implicaba que dos de los personajes más importantes de la serie se convirtiesen ahora en adversarios directos, una circunstancia que inevitablemente iba a tener que acabar afectando al futuro de la megaciudad. La salud mental de McGruder y su idoneidad para el puesto, empezaban a ser cada vez más cuestionables a ojos del Juez Dredd, circunstancia que ahora servía como acelerador de la trama, comenzando una carrera entre Dredd y las nuevas unidades Mechanismo que McGruder desplegaba en las calles para ser el primero en encontrar a la descontrolada unidad Número 5, una carrera que siguiendo el tono de la saga, no dejaba de ser sino una versión más de la lucha del hombre contra la máquina que constituía el objeto temático de la trilogía.

El desenlace tenía lugar de nuevo en el sistema de alcantarillado de la ciudad, cuando uno de los Mark II encontraba a la unidad Número 5 al mismo tiempo que Dredd llegaba hasta ella. El Mark II ignoraba la orden explícita de Dredd de no abrir fuego contra el descontrolado robot, decidiendo acatar en su lugar la orden recibida de McGruder, lo que motivaba que Dredd abriese fuego a su vez contra el Mark II y lo destruyera, haciéndolo en presencia del trastornado Juez Stich, al que a modo de cierre Dredd convencía de haber visto lo contrario de lo que había sucedido, con lo que Dredd estaba infringiendo la ley. Aquella actuación, por todo lo que implicaba, suponía una nueva evolución por parte de John Wagner del personaje que había creado diecisiete años atrás. Aunque fuera por el bien mayor de la ciudad, era la primera vez que Dredd infringía la ley, algo inédito hasta entonces en un personaje que se había caracterizado por su estricto cumplimiento de las normas, pero que era consecuente con lo sucedido en sagas como El Hombre Muerto o Necrópolis, donde la experiencia le había demostrado que ciertas cosas no podían solucionarse emprendiendo la Larga Marcha, sino que tenía que afrontarlas haciendo lo necesario para salvaguardar la ciudad.

En conjunto, la evolución argumental de la trilogía de los Jueces Robots estuvo muy bien hecha, aunque seguramente hubiera conseguido una acogida todavía más positiva entre los lectores si Colin MacNeil hubiera podido encargarse de la totalidad de la saga, que flojeaba artísticamente en su parte final. En todo caso, dada la situación que se había planteado, las cosas no iban a terminar ahí. Lo sucedido tendría sus consecuencias en el nuevo Mega-Epic que iba a tener lugar al año siguiente: Wilderlands (Tierras Salvajes), en el que John Wagner culminaría todas las tramas que había estado desarrollando desde el comienzo de Mechanismo, y en el que los lectores descubrirían que los Jueces Robots todavía no habían dicho su última palabra.

Además de las historias que aparecieron en el 2000AD y en el Megazine, el año 1993 iba a acabar para el Juez Dredd con un acontecimiento muy especial que tenía lugar por segunda vez: la publicación del segundo crossover entre Batman y el Juez Dredd: Vendetta en Gotham, si bien, como su propio título indicaba, no se trataba de la secuela de Juicio Sobre Gotham que se había anunciado inicialmente, Morir de Risa, sino que se trataba de otra historia diferente que tenía lugar entre ambas a la espera de que se publicase dicha secuela con la anunciada aparición del Joker y los Jueces Oscuros como villanos.

Las razones son sobradamente conocidas para todos los aficionados al cómic. El artista al que se había contratado para llevar a cabo Morir de Risa era Glenn Fabry, cuyos trabajos previos para ambas editoriales, tanto en Slaine como en Hellblazer, le hacían el artista indicado para dar una cierta continuidad gráfica a la exitosa estela dejada por Simon Bisley en el primer crossover que había tenido lugar entre ambos personajes. Sin embargo, llegado un determinado momento, se hizo evidente para todos los implicados en el proceso de producción que Fabry no estaba cumpliendo ni de lejos con las fechas de entrega de las páginas del guión que ya habían entregado John Wagner y Alan Grant, de manera que para no perder el impulso creado entre los aficionados con la expectativa del anunciado crossover, DC Comics y Fleetway Editions decidieron aplazarlo y publicar en su lugar otra historia que Alan Grant y John Wagner escribieron rápidamente para la ocasión, siéndole encargado su apartado artístico a otro viejo conocido de Dredd, el escocés Cam Kennedy, quien ya había trabajado con Batman el año anterior, junto al propio John Wagner, en la historia que había aparecido en los Batman # 477 y 478. Alan Grant, no hace falta decirlo, llevaba ya varios años escribiendo a Batman regularmente, y en ese momento se encontraba a cargo de la nueva serie del Hombre Murciélago  que había aparecido el año anterior, Batman: Shadow of the Bat

Al igual que en sus anteriores trabajos con Dredd, Kennedy abordaría el crossover utilizando el clásico estilo de dibujo a lápiz y tinta que empleaba habitualmente en la mayoría de sus trabajos, un estilo bastante alejado del dibujo pintado a color utilizado por Bisley que se pretendía buscar por parte de DC y que sería también el empleado en los otros dos crossovers que acabarían saliendo sobre ambos personajes. En esta ocasión, sin embargo, no hubo más remedio que aceptar el obligado cambio de estilo dada la premura de tiempo con la que todo se acabó realizando. Seguramente por esta causa,
Vendetta en Gotham resultaría ser el único crossover entre Batman y Dredd que no aparecería incluido dentro de la primera recopilación de estos crossovers que se llevó a cabo en el año 2004, una ausencia bastante extraña que lógicamente acabaría siendo rectificada en las posteriores ediciones que se han llevado a cabo.

Con estos antecedentes editoriales, el mes de Diciembre de 1993 vería aparecer Vendetta en Gotham, un especial de 46 páginas que al igual que Juicio sobre Gotham aparecería publicado también en un doble formato, es decir, con el tradicional tamaño de comic-book utilizado por DC Comics en el mercado americano (que es la versión que lógicamente se ha publicado siempre en nuestro país) y con el formato más grande de novela gráfica utilizado por Fleetway Editions en el mercado británico. Desde el punto de vista argumental, la historia aparecía de nuevo firmemente encuadrada en la continuidad de Dredd y presentaba como villanos al Ventrílocuo y a Scarface, dos enemigos de Batman (o uno, según se mire) que precisamente también habían sido presentados por John Wagner y Alan Grant en la primera historia que ambos habían llevado a cabo como guionistas del Hombre Murciélago en el Detective Comics # 583. A modo de curiosidad sobre los villanos de esta historia, se menciona siempre la anécdota de que tanto el Ventrílocuo como Scarface eran personajes creados originalmente para una historia que ambos escritores tenían pensado presentar en el 2000AD, pero al final cambiaron de opinión y acabaron utilizándolos en su primera historia de Batman para Detective Comics, convirtiéndose de esta manera en enemigos de Batman y propiedad de la editorial norteamericana.

La historia consistía básicamente en mostrar el enfrentamiento directo entre Batman y el Juez Dredd que apenas se había llegado a vislumbrar en algunos momentos de Juicio sobre Gotham y que ahora sin embargo ocupaba veinte de las cuarenta y seis páginas que presentaba el cómic. La confrontación entre ambos personajes encontraba a su vez su justificación argumental en el hecho de que los psíquicos de Mega-City habían vaticinado que Batman iba a resultar esencial en el futuro de la megaciudad para salvarla de un desastre que iba a recaer sobre ella (en clara referencia a lo que estaba previsto que sucediera en Morir de Risa), habiéndose encontrado entre las pertenencias del difunto Juez Wells (un Juez de la Tek Division encargado de investigar el funcionamiento de los saltos interdimensionales) un periódico de Gotham que el fallecido se había traído consigo de un viaje no autorizado a la dimensión del Hombre Murciélago, en el que se recogía la noticia de la muerte de Batman en ese mismo día a consecuencia de la explosión de una bomba durante la celebración de un festival infantil. Sabiendo que Batman no iba a dejar sin más que explotase la bomba, la misión de Dredd consistía en mantenerle ocupado el tiempo necesario para alejarle del lugar de la explosión y asegurar así su supervivencia para que en el futuro pudiera salvar a Mega-City del peligro preconizado por los psíquicos de la megaciudad. Evidentemente, Batman no estaba conforme con esa solución, de manera que al final ambos se dirigían al centro infantil para impedir que tuviera lugar la explosión. A modo de conclusión, la última viñeta del crossover anunciaba para el año siguiente la publicación de Morir de Risa, una publicación que como es sabido tampoco iba a tener lugar en ese plazo que se anunciaba, sino que todavía quedarían unos cuantos años más para que apareciese.

Con la publicación de Vendetta en Gotham el año 1993 tocaba a su fin para el Juez Dredd. En la próxima entrada intentaremos examinar algunos de los momentos más interesantes que el año 1994 traería para el personaje. Además del anuncio de la película protagonizada por Stallone, el año traería también importantes acontecimientos que pocos se hubieran imaginado hasta entonces que pudieran ocurrir, y lo iba a hacer a través de un segundo crossover que se iba a llevar a cabo entre el 2000AD y el Judge Dredd Megazine, el penúltimo que aparecería entre ambas revistas. Y también iba a traer además el regreso de John Wagner al 2000AD para escribir las historias del Juez Dredd, así que supongo que no es difícil de adivinar de qué tratará la próxima reseña.