sábado, 30 de enero de 2016

El último resplandor de la Democracia

A medida que el año 1990 fue llegando a su final, John Wagner decidió dar un paso atrás como escritor regular del Juez Dredd en el 2000AD. Básicamente, el motivo fue más un exceso de trabajo que otra cosa. La propuesta de poner en marcha el Judge Dredd Megazine le atraía creativa y económicamente, no podía desdoblarse (escribió tres de los seriales que inauguraron el Megazine) y llevaba muchos años escribiendo semanalmente a Dredd. Por recomendación del propio Wagner, el joven norirlandés Garth Ennis sería el escritor contratado por el editor Richard Burton para su reemplazo.
Ennis era uno de los jóvenes guionistas que habían surgido de Crisis, debutando en el 2000AD con la comedia futurista de viajes en el tiempo Time Flies (Progs. 700-711), en la que un piloto de la II Guerra Mundial era contratado por una agencia del futuro para rescatar a Hermann Goering de unos piratas temporales. Así, con apenas 20 años y en el mismo número en que concluía Time Flies, Ennis debutaba en Judge Dredd con Death Aid (Progs. 711-715 y 719-720). De todas formas, hay que precisar que John Wagner no abandonó el 2000AD de una manera total y absoluta para dedicarse al Megazine, o al menos no lo haría en un primer momento. Aparte de seguir apareciendo historias suyas a modo de fill-ins durante todo el primer año de Ennis en la serie, su presencia no dejó de intuirse entre bastidores en varias de las historias de este primer periodo.

Argumentalmente, tras la conclusión de Necrópolis no iba a haber grandes sagas de Dredd en el 2000AD durante el siguiente año y medio de la serie. La más extensa sería precisamente la primera saga de Ennis, Death Aid, cuyo título podría traducirse como Ayuda a Morir. Con un total de 42 páginas y dibujos de Ezquerra, Death Aid apareció de Enero a Marzo de 1991, conformando un total de siete episodios en los que Ennis aprovechó para atar uno de los viejos cabos que aún quedaban sueltos de la época de Wagner y Grant, el del Club de los Cazadores (Progs 407-411), un club clandestino de psicópatas que de manera ocasional celebraba cada cierto tiempo partidas de caza con los ciudadanos de Mega-City Uno como presas.
 
Durante su último año en el 2000AD, John Wagner había estado manejando la serie como si se tratase de un gran serial continuado. Ennis abordaría su primera saga de Dredd con este mismo criterio, presentando de esta manera una historia continuista con los subargumentos que Wagner había dejado en marcha y haciendo que la transición en los guiones resultase bastante suave, impresión que se veía gráficamente reforzada por la presencia artística de Carlos Ezquerra. La saga aparecía ambientada en el nuevo escenario surgido tras la conclusión de Necrópolis y transcurría durante la noche de Año Nuevo del 1 de Enero del año 2113. Para festejar la señalada fecha, el presidente del Club de los Cazadores, el acaudalado ciudadano Elmort Devries, organizaba una cacería benéfica entre los miembros del club bajo el nombre de Ayuda a Morir, en la que el ganador (el que más puntos obtuviese en base al número de ciudadanos asesinados, permitiéndose que aquel de los participantes que matase a otro, sumase a su cuenta los puntos que el otro llevaba) destinaba lo que ganaba a los huérfanos de las víctimas de la Necrópolis, comenzando así una cadena de asesinatos que obligaba a los Jueces a intervenir.
A efectos de continuidad, Death Aid mostraba como McGruder había consolidado su posición al frente del Departamento de Justicia, aunque su manera de hablar y su personalidad resultasen un tanto erráticas a consecuencia de la edad y el tiempo pasado en la Tierra Maldita, evidenciándolo la perilla que se había dejado y la manera en que utilizaba el plural al referirse a sí misma, como si hubiera dos personas en su cabeza o se tratase de la mismísima Reina Victoria. Otra circunstancia destacable era la reaparición de Blondel Dupre, la líder de los demócratas aparecida en Revolución y Tale of a Dead Man, que era entrevistada en los medios de comunicación mientras éstos seguían las noticias de lo que estaba sucediendo en las calles. Dupre pedía el voto contra los Jueces en el inminente referéndum que se había convocado para restaurar la democracia en Mega-City Uno, recordando así su existencia y preparando un terreno muy incierto sobre si al final ese referéndum se iba a celebrar o no, y en caso de celebración, cuál sería su resultado.
 
Otra de las notas curiosas sobre Death Aid fue que durante los Progs. 716 a 718 la saga se vería interrumpida por problemas con las fechas de entrega, apareciendo en su lugar tres fill-ins de seis páginas cada uno, escritos por John Wagner, que utilizaban la denominación común de Death Aid Interludes. No hace falta decir que uno de ellos fue precisamente el que en su día sirvió de inspiración para darle un título a este mundialmente aclamado y afamado blog, La Placa Rifa (Prog. 718), que en el argot de las calles de MegaCity, tal y como recordaréis los que en su día visteis los álbumes del Cimoc Extra Color publicados por Norma, viene a significar que La Placa Manda.
Con dibujos de Cam Kennedy, la historia trataba sobre el enfrentamiento territorial entre dos bandas grafiteras rivales de los bloques latinos Rudi Valee y Jason King. La rivalidad se llevaba a los muros de las calles y provocaba la correspondiente pelea que era terminada por Dredd a golpe de moto y porra, decidiendo dejar al final su propio grafiti en el muro para dejar claro a las bandas quién mandaba en las calles. La Placa era el término slang con el que los grafiteros latinos se referían a los Jueces y el Rifa suponía una deformación del tiempo verbal Rules que se suele utilizar en estos casos. Así que, por si había alguna duda, ya sabéis quien manda en MegaCity: La Placa Rifa.

La siguiente historia escrita por Ennis sería la Isla Esmeralda (Progs. 727-732), una saga de 36 páginas, aparecida durante Abril y Mayo de 1991, en la que Ennis contaría con el trabajo de Steve Dillon a los lápices, siendo ésta la primera vez que ambos autores iban a unir sus fuerzas y resultando de aquella colaboración un equipo artístico que con el tiempo acabaría obteniendo un merecido reconocimiento a través de títulos como Hellblazer, Predicador o The Punisher.
En esta ocasión, la historia tenía ya mucho más de Ennis que de Wagner y resultaba ser una satírica visión futurista de los más conocidos estereotipos de la vida irlandesa, escritos en este caso por un irlandés, aunque del norte. Argumentalmente, la trama comenzaba cuando el embajador de la Isla Esmeralda era objeto de un atentado usando un arma característica del lugar, una pistola que disparaba patatas, munición utilizada en la isla a causa de la escasez de medios económicos para comprar otro tipo de proyectiles. Revisando sus cámaras, los Jueces descubrían que un asesino de Mega-City Uno, Bonny Staples, había intervenido en el atentado y colaboraba con unos terroristas locales, los Hijos de Erín. McGruder encargaba la investigación a Dredd y lo enviaba a la Isla Esmeralda a detener a Staples.
En cumplimiento de la misión encomendada, Dredd cruzaba el Atlántico y llegaba a Murphyville, el principal asentamiento de la Isla Esmeralda. La antigua Irlanda había sufrido graves daños medioambientales durante la gran Guerra Atómica desatada por el último presidente norteamericano Robert L. Booth, siendo parcialmente restaurada en el año 2095 gracias al capital de las grandes corporaciones de Brit-Cit, quienes la habían convertido en un Parque Temático, con el entretenimiento turístico como principal industria y con una milicia de Jueces locales cuya Central de Justicia estaba situada en Murphyville.

Su enlace en la investigación resultaba ser el Juez-Sargento Charlie Joyce, un individuo simpático y genuinamente irlandés que prefería tomarse las cosas con calma y consumir una jarra de Guinness antes que dedicarse a la cuestión de perseguir delincuentes. Con Staples incitando a los Hijos de Erín a desatar una ola de atentados con artefactos explosivos en los puntos más relevantes y emblemáticos de Murphyville, los Jueces de la Isla Esmeralda resultaban afortunados de poder recurrir a Dredd para solucionar el tema, aunque la industria turística del lugar no saliese demasiado bien parada.

Utilizando la misma técnica de pintura a base de acrílicas que había utilizado en Necrópolis, Ezquerra volvería a obtener un resultado brillante y continuista de la saga original con otra de sus secuelas, El Regreso del Rey (Progs. 733-735), posiblemente una de las historias más satisfactorias de la etapa de Ennis al frente de la serie junto con el Último Resplandor del Crepúsculo y la macrosaga el Día del Juicio. 
Echando la vista atrás, durante los capítulos 11 y 12 de Necrópolis había tenido lugar una elipsis argumental en la que no se había podido tener acceso a algunos de los momentos más cruciales de la macrosaga tras la caída de la megaciudad en poder de los Jueces Oscuros, narrándose en aquel entonces esos acontecimientos a modo pasado mediante cuadros de texto. Ahora, sin embargo, los seguidores de la saga iban a tener un detalle bastante más pormenorizado de lo que había sucedido dentro de los muros de Mega-City Uno desde su caída hasta la llegada de Dredd y McGruder. Y lo iban a tener, contado además desde el punto de vista de alguien que involuntariamente había sido testigo de todo lo sucedido, el antiguo Juez Jefe de Mega-City Uno, Thomas Silver.
Publicada a lo largo del mes de Junio de 1991 y con un total de 18 páginas, The Return of the King, comenzaba con un cadáver andante surgiendo de las fosas comunes de la Necrópolis. Los macabros restos de lo que antes había sido un ser humano se introducían en la megaciudad y llegaban hasta el Palacio de Justicia, introduciéndose en las habitaciones privadas de la Juez McGruder. Despertada por su visitante, la sorprendida Juez Jefe de Mega-City Uno descubría que quien se hallaba ante ella reclamando su derecho legal a ocupar el cargo, era el decrépito y deteriorado cadáver viviente del Juez Silver. Dredd y Hershey eran llamados con urgencia a las habitaciones de McGruder, celebrándose allí una reunión de alto nivel donde el atormentado cadáver exponía su historia y argumentaba su derecho a volver a ocupar su antiguo puesto.

Era entonces cuando se contaba lo que había sucedido en Mega-City Uno durante el transcurso de la Necrópolis, descubriéndose que Hershey y el resto de Jueces habían caído bajo el influjo psíquico de Nausea y Phobia, pero Silver había conseguido escapar a su control, intentando quitarse la vida mediante un disparo en la cabeza, tal y como había hecho su mano derecha, el Juez Odell. Sin embargo, Odell había sido más afortunado al optar por meterse el cañón de la pistola en la boca, mientras que a Silver le había fallado el pulso, siendo capturado con vida y llevado a presencia de los Jueces Oscuros, quienes le habían convertido en un no-muerto y le habían permitido vivir a su lado como su débil e indefensa mascota, asistiendo como horrorizado testigo a las masacres que habían tenido lugar.

Buscando ahora el perdón a sus pecados, Silver argumentaba que él nunca había dimitido del cargo, mientras que McGruder sí que había renunciado al puesto y emprendido la Larga Marcha, sometiendo su petición al juicio de Dredd para que emitiera su veredicto. Tras examinar las alegaciones de Silver, Dredd reconocía que legalmente tenía razón y que legítimamente seguía siendo Juez Jefe de Mega-City Uno, pero también le consideraba culpable de ineptitud y deserción del cargo, al haber puesto en marcha los acontecimientos que condujeron al desastre y ocultarse más tarde para no ser descubierto tras la conclusión de la Necrópolis. En consecuencia, Silver resultaba condenado a 20 años de trabajos forzados en la colonia penal de Titán por abandono y negligencia del deber, si bien la sentencia le era conmutada por la pena de muerte en atención a sus cadavéricas circunstancias, lo que Dredd procedía a llevar a cabo de manera inmediata. Como McGruder le comentaba a Hershey a la conclusión de la historia, lo único que Silver había hecho bien en todo aquel asunto, era confiar al final en el buen juicio de Dredd.
El final del verano traería consigo Muzak Killer (Progs. 746-748), la primera parte de una saga que tendría su continuación un par de años después en Muzak Killer Live! (Progs. 837-839). Para entender un poco la rayadura de Ennis en esta saga, hay que situar antes lo que es la música muzak, término que inicialmente comenzó a utilizarse para referirse a la música ambiental de fondo que se escuchaba en almacenes comerciales, ascensores, llamadas telefónicas en espera, etc, y que a principios de los 80 acabó refiriéndose despectivamente a los grupos o solistas cuya música se consideraba desprovista de cualquier interés o mérito artístico. Vamos a obviar nombres, pero hubo reinonas del pop de la época que no salieron muy bien paradas de aquella saga de Ennis.
Con dibujos del irlandés Dermot Power, Muzak Killer contaba como Dredd era encargado de llevar ante la justicia a Marty Zpok, un asesino en serie que tenía como blanco de su ira a las estrellas del pop de Mega-City Uno. Con millones de ciudadanos desempleados convertidos en consumidores de entretenimiento basura, los gustos musicales del público seguían idénticos parámetros, mostrando su preferencia por la música sintetizada y anodina conocida como Muzak, a la que Zpok declaraba la guerra dispuesto a acabar con semejante aberración en nombre de la verdadera música, los sonidos guitarreros clásicos de los setenta y los ochenta. Como nota de interés, Muzak Killer iba a traer también consigo el regreso a la serie de la Juez Dekker, a quien ya se había visto anteriormente en los Progs. 370-373 como cadete que recibía la aprobación final de Dredd antes de convertirse en Juez, y que con esta historia se integraba en el repertorio de secundarios utilizados por Ennis.

Con todo, la gran saga del año fue la que supuso la conclusión final de la trama de la Democracia, el principal argumento sobre el que había girado la serie a lo largo de los últimos cinco años. The Devil you Know (Progs. 750-753) y Twilight´s Last Gleaming (Progs. 754-756), aparecidas de Septiembre a Noviembre de 1991 y recopiladas al año siguiente en un único tomo bajo el título común de Democracy Now!, fueron las dos últimas partes destinadas a poner un punto y final a la trama argumental que se había iniciado en el Prog. 460 con Carta de un Demócrata.

El Diablo que Conoces constaba de 24 páginas y aparecía escrita por John Wagner, en la que iba a ser su última aparición en el 2000AD durante bastante tiempo. El dibujo era de Jeff Anderson, que hizo lo que pudo para adaptarse a la importancia del evento, aunque desgraciadamente no fue lo suficiente. La historia aparecía situada a apenas tres semanas de la celebración del referéndum democrático, con serias discrepancias dentro del Departamento de Justicia en torno a esa celebración, siendo Dredd la única base firme sobre la que se asentaba su admisión entre los Jueces. Con los medios cada vez más encima del histórico acontecimiento que suponía el primer referéndum en la historia de Mega-City Uno, Dredd estaba convencido de que lo iban a ganar los Jueces. 
Sin embargo, ante el convencimiento de que los Jueces lo iban a perder y Mega-City Uno iba a quedar sumida en el caos, el Juez Grice, líder del sector duro del Departamento de Justicia, organizaba una conspiración para acabar con la vida de Dredd y anular la convocatoria. El problema radicaba en que Grice no era consciente de con quién se la estaba jugando, fracasando en su intento de asesinato y recibiendo la paliza de su vida a manos de Dredd antes de ser enviado a cumplir 20 años de trabajos forzados en Titán. Grice y el resto de conspiradores acabarían regresando a la serie dos años más tarde, de la mano esta vez de Grant Morrison, aunque ya habrá otro momento para hablar de ello.
Con dibujos del inglés John Burns, el Último Resplandor del Crepúsculo, supondría la definitiva conclusión de la saga. Su responsable era Garth Ennis, aunque la mano de John Wagner era una constante que se dejaba sentir a lo largo de las 18 páginas en que se desarrollaba la historia. Su comienzo tenía lugar el día señalado para el referéndum, el 1 de Noviembre del año 2113, con la detención de los últimos seguidores de la conspiración de Grice, entre los que se encontraba alguien que había sido de la confianza de Dredd hasta entonces, la Juez Degaulle, personaje secundario que ya había aparecido otras veces en la serie (Progs. 293 y 513). Tras los lógicos preliminares argumentales, dirigidos a incrementar la incertidumbre del evento, el resultado final de la votación, contra todo pronóstico, resultaba ser a favor de los Jueces.
 
La abstención y los votos nulos habían sido una constante entre los votantes, más preocupados de ver sus programas de televisión favoritos que de lo que se estaba dilucidando para el futuro de Mega-City Uno. A pesar de todo, los Jueces habían acabado arrasando en la votación, algo que los demócratas no creían en un principio que fuera verdad, organizando una nueva marcha contra los Jueces a la que Dredd acababa poniendo fin a las puertas del Palacio de Justicia, aunque esta vez sin derramamiento de sangre. De esta manera, la reflexión final que dejaba la historia era que el último resplandor de la democracia se había extinguido en Mega-City Uno porque así lo habían querido (o consentido) la mayoría de sus ciudadanos, una triste realidad que venía a demostrar que en el siglo XXII la democracia era sólo un sueño del pasado al que muchos ciudadanos ya no prestaban atención, sólo aquellos que aún creían en ella, en concreto, como señalaba el resultado del referéndum, el 9% de ellos.
Y mientras el Juez Dredd cerraba un importante círculo argumental, la Juez Anderson se preparaba para iniciar otro, tanto dentro como fuera de las viñetas. Tras su aparición en Death Aid y su recuperación de las heridas sufridas durante la Necrópolis, Alan Grant y David Roach comenzaron el año presentando la primera parte de Engramas (Progs. 712-717), uno de los casos que iban a resultar más traumáticos para Anderson y cuya primera entrega discurrió de Enero a Febrero de 1991, a lo largo de 32 páginas. Su título hacía referencia a la repentina activación de redes neuronales que padecía la Juez Psíquica y que iba a despertar toda una serie de recuerdos de su pasado que los Jueces habían intentado mantener ocultos en su mente.
 
La historia comenzaba cuando Cassandra Anderson era enviada a la Tierra Maldita a capturar a una piroquinética fugada de los Isocubos. Tras enfrentarse con ella, la telépata de la Psi-División era testigo de una ceremonia ritual de unos mutantes que envolvía a un misterioso bebé recién nacido, no recordando a partir de entonces mucho más de lo que había sucedido.
 
A su regreso a Mega-City Uno, Anderson comenzaba a sufrir graves alucinaciones que le obligaban a atacar a quien se encontrase a su alrededor, creyendo ver a un individuo de aspecto extraño que parecía ser una especie de manifestación sensorial. La sonda psíquica ordenada por el Juez Shenker para descubrir lo que le estaba sucediendo resultaba fallida, revelando la existencia de profundos bloqueos mentales en la mente de Anderson, quien acababa la primera parte de Engramas totalmente ida de la cabeza y encerrada en un Cubo con una camisa de fuerza para impedir que se dañase a sí misma o dañase a otros.
El año concluyó con la segunda parte de Engramas (Progs. 758-763), otra historia de 30 páginas que tenía lugar nueve meses después de la conclusión de la primera parte de la saga. La Juez Psíquica continuaba encubada, pero su mente comprendía lo que le estaba sucediendo y buscaba en sus recuerdos psíquicos la causa de lo que estaba mal en su cabeza. Superando los bloqueos impuestos por los Jueces, Anderson descubría que había matado a su padre a la edad de tres años con la primera manifestación de sus poderes psíquicos. El padre había resultado ser un verdadero hijo de puta que abusaba de ella, siendo ese trauma infantil el que ahora cobraba cuerpo y trataba de salir de su encierro.
Enfrentándose a sus propios miedos, Anderson ponía orden en su mente y recobraba la cordura, partiendo finalmente a la Tierra Maldita para averiguar quién había activado el Engrama que había roto el bloqueo psíquico impuesto por los Jueces en su niñez. La conclusión de la historia revelaba un esperanzador final, puesto que el responsable era el pequeño mutante recién nacido, cuyos dones psíquicos, decidía Anderson, no debían quedar en manos de los Jueces, lo que en cierto modo suponía una reflexión de su propia existencia.
 
Engramas sería la última saga que escribiría Alan Grant para el 2000AD hasta mediados del año 1997. Su deteriorada relación con los editores Richard Burton y Alan McKenzie no se vio precisamente favorecida por el hecho de que Engramas acabase apareciendo en blanco y negro y no a color. Como consecuencia de aquel desencuentro, todas las historias de la Juez Anderson que aparecerían a lo largo de los siete años siguientes verían la luz en el Judge Dredd Megazine y no en el 2000AD.
 
En cualquier caso, la conclusión de la saga devolvía a Anderson al status activo del que había estado alejada durante casi todo el último año, lo que editorialmente venía a obedecer además a un importante motivo comercial previsto para ese mismo mes de Diciembre de 1991, puesto que la presencia de Anderson había sido negociada dentro del contrato que había tenido lugar entre Fleetway y DC Comics para llevar a cabo un crossover intercompañías muy especial, un crossover que no creo que haga falta nombrar y del que inevitablemente habrá que hablar en la próxima entrada.
 

sábado, 16 de enero de 2016

Infancia de un Superdemonio. Heavy Metal Dredd

A diferencia de América y Beyond Our Kenny, la tercera de las historias que escribió John Wagner para la inauguración del Judge Dredd Megazine fue directamente concebida como una secuela del último y exitoso Mega-Epic de Dredd que el propio Wagner acababa de llevar a cabo junto a Carlos Ezquerra en las páginas del 2000AD. Así, el mismo mes en que concluía Necrópolis, comenzaba en el Megazine Young Death: Boyhood of a Superfiend (Megs. 1.01 a 1.12), una historia de 79 páginas que se podría traducir como Muerte Joven: Infancia de un Superdemonio y cuyos doce episodios la convirtieron en la saga de mayor duración en la historia del Megazine, extendiéndose a lo largo de todo el primer año de la revista, desde Octubre de 1990 a Septiembre de 1991.
Como su propio título indicaba, la nueva saga de los Jueces Oscuros resultaba ser un spin-off protagonizado por su líder, el Juez Muerte, respondiendo su argumento a una doble finalidad: por un lado, dar una respuesta a la cuestión que se había planteado al final de Necrópolis sobre lo que había ocurrido con el Juez Muerte y dónde se encontraba actualmente; y por otro, diez años después de su aparición, la historia proporcionaba por primera vez un origen tanto a los Jueces Oscuros como a las Hermanas de la Muerte, descubriéndose que todos ellos habían sido humanos antes de su transformación, y que efectivamente, como se intuía, procedían de un universo paralelo, muy similar en algunos aspectos al de los Jueces.
 
A modo de biografía autorizada, la estructura narrativa de Young Death contaba hechos acaecidos de manera anterior en unos días a la investigación que en ese momento estaban llevando a cabo los Jueces sobre el paradero del Juez Muerte, intercalándose esa investigación con el contenido de una presunta entrevista realizada al líder de los Jueces Oscuros y a la que los Jueces conseguían tener acceso a raíz de una llamada anónima y al hallazgo de un misterioso cadáver desfigurado por el ácido. Como muestra del humor negro que destilaba la saga, John Wagner aparecía en los títulos de crédito con el seudónimo de Brian Skuter, es decir, el periodista asesinado que coprotagonizaba la historia.
 
El apartado gráfico recayó en el dibujante Peter Doherty, siendo éste su primer trabajo profesional, que la verdad es que estaba realmente bien, especialmente en la manera en que Doherty integraba el tratamiento del color en el propio dibujo de la historia. No en vano, Peter Doherty es mayormente conocido hoy por su faceta de colorista, apareciendo su nombre asociado a trabajos para Geof Darrow, Frank Quitely o el propio Mark Millar. De todas maneras, viendo el resultado de aquel primer trabajo de Doherty, hay que reconocerle a Wagner tanto su buen ojo profesional como las pelotas que le echó al tema, al darle a un tío que acababa de empezar lo que no dejaba de ser la primera secuela oficial de Necrópolis y al mismo tiempo la primera historia protagonizada en solitario por el Juez Muerte, uno de los villanos favoritos de todos los seguidores de Dredd.
Desde el punto de vista argumental, la historia comenzaba con la Juez Hershey acudiendo al levantamiento de un anónimo cadáver que era encontrado en los Pozos Químicos de Mega-City Uno. El hallazgo se había producido gracias a una llamada anónima de alguien que decía ser el Juez Muerte, no habiendo sido posible identificar la llamada ni a su autor a causa de un inexplicable error en la grabación que la Tek División atribuía al deficiente estado de todos los sistemas técnicos tras lo ocurrido durante la Necrópolis. No obstante, la extraña voz y el tono siseante de su interlocutor habían bastado para que su contenido fuese tomado en serio, aunque eso no resultase del todo suficiente para acreditar su autenticidad, dado el elevado número de chiflados residentes en Mega-City Uno.
 
De este modo, mientras Hershey iniciaba la investigación, la acción retrocedía unos días atrás en el tiempo, al momento en que un periodista amarillista llamado Brian Skuter, dedicado a la publicación en la red de panfletos de dudosa credibilidad, acudía al bloque Sylvia Plath en respuesta a uno de los anuncios que tenía puestos para que los ciudadanos de MegaCity le contasen su vida con vistas a su publicación en una sección llamada “El mundo debería conocer tu historia”. Para su asombro, el interesado en dar a conocer su historia resultaba ser el mismísimo Juez Muerte, quien se encontraba residiendo de manera inadvertida en una anónima pensión de Mega-City Uno regentada por la anciana Sra. Gunderson, una inocente y amable viejecita que no veía absolutamente nada y que se enteraba todavía menos de lo que sucedía a su alrededor. Combinando el humor negro más devastador con atmósferas tétricas y bastante góticas, el Juez Muerte informaba al aterrorizado Skuter de su decepción por el resultado de la Necrópolis. Ahora quería contar al mundo su historia y dar propaganda a sus ideas de bienestar social mediante una muerte rápida y definitiva.
Mientras los lectores comenzaban a comprender que aquella parte de la historia que aparecía narrada en primera persona procedía de las grabaciones de Skuter a las que posteriormente iban a tener acceso los Jueces, éstos identificaban el cadáver hallado en los pozos como el del desafortunado periodista y accedían a su último artículo publicado en la red, descubriendo así que se trataba de unas pretendidas memorias del Juez Muerte a la que nadie hasta entonces había prestado atención ni dado el menor crédito. Ante el cariz que tomaban los acontecimientos, Hershey le daba la máxima prioridad a la investigación y daba orden de que se informase a Dredd sobre lo que estaba sucediendo, mientras ella partía al apartamento de Skuter en busca de más información.
 
La acción regresaba de nuevo a la entrevista, al momento en que el Juez Muerte le empezaba a revelar sus memorias a Skuter, contándole que procedía de un universo muy similar al de los Jueces, aunque menos avanzado tecnológicamente y en el que la vida humana no tenía ningún valor. Muerte había comenzado su vida como Sidney, un auténtico psicópata desde su más tierna infancia; de hecho, cuando leías cómo había acabado con su perro, no sabías muy bien si horrorizarte o partirte de la risa, aunque evidentemente, por la manera en que estaba narrado el acontecimiento, no tenías más remedio que reírte al ver la cara del pobre animal mientras caía por el precipicio.
 
Aquellas tendencias homicidas innatas del pequeño Sidney se habían visto favorecidas por su propio padre, otro sociópata que en este caso ejercía como dentista y que disfrutaba del dolor de aquellos de sus pacientes a los que no mataba cuando se le iba un poco la mano. El joven Sidney había acabado ingresando en los Jueces, de manera que pronto pudo poner en práctica su filosofía personal de que el mejor modo de acabar con el crimen era eliminar preventivamente a todos aquellos seres vivos que podían cometerlos, ejecutando a docenas de personas (incluido un matrimonio que sólo quería divorciarse) durante su primer día como juez en prácticas. Con el tiempo, ayudaría a ejecutar a su propio padre, a quien previamente había denunciado ante los Jueces, y luego había acabado asesinando a su madre y a su hermana, cuya única ambición en la vida era huir de él a toda costa. 
Habiendo adquirido el apodo de “Juez Muerte” entre sus compañeros, su cruzada homicida pronto se vería reforzada por otros tres seguidores que compartían plenamente sus puntos de vista y que se acabarían convirtiendo en los otros tres Jueces Oscuros, Mortis, Miedo y Fuego, éste último un verdadero pirómano que se había ganado su nombre prendiendo fuego a todo un colegio universitario con todos sus residentes dentro. Años más tarde, mientras investigaba una serie de desapariciones y homicidios múltiples que llevaban años produciéndose en una de las zonas más oscuras y peligrosas de la ciudad, sería cuando Sidney se topase por primera vez con Nausea y Phobia, dos brujas dementes que habitaban en unos túneles subterráneos abandonados y adoraban a la muerte, encontrando en él un alma gemela. 
Utilizando la magia negra, las dos brujas acabarían convirtiendo a Sidney y sus compañeros en espectros vivientes antes de usar la nigromancia en sí mismas y perder su forma corpórea a cambio de otra serie de oscuros beneficios. En su nueva encarnación de muertos vivientes y con la ayuda psíquica de las dos cadavéricas brujas, los cuatro Jueces Oscuros acabaron haciéndose con el poder en su mundo, declarando la vida como ilegal y llevando a cabo en él su primera Necrópolis, convirtiendo aquel universo paralelo en un lugar despoblado de cualquier clase de vida.
 
De vuelta al presente, la Juez Hershey acudía al apartamento del fallecido Skuter y accedía a las grabaciones originales del periodista, comprendiendo que todo lo que éste había contado en su página web era material auténtico y poniendo de inmediato sobre aviso a Dredd y a Anderson, quienes se desplazaban con un ejército de Jueces al bloque Sylvia Plath para sitiar el apartamento de la Sra. Gunderson. Sin embargo, cuando llegaban era demasiado tarde y ya no había rastro del Juez Muerte por ninguna parte.
La última grabación de Skuter ponía de manifiesto que el desafortunado periodista había sido finalmente asesinado por el Juez Muerte, al no haber quedado éste demasiado satisfecho con lo publicado. Respetuoso con su profesión, el periodista le había dado un toque ligeramente sensacionalista a sus memorias que no coincidía exactamente con la respetuosa biografía que esperaba el monstruo procedente de otra dimensión.
 
Inexplicablemente, la miope Sra. Gunderson seguía con vida y totalmente inconsciente de todo lo que había estado sucediendo en su casa, llegando Dredd y Anderson a la conclusión de que había sobrevivido gracias a su carácter agradable y a no haberse enterado de nada de lo que ocurría a su alrededor. En realidad, su supervivencia tenía otros motivos, y es que el propio John Wagner había tomado como modelo para el personaje a uno de sus familiares más cercanos, en concreto a su señora madre, la Sra. Wagner, limitándose la broma a hacerla aparecer en la serie. No obstante, la Sra. Gunderson volvería a aparecer en el segundo volumen del Megazine, dentro de la historia Un Té con la Sra. Gunderson (Meg. 2.15), secuela directa de Young Death en la que los Jueces seguían intentando averiguar como la encantadora y medio ciega anciana había podido sobrevivir a la presencia en su casa del Juez Muerte.
Desde mi punto de vista, la historia era excelente y hoy es mayoritariamente reconocida como otro de los clásicos más clásicos de Dredd, combinando a la perfección la atmósfera gótica de horror que había venido acompañando hasta ese momento a las apariciones de los Jueces Oscuros, con el humor negro más ácido y desternillante que uno se podía encontrar en las historias de Judge Dredd. Desgraciadamente, aquel tono humorístico de Young Death iba a suponer también el principio de una nueva dirección para el Juez Muerte, situándole a partir de entonces en el entorno propio de un personaje de comedia. El propio John Wagner explicaría años más tarde su creencia de que aquel paso seguramente no fuese demasiado afortunado para el personaje, dificultando en ocasiones que los lectores le llegasen a tomar en serio como villano. Por este motivo, sería el propio escritor quien años más tarde, a principios de la década del 2000, decidiera poner remedio a la situación con My Name is Death, saga en la que el Juez Muerte regresaría a sus raíces más terroríficas como personaje.
 
Volviendo de nuevo al Megazine, y con una más que evidente inspiración en las exitosas franquicias cinematográficas de Alien y Predator, el décimo primer número de la revista presentó una nueva amenaza para Mega-City Uno concebida en esta ocasión por el guionista Alan Grant, el voraz monstruo alienígena conocido como Raptauro (Megs. 1.11-1.17), una criatura carnívora capaz de esconder su presencia a la vista y a la que Dredd intentaba dar caza a lo largo de una saga de 62 páginas aparecida de Agosto de 1991 a Febrero de 1992. Su ilustrador fue Dean Ormston, un claro seguidor del estilo visual de Bisley que dibujó bastantes historias de Dredd durante esta época y que generó alguna que otra controversia sobre sus aptitudes entre el fandom. A mí la verdad es que me gustaba, aunque no siempre. 
La trama giraba alrededor de la repentina aparición de múltiples asesinatos y el descubrimiento de una serie de cadáveres parcialmente devorados en el bloque Tom Mohan, siendo Dredd el encargado de llevar la investigación y encontrándose frente a frente con un depredador alienígena de capacidades letales y sorprendentes. Como circunstancia especialmente destacable, la saga presentaba además a una nueva telépata de la Psi-Division, la Juez Karyn, un personaje secundario que con el paso de los años también tendría su propio recorrido dentro de la continuidad de Dredd, llegando incluso a conseguir varios seriales dentro del Megazine y cuya imagen fue creada por Ormston tomando como modelo a la chavala que entonces era su novia, Fiona Stephenson. En general, a pesar de las similitudes cinematográficas, la saga tenía una buena ambientación y resultaba bastante entretenida. 
Finalmente, la última saga que me parece destacable dentro de esta primera época del Judge Dredd Megazine, no es tanto una saga propiamente dicha, sino una antología de historias cortas cuyo origen tenía un hilo conductor común: el Rock Duro, y más concretamente, el Heavy Metal.

El Juez Dredd siempre había tenido una muy buena acogida entre los seguidores del sector más trashmetal del rock a través de grupos como Anthrax, quienes por ejemplo habían llegado a dedicar uno de sus temas al personaje, el conocido I am the Law. Fruto de aquella cercanía, la revista musical Rock Power (que aquí llegó a tener su propia versión en castellano) decidió dedicar a principios de los 90 seis páginas de su contenido a publicar toda una serie de historietas del Juez Dredd específicamente destinadas a sus lectores, historietas que bajo el título genérico de Heavy Metal Dredd acabaron trascendiendo fuera del ámbito propio de los cómics y compartiendo espacio con los reportajes, fotografías y conciertos de grupos típicamente metálicos como Judas Priest, Metallica, Skid Row, etc.
 
Las primeras de aquellas historias publicadas en Rock Power aparecerían firmadas por John Wagner, Alan Grant y Simon Bisley, hallándose su temática completamente aislada de la continuidad oficial de Dredd, y dedicada (lógicamente) a colmar las expectativas de los lectores de una revista musical especializada en el Rock Duro. Posteriormente, tras el éxito de Simon Bisley, otros artistas como el fallecido John Hicklenton, Dean Ormston o Brendan McCarthy, serían los que se harían cargo de aquella sección denominada Heavy Metal Dredd que aparecía dentro de la revista Rock Power.
 
A finales de 1991, Fleetway sufrió importantes y significativos cambios tras la muerte del magnate Robert Maxwell y la adquisición del grupo por sus nuevos propietarios de Egmont. En esta situación, una de las primeras medidas que adoptaron los nuevos propietarios del grupo fue recortar gastos de producción en todas las publicaciones, incluido el Judge Dredd Megazine. Ante esos recortes, David Bishop, el editor que había sustituido a MacManus al frente de la revista, consideró económicamente oportuno reeditar dentro del Megazine esas historias de Wagner, Grant y Bisley que habían aparecido en el Rock Power, en un primer momento aquellas que habían gustado más, pero con el paso del tiempo se acabarían publicando todas, incluidas las que no eran de Bisley. La serie acabaría siendo también recogida en un solo tomo, primero por Hamlyn en los noventa, conteniendo sólo el material de Bisley, y posteriormente por Rebellion, si bien incluyendo en esta ocasión la totalidad de la serie y siendo precisamente esta última edición de Rebellion la misma que aquí ha publicado Kraken.
En aquella primera trayectoria del Megazine, las historias del Rock Power que se reeditaron fueron las cuatro primeras de Bisley, A MegaCity Primer (Meg. 1.14) una declaración de intenciones dedicada a modo de apertura musical a Dredd; Rock On, Tommy Who? (Meg. 1.16) un guiño a la Opera Rock Tommy y a su protagonista, Roger Daltrey, el cantante de los Who; Chicken Run (Meg. 1.17), una crítica bastante gamberra al primer ministro John Major, cuyo final estaba dedicado a los fans de Ozzy Osbourne y a la famosa anécdota del murciélago, y The Legend of Johnny Biker (Meg. 1.19), o como un audaz motero de Mega-City Uno, que parecía salido del Bat Out of Hell de Meat Loaf, acababa de lámpara en el salón de su novia. El resto (hasta las 20 que comprendieron la serie) aparecerían a lo largo de los dos años siguientes en el Volumen 2 y el Volumen 3 del Megazine, incluyendo tanto las cuatro que faltaban de Bisley como las del resto de dibujantes que habían participado en la serie publicada por Rock Power. 
Desde mi punto de vista de seguidor del Juez Dredd y pseudoaficionado a la escena rockera de aquella época, las historias que me parecen más destacables son precisamente las realizadas por Simon Bisley, que me parece que tienen un cierto toque de genialidad en cuanto a su exceso y resultan además excepcionalmente cachondas si se entra al juego del humor exageradamente violento que las acompaña. Además de las que han sido anteriormente mencionadas, me resultan particularmente destacables Ironfist (Meg. 2.61), la violenta historia futurista de una figura que recordaba al Eddie de los Iron Maiden, aunque poseído por el espíritu del recientemente fallecido Lemmy Kilmister de los Motorhead; Bimba (Meg. 3.17), el sangriento y apócrifo crossover entre Bambi y el Juez Dredd realizado por Wolt Bisley, o el desternillante y trágico villancico navideño protagonizado por Santa Claus en Night before Christmas (Meg. 2.62). No obstante, también es verdad que en mi caso se dan esas circunstancias precisas para “ponerse en situación” con la temática y con el personaje, cosa que no estoy seguro que ocurra con todos aquellos que se las puedan leer de una manera más ocasional. O tal vez sí, no lo sé.
Con todo, Heavy Metal Dredd seguramente sea la serie más conocida de Dredd en nuestro país, al ser la que más veces ha acabado siendo publicada (aunque no en su totalidad) por recogerse en ella el trabajo de Bisley, apareciendo en su día dentro de la revista Cimoc y posteriormente en el famoso nº 108 de la colección Cimoc Extra Color dedicado al Juez Dredd bajo el título de MegaCity Blues. La reciente edición de Kraken de Heavy Metal Dredd recoge por primera vez la serie musical de Dredd en su totalidad, incluidos los episodios de Bisley que ya habían aparecido en su día y aquellos otros que no eran de Bisley y que nunca antes se habían publicado en castellano.
 
El primer volumen del Judge Dredd Megazine alcanzaría los veinte números de duración, si bien en el mismo mes de Mayo de 1992 en que concluía su primera andadura, comenzaba la del Volumen 2, manteniendo el mismo formato de revista, pero reiniciándose a partir de un nuevo número 1 y presentando una nueva periodicidad quincenal que se mantendría durante los años siguientes. El motivo de la nueva numeración y de la nueva periodicidad fue el lógico de dar un nuevo impulso editorial a la revista, al entender el nuevo editor David Bishop que el mes que transcurría entre número y número era un espacio de tiempo adecuado para los lectores norteamericanos, pero demasiado largo para lo que estaban acostumbrados los lectores británicos, sobre todo teniendo además en cuenta el inminente crossover con el 2000AD que en aquellos momentos ya se estaba gestando y al que lógicamente habrá que referirse en breve.
 
En todo caso, en lo que al Judge Dredd Megazine se refiere, creo que de momento lo mejor es quedarse aquí. Al mismo tiempo que el Megazine había comenzado su andadura, el 2000AD había continuado la suya, explorando las consecuencias de Necrópolis, y viendo como John Wagner trasladaba sus bártulos al Megazine mientras Carlos Ezquerra continuaba al frente de la revista semanal como principal responsable del apartado gráfico de la serie. Toda vez que para manejar adecuadamente la continuidad temporal de Mega-City Uno, lo más aconsejable será ir revisando la trayectoria de ambas revistas de forma paralela, no resulta demasiado difícil imaginar de qué irá esto la próxima vez.

viernes, 1 de enero de 2016

Guía Práctica para la lectura de Dark Justice

Desde hace varias décadas, una de las dificultades a las que tradicionalmente se han tenido que enfrentar los aficionados españoles a la hora de abordar la lectura de cualquier tebeo del Juez Dredd, ha sido la ausencia de antecedentes sobre aquello que se estaban leyendo. Esto ha acabado suponiendo un claro inconveniente a la hora de seguir el camino recorrido por el personaje, toda vez que la realidad editorial del Juez Dredd transcurre en una línea temporal que avanza siempre hacia delante, y además lo hace en tiempo real, lo que desde el punto de vista argumental crea una continuidad y unos antecedentes que a los aficionados españoles se nos acaban escapando. En este sentido, la reciente publicación por parte de Ediciones Kraken de Juez Dredd: Dark Justice, no puede decirse que haya sido la excepción a esta regla general tan consolidada en la trayectoria editorial del personaje en nuestro país.
En principio, parece bastante evidente que cualquier narración autoconclusiva puede leerse perfectamente de una manera aislada, pues al fin y al cabo no deja de ser sino una historia en sí misma, y todos, sin excepción, hemos empezado a leer comics de manera más o menos habitual por aquel punto en el que en un momento concreto nos los hemos encontrado. Sin embargo, también es verdad que cualquier cómic se disfruta más, o cuanto menos se lee mejor, si abordamos su lectura teniendo en cuenta su adecuado contexto temporal, sus antecedentes argumentales, las referencias existentes sobre los personajes, etc.
 
Si relacionamos todo esto con esta última saga del Juez Dredd que acaba de publicarse en nuestro país, la primera circunstancia que sería necesario tener en cuenta para introducirse con buen pie en su lectura es que Dark Justice resulta ser en sí misma una saga bastante excepcional, en el sentido de que John Wagner no tenía ninguna intención de volver a trabajar con los Jueces Oscuros, al considerar que ya había contado todo lo que quería contar sobre ellos y que éstos se encontraban en un punto en el que los cabos podían considerarse perfectamente atados y finiquitados respecto de todos ellos.
 
Esta negativa del escritor era bastante conocida y asumida dentro del fandom, toda vez que el propio John Wagner se había encargado de afirmarlo así durante los últimos diez años en todas aquellas entrevistas y convenciones en que se le había incidido sobre dicha cuestión; de hecho, siempre entra dentro de lo posible que la insistencia hubiera llegado a producirle un cierto rechazo a la idea de su regreso, aunque tampoco se puede afirmar nada con rotundidad porque las peticiones eran muchas, y no sólo de los propios aficionados, sino evidentemente de la propia editorial, que siempre ha tenido bastante en cuenta el carisma y el reclamo comercial de los Jueces Oscuros, en especial el de su líder, el Juez Muerte.
En esta situación, uno de los artistas más destacados del 2000AD (y seguramente de los más queridos también por el fandom alrededor de Dredd), el británico Greg Staples, fan de toda la vida de la saga original dibujada por Brian Bolland en los ochenta, decidió enviarle diferentes emails a John Wagner, adjuntándole con ellos algunas ilustraciones procedentes de una serie de encargos que en ese momento estaba realizando sobre los personajes y una declaración de intenciones sobre lo que podía hacer con ellos si Wagner llegaba a plantearse alguna vez traer de vuelta a los Jueces Oscuros.
 
Toda esa secuencia inicial de emails (al menos los que han sido publicados) la tenéis incluida en la edición de Kraken, por lo que no creo que haga falta extenderse mucho más sobre su contenido, toda vez que resulta bastante obvio que si el tebeo ha acabado viendo la luz es porque John Wagner acabó dando marcha atrás en su idea inicial sobre los Jueces Oscuros, seducido por las imágenes que le fue enviando Staples y encantado por las posibilidades gráficas del proyecto. Staples, por su parte, acabaría tardando más de dos años en dibujar el guión remitido por Wagner, lo que fue conllevando a su vez cada vez mayores retrasos en la publicación de la saga, que inicialmente había sido prevista para ser publicada a principios del pasado año 2014.
Centrada así la génesis artística de Dark Justice, otra situación que convendría tener en cuenta es el contenido con el que nos vamos a encontrar a lo largo de los once episodios que componen la saga. Y en este sentido, aparte de lo más obvio, que es el regreso de los Jueces Oscuros tras muchos años de ausencia, la “otra” inspiración argumental de la saga en la mente de John Wagner, aparte de evidente, no puede considerarse ningún secreto, toda vez que una de las frases promocionales que vino a acompañar a su lanzamiento (“En el espacio nadie puede oír tus gritos”) dejaba bien a las claras por dónde iban los tiros, al tratarse de la misma frase que en su día fue incluida dentro de los pósters y carteles cinematográficos de Alien, el Octavo Pasajero, la película originaria de la magnífica saga de ciencia ficción de la que Dark Justice ha venido a tomar prestada buena parte de su ambientación y el escenario principal en el que se desarrolla, esto es, el claustrofóbico interior de una nave espacial durante su travesía estelar, cuando por esas cosas de la vida, te encuentras atrapado en su interior con alguna forma de vida (en este caso no-vida) extremadamente peligrosa para la integridad de sus ocupantes.
Y lógicamente, además de estas consideraciones artísticas y argumentales, otra circunstancia que puede resultar interesante a la hora de movernos por la lectura de Dark Justice con un cierto conocimiento de lo que está sucediendo, sería situar a sus principales protagonistas y personajes secundarios en su contexto argumental antes de llegar al punto en el que se encuentran. Es decir, lo que en la terminología de los tebeos se suele conocer como “la historia hasta aquí”.
 
Ambientada a principios del año 2137, lo primero que hay que tener en cuenta es que Mega-City Uno acaba de atravesar hace apenas dos años una de las crisis más duras y más extremas a las que ha tenido que hacer frente a lo largo de su existencia: el llamado Día del Caos (Progs.1743-1789), toda una serie de ataques terroristas sucesivos y desarrollados en un periodo muy corto de tiempo (al más puro estilo de la serie televisiva 24, responsable de inmortalizar en el acervo cultural de nuestros días a la figura del agente Jack Bauer) llevados a cabo por agentes durmientes de la desaparecida Mega-Este Uno, en colaboración con grupos terroristas locales, como Total War o Rage (against the Megs), como venganza por lo sucedido treinta años atrás al final de la Guerra del Apocalipsis. Dichos ataques se desarrollaron contra las estructuras más esenciales del Departamento de Justicia y se vieron culminados con la liberación en la megaciudad de la llamada Plaga del Caos, un arma biológica producida por los propios científicos de Mega-City Uno, con efectos letales y bastante similares a los producidos años atrás por la Blockmania, que acabó dejando diezmada al 40% de su población, seriamente dañadas todas las estructuras de funcionamiento de la ciudad, e irreversiblemente cuestionada la imagen de los Jueces a ojos de los ciudadanos, que ya no ven al Sistema Judicial como la única opción capaz de protegerles y de mantener el orden en las calles. Al comienzo de Dark Justice, Mega-City Uno lleva dos años en situación de reconstrucción, siendo precisamente este el contexto en el que ahora se encuentran los Jueces Dredd y Anderson como principales protagonistas de la historia y representantes del Departamento de Justicia ante la nueva crisis que supone este último regreso de los Jueces Oscuros.
En este ambiente de ruinas y de posguerra en el que el día a día de la megaciudad y la credibilidad del Departamento de Justicia se encuentran todavía sujetos con alfileres, es en el que también debe enmarcarse la decisión de un gran número de los ciudadanos más ricos e influyentes de Mega-City Uno de abandonar la Tierra a bordo de la nave espacial Mayflower con la que comienza la historia, en este caso a la búsqueda de un planeta habitable en el que volver a empezar de cero gracias a la tecnología proporcionada por el siglo XXII. Dada la situación planteada, a nadie se le escapa el intencionado e irónico paralelismo entre el nombre de la nave espacial y el del famoso barco que condujo a los peregrinos a las costas norteamericanas de Massachusetts en el siglo XVII, aunque como ya os podéis imaginar, la historia de unos y otros no haya acabado exactamente igual a la luz de lo que sucede en las páginas de Dark Justice. Al fin y al cabo, esto no es el Canal Historia, sino el Juez Dredd, con toda la sátira e ironía que ello conlleva.
En cuanto a los villanos de la historia, los Jueces Oscuros, su actual situación parte inicialmente de su separación previa en el año 2124 (es decir, hace trece años), durante el transcurso de la saga My Name is Death (Progs. 1289-1294). En ella, el Juez Muerte había logrado escapar de su confinamiento, aunque viéndose obligado a abandonar a sus compañeros ante la imposibilidad de liberarlos, y con la intención de regresar a por ellos tras decidir abandonar la megaciudad y esperar el momento más propicio para volver a introducirse en ella.
 
Sin embargo, ese momento nunca se llegó a producir, ya que apenas un par de años más tarde, durante sus vagabundeos por la Tierra Maldita, Muerte había acabado desapareciendo en medio de una explosión termonuclear, arrastrado al infierno por aquellos a los que había matado y perseguido por el vengativo espíritu de una de sus víctimas que buscaba hacer justicia a su familia, tal y como se había visto al final de The Wilderness Days (Megs. 209-216).
Desde entonces nada se había vuelto a saber del Juez Muerte, siendo ahora en Dark Justice cuando se revela que Nausea y Phobia, las Hermanas de la Muerte, han conseguido hacerle regresar del infierno en el que se encontraba, dispuesto esta vez a liberar a sus compañeros aprovechando la precaria situación en que actualmente se encuentra Mega-City Uno, y ocupando su debilitado espíritu el cuerpo de un anónimo ciudadano llamado Cutler Davey.
 
En lo que a los otros tres Jueces Oscuros se refiere, la participación de Miedo, Fuego y Mortis en Dark Justice viene precedida de su última aparición durante el transcurso del Día del Caos. En dicha saga, uno de sus momentos más relevantes tenía lugar cuando se descubría que los antiguos Jueces Soviets habían logrado infiltrar a dos de sus durmientes en la Academia de la Ley desde que eran niños, habiéndose llegado a convertir los mismos en Jueces, y siendo uno de ellos, el Juez Haldane, el que procedía a liberar a los tres Jueces Oscuros de su encierro en la sala de contención en la que se encontraban (Prog. 1781), con el fin de desatarlos sobre la megaciudad en otro de los ataques terroristas que tenían lugar durante el Día del Caos.
Sus cuerpos físicos resultaban destruidos en los enfrentamientos con los Jueces, pero sus espíritus no tenían dificultad en poseer los cuerpos de tres ciudadanos afectados por el virus y armados hasta los dientes, siendo así como se cruzaban en el camino del conocido asesino en serie PJ Maybe, quien se ofrecía a restaurarles a su forma original.

En realidad lo que Maybe pretendía (y conseguía) era salvar su propio pellejo de la amenaza de los Jueces Oscuros, y de paso, atrapar sus espíritus para usarlos luego como mejor conviniera a sus propios fines (Prog. 1786), siendo en esa situación de cautividad, en poder de PJ Maybe, la última vez que habían sido vistos en la serie. Una situación bastante inestable pensada desde un primer momento para conducir a esta saga, puesto que la liberación de Miedo, Fuego y Mortis de la Sala de Contención vino a coincidir en el tiempo con la decisión de Wagner y Staples de llevar a cabo el regreso de los Jueces Oscuros y las primeras noticias sobre Dark Justice.
Y esto nos enlaza precisamente con otro de los personajes que aparecen en Dark Justice, interpretando un papel menor, pero del que es necesario hablar toda vez que es el dueño de la casa que aparece en la página 3, es decir, el ciudadano en cuya mansión se introduce Muerte (ocupando el cuerpo de Cutler Davey) en busca de sus “hermanos”, y al que los Jueces identifican unas páginas más tarde como Roberto Smith, sin preocuparse mucho más de él o de lo que le haya podido ocurrir. Ese personaje es, efectivamente, PJ Maybe en otra de sus suplantaciones de personalidad.
 
Tras su captura al final de Mega-City Justice (Progs. 1687-1693), Maybe había acabado haciendo un trato con los Jueces y resultaba condenado a cumplir cadena perpetua en los psicocubos (contra el criterio de Dredd, que abogaba por una rápida y eficaz ejecución), siendo en The Further Dasterdly Deeds of PJ Maybe (Progs. 1740-1742) donde el famoso asesino en serie lograba fugarse del Psicobloque en el que se encontraba gracias a la ayuda de uno de sus viejos conocidos de Ciudad Barranquilla, Don Emilio López, un antiguo Juez de la corrupta megaciudad sudamericana que es en la actualidad uno de sus más acaudalados y respetables ciudadanos gracias precisamente a la inestimable ayuda de PJ Maybe en sus tiempos como Don Pedro Montez.
 
Conseguida también a través de López la falsa identidad de Roberto Smith, Maybe se había casado recientemente con la Sra. Allegra Strepsil (Prog. 1758), una rica y anciana viuda de MegaCity de 98 años de edad y poseedora de una fortuna estimada en unos cuantos miles de millones. No hace falta decir que con vistas a cargársela y convertirse a continuación en su desconsolado viudo y heredero. De hecho, el deteriorado cadáver que aparece en la primera viñeta de la página 13 de Dark Justice es precisamente el de la desafortunada Allegra Strepsil, confirmando así el triste y presagiable destino que se le intuía tras su equivocado matrimonio con Maybe. 
Otros personajes que también hacen un breve cameo en Dark Justice, y que tienen su importancia dentro de la trama, puesto que resultan ser quienes se han encargado de liberar al Juez Muerte del limbo en el que se encontraba y de guiarle hasta donde se hallaban sus apresados compañeros, son Nausea y Phobia, las Hermanas de la Muerte, hechiceras espectrales de otra dimensión, responsables de la creación de los Jueces Oscuros y figuras desencadenantes de Necrópolis (Progs. 674-699).
 
Su última aparición hasta la fecha había tenido lugar durante el transcurso de Lúcido (Megs. 238-241), una historia de Alan Grant y Arthur Ranson aparecida dentro de las páginas de Anderson Psi División, en la que las dos hechiceras de Deadworld utilizaban la mente de un psíquico fallecido para intentar cruzar el puente entre dimensiones a través de las pesadillas que comenzaba a sufrir la Juez Anderson, tras recobrarse del coma sufrido durante su último enfrentamiento con el Juez Muerte en My Name is Death (Progs. 1289-1294) y sus posteriores consecuencias en Half Life (Megs. 214-217 y 221-236).
 
Aunque imposibilitadas de manifestarse físicamente en Mega-City Uno, son Nausea y Phobia quienes están utilizando al herido Juez Logan como conducto para manifestar su influencia psíquica en todo lo que está ocurriendo, de manera similar a cómo ambas utilizaron a la Juez Kit Agee y a la ciudadana Xena Lowther en el año 2112 para desencadenar la Necrópolis, de ahí la alusión que Anderson hace a la Juez Agee en la página 11 de Dark Justice. En aquella ocasión, Xena Lowther era quien había resultado alcanzada años atrás por el Juez Muerte, siendo ese contacto el que había permitido a Nausea y Phobia poseerla e introducirse en ella.
Ahora, de manera paralela a lo sucedido entonces, es el Juez Logan el que ha resultado alcanzado por el toque del Juez Mortis durante el transcurso del Día del Caos, durante los confusos momentos en que la Juez Beeny y él trataban de impedir su fuga y la de sus compañeros (Prog. 1784), siendo ese contacto el que ha dejado al Juez Logan entre el umbral de la vida y la muerte y le permite ser utilizado por las Hermanas como vehículo espiritual para introducirse de nuevo en la dimensión de los Jueces.
 
Es a Logan a quien la Juez Anderson está intentando exorcizar psíquicamente en la página 6 de Dark Justice, intentando así salvar su vida del efecto del contacto del Juez Mortis. Logan es uno de los Jueces asignados a Dredd y uno de sus hombres de confianza desde hace diez años, en concreto desde sus primeras apariciones a lo largo de la saga Total War (Progs. 1408-1419), no siendo un personaje del todo desconocido para nosotros puesto que ya le habíamos visto anteriormente en la versión en castellano publicada por Ediciones Kraken de Orígenes, en la que había perdido por primera vez el brazo en el que le vuelve a alcanzar el Juez Mortis durante su enfrentamiento en el Día del Caos. Tras haberle sido amputado ese brazo para tratar de evitar su muerte, el Juez Logan permanece hospitalizado en la Unidad Médica del Palacio de Justicia, no estando todavía claro si va a sobrevivir o no al contacto con el espectro.
 
En esta situación es en la que los ilusionados pasajeros/peregrinos del Mayflower deciden emprender su viaje espacial a la Tierra Prometida y los Jueces de Mega-City Uno llegan a la mansión Strepsil en busca de los Jueces Oscuros, comenzando así la cadena de acontecimientos que desembocan en Dark Justice, un (nuevo) homenaje tanto a la saga original de Bolland como una vuelta a los terroríficos orígenes de los Jueces Oscuros, que muchos fans llevaban años esperando y que nadie tenía claro si iba a llegar alguna vez.
Ahora, lo único que queda por saber es si Dark Justice tendrá algún tipo de continuación, ya que su final queda lo suficientemente cerrado como para llegar a considerarlo abierto algún día a una posible secuela, es decir, algo en cierto modo similar a lo que ocurrió en su día con aquella saga llamada Judge Death que acabaría desembocando algún tiempo después en Judge Death Lives. Quién sabe lo que puede deparar el futuro. Al fin y al cabo, todo es posible en el mundo de los tebeos, incluso el que una historia que nunca iba a llegar a existir, al final se haya acabado publicando.