viernes, 25 de septiembre de 2015

La Hora del Lobo. Revolución

Desde un punto de vista puramente editorial, sería en el año 1987 cuando el 2000AD comenzase a sufrir toda una serie de cambios como consecuencia de la compra de IPC Magazines por parte del magnate de la prensa Robert Maxwell durante el mes de Julio de ese año, lo que conllevaría el cambio de editor y la llegada del dinero de Fleetway Publications a la revista. En su libro Thrill-Power Overload, David Bishop fija en 6,8 millones de libras la suma que Maxwell pagó a IPC por adquirir su división de comics y los derechos sobre sus personajes.
 
Los cambios que tuvieron lugar no se produjeron de la noche a la mañana, sino de una manera bastante paulatina. Lo primero que se hizo fue estilizar el formato, ganando unos milímetros en altura y haciéndolo menoscuadradoy más alargado, de manera bastante similar al formato que era habitual en el álbum francoeuropeo. Otra innovación sería la progresiva mejoría del papel, con el lógico y consiguiente aumento de precio. Finalmente, como consecuencia de todo ese proceso de transformación editorial, sería el color el que acabaría llegando al año siguiente, al menos a la sección protagonizada por el Juez Dredd, requisito que resultaba cada vez más necesario a fin de poder competir con los superhéroes americanos.
 
Retrocediendo unos meses atrás, la verdad es que el año 1987 había comenzado de una manera bastante aproximada a la que había visto finalizar el año anterior: historias cortas de uno o dos episodios de duración, llenas de sátira y de aplicación de la Ley. Es posible que John Wagner y Alan Grant empezasen a ir en piloto automático en este periodo previo a su separación, pero también es verdad que aún les quedaban en la manga una serie de historias que se acabarían convirtiendo en auténticos clasicazos a través de sus posteriores reediciones.
 
Una de ellas fue el Taxidermista (Progs. 507 a 510), cuatro sorprendentes e hilarantes episodios dibujados por Cam Kennedy que presentaban a Jacob Sardini, un verdadero apasionado de su trabajo: la taxidermia humana, reconocido arte para el que se exigía un elevado nivel de preparación y que había llegado a ser considerado deporte megaolímpico durante varias décadas; de hecho, el anciano Sardini había llegado incluso a ganar la medalla de bronce durante las MegaOlimpiadas del 2082.
Con este planteamiento previo, la historia suponía una nueva visión de aquella escena de El Padrino en la que Don Vito le encargaba al funerario Bonasera que procediera a embalsamar el acribillado a balazos cadáver de Santino, salvo que en esta ocasión lo que Sardini recibía era el encargo de llevar a cabo su trabajo sobre el hijo del gángster Don Giovanni Lambretta y los hombres que le habían matado, disponiéndolos a todos en una heroica escena a modo de pose final. Es decir, como en el Museo de Cera pero con gente disecada, otra locura del Siglo XXII elevada a la categoría de arte olímpico. El problema radicaba en que alterar el escenario de un crimen es ilegal en Mega-City Uno, sobre todo cuando desaparecen cadáveres, lo que producía la entrada de Dredd en el asunto.
 
Otra de las historias destacables de aquel año 1987 sería La Hora del Lobo, la saga veraniega de Cassandra Anderson que apareció publicada durante los meses de Mayo a Julio de ese año a lo largo de los doce episodios que aparecieron en los Progs. 520 a 531, conformando un total de 62 páginas.
Dibujada por Barry Kitson (1-10) y Will Simpson (11-12), lo primero que habría que mencionar es lo curioso que resultaba observar como al igual que había ocurrido con Judge Death Lives y su posterior secuela Cuatro Jueces Oscuros, la continuación más directa de la otra gran saga escrita a principios de los ochenta por John Wagner y Alan Grant, esto es, la Guerra del Apocalipsis, volviese a estar de nuevo protagonizada por la Juez Anderson.
Otra curiosidad era la manera en que encajaba el título de la historia con lo que sucedía a lo largo de la misma. Obviamente, hacía referencia al lobo que aparecía en los sueños de Anderson, pero al mismo tiempo también parecía desprenderse un cierto paralelismo con determinadas supersticiones del folklore anglosajón, toda vez que la Hora del Lobo es la hora situada entre la noche y el amanecer en la que según los mitos populares anglosajones y centroeuropeos, el lobo acecha a las puertas de las casas donde vive la gente. Popularizada por la película del mismo título de Ingmar Bergman, se supone también que es la hora en que muere la mayoría de la gente, cuando el sueño es más profundo, las pesadillas más reales y cuando los fantasmas tienen más poder. Algo de todo esto tenía su reflejo en la historia, no sólo porque la muerte rondaba la vida de Anderson durante aquella hora de la madrugada, sino también por las pesadillas que le advertían del peligro que corría la megaciudad.
 
La historia comenzaba cuando Anderson captaba un flash psíquico de un gigantesco lobo cerniéndose sobre la ciudad mientras patrullaba las Puertas del Muro Oeste de Mega-City Uno. La impresión psíquica era también captada por una ciudadana que respondía al nombre de Glenny Mexworth, sólo que esa no resultaba ser su verdadera identidad, como se descubría inmediatamente después cuando hundía el cráneo de su marido de un puñetazo en pleno rostro.
Como en los buenos clásicos del género de espías, del que la historia tomaba muchos elementos recurrentes ambientados en los años de la Guerra Fría, Glenny se revelaba como una agente durmiente que llevaba cuatro años infiltrada en Mega-City Uno. Más tarde se descubriría que se trataba además de una Juez Psíquica de la antigua Mega-Este Uno, como también lo resultaban ser los ciudadanos Josh y Ena Thurber, con quienes Mexworth contactaba inmediatamente después de matar a su marido. Siguiendo un plan establecido, los Thurber recogían el armamento que tenían oculto en su apartamento y tendían una emboscada a Anderson mientras regresaba de su patrulla.
Provocando una explosión, Anderson lograba salir con vida del atentado y obligaba a huir a los Thurber, cuyos verdaderos nombres resultaban ser Josef e Irina y ni mucho menos estaban casados, si bien la telépata acababa hospitalizada y sin conocimiento en la Unidad Médica durante los cinco episodios siguientes. A causa de lo sucedido, el Juez Jefe Silver ponía en situación de alerta al Departamento de Justicia intentando averiguar quién había tratado de eliminar a su mejor Juez Psíquica.
 
Con Anderson fuera de combate, los acontecimientos comenzaban a producirse a través de los personajes que se iban incorporando a la trama. La falsa Glenny Mexworth, en realidad la Juez Psíquica Natasha Gulag, accedía y dominaba psíquicamente a uno de los Jueces a cargo del Iso-Bloque 41 con el evidente propósito de montar la fuga de uno de sus presos. Al mismo tiempo, los durmientes Josef e Irina llevaban a cabo otro nuevo ataque contra Anderson, al haberse determinado por los pre-cogs soviets la necesidad de su eliminación como condición necesaria para el éxito de la misión.
 
Su segundo intento tenía lugar en plena madrugada, durante la Hora del Lobo, mientras la telépata se encontraba inconsciente en la Unidad Médica. Tras darse la voz de alarma, varias patrullas al mando de la Juez Hershey iniciaban una persecución de los dos durmientes por las calles de MegaCity que concluía con su muerte. A pesar de todo, la falsa Glenny Mexworth cumplía su parte de la misión y conseguía liberar al misterioso preso del Iso-Bloque 41, que resultaba ser el más reconocido y peligroso de los antiguos Jueces Soviets, Orlok el Asesino, el responsable de desatar la Blockmania sobre Mega-City Uno.
 
Anderson recobraba de manera súbita la consciencia al conectar el lobo de sus pesadillas con la figura de Orlok, dándose cuenta de lo que estaba sucediendo. Ante la complicada situación que ahora se les planteaba, las contrapartidas soviets de Dredd y Anderson tomaban la decisión de separarse ante el implacable acoso que sufrían por parte de todos los Jueces de Mega-City Uno. La telépata de los soviets atraía sobre ella la atención de los Jueces y resultaba capturada con vida por la propia Juez Anderson, mientras Orlok conseguía abandonar la megaciudad y se desvanecía sin dejar rastro alguno.
 
Extraída toda la información de la que Gulag disponía, la telépata de la Psi División era quien advertía a Silver de la amenaza que suponía retener con vida a la peligrosa Juez Psi de los soviets, siendo Silver quien dictaba su sentencia de muerte. La historia concluía en algún lugar desconocido del mapa, donde Orlok juraba ante una multitud de seguidores su propósito de hacer pagar a Mega-City Uno por la destrucción de sus hogares durante la Guerra del Apocalipsis.
 
La historia, que a la postre serviría para consagrar a Orlok como una de las presencias más importantes en la vida de Anderson durante los años siguientes, concluía de un modo totalmente abierto con un enigmático “El Fin... Por Ahora”. Sin embargo, cualesquiera ideas que tuvieran Wagner y Grant para continuar aquella anunciada trama sobre la venganza de los soviets, se verían truncadas por la separación de ambos escritores al año siguiente. Alan Grant, que sería quien se hiciese cargo de la Juez Anderson, la recobraría indirectamente en Triada, pero sólo para hacerla desaparecer paulatinamente y centrarse más en el enfrentamiento personal entre Orlok y Anderson, siendo John Wagner el que de alguna manera retomase más directamente aquella trama doce años después, en el 2121, en la macrosaga Doomsday for Dredd (Progs. 1141 a 1164).
 

En el mismo número en que terminaba la Hora del Lobo, comenzaba su réplica veraniega por parte de Judge Dredd a través de Revolución (Progs. 531-533), tres episodios publicados desde mediados de Julio a principios de Agosto, y que con un total de 24 páginas suponían la continuación de los hechos narrados en Carta de un Demócrata (Prog. 460), habiendo sido escrita por Wagner y  Grant con el propio John Higgins en mente a fin de que la dibujase con el mismo contundente resultado que la historia que lo había iniciado todo y de la que Revolución constituía su secuela.
 
De manera consciente o inconsciente, su argumento suponía de alguna manera un cierto reflejo de la situación política que vivía Gran Bretaña durante aquellos años, en pleno mandato de Margaret Thatcher, quien en ese año 1987 se presentaba además a la reelección. Aquella época estuvo marcada por una fuerte tensión social reflejada en los conflictos que tenían lugar en las calles con los sindicatos mineros, protagonistas de importantes huelgas y violentas manifestaciones durante aquellos años. Thatcher se refería a ellos como “el enemigo interno”, mientras que éstos acusaban a la Primer Ministro de introducir policías en las manifestaciones para reventarlas desde dentro y originar los violentos enfrentamientos en las calles de los que todos llegábamos a ser testigos a través de los telediarios de la época.
Ambientada a mediados del año 2109, Revolución comenzaba mostrando cómo el sacrificio de Hester Hyman había inspirado a millones de ciudadanos para solicitar el regreso de la Democracia a Mega-City Uno, reclamando el final del Sistema Judicial y el regreso del poder a las manos del Pueblo. Los ciudadanos Blondel Dupre, Morton Phillips, Rosie Bethann y Kenzal Davitcek eran quienes aparecían como líderes de un movimiento que recibía además el apoyo de Gort Hyman, el marido de la difunta Hester, durante una televisada asamblea que era presenciada por millones de espectadores. En ella, Dupre convocaba a los ciudadanos de MegaCity a una Marcha masiva hasta el Palacio de Justicia con el fin de exigir pacíficamente a los Jueces la devolución del poder a sus legítimos propietarios.
Ante la inminente y multitudinaria manifestación de los demócratas que iba a tener lugar, Silver declaraba a los medios de comunicación que los Jueces no eran tiranos que negasen a los ciudadanos su derecho a una reivindicación pacífica, por lo que se les permitiría manifestarse mientras actuasen dentro de la ley.
Sin embargo, tan pronto como se quedaba a solas, Silver mandaba llamar a Dredd y le ordenaba reventar la marcha utilizando para ello cualquier medio que estuviera a su alcance, aun cuando estuviera por encima de la ley. Silver invocaba para ello el Acta de Seguridad de Mega-City Uno, que permitía a los Jueces actuar al margen de la ley cuando lo que estuviera en juego fuera la propia seguridad de la megaciudad. En definitiva, lo que Silver declaraba y Dredd ejecutaba, era un Estado de Excepción contra los demócratas.
 
De acuerdo con las órdenes recibidas, Dredd reunía su propio grupo de operaciones, del que también formaba parte la Juez Hershey, y adoptaba las medidas necesarias para que la Marcha Democrática resultase en un fracaso total.
Aprovechando los cuatro divorcios de la ciudadana Bethann, sus apellidos se modificaban con el fin de imputarla cuatro delitos de bigamia que conllevaban su arresto inmediato, procurando que todos los medios informasen detalladamente de qué tipo de persona se hallaba al frente de la reclamación de sus libertades civiles. Del mismo modo, aprovechando una fotografía tomada durante una fiesta de disfraces, se filtraba la mediática noticia de que Morton Phillips era un antiguo colaborador de los Soviets, lo que provocaba que multitud de ciudadanos se congregasen ante su domicilio intentando lincharle. El anciano Davitcek recibía por su parte la visita de los Jueces en plena madrugada, acusándole de una chorrada que les permitía tenerle toda la noche en pie realizando fatigosos ejercicios físicos. Aun cuando Davitcek era liberado antes del inicio de la manifestación, el agotamiento le obligaba a abandonarla nada más comenzar.
 
Por último, aunque nadie era capaz de encontrar cargos contra Gort Hyman, era el propio Dredd quien le comunicaba que sus hijos iban a recibir el honor de ingresar en la Academia de la Ley dado el servicio proporcionado por su padre a la causa de la libertad. Ante un chantaje tan manifiesto, Hyman se veía obligado a retirar su apoyo a la manifestación y tampoco acudía a la convocatoria. Finalmente, con la ciudadana Dupre como única líder al frente de su causa, la Marcha Democrática resultaba reventada desde dentro al haber infiltrado los Jueces a varios miembros del Escuadrón de Wally entre los manifestantes, provocando violentos enfrentamientos con los Jueces que les proporcionaban a éstos la excusa necesaria para intervenir y disolver la manifestación de manera expeditiva y contundente.
La historia concluía con Silver proclamando ante los medios de comunicación que la democracia era un ideal del que había que proteger a los ciudadanos en aras de la propia seguridad de la ciudad, mientras Dredd y la arrestada Dupre se acusaban mutuamente de lo que había ocurrido y discrepaban frontalmente acerca de lo que era mejor para el pueblo.
Alan Grant, que pensaba que cualquier intento de suavizar a Dredd era perjudicial para el personaje, fue el principal responsable del guion final de Revolución. John Wagner, por el contrario, estaba cada vez menos convencido de la idea de retratar a Dredd como un fascista del futuro.
Las divergencias entre ambos escritores empezaban a estar cada vez más definidas, y de hecho, unos años más tarde, en el prólogo a la edición integral de Oz, Alan Grant no tendría reparos a la hora de reconocer que era Wagner quien quería traer un mayor sentimiento de realismo a la historia y mostrar que Dredd aún tenía un lado humano, mientras que la presencia del propio Grant era la responsable de que la serie tendiera cada vez más a buscar una parodia de la realidad, favoreciendo un Dredd más siniestro y totalitariamente absurdo como el que había mostrado su peor cara en Revolución. De haberse continuado por ese camino, el personaje posiblemente se hubiera acabado encontrando ante un callejón sin salida de difícil justificación.
Sea como fuere, y ya con Wagner a las riendas de la serie, la trama de la Democracia regresaría a principios de 1990 en Una Carta para el Juez Dredd, donde los lectores podrían apreciar los sentimientos de culpa que rondaban por la cabeza de Joe Dredd tras su papel en los acontecimientos que habían tenido lugar durante esta historia.
Apenas hubo terminado Revolución, el episodio inmediatamente siguiente sería el que presentase a un villano destinado a convertirse en la gran némesis de Dredd en nuestros días, un pequeño cabrón disléxico de doce años que respondía al nombre de Philip Janet Maybe. Lo de Janet venía porque su madre hubiera preferido tener una niña.
Bug (Prog. 534), que podría traducirse algo así como Bicho, Insecto (o Sabandija, si el título iba por el propio P.J. Maybe) era una historia de ocho páginas a cargo de Liam Sharp que presentaba a otro de esos individuos peculiares que pululaban por Mega-City Uno, como bien podían ser Otto Sump, el propio Marlon Shakespeare, o el recientemente aparecido Jacob Sardini, que luego acababan convirtiéndose en un tema recurrente dentro de la serie. La peculiaridad en este caso consistía en que el pequeño P.J. Maybe, con tan solo doce años de edad, era un asesino en serie verdaderamente excepcional.
 
La historia trataba sobre el misterioso asesinato de una pareja en el bloque Karen Berger. Los Jueces llevaban a cabo una investigación que no conducía a ninguna parte salvo a averiguar que se había utilizado un pequeño robot para cometer el crimen. Sólo los lectores descubrían que su autor era un Juve de 12 años, un vecinito de los fallecidos al que su madre llamaba P.J. mientras le regañaba por botar la pelota dentro de la casa. Tal y como se prometía al final del episodio, el pequeño psicópata regresaría al año siguiente con motivo de sus vacaciones de verano, siendo entonces cuando se proporcionasen nuevos datos sobre sus ambiciones y su personalidad.
 
Sin embargo, antes de que P.J. Maybe regresase a la serie, Dredd se vería envuelto en la primera macrosaga tras dos años y medio sin haber aparecido ninguna en la revista. El inicio del otoño sería el que viese el comienzo de la publicación de Oz, una macrosaga de 26 episodios de duración que traería consigo el SuperSurf 10, el regreso de Chopper, la aparición de los Judda y el origen clónico del Juez Dredd. Todo ello, en lo que sería la última historia juntos de John Wagner y Alan Grant.
Por muchas y diferentes razones, uno de los clásicos más clásicos en la historia de Judge Dredd.

sábado, 12 de septiembre de 2015

Carta de un Demócrata y otras historias

Como ya se comentó en otra entrada anterior, si hubiera que destacar algo que caracterizase a Judge Dredd durante el inicio de la segunda mitad de la década de los 80, ese algo destacable sería la acentuación del carácter episódico de la serie: historias cortas, en su mayoría de uno o dos episodios de duración, a veces tres episodios, fueron lo predominante en aquel periodo previo a la separación de John Wagner y Alan Grant.
 
Esto no quiere decir sin embargo que durante este periodo hubiese malas historias o que su interés fuera menor. Muy al contrario, independientemente de su interés, Wagner y Grant aprovecharon el tirón para cohesionar y seguir expandiendo el Universo de los Jueces. Así, por ejemplo, en los episodios inmediatamente posteriores a la Guerra del Apocalipsis se había presentado a unos personajes que con el paso del tiempo se convertirían en auténticos clásicos de la serie: los Fatties, es decir, los Gordinflas.
 
Su presentación había tenido lugar en los Progs. 273 y 274, cuando liderados por Dick Porker, los gordos más gordos de MegaCity se habían rebelado contra las restricciones y los racionamientos de comida impuestos por los Jueces tras la Guerra del Apocalipsis que les impedían competir en los Campeonatos de Comida que constituían otro de los deportes extremos más seguidos y exitosos de Mega-City Uno, llegando a asaltar los convoyes de alimentos que llegaban a la megaciudad procedentes de Texas City para poder seguir comiendo y manteniendo su peso.
 
Ante la respuesta positiva obtenida por parte de los lectores, Wagner y Grant decidieron ir todavía un paso más allá. De este modo, su segunda aparición había tenido lugar en Réquiem por un Peso Pesado (Progs. 331-334), otra historia muy destacable, dibujada en esta ocasión por Ezquerra, que informaba de la existencia de diversos campeonatos clandestinos (e ilegales) de comida, en los que la ingesta de comida (en cantidades extremas) entre sus participantes circulaba al mismo nivel que lo hacían el asombro y las apuestas entre los espectadores de la disputada competición. Todos ellos habían resultado ser magníficos episodios llenos de sátira y no exentos de una cierta mirada de verdad, como suele ocurrir en las mejores historias de Judge Dredd.

En este entorno de sátira y obesidad extrema, sería en el que tuviese lugar la tercera aparición de los Fatties, Magnífica Obsesión (Progs. 440 y 441), que narraba la historia de TonyDos ToneladasTubbs y su sufridora familia, si bien como se advertía a los lectores al principio de la narración, aquella no era una historia de crimen y castigo, sino la historia de un hombre con un sueño y la fuerza de voluntad para hacerlo realidad.
Dibujada por Cam Kennedy (que confiesa haber contenido a duras penas las carcajadas la primera vez que se leyó el guion), la historia aparecía encuadrada en el fin de las restricciones y racionamientos de comida decretados por McGruder a consecuencia de la Guerra del Apocalipsis, lo que abría de nuevo la puerta a la legalización de los Campeonatos de Comida para satisfacción tanto de sus seguidores como de los participantes, siendo en este caso la celebración del Campeonato Mundial del año 2107 el que permitía por fin a TonyDos ToneladasTubbs alcanzar la gloria del triunfo y los consiguientes sponsors, anuncios, apariciones televisivas, libros, juguetes, camisetas, etc, por los que tanto habían luchado él y su familia durante la peor época de su vida.

Otro de los círculos que Wagner y Grant cerraron durante esta época fue el de la política local de Mega-City Uno, en este caso el referido a la figura de su Alcalde, Dave el Orangután.
Y es que en el siglo XXII, el que los Jueces detentasen la totalidad del poder legislativo, ejecutivo y judicial a través del propio Departamento de Justicia, no significaba que los ciudadanos no tuvieran a su vez su (mínima) cuota de participación a través de la figura de su Alcalde, al que éstos elegían en la única manifestación electoral permitida hasta entonces por el Código de Justicia de Mega-City Uno. Contra todo pronóstico (o tal vez no), las elecciones para la Alcaldía del año 2106 no habían sido ganadas por un humano, sino por un simio, Dave el Orangután, puesto que los ciudadanos de Mega-City habían optado por votar a un mono como alcalde antes que a cualquiera del resto de candidatos, tal y como se había visto en Retrato de un Político (Progs. 366-368).
 
Pues bien, con dibujos de Steve Dillon, Muerte de un Político (Prog. 443) narraba el fin del mandato de Dave el Orangután, en este caso tristemente asesinado por uno de sus conciudadanos a causa de una inexistente póliza de seguros, tal y como se acababa descubriendo al término de la historia.
El asesinato de Dave al año siguiente de haber sido elegido, conllevaría dos circunstancias importantes para la megaciudad: la primera que Dave había sido de largo el mejor Alcalde que nunca antes había tenido MegaCity (al menos hasta la llegada a la alcaldía del asesino en serie P.J. Maybe en el 2129) y el más añorado con diferencia por todos sus conciudadanos. Y la segunda, que tras el asesinato de Dave, ninguna nueva elección a Alcalde tendría lugar en la megaciudad durante los diez años siguientes de la serie, es decir, hasta la restauración del cargo en el año 2117 por el Juez Jefe Hadrian Volt, como parte de su programa de reformas para dar más poder a los ciudadanos en el ámbito civil.

A juzgar por su número de reediciones, otra de las historias más destacables de esta época fue A Merry Tale of the Christmas Angel, que podría traducirse como Un Cuento del Angel de la Navidad, una historia especial de 14 páginas de extensión que nuevamente corría a cargo de Steve Dillon y que apareció a finales de Diciembre de 1985 dentro del Prog. 450 con motivo precisamente de las Navidades de aquel año.
Ambientada durante el día de Navidad del año 2107, tal y como su propio título indicaba el coprotagonismo de la historia recaía nuevamente en Angel Malamáquina, integrado esta vez en un programa de lavado de cerebro con vistas a su reinserción social y que acababa como suelen acabar todas las historias de Malamáquina cuando el dial que llevaba insertado en la cabeza se le quedaba atascado en el 4.
La historia suponía diferentes escenarios que transcurrían al mismo tiempo hasta llegar a un lugar común, en este caso la representación teatral de un Belén que se estaba llevando a cabo en un teatro (Dramarena) de MegaCity. Además de Dredd y Malamáquina, otros participantes en el satírico melodrama eran el matrimonio Puddock, quienes impregnados del espíritu navideño acogían en su hogar al candidato a ser reinsertado Angel Malamáquina, el ciudadano Ed Flymo, residente del bloque Chuck Dickens que se disponía a detonar una bomba de cinco kilos de explosivo plástico durante la representación teatral para mostrar al mundo su falta de alegría por las fechas navideñas, y los propios actores y público de la representación, animales incluidos.
Una de las pocas excepciones a la tónica general de historias cortas durante este periodo sería precisamente la saga con la que comenzase el año 1986, The Warlord (Progs. 451-455), una saga de cinco episodios dibujada de nuevo por Cam Kennedy y publicada durante los meses de Enero y Febrero de aquel año, que constaba además de un epílogo titulado A Chief Judge Resigns a cargo de Cliff Robinson (Prog. 457). Incluyendo ese epílogo, la historia alcanzaba las 41 páginas e iba a suponer la pérdida de los dos personajes que habían llevado las riendas del Consejo y del Departamento de Justicia desde la conclusión de la Guerra del Apocalipsis, la Juez Jefe McGruder y el líder de la Psi División, el Juez Omar.
 
La historia comenzaba con el derrumbamiento del nuevo Euthanasium de Mega-City Uno sobre la multitud que asistía a su inauguración. El responsable de todo se identificaba a sí mismo como Shojan, Señor de la Guerra de las Tierras Radioactivas de Ji (el equivalente oriental de la Tierra Maldita), un mutante procedente de Hondo-City (Nip-Cit en el argot de MegaCity) dotado de un poder psiónico que lo convertía en una amenaza de primer nivel. McGruder asignaba el caso a Dredd, quien localizaba a Shojan y comprobaba personalmente el peligro que representaba. Aunque Dredd era partidario de eliminarlo de la manera más rápida y expeditiva posible, McGruder optaba por averiguar antes qué se proponía y decidía someterlo a vigilancia.

Tras averiguar que Shojan proyectaba practicar un ritual de magia negra y convocar a siete entidades místicas de las que hablaba una antigua leyenda oriental para que desatasen el caos sobre la megaciudad, McGruder daba por fin la orden de acabar con su vida. Pero ya era demasiado tarde. Antes de que Dredd pudiera efectuar el disparo previsto, Shojan se desvanecía y reaparecía en las ruinas del bloque Cyril Lord, llevando a cabo el ritual y desatando a continuación un ataque en toda regla sobre la ciudad que los Jueces se veían incapaces de detener a pesar del armamento de guerra que llegaban a utilizar.
 

Sin alternativas para detener a los siete avatares del caos convocados por Shojan, Dredd sugería que un psíquico de la Psi Division utilizase el Amplificador Psíquico confiscado a Leroy Tamerlain (Prog. 363) con el fin de aumentar su propia capacidad psíquica y devolver a los avatares mágicos a su propio plano de existencia. El plan de Dredd tenía éxito, pero le costaba la vida al Juez Omar, que era quien se había presentado voluntario para usar la tecnología suicida a sabiendas de que su cuerpo quedaría reducido a cenizas.
Aparte de la pérdida del mejor psíquico del Departamento de Justicia y uno de sus hombres de confianza, más de cien Jueces y un número tres veces mayor de ciudadanos habían perdido la vida a causa de la equivocada decisión de McGruder de no acabar con Shojan en un primer momento. Consciente de la gravedad de su error, McGruder tomaba la decisión de dimitir como Juez Jefe de Mega-City Uno. Salvo el Juez Shenker, el sustituto de Omar al frente de la Psi Division, el resto de miembros del Consejo trataban de disuadir a McGruder de que presentase la dimisión, lo que provocaba que la rígida e inflexible Juez Jefe les pusiese firmes y les obligase también a dimitir a todos ellos excepto a Shenker.
El resultado de la dimisión de McGruder y de la disolución del Consejo era la formación de un nuevo Consejo en el que iban a destacar dos importantes novedades. La primera era la inclusión de la Juez Hershey entre sus miembros, lo que iniciaba una carrera política que culminaría 14 años después en lo más alto del Departamento de Justicia. La segunda novedad era que el Juez Thomas Silver, hasta entonces director de la Academia, resultaba nombrado como nuevo Juez Jefe de Mega-City Uno. Aunque Silver era el primer Juez de raza negra en jurar el cargo, cualquier impresión de liberalidad que pudiera desprenderse de semejante circunstancia iba a resultar pura coincidencia; de hecho, el futuro se encargaría de revelar a Silver como el Juez Jefe más facha de la historia de la megaciudad.

 
Como colofón a la historia, el primer mandato de McGruder concluía con una marcial y solemne ceremonia en la que la propia McGruder era despedida con honores a las puertas de la ciudad tras haber tomado la decisión de emprender la Larga Marcha a la Tierra Maldita, un último destino al servicio de la ciudad consistente en patrullar la Tierra Maldita durante el resto de sus días llevando la ley a aquellos que no tenían ley (Prog. 147). A pesar de lo que entonces pudiera parecer, no iba a ser ésta la última aparición de la Juez Hilda M. McGruder. Su regreso tendría lugar en el año 2112 y resultaría tan sonado como el del personaje que la acompañaría en el mismo.
Coincidiendo en el tiempo con la publicación de la tercera parte de la Balada de Halo Jones, la última obra de Alan Moore para el 2000AD, la que seguramente ha sido una de las historias más relevantes para el posterior desarrollo del Juez Dredd como personaje, apareció en un único y solitario episodio de siete páginas, perfecto tanto en su ritmo como en su desarrollo, titulado Carta de un Demócrata (Prog 460) y que iba a suponer el pistoletazo de salida para introducir a la Democracia en Mega-City Uno.

Según Alan Grant, la manera de contar la historia (mediante la lectura de una carta que daba contenido a lo que estaba sucediendo y a su posterior desenlace) procedía de un guión originalmente titulado Carta de un Nudista de la Isla Baffin; sin embargo, los necesarios dibujos de desnudos que exigía llevar a la práctica tal guión, hacían poco viable que obtuviese la necesaria aprobación editorial.
En este punto es John Wagner quien cuenta como en ocasiones recibían cartas de chavales que parecían estar bastante de acuerdo con la postura de mano dura (en castellano lo diríamos de otra forma) que exhibían los Jueces, así que decidieron darle a la historia un matiz político que al mismo tiempo les sirviese para dejar claro que no eran partidarios de las ideas que sostenían el universo de ficción que ellos contaban. Con esa idea en mente, decidieron introducir en MegaCity un movimiento democrático enfrentado a los Jueces y mostrar al sistema judicial desde el punto de vista de aquellos ciudadanos que lo rechazaban. El encargado de dibujarla fue John Higgins, un estupendo dibujante al que inevitablemente siempre se le acaba asociando más con su trabajo de colorista en la Broma Asesina y Watchmen.
Ambientada a principios del año 2108, la historia giraba en torno a una carta dirigida a su marido y a sus hijos por Hester Hyman, una ciudadana incapaz de despertar cualquier tipo de sospecha y que había muerto como participante activa en un atentado terrorista. En ella, Hester le contaba a su marido Gort cómo había llegado a esa situación, al tiempo que la acción se situaba en el momento en que Hester y otros tres ciudadanos irrumpían armados en unos estudios de televisión, interrumpiendo la emisión y leyendo en directo un manifiesto que proclamaba la necesidad de devolver el poder al pueblo y restaurar la democracia en Mega-City Uno.

Como en cualquier otra situación con rehenes, los Jueces decidían intervenir de manera expeditiva y directa, que era precisamente lo que buscaban los demócratas. Conscientes de que unos mártires servirían mejor a su causa que unos asesinos, los cuatro demócratas se suicidaban al atacar a los Jueces cuando éstos irrumpían en escena. Tras encontrar la carta que constituía el hilo narrativo de la historia en el cadáver de Hester Hyman, Dredd se la entregaba a su familia.
 
La historia finalizaba con Dredd advirtiéndole a Gort Hyman para que se mantuviese alejado de problemas. Su diálogo final no dejaba dudas sobre cómo funcionaban las cosas en MegaCity: “Que esto sea una lección para ti, ciudadano. La democracia no es para el pueblo”. Semejante final, con todos los miembros de la familia Hyman a continuación, vistos en planos diferentes, resultaba demoledor.
Argumentalmente, aquellas siete páginas suponían además un fuerte contraste con todas las historias que se habían contado hasta entonces. Y es que si el universo de los Jueces funcionaba a ojos de los lectores, era porque estaba contado desde la perspectiva de los Jueces, describiéndote una sociedad en la que todo se había ido a la mierda y había terminado fuera de control. Y sin embargo, en esta ocasión, lo que acababan de mostrar Wagner y Grant era la otra cara de la moneda, la cara de los ciudadanos, una cara mucho más cruda y poco agradable.
Como podéis suponer, aunque sus consecuencias no fueran inmediatas, Carta de un Demócrata iba a ser el principio de muchos acontecimientos para Dredd y para la serie. Bajo el gobierno del nuevo Juez Jefe Thomas Silver, la primera de esas consecuencias llegaría apenas un año más tarde en Revolución (Progs. 531-533), otra saga corta, esta vez de tres episodios, que iba a resultar todavía más polémica para los Jueces.

Antes, claro está, sucederían otras cosas en la serie. Por ejemplo, siguiendo la idea de seguir dando forma al mundo en el que se desenvolvían los Jueces, The Falucci Tape (Progs. 461 a 463), volvía a una cuestión que ya había aparecido anteriormente en la serie (Prog. 137) y que incluso una década más tarde habría de ser el epicentro sobre el que girarían importantes tramas argumentales: los Jueces no podían mantener relaciones sentimentales, hallándose castigada la infracción de esta norma de una manera expeditiva y radical mediante la expulsión del cuerpo y del Departamento de Justicia.
 
Igualmente, la decisión editorial de que la Juez Anderson tuviese al menos una saga anual y la buena acogida que el emplazamiento veraniego de Cuatro Jueces Oscuros había recibido el año anterior, fue el motivo de que la telépata de la Psi División volviese a recibir la saga veraniega del año 1986, algo que también volvería a repetirse al año siguiente. De la mano de nuevo de John Wagner y Alan Grant y dibujada esta vez en su totalidad por Brett Ewins, El Poseído (Progs. 468-478) apareció a lo largo de once episodios que se publicaron durante los meses de Mayo a Julio de 1986, comprendiendo un total de 57 páginas.

En cuanto a la historia, con una evidente influencia de género procedente de la famosa película de William Friedkin, el Poseído comenzaba con Anderson recogiendo un aviso para el Juez Walters sobre una posesión demoníaca que estaba teniendo lugar en el bloque Ed Poe. Anderson acudía en lugar de su compañero de la Psi Division y se encontraba con un fenómeno demoníaco en toda regla: un crío llamado Hammy Blish había sido poseído por una entidad infernal que provocaba toda clase de fenómenos poltergeist ante los ojos de sus aterrorizados padres. El registro de un apartamento vecino revelaba la implicación de una secta satánica cuyo propósito era traer a la Tierra a los seres infernales a los que rendían culto.
Tras alertar a la Psi Division de la gravedad del asunto, Anderson seguía al demonio hasta las ruinas de una antigua Iglesia en Sub-City, donde se encontraba con toda la orden satánica en pleno ritual abriendo un portal mágico hasta la dimensión infernal. Anderson no conseguía impedir que el demonio huyera con su presa hasta su dimensión, pero sí lograba cruzar el portal y seguirle a su mundo. Siguiendo el rastro de Anderson, el Juez Walters y un escuadrón de Jueces llegaban también hasta la abandonada iglesia de Sub-City, pero Anderson ya no estaba allí y el portal se había cerrado tras ella.
Mientras el Juez Walters arrestaba a todos los miembros de la secta y procedía a interrogarles, la acción se trasladaba otra vez a la dimensión infernal, donde Anderson perseguía sola y sin refuerzos al pequeño Blish y al demonio que lo había poseído. A pesar de su intento, los seres infernales conseguían retrasarla lo suficiente como para que el demonio entregase al pequeño a los encargados de realizar el sacrificio que abriría las puertas entre ambas dimensiones.

Anderson se veía obligada a matar al chaval para evitar que los demonios completasen el ritual, provocando que toda la horda infernal saliese en su persecución. La Juez Psíquica conseguía a duras penas regresar al portal interdimensional, haciéndolo justo en el momento en que Walters y los demás Jueces persuadían a los miembros de la secta para que lo volviesen a abrir, consiguiendo rescatar a Anderson en el último minuto y llevándosela con ellos de vuelta a Mega-City Uno. Al final de la historia, Anderson se culpaba de no haber podido salvar al chaval, mientras los cultistas eran trasladados a los cubos.

Coincidiendo con los episodios finales de la saga de Anderson, los Progs. 477 a 479 presentaron The Art of Kenny Who?, una parodia cargada de mala leche sobre el mundillo en el que se movían los dibujantes británicos de la época y en la que Cam Kennedy aportaba bastante más que sus dibujos a la historia.
Su protagonista, Kenny Who? era un dibujante de trashzines (comics) procedente de Cal-Hab (es decir, Escocia, lugar de nacimiento de Cam Kennedy, aunque con lo de “Kennedy” y “Kenny” tampoco me parece que hicieran falta muchas más aclaraciones) que al final resultaba arrestado por Dredd por atentar contra unos editores que programaban robots multicopistas para que imitasen su arte en cantidades industriales, evitándose así pagarle por su trabajo. El sobrenombre del desafortunado y justamente vengativo artista, venía por aquello de que nadie recordaba su nombre y al referirse a él siempre acababan preguntándole lo de Kenny... Who?, algo bastante similar a lo que le había sucedido a Cam Kennedy durante su primera visita a los Estados Unidos a las oficinas de DC Comics, anécdota de la que la historia tomaba algo más que el nombre.

Tras otra serie de historias tales como The Fists of Stan Lee (Prog. 484) en la que se presentaba al maestro de artes marciales Stan Lee y que no creo que precise de muchos comentarios para saber por dónde iban los tiros, o Atlantis (Progs. 485-488) en la que se introducía por primera vez a los Jueces británicos de Brit-Cit, finalmente, marcada por un irónico sentido del humor que rozaba la genialidad, otra de mis historias favoritas de esta época es Tomb of the Judges (Progs. 496 a 498) un thriller en el que Dredd y Anderson volvían a compartir el protagonismo de la historia.
Con un Ian Gibson verdaderamente sembrado a la hora de plasmar el dibujo de la historia, y de manera similar a Carta de un Demócrata pero utilizando en esta ocasión como hilo conductor de la narración la lectura del Diario del propio villano, las 21 páginas de Tomb of the Judges contaban la historia de Theodore Wen, un anciano creyente en un dios insecto llamado José (aunque tampoco estaba muy seguro de que su nombre no fuera en realidad Steve) que creó los mares, los cielos, las plantas, los animales y por último al hombre, al que no creo a su imagen y semejanza porque entonces todos tendríamos antenas y seis patas.

 
Planeando reunirse con su hacedor, Wen se montaba en su casa una faraónica tumba para la que precisaba enterrarse con tres Jueces vivos como guardianes de su sueño eterno, así que decidía secuestrarlos utilizando sus robots. Dredd y Anderson coincidían en la investigación y llegaban hasta Wen y su mausoleo, frustrando así el encuentro de Wen con José (o tal vez fuera Steve) y rescatando a los Jueces que habían sido enterrados en vida, aunque uno de ellos, la Juez Trace no salía demasiado bien parada de la experiencia religiosa vivida a manos del anciano creyente.
Con esto, el año 1986 llegaba a su final. Sería a partir de 1987 cuando empezarían a producirse importantes cambios en el 2000AD, empezando por el final de IPC Magazines y el comienzo de la andadura de Fleetway Editions, lo que conllevaría cambios en el formato de la revista, entre ellos la llegada del color al Juez Dredd. Igualmente, Steve McManus dejaría también el 2000AD tras diez años como editor de la revista.
 
En el ámbito de las historias, el regreso de las grandes macrosagas estaba también a la vuelta de la esquina. Del mismo modo, Wagner y Grant darían por terminada su andadura compartida tras siete años de trabajo en la serie, no sin antes traer de vuelta a Orlok el Asesino y a varios Jueces Soviets infiltrados como agentes durmientes en Mega-City Uno, desvelar el origen clónico de Joe Dredd y presentar a los Judda, el regreso de Chopper en el SuperSurf 10, o aumentar la tensión en las historias de la democracia mediante una serie de tramas cuyos afluentes irían convergiendo en los años siguientes, y ya de la mano de John Wagner en solitario, en una saga que pondría a Dredd fuera del Departamento de Justicia y dejaría a la megaciudad a merced de unos espectros interdimensionales que regresaban para impartir su oscura justicia a todos los seres vivos que habitaban en ella.

Sinceramente, debería estar penado por la ley el que estos tebeos permanezcan aún inéditos en nuestro país.
 

sábado, 5 de septiembre de 2015

Cuatro Jueces Oscuros. El Surfista de Medianoche

A través de la novela gráfica Judge Death publicada por Titan, la saga de los Jueces Oscuros era de largo el recopilatorio más vendido de Judge Dredd en 1985. Pues bien, con el serial de Judge Anderson en mente, Steve McManus pensó hacer del regreso de los Jueces Oscuros un acontecimiento especial con el objetivo de promocionar el lanzamiento de una nueva revista de periodicidad quincenal y de nombre Judge Dredd Fortnightly, revista que iba a estar centrada únicamente en el universo de Dredd, es decir, lo mismo que unos años más tarde acabaría siendo el Judge Dredd Megazine. En aquella época, sin embargo, el proyecto se consideró aún demasiado prematuro por parte de IPC y acabó siendo aparcado.
 
En el momento en que se decidió su cancelación, John Wagner y Alan Grant tenían ya preparados los guiones de las historias que iban a aparecer en aquella nueva revista quincenal, entre ellos el de la historia que acabaría siendo denominada Cuatro Jueces Oscuros. Al cancelarse el proyecto, la historia acabó apareciendo directamente en las páginas del 2000AD. El resultado fue que la tradicional saga veraniega del 2000AD de aquel año 1985 no estuvo protagonizada por el Juez Dredd, sino por la Juez Anderson, apareciendo en solitario por primera vez bajo su propia cabecera de Anderson Psi Division y trayendo además consigo el regreso de los Jueces Oscuros a Mega-City Uno.
Como sus propios protagonistas indicaban, Four Dark Judges era claramente una secuela de Judge Death Lives, aunque con la ausencia de Dredd. O por ser más precisos, Dredd sí que aparecía en la historia, pero lo hacía de una manera puramente testimonial para que su presencia no menoscabase el protagonismo de la Juez Psíquica.
La saga se publicó durante los meses de Mayo a Julio, comprendiendo los doce episodios que aparecieron en los Progs. 416 a 427 y abarcando 62 páginas. Personalmente, no sabría contar las veces que me han preguntado si se ha llegado a publicar aquí. Teóricamente, en su momento, hubiera debido publicarla Zinco, no MC, puesto que se corresponde con la época en que la Serie Eagle aparecía en los USA. Pero Zinco cerró Judge Dredd en su nº 16, así que ni siquiera llegó a hacer una edición del 2000AD Monthly, que fue donde apareció.
Como se puede deducir a simple vista, la idea era seguir la estela gráfica marcada por Brian Bolland en Judge Death y Judge Death Lives. Con esa intención en mente, el dibujante elegido fue Brett Ewins, quien intentó darle a la historia el mismo estilo claro y detallado que había llevado a cabo Bolland, una tarea que en sí misma era prácticamente imposible, puesto que en esta ocasión se trataba de más de diez episodios, y además no eran quincenales como inicialmente estaba previsto, sino semanales. Como el propio Ewins comentó en el Megazine un poco antes de su fallecimiento, llegó un momento en que se vio sobrepasado por el detalle de los montones y montones de líneas que le requería tomar como modelo a Bolland, llegando al punto de caer casi enfermo a causa del agotamiento.
 
A pesar de todo, Brett Ewins (1-7) logró completar los siete primeros episodios de la saga. A partir del octavo fue reemplazado por Cliff Robinson (8-10 y 12), ya en aquel entonces un más que reconocible seguidor de Bolland y que hoy en día puede ser considerado como su discípulo más aventajado (exagerada lentitud incluida). Robinson llevó a cabo el resto de los episodios de la saga, excepto el penúltimo, que tuvo que correr a cargo del propio director artístico del 2000AD, Robin Smith (11), ante la imposibilidad que también supuso para el joven Robinson el poder cumplir puntualmente la cadencia semanal.
Situada a mediados del año 2107, la historia comenzaba con Anderson despertando de una pesadilla en la que aparecía el Juez Muerte advirtiéndola de su regreso. Dudando sobre si aquel sueño era algún residuo psíquico que aún persistía en su subconsciente, Anderson comenzaba su turno siendo requerida para incorporarse a la investigación de un secuestro infantil. Uno de los secuestradores había acabado muerto y las habilidades psíquicas de Anderson eran necesarias para indagar en la mente del fallecido.
El rastro conducía a los Jueces hasta los sótanos del bloque Wilson Tucker, donde los secuestradores acababan siendo eliminados y se recuperaba al pequeño. Sin embargo, durante los momentos finales del secuestro, Anderson volvía a divisar al espíritu de Muerte. Y esta vez no se trataba de ningún sueño. Decidiendo seguir a la fantasmal aparición hasta los subsótanos del bloque, el espectro se plantaba ante ella y le hacía presenciar el asesinato de un ciudadano que aseguraba haber llevado a cabo ya, desvaneciéndose a continuación ante sus ojos.
 
Reconociendo a la víctima como uno de los vid-jockeys más populares de la megaciudad, Anderson decidía investigar lo que estaba sucediendo. Tras comprobar que la estrella efectivamente acababa de morir, el examen de la telépata confirmaba la intervención del Juez Muerte en el asesinato, lo que le llevaba a utilizar sin autorización el aparato de salto interdimensional confiscado a los Jueces Oscuros cuatro años atrás y regresar a Deadworld para averiguar lo que estaba ocurriendo.
 
Todo resultaba ser una trampa. De los restos de sus cadáveres surgían los espíritus de los Jueces Oscuros y poseían a Anderson, llevándola a la cripta en la que yacían las momias de los fallecidos Jueces de Deadworld y obligándole a utilizarlas para proporcionarles una nueva forma física. Dándola por muerta, los resucitados Jueces Oscuros utilizaban a continuación sus propios dispositivos interdimensionales para regresar a Mega-City Uno con el objetivo de completar la tarea interrumpida cuatro años atrás.
Su regreso tenía lugar en el bloque Ronald Reagan. El pánico y el número de cadáveres que dejaban a su paso, alertaban a los Jueces de lo que estaba sucediendo. Intentando averiguar cómo habían vuelto a la vida, McGruder descubría que Anderson había sido grabada haciéndose con el dispositivo de salto. Todo ello al tiempo que la telépata se recobraba en Deadworld y conseguía regresar a la megaciudad. Anonadada por su torpeza y apartada por McGruder del servicio activo, Anderson era la primera en culparse de lo que estaba sucediendo al ver los reportajes de la masacre que los Jueces Oscuros estaban llevando a cabo en ese momento en el Zoom, el transporte público equivalente al Metro de Mega-City Uno.
Mientras el Juez Omar y la Psi Division intentaban predecir el lugar de la siguiente aparición de los Cuatro Jueces Oscuros, Anderson daba con una posible manera de detenerles: los dispositivos de salto que los Jueces de Mega-City Uno habían intentado reproducir en los laboratorios de la Tek División habían resultado fallidos, por lo que una buena opción era arrojárselos encima y atraparles en su campo de acción, destruyendo al mismo tiempo su mecanismo de regreso. De ese modo, los Jueces Oscuros quedarían retenidos en la dimensión a la que fueran a parar, sin posibilidad de salir de ella.
 
Su teoría iba a ser puesta a prueba de inmediato, puesto que los Cuatro Jueces Oscuros aparecían de repente en los mismísimos dormitorios de los Jueces situados en el Palacio de Justicia, donde Anderson se hallaba confinada y donde centenares de Jueces cumplían su periodo obligatorio de seis horas de sueño natural a la semana. A través del vínculo psíquico que compartía con Muerte (Prog. 151), Anderson detectaba su presencia de inmediato.
Enfrentándose a ellos en solitario, lograba contenerles el tiempo suficiente como para que los Jueces llegasen y se abalanzasen sobre ellos, obligándoles a desaparecer. Su teoría resultaba ser además correcta al conseguir atrapar al Juez Miedo en un limbo interdimensional sin posibilidad de regreso. Reconociendo el mérito de su intervención, McGruder concedía a la Juez Psíquica una nueva oportunidad. A pesar de su responsabilidad en lo que estaba sucediendo, Anderson seguía siendo la mejor opción del Departamento de Justicia para enfrentarse a los Jueces Oscuros.
Finalmente, un miembro de la Psi Division conseguía obtener una premonición sobre una hora y un lugar concretos en el que se materializarían los Jueces Oscuros. Aunque McGruder decidía poner a Dredd al mando, Anderson lograba convencerla para que la situase a ella al frente de la operación.
El enfrentamiento final entre la Juez Anderson y los Jueces Oscuros tenía lugar en los famosos hiperalmacenes Mosgrove & Thung, donde Muerte, Fuego y Mortis aparecían a la hora vaticinada. Siguiendo las instrucciones de Anderson, los disparos de los Jueces convergían sobre los aparatos de teletransportación de los tres Jueces Oscuros, utilizando a continuación el mismo método utilizado con Miedo y acabando todos ellos en el mismo limbo interdimensional en que había quedado atrapado su compañero. A modo de epílogo, Omar informaba a McGruder que el vínculo psíquico que Anderson compartía con Muerte la había hecho susceptible a su influencia, por lo que la Juez Psíquica no podía considerarse responsable de sus actos. Con ello, Anderson resultaba absuelta y regresaba de nuevo al servicio activo.
La conclusión más importante que dejaba la historia era que los Jueces Oscuros no estaban muertos como había parecido suceder en Judge Death Lives. De hecho, era más que dudoso que se les pudiera destruir de algún modo. Esta vez habían quedado atrapados en un limbo interdimensional, con lo que su eventual regreso era ya una posibilidad que los Jueces nunca podrían descartar en un futuro. Aunque entonces no lo sabían, ese futuro tendría lugar en el 2112 mediante la espectacular Necrópolis, la saga definitiva de los Jueces Oscuros en la que se presentarían Nausea y Phobia y en la que los seis espectros conseguirían hacerse con el control total y absoluto de la megaciudad.
Mientras tanto, en lo que al Juez Dredd se refiere, el que la gran saga veraniega del 2000AD de aquel año estuviese protagonizada por la Juez Anderson, no quiere decir que el viejo Joe tuviera durante esos meses un papel secundario en la revista. Muy al contrario, coincidiendo con los episodios finales de la saga de los Jueces Oscuros, los Progs. 424 a 429 presentaron desde la última semana de Junio a principios del mes de Agosto una genial historia de 43 páginas titulada Midnight Surfer, el Surfista de Medianoche, la segunda historia protagonizada por el carismático Chopper.
 
Con una más que clara inspiración en el Silver Surfer de la Marvel y con antecedentes en un humorístico anuncio que aparecía en las tiras diarias de Dredd que Wagner y Grant realizaban en aquella época para el Daily Star, los seis episodios de Midnight Surfer traían consigo el regreso del joven Marlon Shakespeare tras los tres años que había pasado encerrado en los cubos a causa de lo sucedido en Unamerican Graffiti (Progs. 206-207), presentando además en sus páginas la séptima edición del SuperSurf, la megaespectacular competición clandestina anual a nivel mundial que en ese año 2107 tocaba celebrar en Mega-City Uno.

 
En la mejor tradición de los deportes extremos que causaban furor entre los ciudadanos del siglo XXII y que acababan con muchos de sus participantes (y otros tantos de sus espectadores) haciendo cola en las salas de autopsia, el SuperSurf 7 consistía en una carrera con tablas de energía voladoras a través de la megaciudad de turno en la que ese año se citaban sus participantes en el más completo secreto. Lógicamente no era una carrera normal, sino que su recorrido, en parte preestablecido y en parte opcional, incluía picados sobre edificios, ascensiones de 90º para no chocar contra los bloques, giros imposibles a lo largo de objetivos móviles, complicados y retorcidos zigzags entre megaedificios contiguos, etc.
Como espectáculo glorificado por los espectadores a nivel mundial, tan pronto como los medios de comunicación tenían conocimiento de que el Campeonato Mundial de SuperSurf estaba teniendo lugar, se interrumpía lo que en ese momento se estuviese emitiendo y comenzaba su retransmisión y seguimiento informativo en directo, que era presenciado por millones de espectadores desde sus propios bloques o a través de las diferentes televisiones de Mega-City Uno que informaban en directo del evento.
 
El escocés Cam Kennedy era el encargado de dibujar la historia, que comenzaba con los Jueces buscando a un desconocido surfista que por las noches volaba demasiado bajo y a gran velocidad sobre los edificios de Mega-City Uno, un individuo con el rostro cubierto y que era conocido popularmente como el Surfista de Medianoche.
El desconocido infractor de la ley resultaba ser efectivamente Marlon Shakespeare, el grafitero (ilegal) al que los aficionados conocían como Chopper y que ahora prestaba servicio social en un centro de rehabilitación enseñando a otros juves a usar sus tablas de energía a fin de practicar (legalmente) el aereosurf. Buscando información sobre el surfista que surcaba los cielos nocturnos de MegaCity, Dredd se encargaba de la investigación y acababa averiguando que se trataba de Chopper y que éste se estaba entrenando para el inminente SuperSurf 7, el (ilegal) Campeonato Mundial que se estaba rumoreando que ese año iba a tener lugar en Mega-City Uno.
 
Cuando Chopper descubría las cámaras espía que los Jueces habían situado sobre él para que les condujese hasta el resto de participantes, el chaval era incapaz de rendirse sin tratar de demostrarse a sí mismo y al resto del mundo de lo que era capaz de hacer con una tabla de surf.
Eludiendo la vigilancia de los Jueces, Chopper conseguía reunirse con el resto de los participantes, entre los que se encontraban leyendas vivas del surf como Dak Goodvibes, Johnny Cuba o el vigente campeón del anterior SuperSurf 6, Yogi Yakamoto.
 
Tras ser informados del recorrido, la carrera daba comienzo esa misma noche. Mientras la voz se corría a lo largo de Mega-City Uno y los ciudadanos se agolpaban en sus ventanas para presenciarla en directo, los Jueces intentaban detenerla cuando uno de los participantes se estrellaba contra un transporte de combustible y provocaba una monumental explosión. Ante el desorden y el caos generalizado, Dredd daba la orden de detener a los participantes por cualquier medio, incluso abriendo fuego contra ellos, con lo que la carrera aumentaba en peligrosidad para mayor delirio de sus espectadores.
Muchos de los participantes acababan detenidos mientras otros perdían la vida a causa de los Jueces y las propias dificultades del recorrido. Sin embargo, en una impresionante exhibición de surf, Chopper lograba situarse en la recta final en un apasionante codo a codo con el campeón Yakamoto. La meta estaba situada al final del túnel Manfred Fox, al que había que atravesar en sentido contrario a los vehículos que en ese momento circulaban a través de él. Yakamoto chocaba contra uno de los vehículos que lo cruzaban y estaba a punto de ser arrollado cuando Chopper se desentendía del resultado de la carrera y arriesgaba su vida para recogerle y salvarle de ser atropellado.
Ante el furor de los ciudadanos de Mega-City Uno que aclamaban el gesto de su campeón, Chopper cruzaba la línea de meta con su moribundo rival en brazos. Antes de fallecer, el propio Yakamoto reconocía a Chopper como el mejor surfista que había visto en su vida.
Sin oponer resistencia, convertido en una leyenda de la megaciudad aclamada a nivel mundial, la historia concluía con el arresto de Chopper, siendo vitoreado a su paso por miles de ciudadanos mientras Dredd le conducía de nuevo a los cubos para hacer frente esta vez a una condena de diez años por los cargos acumulados en su contra, un final que resultaba tan impactante y emocionante como la propia carrera que había tenido lugar.
 
Obviamente, semejante final dejaba claro que Chopper estaba destinado a regresar más pronto o más tarde a la serie, algo que tendría lugar dos años después en otra de las mejores y más memorables sagas de Dredd, Oz, esta vez con el SuperSurf 10 en escena.
Y otra cosa que quedaba clara era que los Jueces eran unos fascistas de cojones y sus métodos resultaban más que discutibles, algo que ya era conocido, pero en lo que cada vez se empezaba a hacer mayor hincapié en la serie. O lo que es lo mismo, cada vez quedaba menos para que los demócratas empezasen a defender sus ideas al más puro estilo del siglo XXII.